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viernes, febrero 10, 2023

El incendio del transatlántico Vittoria en Alicante

El diario La Correspondencia Alicantina del 11 de enero de 1899, publicaba una columna con el titular Buque incendiado, informando de que, sobre las nueve y media de la mañana, había fondeado en la bahía del puerto de Alicante, un transatlántico italiano con fuego a bordo. 

Portada del suplemento dominical del Corriere della Sera,
con la imagen que recoge la evacuación del pasaje
 del transatlántico Vittoria

Ilustración de Achille Beltrame (1871-1945)

El barco, de nombre Vittoria, pertenecía a la naviera genovesa La Veloce, y hacía la ruta Génova-Buenos Aires, con escalas en Barcelona, Canarias y Montevideo.

Un práctico del puerto salió al encuentro del buque, pero a la vista del incendio regresó para informar al comandante de Marina. También desembarcaron oficiales del navío para telegrafiar a la naviera. 

La información seguía con lo siguiente:

SocorrosPara suministrar cuantos fueran necesarios a los pasajeros del Vittoria salieron de puerto con dirección a aquél dos remolcadores, conduciendo uno de ellos cuatro gabarras que han prestado todos los servicios que se necesitaban.

Dícese de público que el cañonero Diligente* no ha podido también prestar auxilios acudiendo al costado del buque por no tener carbón y hallarse las calderas apagadas.

Esto ha sido motivo de muchas censuras.

A las cuatro de la tarde un piquete de la Guardia Civil al mando de un teniente, se ha situado en el muelle con el fin de guardar el orden e impedir que la aglomeración de gente estorbara el desembarco de los viajeros que se ha realizado momentos después.

* Esta información sobre el cañonero Diligente, no apareció en la prensa nacional ni en la local del día siguiente, cambiando su obligada parada, al no disponer de carbón, por su ayuda efectiva, más acorde con el nombre. En honor de la verdad, tengo que añadir, que España acababa de perder la guerra con Estados Unidos, por las últimas posesiones del Caribe, Filipinas y la isla de Guam; que la economía nacional estaba bajo mínimos, y que la vigente suspensión de garantías constitucionales promulgada, el mes de julio de 1898 por el Gobierno, implicaba la censura previa de prensa.

Un periodista del diario, se traslada en una lancha hasta el barco, conversando con varios pasajeros, que le comentan que el fuego fue detectado a primeras horas de madrugada por un marinero de guardia, que observó cómo salía humo por una de las escotillas; puesto en aviso el capitán, éste pidió calma y serenidad, comenzando las tareas de extinción, y al no poder controlar el origen del fuego, ordenó forzar las máquinas y buscar puerto. El reportero añade:

Entre los viajeros hubo mucho pánico cuando subieron a cubierta y se dieron cuenta del peligro que corrían,

Muchas jóvenes que, por cierto, son bastante agraciadas, fueron víctimas de síncopes y a los más serenos no se les ocultaba que si no llegaban a puerto con tiempo se verían muy apurados para salvarse, pues el pasaje es muy numeroso.

El vapor Vittoria ardiendo. Foto tomada desde la playa del Postiguet de Alicante
Revista de Navegación y Comercio
Imagen retocada digitalmente
Fuente: Biblioteca Nacional de España
La prensa del día siguiente, amplia los detalles del siniestro, y comenta el imponente aspecto que ofrecía a la vista, el transatlántico ardiendo, varado frente a la playa del Postiguet, donde el capitán había conseguido dirigir la nave, hasta hacerla encallar en el fondo arenoso, impidiendo su hundimiento, con el fin de no perder el casco, y poder recuperar las pertenencias que se pudieran. La extinción del fuego no estuvo exenta de problemas, La Correspondencia de Alicante del día 12, contaba así la operación:
Durante el día, se había estado trabajando incesantemente a bordo con el material de que se disponía, que era deficiente y malo, pues en particular con las mangueras del barco rotas y estropeadas, más agua perdían que se lograba arrojar por la escotilla, por lo que se pidió telegráficamente a Cartagena material adecuado.

Además, la calidad especial del combustible hacía inextinguible el incendio porque el azufre flotaba sobre el agua con que se anegaba la bodega de proa en la que en un principio estuvo localizado el fuego, pero que amenazaba comunicarse a las demás partes del barco.


El barco, desplazaba unas 3.000 toneladas, lo tripulaban 109 hombres y llevaba 455 pasajeros, así como un cargamento de azufre y cerillas con destino a Canarias, entre otras mercancías, y alimentos para la travesía.

Toda la tripulación y el pasaje fue evacuado en la misma tarde del día 11, y no hubo que lamentar ninguna desgracia personal. Según la prensa, el equipaje de la dotación del buque, y el de los pasajeros más acomodados se salvaron, pero no el de los que viajaban en tercera clase, en las bodegas, donde se inició el fuego. Incluyo un recorte de lo publicado sobre el suceso, el día 12, por La Correspondencia Alicantina.

Como leemos, al periodista que le intrigaban las jóvenes agraciadas, casi salía de dudas al enterarse de que entre el pasaje había una compañía de ópera italiana.

Pero, ¿cómo se produjo el incendio? Todo apuntaba a que los causantes podían haber sido unos jóvenes polizones que se había colado en el barco, y que, aunque se les había detectado antes del incendio, se les había permitido dormir en la bodega del cargamento de azufre, donde posiblemente un cigarro o chispa, había iniciado el fuego entre los sacos del material. En la misma noche del día 11, seis individuos fueron encarcelados, y en días posteriores se hablará de hasta 8 personas involucradas.

Los días 13 y 14, seguirán las tareas para apagar los últimos restos del incendio y recuperar mercancías y efectos. Las 86 sacas de correo y 35 bultos postales, serán salvados, y como nota anecdótica, no podía faltar el gato al que daban por desaparecido, y que aparece en lo alto de uno de los mástiles del barco, maullando. El capitán del barco el Signore Bucelli, se lo llevará consigo al hotel Roma, donde se hospedaba.

Para el lunes, día 16, se esperaba la arribada del navío Savoia, para recoger a todos los pasajeros del Vittoria y conducirlos a su destino.

Además de hoteles, posadas, fondas y comercios de ropa, también hubo un fotógrafo que sacó partido del suceso, como contaba La Correspondencia de Alicante, en su número del día 14.

Por fortuna, en el episodio del Vittoria, sólo hubo pérdidas materiales. El barco y mercancías estaban asegurados, y los viajeros fueron atendidos por los representantes de la naviera, cónsul y autoridades, con cargo a la compañía naviera.

Finalmente, el lunes 16, embarcan los pasajeros del Vittoria, en el vapor Savoia, que se hace a la mar sobre las nueve de la noche, su destino será Buenos Aires, con escalas en Las Palmas y Montevideo.

Fuentes:

Prensa de Alicante:
- La Correspondencia Alicantina
- La Correspondencia de Alicante
- La Unión Democrática

Prensa de Madrid:
- El Correo español
- El Día
- El Heraldo de Madrid
- El Imparcial
- El País
- La Correspondencia de Madrid
- La Época
- La Reforma
- Nuevo Mundo
- Revista de navegación

Prensa de Barcelona:
- La Dinastía

Prensa de Argentina:
-Caras y caretas
  

 


   

 


jueves, febrero 09, 2023

Cronología de la Historia: 1808-11. José I, rey de España (cap.13)

Ver cap. anterior

1808-11 

José I en España    

Salida de José I hacia España
History of Joseph Bonaparte
Fuente: University of California
Una vez aprobada y jurada la Constitución de Bayona por José Bonaparte, el nuevo rey de las Españas e Indias, debía tomar posesión del trono en Madrid. Acompañado de su gobierno y séquito, cruzó la frontera el 9 de julio. Tenía orden del emperador de escribirle a diario y tenerle debidamente informado de lo que observase. La correspondencia entre ambos hermanos es de gran valor histórico, y sirve para conocer lo que pensaba José I del papel que Napoleón le había encomendado. Transcribo algunos párrafos contenidos en la obra, Mémoires et correspondance politique et militaire du roi Joseph, publicada en 1.854: 
De José a Napoleón. San Sebastián, 10 de julio.
Sire, he prolongado mi estancia en esta ciudad hasta este momento, para conocer las disposiciones de los habitantes, que no son buenas, y para hacer que mi viaje no sea del todo inútil.
Una delegación de Santander ha venido aquí para pedirme que descargue a esta ciudad de una contribución de 12 millones de reales que se le ha impuesto. No creo que a partir de ahora deba imponerse ninguna contribución sin mi permiso. Tampoco se puede gravar a toda la población de una ciudad cuando se conocen a los principales líderes; basta con tomar los bienes de los jefes: si hacemos lo contrario, no ganaremos la confianza del pueblo, y sin eso es imposible tener éxito en una nación como ésta...

De José a Napoleón. Vergara, 11 de julio.
Sire, dirijo a Su Majestad las cartas que he leído. La situación de las cosas es tal, que me reprocho el tiempo que he perdido en miserables pueblos. He decidido irme a Madrid por la ruta más corta, para llegar lo antes posible. La sensación es muy mala en todas partes. Madrid marca la pauta; es preciso entrar en Madrid, y ser proclamado. Todas las tropas españolas se unen a quienes les pagan. No hay ningún orden en Madrid, la mayor división reina entre las tropas; al menos comprobaré con mis propios ojos cómo están las cosas, y veré lo que puedo hacer. Lo que sí sé es la gran necesidad de dinero: sólo tenemos provincias pobres, nada entra en el Tesoro. Con dinero, se podrían recuperar los regimientos que aún quedan en Madrid. Por lo demás, recibiré las cartas de Vuestra Majestad en Burgos y decidiré después.
Portapliegos (sabretache) de José I
Las sublevaciones que habían estallado por toda la geografía española, y la falta de seguridad en la ruta, ralentizaban la marcha de la comitiva. Napoleón previene a su hermano:
De Napoleón a José. Bayonne, 12 de julio.
Mi hermano, he recibido vuestra carta del 11. Supongo que hoy estarás en Vitoria. No hay ninguna tropa en Burgos, excepto en los almacenes y una guarnición en el castillo. Pienso que no es prudente que entréis en esta ciudad antes de que llegue el 12º regimiento de infantería ligera...  
De José a Napoleón. Vitoria, 12 de julio.
Sire, he llegado a esta ciudad, donde ayer fui proclamado. El ánimo de los habitantes es muy contrario a todo esto. La gente del lugar teme las amenazas del pueblo y de los insurrectos de Zaragoza, cuyas cartas y gacetas les intimidan enormemente; las noticias que reciben de Asturias, Galicia, Valencia, de Andalucía, tampoco les tranquilizan. Hasta ahora, nadie ha contado toda la verdad a Su Majestad. El hecho es que no hubo un solo español que se presentase ante mí, excepto los pocos que asistieron a la junta, y que  viajan conmigo. Los demás, llegados hasta aquí y de los otros pueblos, se ocultan delante de mí, asustados por el qué dirán de sus compatriotas.
El día 16 entran en Burgos, con la feliz noticia de la derrota de los españoles en Medina de Rioseco. Asegurada la ruta, acelerarán la marcha y el día 20 descansan en Chamartín, a las puertas de Madrid, donde José I hará su entrada oficial al día siguiente. El pueblo le recibe con frialdad, las autoridades le hacen los honores, y el ambiente que respira José no le es favorable.
De José a Napoleón. Madrid, 20 de julio.
Sire, hoy he hecho mi entrada en Madrid. No he sido recibido por los habitantes de esta villa como lo fui por los de Nápoles, ni como lo he sido por las tropas francesas; pero no tan mal como cabría esperar de los habitantes de una ciudad con muy mala actitud...
... No encuentro ni un céntimo en las arcas. Que Su Majestad haga los esfuerzos posibles por acudir en nuestro auxilio.
El nuevo rey era consciente de su precaria situación como usurpador de un trono que no le correspondía. En sucesivas cartas, da cuenta a Napoleón de la mala situación económica, de las deserciones, y del descontento generalizado. Reiteradamente pide a su hermano, el envío de 50.000 hombres y 50 millones de francos.
De José a Napoleón. Madrid, 23 de julio.
... franceses y españoles comprometidos conmigo, sólo tienen un lenguaje: tropas veteranas y millones, sin los cuales no mantendremos España. Cincuenta mil hombres y 50 millones lo más pronto posible. No necesito decir más a Su Majestad.... 
Entrada del intruso en Madrid (José I)
Litografía de Manini y Cia.
Retoques: marco recortado, contornos realzados
 Ilustración del libro, Guerra de Independencia. Miguel Agustín Príncipe
De José a Napoleón. Madrid, 24 de julio.
... Nos estamos quedando sin dinero; todas las provincias están ocupadas por el enemigo; que está por todas partes. Henri IV tenía un partido, Felipe V sólo tenía que combatir con un competidor; y yo tengo por enemiga a una nación de 12 millones de habitantes, valientes, desesperados hasta el extremo. Se habla en público de mi asesinato; pero no es ese mi temor....
Retrato de José I
Cuadro de Josep Bernat Flaugier (1757-1813)
Museu Nacional d'Art de Catalunya
El día de 25 de julio, festividad de Santiago apóstol, José I, consigue ser proclamado rey en Madrid; para celebrarlo se habían organizado tres días de festejos. Al día siguiente se confirmaban los rumores sobre la derrota de Bailén. La noticia daba más fuerza a quienes se habían rebelado contra la invasión. José Bonaparte no estaba de acuerdo con los saqueos y barbaridades cometidos por el ejército napoleónico, y que dificultaban sus esfuerzos por atraerse a las gentes. Viéndose cada vez menos seguro, decidirá abandonar Madrid. 
De José a Napoleón. Madrid, 27 de julio.
...Los esfuerzos que he hecho para recuperar aquí el crédito no estarían perdidos del todo, si los acontecimientos de la guerra no destruyeran mi obra. Los grandes y los ricos, las mujeres, sobre todo, son detestables: nada resiste a la opinión que ellas ponen de actualidad, y todo hombre desea unirse a los ejércitos y escapar de Madrid...
De José a Napoleón. Madrid, 28 de julio....
He decidido evacuar a Burgos a los hospitalizados en Madrid, y me dirijo a Burgos con todas las tropas de que dispongo...

A finales de julio, el rey José y con él las tropas francesas que ocupaban Madrid, abandonan la capital, dejando tras de sí importantes pertrechos militares que inutilizarán. Se llevarán, joyas, cuberterías, vajillas y numerosos objetos de valor, procedentes de los palacios regios. A los españoles de su gobierno, y que le habían acompañado a Madrid, les dará la opción de elegir entre seguirle o quedarse, y aunque no era su intención inicial, en Madrid dejará a los soldados enfermos o heridos. En su trayecto, estará protegido por las tropas del mariscal Bessières. En las afueras de la capital, escribe a su hermano:
De José a Napoleón. Chamartín, 31 de julio....
Sire, ya he escrito a Su Majestad. Aprovecho un momento de tranquilidad para daros algunos detalles que os hará apreciar la verdadera situación de los asuntos de España. Os convenceréis de que la nación está unánimemente en contra de todo lo que se ha hecho en Bayona.
Los campesinos queman las ruedas de sus coches para evitar transportarnos.
Todos los grandes me han abandonado, excepto los Sres. del Parque y Frías.
Ningún español puede ser empleado en confianza para instruirle en los movimientos del enemigo...
Viñeta satírica sobre la salida de José I de Madrid
Dibujo de Thomas Rowlandson (1756-1827)

La marcha es lenta, por etapas. En la parada de San Agustín de Guadalix, se queja a su hermano de que la mayoría de los soldados franceses son muy jóvenes, poco habituados al calor, y que los oficiales tampoco son muy buenos. El día 3 de agosto descansan en Buitrago, desde donde sigue lamentándose de la falta de medios, y planteando posibles soluciones para remediar los asuntos de España. Es de suponer que Napoleón estaría más que harto de leer, una tras otra, las reiteradas propuestas y quejas de su hermano mayor, que no le transmitía ni una sola buena noticia.

El día 5, José escribe desde Fresno de la Fuente:
De José a Napoleón. Frenillo di Punte, 5 de agosto....
Sire, he recibido la carta de Su Majestad del 31. Espero sus primeros despachos; me permitirán conocer el sistema general que Su Majestad ha adoptado, después de conocer los asuntos de Andalucía. No hablaré más a Su Majestad de la situación actual del Ejército; ...  
Las cartas de uno y otro llegaban con varios días de retraso, las respuestas de Napoleón venían cuando al problema planteado se añadía otro, pero no dejaba de animar a José.
De Napoleón a José. Bordeaux, 3 de agosto....
Sean cuales sean los contratiempos que te deparen las circunstancias, no te alarmes; dentro de poco tendrás más de 100.000 hombres. Todo está en marcha, pero lleva su tiempo. Reinarás; conquistarás a tus súbditos para ser su padre. Los buenos reyes han pasado por esta escuela. Hace más de veinte días que salieron mis órdenes. Sobre todo, salud, alegría, es decir, fuerza de ánimo
José seguirá el camino en dirección a Burgos, sin tener del todo claro su destino, ¿Francia o España? Las circunstancias cambiantes lo decidirán. En Aranda pararán dos días, para dar descanso a las tropas que le acompañan. El día 8, desde Lerma escribe a Napoleón que no mandará levantar todavía el sitio de Zaragoza, y que no recibe respuesta de los generales.
Entrada a la ciudad de Burgos
Versión de un dibujo original de David Roberts
El día 9 de agosto, entra en Burgos, donde se encuentra con personas que tenía a su servicio en Nápoles, y que le recuerdan mejores tiempos. Desde aquí, escribe varios extensos escritos a Napoleón, y en uno de ellos, le propone regresar a Nápoles como rey, después de recuperar España. Por esas fechas, su hermano había entregado la corona de Nápoles a Murat.

Los distintos cuerpos del ejército francés se van reagrupando y tomando posiciones al norte del rio Duero, entre Pamplona y Burgos. En esta última ciudad parará varios días. La falta de correspondencia de su hermano, le inquietará. Se desplaza a Briviesca. Manda una división a Bilbao para sofocar la rebelión en aquella ciudad, donde han desembarcado oficiales ingleses "que no tardarán en arrepentirse". Informado del avance hacia Burgos de las tropas españolas, decide fijar su puesto de mando en la línea del Ebro. Así lo hará, permaneciendo en Miranda varios días, desde allí contendrá varios focos de sublevación en Tudela, Logroño, Calahorra, Bilbao, etc.

Napoleón hubiera deseado mantener la línea del Duero, en lugar de la del Ebro. Pide mantenerse a la defensiva mientras prepara su venida con un gran ejército. Nuevos generales de prestigio se incorporarán, y nuevas tropas francesas cruzarán la frontera.

Con el mes de septiembre, el conflicto entrará en una nueva fase.    


Bibliografía (Autor/es. Título del libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año).

-    José Antonio Vaca de Osma. La guerra de la Independencia. Madrid. Espasa Calpe S.A. 2002.  

- Revista Ejército. La guerra de la Independencia. 210 aniversario (1808-2018). Nº extraordinario.Madrid. Ministerio de Defensa. 2018

- Javier Tusell. Rafael Sánchez Montero. Historia de España. El Siglo XIX. De la Guerra de la Independencia a la Revolución de 1868. Tomo XII. Edición para Biblioteca El Mundo. Pozuelo de Alarcón (Madrid), Editorial Espasa Calpe, 2004.

- Francisco Pi y Margall, Francisco Pi y Arsuaga. Historia de España en el siglo XIX. Barcelona. Miguel Seguí-Editor. 1902.

- Modesto Lafuente; Juan Valera. Historia General de España. Desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Tomo XVI. Barcelona. Montaner y Simón Editores, 1889.

- José Gómez de Arteche. Guerra de la Independencia, historia militar de España de 1808 a 1814. Tomo III. Madrid. Imprenta y litografía del depósito de la guerra, 1875.

 - Jose María Queipo de Llano, conde de Toreno. Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Biblioteca de autores españoles. Tomo LXIV de la colección. Madrid. M.Rivadeneyra-Impresor-Editor, 1872.

- John S.C. Abbott. History of Joseph Bonaparte. New York. Harper & Brothers Publishers. 1869.

-  Louis Adolphe Thiers. Histoire de l'Empire. Tomo I. Paris. Lheureux et Cie. Éditeurs. 1865.

Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo II. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861.

- Joaquín Blake y Orbaneja. Apuntes históricos sobre las operaciones del Ejército de Galicia desde su organización en Junio de 1808 hasta Noviembre del mismo año. Madrid. Imprenta y esterotipia de M. Rivadeneyra, 1858.

- Pierre Emmanuel Albert du Casse. Mémoires et correspondance politique e militaire du roi Joseph. Tomos 4,5,6,7. Paris. Perrotin, Libraire-Éditeur, 1854.

- Miguel Agustín Príncipe. Guerra de la Independencia, narración histórica. Tomo segundo. Madrid. Imprenta del siglo a cargo de Ivo Biosca. 1846.

- Sección de Historia Militar. Estados de la organización y fuerza, de los ejércitos españoles beligerantes en la Península, durante la guerra de España contra Bonaparte. Barcelona. Imprenta de la viuda de D. Antonio Brusi, 1822.

José Acúrsio das Neves, História Geral da Invasão dos Franceses em Portugal, e da Restauração deste Reino. Lisboa. Na Officina de Simão Thaddeo Ferreira. 1810-1811.

Una web:



miércoles, febrero 08, 2023

Cronología de la Historia: 1808-10. Primera liberación de Portugal (cap.12)

Ver cap. anterior

1808-10 

 Liberación de Portugal

En noviembre de 1807, tropas napoleónicas, con ayuda de fuerzas españolas, habían ocupado Portugal. Los miembros de la familia real portuguesa, abandonaron la nación vecina el día 29, rumbo a Brasil, y Napoleón unió otra pieza, a su particular política imperialista. El mariscal Jean Andoche Junot, que había mandado el ejército invasor, quedó como lugarteniente del emperador.
Salida del príncipe regente de Portugal para Brasil
Dibujo de Henri L'Evêque (1769-1832)
Grabado de Francesco Bartolozzi (1727-1815)
Campaigns of the British Army in Portugal (1812)
Fuente: Biblioteca Nacional de Portugal
Antes de su partida hacia Brasil, el príncipe regente don Joao, (futuro Joao VI), hizo público un decreto con la intención de trasladarse a Rio de Janeiro, evitando las funestas consecuencias que una defensa de la institución, podía provocar en la nación. En el mismo decreto, estableció el gobierno que debía regir la nación en su ausencia. La ocupación de Portugal, se desarrolló sin combates dignos de ese nombre, y tanto las autoridades civiles como las eclesiásticas, mostraron su obediencia a Napoleón. 

En los primeros meses de 1808, Junot procuró dispersar los restos del ejército portugués, enviando una fuerza de unos 9.000 soldados a Francia, repartiendo en pequeños destacamentos provincianos el resto de militares, y licenciando tropas. El general francés procuró reforzar su posición en Lisboa, acopiando municiones y fortaleciendo las defensas.
El ejército francés, al mando de Junot, avanza entre las montañas de Portugal
Dibujo de Maurice Henri Orange (1867-1916)
Life of Napoleon Bonaparte. William Milligan Sloane 
The Century Magazine
Fuente: Library of Congress
El 16 de abril de 1808, una delegación de notables portugueses fue recibida por Napoleón en Bayona, a quien rindieron pleitesía, y obtuvieron del emperador, la promesa de que el país no sería desmembrado, manteniendo su integridad territorial. De regreso a Portugal, publicaron un manifiesto con lo acordado con Napoleón, que fue bien acogido por los lusitanos, dispuestos a mantener una alianza con Bonaparte, siempre y cuando se mantuviesen las señas de identidad y capacidad de decisión de los propios portugueses.

La ambición de Napoleón, la soberbia de Junot  y el menosprecio hacia la propia nación portuguesa, que había elaborado una constitución liberal, coincidió con los actos de levantamiento de las provincias españolas, y en la necesidad de Napoleón de destinar parte de sus fuerzas en Portugal, para sofocar las revueltas de España. 
Oporto. Torre dos clérigos
Obra de James Holland (1799-1870)
Fuente: MeisterDrucke

En Oporto había un importante contingente de tropas españolas, al mando de un militar de ingenieros, el mariscal de campo Domingo Belestá Pared. Producido el levantamiento de Galicia, la Junta gallega, mandó instrucciones a Belestá para que prendiese al general francés Quesnel, e hiciese prisioneros a cuantos franceses pudiese, y regresase a España con sus tropas. Así lo hizo Belestá, y tras constituir los portugueses una Junta el 6 de junio, quedando al frente de la misma, el brigadier Luis Oliveira da Costa, los militares españoles abandonaron Oporto, cruzando el Miño entre el 10-11 de junio.   

El día 7 de junio, el mayor Raimundo José Pinheiro, proclama al príncipe regente don Joao, como heredero legítimo, y es izada la bandera portuguesa en el castillo de San Juan de Foz. Dos días después, el brigadier Oliveira se arrepiente de la decisión adoptada y vuelve a la obediencia napoleónica. El magistrado Pinheiro, se ve obligado a huir. Pero la chispa de la insurrección había prendido y a lo largo del mes de junio y julio, se producirán numerosos levantamientos por toda la geografía portuguesa.

Los dos países peninsulares, vecinos, pero no siempre bien avenidos, iban por una vez, a coincidir en sus objetivos, y al tiempo que los focos de rebelión se extendían por España, y se libraban los primeros enfrentamientos importantes contra las tropas imperiales, en Portugal, un país con escasos cuatro millones de habitantes, agobiado y en situación límite, por los costes e indemnizaciones impuestos por los invasores, se encontraba en un estado de insurrección, pero su capacidad de actuación, estaba muy mermada por la confiscación de armas emprendida por los franceses, la dispersión de sus pocas tropas de línea, y la salida a Brasil, acompañando a la familia real, de la mayoría de mandos militares. Tampoco había una coordinación entre los distintos distritos portugueses, donde las rivalidades, dificultaban una actuación coordinada. Los ataques a los ocupantes, eran acciones menores sin continuidad. Por otra parte, Inglaterra, siempre atenta a sus intereses, vigilaba las costas portuguesas con su marina, obteniendo información sobre la situación, y a la espera de entrar en acción.
Vista de Oporto (1791)
Dibujo y grabado de Manuel Marqués de Aguilar (1767-1816)
Imagen recortada
Fuente: Biblioteca Nacional de Portugal
El 29 de julio, fuerzas portuguesas y españolas, con un ejército conjunto, pero con mandos separados, se enfrentan a los franceses cerca de Evora. Las tropas profesionales estaban compuestas por unos 700 soldados lusos y 1.070 militares españoles, a los que se unieron una cantidad ingente de paisanaje, con coraje, pero sin apenas armas. Una vez más, el error de combatir sin preparación, y la falta de veteranía de gran parte de los combatientes, reclutados con prisas y sin suficiente instrucción, se saldará con una derrota e importantes bajas para ambos bandos. Tras los combates extramuros, y resistencias en la ciudad, los defensores deben retirarse, y los vencedores aprovechan para seguir haciendo amigos, sometiendo a la ciudad de Evora a todo tipo de matanzas, saqueos y destrucción. 

Las constantes escaramuzas y emboscadas iban mermando las tropas invasoras, y a Junot, al que Napoleón había otorgado el título de duque de Abrantes, no le quedaban más de 21.000 soldados para controlar Portugal; el desembarco de tropas inglesas no tardaría mucho en llegar, y la actitud de los portugueses no le era propicia. El mariscal procuró hacerse fuerte en Lisboa, con todas sus fuerzas, con la idea de que quien controlase la capital, controlaría el país.
Desembarco del ejército británico en la bahía de Mondego
Dibujo de Henri L'Evêque (1769-1832)
Grabado de Giovanni Vendramini (1769-1839)
Campaigns of the British Army in Portugal (1812)
Fuente: Biblioteca Nacional de Portugal
El día 29 de julio, una flota de barcos ingleses se presenta frente a las costas de Figueira da Foz, al norte de la capital. Al mando de los 9.000 soldados estaba el futuro duque de Wellington, sir Arthur Wellesley. El desembarco de los efectivos empezó el 1 de agosto y se prolongó hasta el día 5. Por el sur avanzarían las tropas que desde Gibraltar habían pasado la frontera con España, y su gobernador, el veterano Hew Dalrymple, ostentaría el mando conjunto, como militar de mayor graduación. Junto con un destacamento de fuerzas portuguesas, el ejército británico-portugués sumaría a unos 15.000 hombres y 500 jinetes. Para contener el avance de Wellestey y ganar tiempo, Junot envió al general francés Delaborde con un menguado ejército, que fue derrotado cerca de Roliça, el 19 de agosto; las bajas entre muertos y heridos fue similar en ambos bandos.
Batalla de Roliça
Dibujo de William Heath (1795-1840)
Grabado de Thomas Sutherland (1785-1838)
The martial achievements of Great Britain and her allies
Fuente: Biblioteca Nacional de España
Con la llegada sucesiva de refuerzos ingleses, el mariscal Junot que no podía contar con tropas de refresco, decide dar un golpe de efecto. El día 20, concentró en las proximidades de Torres-Vedras el mayor contingente de tropas que podía permitirse, con unos 12.000 infantes, 1.500 caballos y hasta 26 piezas artilleras. Los británicos, reforzados con nuevos soldados, se acercaban a los 18.000 militares, con una exigua caballería. Pero desde el norte se aproximaba, un cuerpo de ejército con otros 11.000 hombres, bajo el mando del general John Moore. En la mañana del día 21, Junot tomó la iniciativa, y atacó a los ingleses en las cercanías de Vimeiro, Wellesley resistió la ofensiva y contraatacó. Tras unas 3 horas de combates, los franceses tuvieron que replegarse, hasta Torres-Vedras, con gran pérdida de hombres y cañones.
Batalla de Vimeiro
Dibujo de William Heath (1795-1840)
Grabado de Daniel Havell (1793-1878)
The martial achievements of Great Britain and her allies
Fuente: Biblioteca Nacional de España
Las dos victorias obtenidas en tierra por los ingleses, con ayuda portuguesa, en un tipo de combate donde habitualmente eran derrotados, debió aportarles la confianza de que podían vencer a las invencibles tropas imperiales.
Junot vomitando su botín
Dibujo de George Saulez
Fuente: The Britihs Museum
La viñeta caricaturiza al mariscal Junot, vomitando objetos religiosos, monedas de oro, relojes y joyas, obtenido de los expolios y saqueos que las tropas napoleónicas cometían. Frente a él, un portugués recoge en un recipiente parte de lo expulsado, mientras detrás de Junot, el personaje John Bull, que representa al Reino Unido, le sostiene la cabeza.

Tras la derrota, y considerando que la situación era crítica, con pérdidas de hombres y armas, y sin capacidad para aumentar sus fuerzas, Junot reunió a sus mandos para tratar sobre las posibles opciones a adoptar, acordando pactar con los ingleses la retirada de todas sus tropas de Portugal. Tras varios contenciosos entre los propios británicos, y también con los portugueses, a los que no se les había tenido en cuenta, el 30 de agosto, franceses y británicos firman el convenio de Sintra, según el cual los militares napoleónicos, con sus armas, serían transportados por buques ingleses hasta los puertos de Francia.
Embarque de Junot y sus tropas en el muelle de Sodre. Lisboa
Dibujo de Henri L'Evêque (1769-1832)
Grabado de Francesco Bartolozzi (1727-1815)
Campaigns of the British Army in Portugal (1812)
Fuente: Biblioteca Nacional de Portugal
La evacuación francesa comenzó a mediados de septiembre y se completó el 7 de octubre, con el embarque de la guarnición de Yelves. En Inglaterra, no se entendió el acuerdo, que dejaba libres unos 18.000 soldados veteranos. Los firmantes británicos del convenio, Dalrymple, Burrard y Wellestey fueron llamados a Londres, donde fueron sometidos a juicio, siendo exonerados los tres, pero apartados del servicio los dos generales más veteranos, y confiando el mando de las tropas en la Península a Arthur Wellestey. La salida de Junot y sus tropas, permitió liberar a más de 3.000 españoles, a los que el mariscal francés había mandado entregar las armas, y confinado en los pontones franceses, anclados en la desembocadura del Tajo.

Para los británicos había empezado la Peninsular War


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