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domingo, agosto 25, 2013

Excursion en barco por los islotes de Ponent y es Vedrá

En esta nueva excusión organizada por Balears Natura, organismo dependiente del Govern Balear, pudimos hacer una visita guiada y navegar alrededor de los llamados illots de Ponent y ver de cerca las islas de es Vedrá y es Vedranell, islas e islotes que emergen próximos a la costa Oeste y Suroeste de la isla de Ibiza, permitiéndonos observarlos de cerca ya que no está permitido desembarcar, salvo excepciones y solicitando los correspondientes permisos, al formar parte de una Reserva Natural.

Convocados a las 10 de la mañana del sábado 27 de julio de 2013 en el embarcadero de playas de Comte, (hay un error en la fecha del cartel), los excursionistas en número de alrededor de unos 90 nos embarcamos en el Capitán Nemo II, un catamarán de los que se utilizan para hacer excursiones y recorridos costeros y que también sirve para organizar las tan de moda y objeto de controversias, "party boat".

El Capitán Nemo II, llega con puntualidad y nos acomodamos en la sobrecubierta provistos de gorras, sombreros y bronceadores para protegernos del Sol y de la brisa del mar.

En el barco nos acompaña Marta, perteneciente al organismo que organiza la visita y que nos servirá de guía, comentándonos a través de la megafonía las particularidades de cada uno de los islotes, así como de su fauna y flora.

El catamarán Capitán Nemo II,
  (de la web http://www.nautilusibiza.com)




El recorrido con una duración cercana  a las 4 horas, comienza y termina en las concurridas Platges de Comte y seguirá el siguiente itinerario:
  • Illa des Bosc
  • Illa de sa Conillera 
  • Illes Bledes
  • Illa de s'Espartar
  • Illa des Vedrá
  • Illot des Vedranell
En el transcurso del viaje, el barco hará varias paradas junto a pequeños fondeaderos o zonas junto a las islas, permitiéndonos observarlas de cerca.
  
En el viaje de regreso bordearemos la costa, aproximándonos a la caleta existente bajo la torre vigía del Savinar y acercándonos a la embocadura de la cueva o gruta que se abre en el acantilado, cerca de cala Codolar.


ITINERARIO DE LA EXCURSION (cliquear para ampliar)


 La primera isla a la que nos acercamos es la des Bosc, que se encuentra enfrente de las caletas y playas de Comte y a escasamente 200 metros de la costa. Como el resto de los islotes de Poniente, es de propiedad privada. Tiene una superficie aproximada de 0,17 km2 (16,5 Ha) y aunque no lo parezca a simple vista, el vértice geodésico situado en su punto más alto está a 70 m sobre el nivel del mar.

Vista de la isla des Bosc tomada desde cala Comte (Foto Gom)
La isla hubo de ser desratizada hace unos años, por la cantidad de roedores que la habían invadido, se cree que dada la cercanía de la isla a la costa, las ratas habían llegado a nado, y actualmente el organismo que gestiona las reservas naturales mantiene un seguimiento con trampas de control.

Acantilados en la isla des Bosc (Foto Gom)
 
El catamarán maniobrado con gran pericia por el capitán, llega hasta su extremo Norte recalando en una pequeña rada, donde hay unas formaciones rocosas de formas curiosas ocasionadas por la erosión y que reciben el nombre de Es Picatxos.


Es Picatxos, curiosas formas rocosas erosionadas en el extremo norte des Bosc
 (Foto Salmer)

Mapa de la illa des Bosc






































(Fuente:Cartografía©Instituto Geográfico Nacional de España)


 Tras "la paraeta" el catamarán navega a toda velocidad en dirección a la isla de mayor extensión, sa Conillera. Algunas de las características de esta isla ya las comenté en la entrada de la excursión que hicimos en mayo y que nos permitió visitar el faro. Ver http://www.repasosayer.com/2013/05/excursion-la-isla-de-conillera.html

Rumbo a sa Conillera. En primer término las primeras rocas de la isla. a lo lejos, en el centro la isla de s'Espartar y a la izquierda la isla des Bosc (Foto Gom)
Sa Conillera no es la única isla balear con este nombre, en el archipiélago de Cabrera también existe otro islote con el mismo topónimo y el mismo término en su variante castellana de Conejera, lo ostenta otra isla en las costas de Cantabria.

La Conillera ibicenca, tiene una superficie de  1,08 km2, es propiedad particular de la empresa "Cultivos Marinos Pitiusos, S.A." y hasta la declaración de la Reserva Natural de los islotes de Poniente, era destino de excursiones de familias ibicencas, que aprovechaban el día para bañarse y comer en ella. La única construcción que permanece es la del faro, si bien llegó a disponer de algunas construcciones precarias, hoy desaparecidas.

La caleta s'Olleta, un buen refugio para fondear las barcas de los excursionistas de otros tiempos


 (Foto Salmer)








El barco vira a la izquierda y toma rumbo a una pequeña cala de nombre s'Olleta que se abre en la costa Este, donde nos detenemos unos minutos.

El 17 de enero de 2009, en una de las visitas guiadas a la isla, un niño encontró unos huesos sobre los que la guía de Medio Ambiente concluyó que se trataba de una mandíbula humana. La Consellería responsable del área acordó realizar una excavación arqueológica y los arqueólogos descubrieron dos tumbas y los restos de tres esqueletos, uno de ellos sin cabeza.

Tumba con el esqueleto sin cabeza (Diario de Ibiza 20/02/2011)
Del examen de los restos realizado por los arqueólogos María José Escandell y Ricard Marlasca, de Posidònia S.L., junto con la datación de los restos mediante carbono 14 y los resultados de un estudio antropológico de la Universitat Autònoma de Barcelona, se concluyó que los huesos correspondian a tres hombres con edades comprendidas entre los 20 y 24 años, que su muerte tuvo lugar en circunstancias trágicas y que habían sufrido torturas. Los hechos habrían tenido lugar en siglo XVI, seguramente en una de las múltiples incursiones piratas. La morfología de los cráneos se correspondían con los de los habitantes de la península de Anatolia, por lo que lo más probable es que se tratasen de piratas turcos.

Mapa de la illa de sa Conillera


















































































(Fuente:Cartografía©Instituto Geográfico Nacional de España)
 La siguiente parada la hacemos en el embarcadero existente en el Racó de sa Coveta de donde arranca el camino pavimentado que llega hasta el faro. El barco se queda en la bocana ya que por su envergadura no puede acceder al pequeño muelle existente.


Muelle del embarcadero de sa Conillera (Foto Gom)


En la pequeña bahía donde se ubica el embarcadero están varados varios barcos de recreo, con sus tripulantes disfrutando del lugar y del  agua,  produciéndome una nada saludable envidia.

Salimos de la Estància de Dins y bordeando la parte Norte de la isla encaramos en dirección al pequeño archipiélago conocido como ses Bledes.

Punta des Cavall en la parte Norte de la isla (Foto Gom)

A nuestra izquierda aparecen los acantilados de la parte más elevada de la isla de Cunillera donde se encuentra el faro y las dos viviendas anejas al mismo, construidas para las torreros y sus familias.

De nuevo el catamarán avanza a toda máquina. Por encima de nuestras cabeza nos sobrevuelan un par de gaviotas despistadas, que deben pensar que somos un barco de pesca.

video

El pequeño archipiélago de las islas Bledas lo componen cuatro islotes y varios escollos, algunos de los cuales apenas emergen del agua, habiendo sido la causa de numerosos naufragios y hundimientos de embarcaciones desde la antigüedad. En la mayor isla del grupo, denominada na Plana, está instalado un pequeño faro cuyo origen data de 1927, (ver http://www.farsdebalears.org/faros-lighthouses-balears/faros-lighthouses-balears-faros-ibiza/faros-lighthouses-balears-bleda-plana/). En la mayoría de los islotes subsisten pequeñas poblaciones de lagartijas, pequeños insectos y flora endémica. Me pregunto cómo se las arreglaron para sobrevivir, cuando esta islas eran blanco de proyectiles en las maniobras militares que periódicamente tenían lugar hasta los años setenta del pasado siglo.

De izquierda a derecha, na Plana, escull Vermell y escull de Tramuntana
(Foto Gom)


             Mapa del archipiélago de ses Bledes

















































































(Fuente:Cartografía©Instituto Geográfico Nacional de España)
Isla de sa Gorra, semioculta por el pequeño islote de es Vaixell y la isla na Bosc
(Foto Gom)
Isla de na Bosc vista desde el Sur (Foto Gom)
Islas de sa Gorra y es Vaixell (Foto Salmer)

Los fondos marinos que rodean estas islas, con profundidades de hasta unos 10 m, son muy ricos en vida marina y muy atractivos para practicar buceo.

Abandonamos las solitarias ses Bledes y navegamos en dirección a la isla de s'Espartar en la que como indica su nombre y a pesar de lo escarpado de su relieve, crecen de forma natural plantas de esparto.

Vista Norte de la isla de s'Espartar (Foto Gom)
 En la isla existe una pequeña zona de amarre conocida como es Portixol, donde tradicionalmente las gentes de Ibiza desembarcaban para la recolección del esparto, y con el que se elaboraban artesanalmente cestos (el popular sanalló o sanaió de Ibiza, tan de moda hoy en día), alpargatas (espardenyes), sogas y otros productos utilizados por los payeses.

Mapa de s'Espartar
(Fuente:Cartografía©Instituto Geográfico Nacional de España)

En la actualidad todavía existen cinco grupos de personas de la isla de Ibiza autorizadas a cosechar el esparto, y en las demostraciones de artesanía que periódicamente se celebran a lo largo del año por toda la isla, en festividades y eventos, podemos apreciar la elaboración de algunos de los productos confeccionados con la planta.   

 Laderas con plantas de esparto en la isla de s'Espartar. (Foto Gom)
Además de las plantas de esparto, en la isla existe una gran variedad de especies vegetales, lo que ha propiciado la proliferación de conejos y puesto en peligro la supervivencia de especies vegetales endémicas. La colocación de trampas no fue suficiente para erradicarlos por lo que ha llegado a permitirse su caza controlada.

Isla de es Frare (Foto Gom)
 Tras hacer una breve parada en el fondeadero existente entre s'Espartar y el islote conocido como es Frare, abandonamos las islas e islotes de Poniente y ponemos rumbo a es Vedrà, cuya silueta se perfila a lo lejos.

Vista de lejos de las islas de es Vedrà y es Vedranell (Foto Salmer)

Aunque la silueta de es Vedrà resulta suficientemente llamativa desde el aire y desde la costa, impresiona mucho más conforme nos acercamos por mar. La isla, con una altura en su coronación de 382 m sobre el nivel del agua, emerge verticalmente desde el fondo del mar, desde profundidades de hasta 50 m.

Ladera Norte de es Vedrà. A la derecha el islote conocido como sa Galera

(Foto Salmer)

Mapa de es Vedrà y de es Vedranell
(Fuente:Cartografía©Instituto Geográfico Nacional de España)


La isla pertenece a varias familias del municipio de Sant Josep, que son a su vez propietarios de las cabras que existen en la isla. Esta circunstancia ha dado lugar a una polémica entre los partidarios de que los animales salgan de la isla, por lo perjuicios que causan a la flora existente, y los que consideran que las cabras forman parte de la idiosincrasia propia de es Vedrà.

Cabras en es Vedrà. (Autor Joan Rita)



















































 En el año 2010 un grupo de botánicos de la Universitat de les Illes Balears visitó la isla, dentro de la campaña organizada para comprobar el estado de la flora en los islotes de Poniente y en las islas de es Vedrà y es Vedranell. El resultado y conclusiones del programa se publicaron en un trabajo titulado "Estudio de la flora amenazada de las Reserves Naturals des Vedrà, es Vedranell i els illots de Ponent d'Eivissa", en el que exponían que la presencia de las cabras ponían en grave peligro la permanencia de plantas endémicas, además de ocasionar otros perjuicios como la erosión del suelo.

La polémica cabras sí o cabras no, se plantea periódicamente, con la conclusión de que si bien los propietarios de la isla son partidarios de mantener un reducido número de cabras, no están dispuestos a sacar todos los bóvidos de la isla, que son objeto de una tradicional cacería el domingo de Pascua (A principios de febrero de 2016. El Govern Balear liquida a los animales, acribillando a tiros a la cincuentena que habitaba el islote. R.I.P. por las cabras de Es Vedrà).

Desde el barco llegamos a divisar alguno de los ejemplares existentes, produciendo un cierto revuelo entre los pasajeros, no exento de una cierta simpatía hacia los ágiles animales.

Un par de ejemplares de cabras en la ladera Norte de es Vedrà. (Foto Salmer)



En es Vedrá la vegetación más abundante se da en la ladera Norte, algo menos abrupta y pronunciada que la ladera Sur, cuya verticalidad y exposición solar dificulta el depósito de sustrato vegetal donde puedan arraigar las plantas.


Vista de la mole situada en el vértice Oeste conocida como sa Bestorre (Foto Salmer)
 El catamarán avanza bordeando la ladera Norte hasta llegar a la impresionante forma rocosa situada en el vértice Oeste de la isla, con 198 metros de altura. Esta mole se encuentra llena de grietas, oquedades y cubierta de manchas negruzcas consecuencia de las escorrentías y filtraciones de agua, que le confieren un aspecto un tanto siniestro.

Base de sa Bestorre, obsérvese el contraste con el tamaño de la embarcación (Foto Salmer)

La habilidad del patrón permite que el barco se aproxime hasta la misma pared rocosa, por lo que algunos de los excusionistas que están en la cubierta inferior llegan a tocar la roca con sus manos, lo que según una leyenda urbana, les permitirá recargarse con la energía que transmite la isla.

También podemos ver un halcón de Eleonor, una pequeña rapaz migratoria y cuya presencia en es Vedrà se había visto reducida en los últimos años.

Formas fantasmagóricas en es Vedrà (Foto Salmer)
Sobre es Vedrà existe una amplia reseña de historias y leyendas sobre fenómenos paranormales, con supuestos avistamientos de ovnis, luces misteriosas en las profundidades de su aguas y extraños sonidos. Sean ciertas o no las historias que se cuentan, el caso es que la isla ejerce un magnetismo especial en las personas que la ven por primera vez y que es difícil olvidar su imagen.

El aura de es Vedrà (Foto Salmer)
En mi búsqueda por conocer más datos sobre el enorme peñasco, he localizado en el Diario de Ibiza de principios de 1935, un relato por entregas del pintor ibicenco Narcís Puget, en el que narra las andanzas de un grupo de excursionistas en su desembarco y posterior escalada a es Vedrá. En la exposición que de la escalada hace Puget, adquiere especial protagonismo una escritora inglesa participante en la excursión, gracias a la cual y con la ayuda de un pescador de la cercana cala de Hort, que les hace de guía, consiguen alcanzar la cima. Transcribo algunos párrafos de la narración.
"Ella iba siempre delante con el guía. A cada momento se paraba y, loca de entusiasmo, celebraba los hermosos panoramas que por momento iban descubriéndose.
Al poco rato de subir peñas y más peñas, nuestra rubia compañera se nos presentaba hermosísima.
...
Los compañeros subían por el peñasco con la vista fija en aquélla mujer, sin advertir el peligro que corrían sus vidas, ante el desprendimiento de una piedra, o la colocación de un pie en falso.
La rubia se dio cuenta enseguida, ¿y como no?, de que todos se fijaban más en ella que en el sitio donde tenían que poner los pies; se paró de pronto, y dirigiéndose a los compañeros les dijo: Ahí tienen Vdes. un ejemplo elocuentísimo para los que miran a donde no tendrían que mirar. Cerca de ella se veía una hermosa cabra aplastada contra una piedra muy grande. aquél animal hacía muy pocas horas que se había despeñado, puesto que la sangre aún estaba roja en el suelo,
 -Vean el ejemplo y tengan en cuenta que la cabra es la reina de las alturas, el animal más ágil. De modo que...pies de plomo; la vista fija en el suelo, y no hacer fuerza donde se colocan los pies, sin estar seguros de que el terreno está fuerte.
¡¡Hurra!!, gritamos todos.¡¡Viva la heroína de la excursión!!
 -Gracias, señores, arriba sin miedo.
Es Vedrà fotografiada a vista de satélite
Ella llegó la primera y se sentó en tanto que llegaban los demás.
Habíamos alcanzado, como quien dice, el primer piso.
De allí partía un caminito que por lo estrecho, seguramente estaba hecho por las cabras, llegando hasta un murallón de piedra caliza.
A este sitio, dice el guía, le llamamos "Es Pujadó des Trencs". Este "camino" es espantoso. Una roca que presenta una grieta de unos ochenta centímetros de abertura por cientos de metros de profundidad.
 -Por esta grieta hay que subir, dijo el guía, pues gracias a unos agujeros que el Padre Palau abrió a los lados de la roca, será posible que lleguemos a lo más alto del Vedrà.
Pasado este Pujadó des Trencs y hacia la izquierda, atravesamos unas rocas en forma de sierra con los dientes afilados, que hace muy peligroso un tropiezo.
Al final de este "camino de espinas", se encuentra una cueva, la de "Sa Pala Marina". Del techo cuegan miles de estalactitas de todos los tamaños.
Hay unas charcas, a donde van a beber las cabras.
La cueva es pequeña, pero muy bonita. Las gotas, al caer en el agua producen distintos sonidos cada una,  y todas un conjunto maravilloso de armonía.
El agua de dichos charcos va a un pozo que se halla en el fondo de la cueva. Este pozo es imponente. No se le ve el fin. El guía cogió una piedra grande y la echó por aquél negro agujero. La piedra fue rebotando en las paredes del pozo y el ruido disminuyendo poco a poco.
...
Más arriba hallamos la célebre cueva del Padre Palau. Es interesantísima por haber servido de
Cap de sa Bestorre (Foto Salmer)
rústica morada a aquel santo misionero que pasó allí muchos días de penitencia, muchos días de hambre y de frío. Primero se encuentra una abertura que tendrá unos dos metros por uno y medio. Parece una puerta abierta por los hombres. Entrando y a la izquierda, una piedra en forma de lecho. Como se ven sobre la misma hierbas secas y aplastadas, que forman perfectamente la huella de un cuerpo humano, deducimos que allí dormía aquel santo varón. Se ve otra piedra pequeña que le servía de almohada.... A la cabecera de la cama se ve un agujero que le serviría de armario. La puerta de este "mueble" de roca era una piedra que se ajustaba perfectamente. Teas de pino alumbraron aquella habitación, puesto que dentro de aquel resistente mueble encontramos algunas a medio consumir....
Vimos varios palos clavados y tambié inscripciones en las paredes. La humedad las había borrado lo bastante para no poder adivinar lo que decía. Solamente podía leerse perfectamente una de ellas que decía así: "¡Oh, soledad, que hermosas eres!".
Sa Bestorre visto desde el mediodía (Foto Salmer)
 ...
Después se encuentra otra cueva llamada "D'es Rastre".
Más al S.O. se ve la peña más interesante del Vedrà. Del extremo de ésta sale inverosímil, la "Bastorra", que como animal extraño, se encorva hacia el mar para beber.
Vemos, en este sitio una fuentecita, con muy poca agua. El guía nos dice que nadie puede explicarse como teniendo tan poco depósito de agua, no se ha dado el caso de que la sequen por mucha que saquen. Muchos creen, y con algún fundamento, que el agua de esta pequeña fuente viene del continente.
¿Y qué razón tendrán para suponer esto?
 -Lo creen, por que se ve salir, con el agua, en algunas épocas del año, hojas de castaño. Este árbol en Ibiza no existe.
 -Es curiosísimo. Sería una especie de sifón monstruo.
 -Yo no creo que sea posible
 -Pués, ¿como se explica Vd. la aparición de esta clase de hojas?
 -Es muy extraño.
Faro al pie de sa Bestorre (Foto Salmer)
...
  -Señores, dijo el guía, nos acercamos al puesto más peligroso, el "Pujadó des Mort". No se preocupen, es más peligroso que el otro, porque es más alto; pero poco más o menos es lo mismo.
 -Arriba, pues.
Libres de aquel nuevo peligro descansamos un rato.
 -En este sitio donde está sentado este señor se encontró el esqueleto de aquel desgraciado. (El guía se refiere a un esqueleto humano encontrado en ese lugar que se supone pertenecía a un hombre que no se atrevió a bajar).
Figurénse la impresión, el horror que le causaría al ir a bajar, ver a sus pies este espantoso abismo de cuatrocientos metros.
...
Nos hemos metido en un sitio del cual no se como saldremos. Pero, en fin, es tarde para corregirlo y el peligro mayor es volver atrás.
 -Ahora ya no nos queda más remedio que "bailar" todos, a la fuerza; el desdichado que no sepa, pena de muerte.
 -Continuemos y Dios dirá.
 -Arriba, pues.
Por fin llegamos a lo más alto del peñasco.
El panorama es de lo más interesante y hermoso.
El Vedrá domina en toda la línea.
Cara Este de es Vedrà (Foto Salmer)
...
Nos sentamos en hermoso mirador, para disfrutar de panorama jamás visto, y para descansar de la fatiga del alma, más que de la del cuerpo.
Vemos pasar unas cabras con velocidad tan vertiginosa que no sabemos si son animales de tierra o exhalaciones del firmamento.
Pasamos una hora en sitio tan delicioso sin darnos cuenta de que el mundo existe. No dejamos punto accesible sin visitar y vimos muchos que solamente conocen los cornudos habitantes del peñasco.
Cuando todos estábamos disfrutando de tanta belleza, cuando nadie se acordaba del peligro que nos amenazaba al intentar bajar, la inglesa, no sabemos sin con buena o mala intención, nos recordó que ya era hora de retirarnos de aquéllas alturas.
Las facciones de todos cambiaron en un segundo.
En marcha, pues, y que Dios nos tenga compasión.
...."
Ni que decir tiene que tras leer el relato de Narcís Puget, de buena gana y a pesar de lo escabrosa y peligrosa que parece ser la escalada, me gustaría poder hacerla.

Tras rodear es Vedrà, el barco se dirige al pequeño islote cercano conocido como "es Vedranell". Marta, la guía de Balears Natura, nos dice que posiblemente es Vedranell sea el islote más inaccesible de todos los que rodean a la isla de Ibiza, con una altura máxima de 123 metros sobre el nivel del mar y con unos acantilados y cortes rocosos que dificultan el desembarco. 


Es Vedranell y su abrupta costa (Foto Salmer)

  La embarcación hace escala en una pequeña ensenada de la isla y que, cómo no, también se la denomina "sa Olleta".


Vista de es Vedranell en primer término con es Vedrá de fondo (Foto Salmer)

Tras esta nueva parada, se da por terminada la excursión por las islas e islotes y no dirigimos de vuelta a nuestro punto de partida, si bien haremos un recorrido por la costa, en el que el patrón del catamarán nos comentará los lugares que vayamos viendo durante la travesía.

La primera visita en la costa la hacemos a otra pequeña ensenada, cuyo  nombre es Racó des Llenyan. En lo alto, a la izquierda de la ensenada se encuentra la torre del Savinar, también conocida por la torre del Pirata, nombre con el que la denominó el escritor valenciano Vicente Blasco Ibañez en su novela "Los muertos mandan". 


Racó des Llenyan en la costa ibicenca (Foto Salmer)
Seguimos bordeando la costa, y por nuestros ojos van pasando sucesivamente: Cap Blanc, la recoleta Cala d'Hort, la casi inaccesible Cala Truja, la pequeña Cala Carbó, la resguardada Cala Vedella,la pedregosa Cala Molí, la familiar Cala Tarida, la urbanizada Cala Corral, la impracticable Cala Llentia y la popular Cala Codolar.
Cala Vedella (Foto Salmer)
Una vez sobrepasada Cala Codolar, el barco se aproxima a la costa donde se abre una caverna en los acantilados. Nos cuentan que la cueva ha sido utilizada por los contrabandistas de la isla para refugiarse en ella. Una vez dentro y siempre que no hubiera peligro de ser descubiertos, descargaban los alijos de contrabando que eran sacados a través de una escalera, que excavada en el interior de la cueva la comunicaba con el exterior, en la superficie de la costa.

Cueva de contrabandistas (Foto Salmer)
Sobre las 14 h regresamos al embarcadero de Cala Comte. En sus proximidades está el restaurante illa d'es Bosc, que en mi opinión es uno de los mejores sitios donde poder comer, disfrutando de las vistas y de una comida bien preparada, bien presentada, apetitosa y generosa en cantidad. El precio está acorde con los de la isla de Ibiza, pero con una peculiaridad y es que las raciones son muy abundantes, por lo que por el precio de uno, pueden comer perfectamente dos comensales.

Y por último, un pequeño guiño a las denostadas cabras de la isla, (sobre todo las de es Vedrá) que en tiempos de hambrunas y antes del turismo fueron fundamentales en la subsistencia ibicenca.


 

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