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sábado, marzo 04, 2023

Cronología de la Historia: 1808-12. Napoleón en España (cap. 14)

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1808-12

Llega Napoleón, y España a su aire
Tras las resistencias de Zaragoza, Gerona, Valencia, el Bruch, y sobre todo, tras la batalla de Bailén, las tropas invasoras iniciaron la retirada o se replegaron a posiciones más seguras, próximas Francia.

A lo largo del mes de agosto se propagaron por toda la geografía peninsular, infinidad de manifiestos y proclamas de reconocimiento de Fernando VII, planteándose distintos criterios de organización, y representación de las distintas provincias. También en tierras americanas, se producirán proclamaciones en favor del nuevo rey.
Situación estratégica de Europa en 1808 (clicar para agrandar)
Traducción al español del mapa original 
Fuente: The Department of History. United States Military Academy
Los cuerpos de ejército españoles, tratarán de reorganizarse y avituallarse, sin lograr un único mando militar. Empezarán a formarse grupos armados, poco disciplinados, al frente de los cuales se pondrán los personajes más atrevidos, y con más personalidad, cuyas acciones futuras serán decisivas para ayudar en la derrota de los invasores. Las Juntas provinciales y locales, que fueron determinantes, en los levantamientos e insurrecciones contra los franceses, entrarán en una fase de discordias, disputándose la supremacía entre provincias, retrasando una política y acción coordinadas. 

Mientras que, en España, sin un estamento director, se desaprovechaban tiempos y recursos, Napoleón enviaba refuerzos para socorrer a su hermano José,  ponía a punto sus tropas, y planeaba recuperar el terreno perdido, para culminar la ocupación total de la Península. En noviembre se pondrá al frente de un numeroso ejército, con unos 250.000 hombres, logrando en un mes, vencer las resistencias, y entrar triunfante en Madrid el 2 de diciembre*.
Alegoría del segundo sitio de Gerona
Enrique Estevan y Vicente (1849-1927)
Portada de La Ilustración Artística
Fuente: Biblioteca Nacional de España

* Frente a un ejército numeroso, disciplinado en combate, bien aprovisionado, unos generales capacitados y experimentados, bajo el mando indiscutible de un Napoleón en plenitud, poco podían hacer las fuerzas regulares españolas, escasas en número, mal adiestradas, mal abastecidas y no siempre bien dirigidas, con unos altos mandos incapacitados en ocasiones, para capitanear tropas, por la tradicional endogamia de recaer los generalatos, casi exclusivamente, en miembros de la nobleza, sin atender a méritos contrastados, y también por el irreflexivo ambiente popular de la insurrección. La falta de un mando único militar creíble y respetado, agravará el resultado de la campaña militar, donde los sucesivos enfrentamientos contra los franceses, serán casi siempre, otros tantos fracasos. 

Tras las derrotas de los cuerpos de ejército españoles y la capitulación de Madrid, en el mes de diciembre se producirán rebeliones, y actos sediciosos entre las propias tropas de España. También la población llana, repetirá violentos episodios, contra algunos mandos y personas, acusados de traidores.  

La relación de los hechos más destacables del vertiginoso 1808, entre agosto y diciembre,  es la siguiente:

Agosto de 1808
El día 6. Se produce la insurrección de Bilbao, constituyéndose una Junta. La rebelión será sofocada por los franceses a mediados de mes, causando grandes bajas y daños a la población.

Día 9. Proclamación de Fernando VII en Méjico.

Día 12. Hacia el día 10 del mes de julio, el general Duhesme, jefe de las fuerzas ocupantes en Cataluña, se había puesto al frente de unos 6.000 hombres, que junto con otros 5.000, llegados de Francia y Figueras, intentarían sitiar y rendir a Gerona, por segunda vez. El acoso continuo de los somatenes, las escaramuzas con tropas regulares españolas, y el apoyo desde el mar de una fragata británica, ralentizará la marcha de Duhesme, ocasionándole pérdidas de hombres y armas, y hasta el 12 de agosto no atacará la ciudad. La asistencia de varios destacamentos de tropas en apoyo de Gerona, y la acción decidida de la guarnición gerundense que saliendo de la población, contratacó a los franceses, forzaron la retirada de Duhesme y su ejército, días después. Los franceses lo volverán a intentar en mayo de 1809.
Ilustración del libro Historia crítica de la guerra de la Independencia en Cataluña
Dibujo de Joan Serra Pausas (1861-1902)
Fuente:

Día 13. Entrada en Madrid del ejército de Valencia, al mando del general, Pedro González Llamas

Día 15. Las tropas napoleónicas se retiran de Zaragoza, acaba el primer sitio de la ciudad.

Día 16. Termina el primer sitio de Gerona con la retirada de los sitiadores.

Día 23. Llegan a Madrid las tropas del ejército de Andalucía, al mando del general Castaños.  

Día 25. Proclamación en Madrid como rey, de Fernando VII, que seguía en Francia.. 
Madrid, proclamación de Fernando VII
Dibujo de Zacarías González Velázquez (1763-1834)
Grabado de Blas Atmeller Rotllán (1763-1841)
Coloreado digitalmente 
Fuente: Biblioteca Digital Memoria de Madrid
Septiembre de 1808
Día 5. Se celebra en Madrid un consejo de generales, para tratar sobre las operaciones militares, y tácticas de guerra. Asisten los generales Castaños, Cuesta, la Peña y González Llamas en persona, y los generales Blake y Palafox, representados. Acordarán el despliegue de las tropas, pero no conseguirán ponerse de acuerdo en elegir un general en jefe. El total de las fuerzas regulares estaría en unos 130.000 hombres, incluyendo 6.000 jinetes y 2.000 artilleros. Las rivalidades entre los generales, y especialmente, la arrogancia de García de la Cuesta, servirán para debilitar, aún más, la capacidad militar de la nación.    

Día 20. Tropas del ejército de Galicia, desalojan de Bilbao a unos 1.200 militares franceses.

Día 25. Tras varios intentos de crear un órgano de mando único (1), queda constituida en Aranjuez, la Junta Central Suprema y gubernativa del reino, compuesta en principio por 34 miembros, en representación de las distintas provincias. Serán nombrados como presidente interino, el conde de Floridablanca, y como secretario general, Martín de Garay (2). 

Aranjuez: fachada principal Real Palacio
De la colección de litografías de los Reales sitios de1832, encargadas por Fernando VII
Dibujos en base a cuadros de Fernando Brambilla (1763-1834)
Colección dirigida por José de Madrazo y Agudo (1781-1859)
Litografía de Victor Alexis (1800-1840)
Retoques: recorte estampa, coloreado digital
Fuente: Universidad de Sevilla 
Día 27. Las tropas del marqués de Portago que habían expulsado de Bilbao a los soldados napoleónicos, deben evacuar la ciudad, ante la llegada de un numeroso ejército francés de 14.000 hombres, al mando del mariscal Ney.

(1) Había tres criterios principales sobre el modo de constituir el mando único. Unas provincias postulaban mantener la situación federativa con las juntas; otras abogaban por convocar Cortes generales y nombrar un regente del Reino, y por último estaban quienes apostaban por una Junta Central, con diputados de las juntas provinciales, y un presidente, en representación del rey.   

(2) Uno de los vocales de la Junta Central fue Jovellanos, cuya personalidad, con ideas liberales y moderadas, contrastaban con las de Floridablanca, cuyo prestigio, quedaba oscurecido por su actitud autoritaria de otros tiempos. Esta disparidad de criterios, se reflejó en las discusiones y disposiciones de la Junta, llegando a tener hasta tres facciones políticas entre sus componentes. Sorprendió a la opinión pública, que una de las primeras medidas adoptadas, fuese el de asignar un generoso sueldo de 120.000 reales para cada uno de sus miembros. Para el ejercicio del gobierno quedaron constituidas cinco secciones: Estado, Gracia y Justicia, Guerra, Marina y Hacienda. La lenta dinámica en las tomas de decisiones, no favoreció la prontitud en la adopción de acuerdos que la situación requería.        

Octubre de 1808
Día 1. Un decreto de la Junta Central, organiza las fuerzas militares españolas en cuatro ejércitos, el de la izquierda, al mando de Joaquín Blake, lo compondrán los cuerpos de Galicia y Asturias, a los que se unirán tropas de Castilla, Vizcaya y Murcia; el de la derecha o de Cataluña, quedará al mando de Juan Miguel de Vives ; el del centro, tendrá al general Castaños como jefe, y el de Aragón, será dirigido por José Palafox.   
Pedro Caro Sureda, III marqués de La Romana
Cuadro de Vicente López Portaña (1772-1850)
Fuente: Museo Nacional del Prado

Día 9. Desembarcan en Santander unos 8.000 soldados, de las fuerzas españolas, al mando del marqués de la Romana, que se encontraban estacionadas en Dinamarca, y que fueron transportadas por navíos ingleses. Otros 5.000 soldados españoles permanecerán en tierras nórdicas. 

Día 12. Decidido el general Blake, al mando del ejército de Galicia, a recuperar Bilbao, ataca con todos los efectivos, obligando al mariscal Ney y sus tropas a abandonar la ciudad. Blake, fijará su cuartel general en la capital vizcaína.

Día 20. Tropas españolas al mando del coronel, Juan de la Cruz Mourgeon, con unos 1.000 hombres, ocupan la localidad navarra de Lerín.

Días 26-27. Atacan los franceses a Lerín, con numerosos efectivos y artillería, debiendo de capitular los defensores, al no recibir los refuerzos acordados con el general Grimarest.

Día 27. Las tropas españolas al mando del general Juan Pignatelli, que ocupaban Logroño, la abandonan precipitadamente, dejando en su retirada cañones y pertrechos. Tal acción provocará la sustitución de Pignatelli.

Día 31. El general francés Lefevbre ataca en Zornoza (Vizcaya), a las tropas del General Blake, quien carecía de artillería, al haberla enviado a Bilbao. El enfrentamiento se saldará con la retirada de Blake, y con la ocupación nuevamente de la capital vizcaina.

Noviembre de 1808
Día 3. Llegada de Napoleón a Bayona. Reorganiza sus fuerzas en la Península, en 8 cuerpos de ejército. El total de tropas imperiales ascendían a unos 250.000 soldados, incluyendo 50.000 jinetes, y numerosas piezas de artillería.
Entrada de Napoleón en España
Dibujo de Felix Philippoteaux (1815-1884)       Grabado de Alexandre Hurel (1827-18..)
Histoire de l'Empire. Adolphe Thiers (1797-1877)

Source gallica.bnf.fr / Bibliothèque nationale de France
Día 5. Tropas españolas, al mando del general Vicente María de Acevedo, sorprenden y hacen huir, en el valle de Balmaseda, al general francés Villatte y sus tropas.

Día 6. El mariscal Gouvión Saint-Cyr, con unos 25.000 hombres procedentes de Francia, fija su cuartel general en Figueras. Bloqueada Barcelona por tropas españolas, Saint-Cyr sitiará a la población de Rosas, principal puerto de suministros de la ciudad condal.

Día 8. Napoleón llega a Vitoria, reuniéndose con su hermano José.

Días 9-10. Las fuerzas napoleónicas se enfrentan en las cercanías de Burgos, a tropas de Extremadura, al mando del inexperto conde de Belveder, con el predecible resultado de victoria francesa, y el posterior saqueo de la ciudad. Napoleón fijó su cuartel general en la ciudad.
Burgos. Napoleón observa a unos soldados
descansando
Ilustración de Onfray de Breville (1858-1931)
Días 10-11. Tras varios días con enfrentamientos parciales y escaramuzas, Joaquín Blake, con unas tropas esquilmadas, decide plantear batalla a las tropas napoleónicas de los generales Victor y Lefèbvre, en las cercanías de Espinosa de los Monteros, al norte de Burgos. La pérdida de varios jefes militares, numerosa bajas y la mayor solvencia de las fuerzas francesas, obligan a Blake y al resto de sus tropas a retirarse, perdiendo las piezas de artillería. La batalla de Espinosa de los Monteros, fue la primera gran derrota española, del nuevo ciclo que se abría con la llegada de Napoleón. El conde de Belveder huirá hasta Segovia y será relevado del mando, por el veterano general, José de Heredia.

Día 12. El emperador dicta un decreto, según el cual concedía el perdón general y amnistía, a todos los españoles que, en el plazo de un mes, renunciaran a las armas, y a la alianza con los ingleses. La medida no afectaba a algunos destacados personajes, que habían jurado en Bayona, fidelidad al rey José I, y lo habían abandonado.   

Día 13. Tropas inglesas y portuguesas, en número de 20.000 soldados, al mando del general inglés, John Moore, llegan a Salamanca. A estas fuerzas se unirá otro contingente de 10.000 hombres desembarcados en La Coruña.

Día 16. El mariscal Soult, recupera Santander para los franceses.

Día 23. Batalla de Tudela y Cascante, con derrota de una amalgama de tropas españolas, procedentes del ejército del centro y Andalucía (Castaños), Aragón (Palafox), Valencia y Murcia. La acción costó numerosas bajas, entre muertos y heridos, y más de 2.000 prisioneros. Tropas del mariscal Ney saquearán poblaciones de Soria. Vencidos los ejércitos españoles del norte y centro, Napoleón asegurará su marcha hacia Madrid, y aprovechará para reforzar las guarniciones más importantes del País Vasco y Navarra. 
Batalla de Tudela
Cuadro de January Suchodolski (1797-1875)
Museo Nacional en Varsovia
Día 24. Joaquín Blake, y el marqués de La Romana, que había asumido el mando del ejército de la izquierda, consiguen agrupar en León, 16.000 soldados, que andaban desperdigados, tras los últimos reveses militares.

Día 29. Tropas al mando del general Venegas, situadas en Bubierca (Zaragoza), consiguen  proteger, la marcha del mermado ejército del centro, al mando del general Castaños, con órdenes de la Junta Central de dirigirse a Sigüenza, donde el vencedor de Bailén, será relevado, y nombrado presidente de la Junta militar.
La batalla de Somosierra (1816)
Pintura al óleo de Horace Vernet (1789-1863)
Muzeum Narodowe w Warszawie (Polonia)
Día 30. Tropas napoleónicas, con especial protagonismo de los lanceros polacos, consiguen dispersar a los defensores del alto de Somosierra, al mando del mariscal Benito San Juan, que pese a sus medidas de defensa y ejemplo, poco podía hacer frente a uns tropas mejor preparadas y más numerosas. Esta fue la única acción armada en España, que Napoleón dirigió directamente. Salvando el paso entre las dos Castillas, Madrid quedaba al alcance del emperador.

Diciembre de 1808
Día 1. La Junta Central abandona Aranjuez con la intención de ir a Badajoz, si bien irán cambiando de ciudad, según avance el ejército napoleónico, para finalmente dirigirse a Sevilla.

Día 3. Las tropas imperiales llegan a Madrid, se apoderan del Retiro, y controlan las principales calles. Napoleón no ordena los habituales saqueos, pretende congraciarse con el pueblo madrileño. Fija su cuartel de mando en Chamartín, a las afueras de la ciudad.

Día 4. El emperador intima la rendición de la capital. El general Tomás Morla ostenta la representación de la ciudad, en sustitución del huído duque del Infantado. Pese a la oposición de una parte de la población, finalmente se firma la capitulación de Madrid (1).
La capitulación de Madrid
Cuadro de Antoine-Jean Gros (1771-1835)
Musée de l'Histoire de France 
Día 5. Después de resistir 29 días el asedio francés, capitula la defensa de Rosas, quedando prisionera toda la guarnición, que había resistido las acometidas francesas, con ayuda de una escuadrilla de naves inglesas.

Día 7. Elementos sediciosos de la soldadesca, con participación de un fraile, promueven disturbios en Talavera de la Reina, acabando con la vida de varios jefes militares, entre ellos el general Benito San Juan, cuyo cadáver ultrajarán. Le sucederá en el mando del ejército de Extremadura, el general José María Galluzo. 

Día 10. Una nutrida representación de todos los estamentos sociales de Madrid, son recibidos por Napoleón, a quien manifiestan su agradecimiento por las satisfactorias condiciones de la capitulación, y le piden la restauración de José I como rey. En esta misma fecha, los restos de las tropas del ejército del centro y columnas desperdigadas, entran en la ciudad de Cuenca, donde intentarán recuperarse y reorganizarse. 

Día 16. Batalla de Llinars-Cardedeu. En la comarca del Vallés, tropas del general Vives se enfrentan a las del mariscal Saint-Cyr. Tras un comienzo favorable para los españoles, con bajas y captura de prisioneros del enemigo, la reacción a la desesperada de las tropas francesas, se resuelve con su victoria, ocasionándonos unos 500 muertos, capturando cañones y pertrechos, y haciendo más de 1.000 prisioneros. Con esta acción, el bloqueo de Barcelona quedaba roto.
Batalla de Llinars-Cardedeu
Dibujo de Jean-Charles Langlois (1789-1870)
Retoques: recorte estampa, coloreado digital
Ilustración del libro Voyage pittoresque et militaire en Espagne 
Día 17. Los miembros de la Junta Central llegan a Sevilla, donde son recibidos con gran entusiasmo.  

Día 19. Los franceses ocupan Toledo sin resistencia.

Día 20. Desde Sierra Morena hacia el norte de la Península, sólo quedaba un reducto no conquistado por Napoleón, Zaragoza. Decididos a vencer la resistencia de la ciudad, los franceses habían congregado en sus alrededores, un gigantesco ejército, compuesto por fuerzas del mariscal Moncey, en número de 16.000 hombres, otros 18.000 soldados del quinto cuerpo, al mando del mariscal Mortier, refuerzos procedentes de Pamplona, del general Lacoste con ocho compañías de zapadores y dos de minadores, sesenta cañones, y cantidades enormes de municiones, pertrechos y elementos para la intendencia. Por parte de los aragoneses, su jefe, José Palafox, se había dedicado durante los meses anteriores a reforzar las defensas de Zaragoza, con más prisas que eficacia, preparándose para el asedio que los invasores iban a intentar por segunda vez. Las fuerzas defensoras, las constituían más de 30.000 hombres, con numerosas piezas artilleras, a las que habían añadido las capturadas a los franceses, tras su retirada en agosto. Toda la población se había preparado para el asalto enemigo. Comenzaba el segundo sitio de Zaragoza, que no concluiría hasta dos meses después, con la capitulación.   

Día 21. Tropas inglesas toman Sahagún. En la sitiada Zaragoza, los invasores se apoderan del estratégico alto de Torrero. En Cataluña tiene lugar el enfrentamiento de tropas de Saint-Cyr con restos de la fuerza españolas derrotadas en Llinars, al mando de Teodoro Reding, por la ausencia del general Vives. La acción, desarrollada en las proximidades de Molins de Rei, no podía acabar bien para las escasas, y desmoralizadas fuerzas españolas, frente  a unas superiores tropas francesas, motivadas por la reciente victoria, y reforzadas con soldados del general Chabrán. Como resultado de la acción, la población de Tarragona, culpó al general Vives de la derrota, y tuvo que ceder el mando a Reding, trasladándose la Junta del Principado a Tortosa. Saint-Cyr quedaba asentado con firmeza en Cataluña, reprimiendo con dureza cualquier atisbo de rebelión. 

Día 22. Napoleón y unos 60.000 soldados de sus mejores tropas, se dirigen a combatir a las fuerzas inglesas del general John Moore, quien indeciso, y desconfiando de su capacidad para vencer a las tropas imperiales, optará por retirarse y dirigirse a Galicia, con el fin de embarcarse hacia Inglaterra. 

Día 26. Después de cuatro días de duras marchas, con frío, nieve y lluvias, para cruzar la sierra de Guadarrama, Napoleón y su ejército, llegan a Tordesillas.
El ejército francés cruzando la Sierra de Guadarrama
Cuadro de Nicolás Antoine Taunay (1755-1830)
Fuente: Meisterdrucke


Día 27. La Junta Central fija su sede en Sevilla. 

Día 29. Tropas españolas de las mandadas por el marqués de La Romana, protegen en Mansilla de las Mulas, la retirada de las fuerzas de Moore. La acción costará unos centenares de muertos y unos 1.000 prisioneros, a los españoles. En Benavente, se produce una escaramuza entre tropas francesas y británicas, siendo hecho prisionero el mariscal Lefebvre.

Día 30. Fallece en Sevilla, con 80 años, el conde de Floridablanca, presidente de la Junta Central. Le sucederá el marqués de Astorga (2). 

Día 31. Salida de los sitiados de Zaragoza. En Astorga, ante la proximidad de Napoleón, las fuerzas inglesas de Moore y las españolas de La Romana abandonan la ciudad. Ahora serán las tropas británicas las que causarán saqueos, pillajes y disturbios en las poblaciones por las que pasen (3).

(1) Las primeras disposiciones decretadas por Napoleón, consistieron en cesar y apresar, a todos los componentes del consejo Real o de Castilla; abolir el tribunal de la Inquisición, como atentatorio a la soberanía y autoridad civil; reducir el número de conventos a la tercera parte; abolir los señorios y el derecho feudal; suprimir las aduanas interiores y trasladarlas a la frontera con Francia. Las medidas adoptadas granjearon apoyos y simpatías de las clases más ilustradas, cansadas de las arbitrariedades religiosas y civiles. El emperador, no devolvió inmediatamente la corona a su hermano José, ostentando y ejerciendo el mando, a discreción, lo que provocó el malestar de José Bonaparte, que en escrito de 8 de diciembre dirigido a su hermano, renunciaba a sus derechos al trono de España, y se ponía a su disposición.

(2) Resulta interesante la lectura de la descripción sobre ambos personajes, que el político Antonio Alcalá Galiano escribe en su obra Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España:

Recién llegada la Junta a Sevilla, murió su presidente el conde de Florida-Blanca. Honrose altamente su memoria elevando a la dignidad de grandes de España a los herederos de sus bienes y título. No era impropio recompensar así los servicios del difunto, que, no obstante sus faltas, había gobernado muchos años con próspera fortuna. pero si fue ensalzado su nombre, poco dolor causó su pérdida, porque los años habían menoscabado en gran manera sus buenas calidades, dejándole su afición al despotismo, y además una devoción supersticiosa con toda la tenacidad de una edad avanzada. Sucedióle en la presidencia el marqués de Astorga, conde de Altamira, de ilustrísima cuna y crecida riqueza, de condición buena y suave, de ningunas luces ni ciencia, pero amante del bien de su patria y de su rey,.. 

(3) Copio el párrafo que, sobre la retirada de Moore y La Romana, escribe Modesto Lafuente en su Historia General de España: 
Las tropas españolas escasas de todo, despeadas, andrajosas y medio desnudas; las inglesas perdido lo único que las hacía respetables, la disciplina; entregadas al desorden, al pillaje y a la embriaguez; escondiéndose en las tabernas y en las bodegas de las casas; abandonando los numerosos carros que conducían su inmenso material, y matando los caballos cansados para que no pudierans servir al enemigo; sin hacer caso de las proclamas de su general, e irritando y haciéndose odiosos a los españoles, que exclamaban: ¿qué amigos son éstos que dicen que han venido a defendernos, y saquean nuestras casas y destruyen nuestras obras públicas y queman nuestras poblaciones?

Bibliografía (Autor/es. Título del libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año).

-    José Antonio Vaca de Osma. La guerra de la Independencia. Madrid. Espasa Calpe S.A. 2002.

- Revista Ejército. La guerra de la Independencia. 210 aniversario (1808-2018). Nº extraordinario.Madrid. Ministerio de Defensa. 2018

- Javier Tusell. Rafael Sánchez Montero. Historia de España. El Siglo XIX. De la Guerra de la Independencia a la Revolución de 1868. Tomo XII. Edición para Biblioteca El Mundo. Pozuelo de Alarcón (Madrid), Editorial Espasa Calpe, 2004.

- Francisco Pi y Margall, Francisco Pi y Arsuaga. Historia de España en el siglo XIX. Barcelona. Miguel Seguí-Editor. 1902.

- Modesto Lafuente; Juan Valera. Historia General de España. Desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Tomo XVI. Barcelona. Montaner y Simón Editores, 1889.

- Antonio de Bofarull y Brocá. Historia crítica de la guerra de Independencia en Cataluña. Barcelona. F. Nacente. Editor. 1886.

- José Gómez de Arteche. Guerra de la Independencia, historia militar de España de 1808 a 1814. Tomo III. Madrid. Imprenta y litografía del depósito de la guerra, 1875.

 - Jose María Queipo de Llano, conde de Toreno. Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Biblioteca de autores españoles. Tomo LXIV de la colección. Madrid. M.Rivadeneyra-Impresor-Editor, 1872.

- John S.C. Abbott. History of Joseph Bonaparte. New York. Harper & Brothers Publishers. 1869.

-  Louis Adolphe Thiers. Histoire de l'Empire. Tomo II. Paris. Lheureux et Cie. Éditeurs. 1865.

Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo I. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861.

- Adolfo Blanch. Cataluña. Historia de la guerra de la Independencia en el antiguo Principado. Barcelona. Imprenta y librería politécnica de Tomás Gorchs. 1861.

- Joaquín Blake y Orbaneja. Apuntes históricos sobre las operaciones del Ejército de Galicia desde su organización en Junio de 1808 hasta Noviembre del mismo año. Madrid. Imprenta y esterotipia de M. Rivadeneyra, 1858.

- Miguel Agustín Príncipe. Guerra de la Independencia, narración histórica. Tomo segundo. Madrid. Imprenta del siglo a cargo de Ivo Biosca. 1846.

- Estanislao de Kostka Vayo. Historia de la vida y reinado de Fernando VII de España. Madrid. Imprenta de Repullés.1842. 

- Fernando Merás. Cuadro Histórico-Cronológico de la Guerra de la Independencia. 1838.

- Sección de Historia Militar. Estados de la organización y fuerza, de los ejércitos españoles beligerantes en la Península, durante la guerra de España contra Bonaparte. Barcelona. Imprenta de la viuda de D. Antonio Brusi, 1822.

- Gazeta Ministerial de Sevilla.

- Gazeta de Madrid. 


Una web:




jueves, febrero 09, 2023

Cronología de la Historia: 1808-11. José I, rey de España (cap.13)

Ver cap. anterior

1808-11 

José I en España    

Salida de José I hacia España
History of Joseph Bonaparte
Fuente: University of California
Una vez aprobada y jurada la Constitución de Bayona por José Bonaparte, el nuevo rey de las Españas e Indias, debía tomar posesión del trono en Madrid. Acompañado de su gobierno y séquito, cruzó la frontera el 9 de julio. Tenía orden del emperador de escribirle a diario y tenerle debidamente informado de lo que observase. La correspondencia entre ambos hermanos es de gran valor histórico, y sirve para conocer lo que pensaba José I del papel que Napoleón le había encomendado. Transcribo algunos párrafos contenidos en la obra, Mémoires et correspondance politique et militaire du roi Joseph, publicada en 1.854: 
De José a Napoleón. San Sebastián, 10 de julio.
Sire, he prolongado mi estancia en esta ciudad hasta este momento, para conocer las disposiciones de los habitantes, que no son buenas, y para hacer que mi viaje no sea del todo inútil.
Una delegación de Santander ha venido aquí para pedirme que descargue a esta ciudad de una contribución de 12 millones de reales que se le ha impuesto. No creo que a partir de ahora deba imponerse ninguna contribución sin mi permiso. Tampoco se puede gravar a toda la población de una ciudad cuando se conocen a los principales líderes; basta con tomar los bienes de los jefes: si hacemos lo contrario, no ganaremos la confianza del pueblo, y sin eso es imposible tener éxito en una nación como ésta...

De José a Napoleón. Vergara, 11 de julio.
Sire, dirijo a Su Majestad las cartas que he leído. La situación de las cosas es tal, que me reprocho el tiempo que he perdido en miserables pueblos. He decidido irme a Madrid por la ruta más corta, para llegar lo antes posible. La sensación es muy mala en todas partes. Madrid marca la pauta; es preciso entrar en Madrid, y ser proclamado. Todas las tropas españolas se unen a quienes les pagan. No hay ningún orden en Madrid, la mayor división reina entre las tropas; al menos comprobaré con mis propios ojos cómo están las cosas, y veré lo que puedo hacer. Lo que sí sé es la gran necesidad de dinero: sólo tenemos provincias pobres, nada entra en el Tesoro. Con dinero, se podrían recuperar los regimientos que aún quedan en Madrid. Por lo demás, recibiré las cartas de Vuestra Majestad en Burgos y decidiré después.
Portapliegos (sabretache) de José I
Las sublevaciones que habían estallado por toda la geografía española, y la falta de seguridad en la ruta, ralentizaban la marcha de la comitiva. Napoleón previene a su hermano:
De Napoleón a José. Bayonne, 12 de julio.
Mi hermano, he recibido vuestra carta del 11. Supongo que hoy estarás en Vitoria. No hay ninguna tropa en Burgos, excepto en los almacenes y una guarnición en el castillo. Pienso que no es prudente que entréis en esta ciudad antes de que llegue el 12º regimiento de infantería ligera...  
De José a Napoleón. Vitoria, 12 de julio.
Sire, he llegado a esta ciudad, donde ayer fui proclamado. El ánimo de los habitantes es muy contrario a todo esto. La gente del lugar teme las amenazas del pueblo y de los insurrectos de Zaragoza, cuyas cartas y gacetas les intimidan enormemente; las noticias que reciben de Asturias, Galicia, Valencia, de Andalucía, tampoco les tranquilizan. Hasta ahora, nadie ha contado toda la verdad a Su Majestad. El hecho es que no hubo un solo español que se presentase ante mí, excepto los pocos que asistieron a la junta, y que  viajan conmigo. Los demás, llegados hasta aquí y de los otros pueblos, se ocultan delante de mí, asustados por el qué dirán de sus compatriotas.
El día 16 entran en Burgos, con la feliz noticia de la derrota de los españoles en Medina de Rioseco. Asegurada la ruta, aceleran la marcha y el día 20 descansan en Chamartín, a las puertas de Madrid, donde José I hará su entrada oficial al día siguiente. El pueblo le recibe con frialdad, las autoridades le hacen los honores, y el ambiente que respira José no le es favorable.
De José a Napoleón. Madrid, 20 de julio.
Sire, hoy he hecho mi entrada en Madrid. No he sido recibido por los habitantes de esta villa como lo fui por los de Nápoles, ni como lo he sido por las tropas francesas; pero no tan mal como cabría esperar de los habitantes de una ciudad con muy mala actitud...
... No encuentro ni un céntimo en las arcas. Que Su Majestad haga los esfuerzos posibles por acudir en nuestro auxilio.
El nuevo rey era consciente de su precaria situación como usurpador de un trono que no le correspondía. En sucesivas cartas, da cuenta a Napoleón de la mala situación económica, de las deserciones, y del descontento generalizado. Reiteradamente pide a su hermano, el envío de 50.000 hombres y 50 millones de francos.
De José a Napoleón. Madrid, 23 de julio.
... franceses y españoles comprometidos conmigo, sólo tienen un lenguaje: tropas veteranas y millones, sin los cuales no mantendremos España. Cincuenta mil hombres y 50 millones lo más pronto posible. No necesito decir más a Su Majestad.... 
Entrada del intruso en Madrid (José I)
Litografía de Manini y Cia.
Retoques: marco recortado, contornos realzados
 Ilustración del libro, Guerra de Independencia. Miguel Agustín Príncipe
De José a Napoleón. Madrid, 24 de julio.
... Nos estamos quedando sin dinero; todas las provincias están ocupadas por el enemigo; que está por todas partes. Henri IV tenía un partido, Felipe V sólo tenía que combatir con un competidor; y yo tengo por enemiga a una nación de 12 millones de habitantes, valientes, desesperados hasta el extremo. Se habla en público de mi asesinato; pero no es ese mi temor....
Retrato de José I
Cuadro de Josep Bernat Flaugier (1757-1813)
Museu Nacional d'Art de Catalunya
El día de 25 de julio, festividad de Santiago apóstol, José I, consigue ser proclamado rey en Madrid; para celebrarlo se habían organizado tres días de festejos. Al día siguiente se confirmaban los rumores sobre la derrota de Bailén. La noticia daba más fuerza a quienes se habían rebelado contra la invasión. José Bonaparte no estaba de acuerdo con los saqueos y barbaridades cometidos por el ejército napoleónico, y que dificultaban sus esfuerzos por atraerse a las gentes. Viéndose cada vez menos seguro, decidirá abandonar Madrid. 
De José a Napoleón. Madrid, 27 de julio.
...Los esfuerzos que he hecho para recuperar aquí el crédito no estarían perdidos del todo, si los acontecimientos de la guerra no destruyeran mi obra. Los grandes y los ricos, las mujeres, sobre todo, son detestables: nada resiste a la opinión que ellas ponen de actualidad, y todo hombre desea unirse a los ejércitos y escapar de Madrid...
De José a Napoleón. Madrid, 28 de julio....
He decidido evacuar a Burgos a los hospitalizados en Madrid, y me dirijo a Burgos con todas las tropas de que dispongo...

A finales de julio, el rey José y con él las tropas francesas que ocupaban Madrid, abandonan la capital, dejando tras de sí importantes pertrechos militares que inutilizarán. Se llevarán, joyas, cuberterías, vajillas y numerosos objetos de valor, procedentes de los palacios regios. A los españoles de su gobierno, y que le habían acompañado a Madrid, les dará la opción de elegir entre seguirle o quedarse, y aunque no era su intención inicial, en Madrid dejará a los soldados enfermos o heridos. En su trayecto, estará protegido por las tropas del mariscal Bessières. En las afueras de la capital, escribe a su hermano:
De José a Napoleón. Chamartín, 31 de julio....
Sire, ya he escrito a Su Majestad. Aprovecho un momento de tranquilidad para daros algunos detalles que os hará apreciar la verdadera situación de los asuntos de España. Os convenceréis de que la nación está unánimemente en contra de todo lo que se ha hecho en Bayona.
Los campesinos queman las ruedas de sus coches para evitar transportarnos.
Todos los grandes me han abandonado, excepto los Sres. del Parque y Frías.
Ningún español puede ser empleado en confianza para instruirle en los movimientos del enemigo...
Viñeta satírica sobre la salida de José I de Madrid
Dibujo de Thomas Rowlandson (1756-1827)

La marcha es lenta, por etapas. En la parada de San Agustín de Guadalix, se queja a su hermano de que la mayoría de los soldados franceses son muy jóvenes, poco habituados al calor, y que los oficiales tampoco son muy buenos. El día 3 de agosto descansan en Buitrago, desde donde sigue lamentándose de la falta de medios, y planteando posibles soluciones para remediar los asuntos de España. Es de suponer que Napoleón estaría más que harto de leer, una tras otra, las reiteradas propuestas y quejas de su hermano mayor, que no le transmitía ni una sola buena noticia.

El día 5, José escribe desde Fresno de la Fuente:
De José a Napoleón. Frenillo di Punte, 5 de agosto....
Sire, he recibido la carta de Su Majestad del 31. Espero sus primeros despachos; me permitirán conocer el sistema general que Su Majestad ha adoptado, después de conocer los asuntos de Andalucía. No hablaré más a Su Majestad de la situación actual del Ejército; ...  
Las cartas de uno y otro llegaban con varios días de retraso, las respuestas de Napoleón venían cuando al problema planteado se añadía otro, pero no dejaba de animar a José.
De Napoleón a José. Bordeaux, 3 de agosto....
Sean cuales sean los contratiempos que te deparen las circunstancias, no te alarmes; dentro de poco tendrás más de 100.000 hombres. Todo está en marcha, pero lleva su tiempo. Reinarás; conquistarás a tus súbditos para ser su padre. Los buenos reyes han pasado por esta escuela. Hace más de veinte días que salieron mis órdenes. Sobre todo, salud, alegría, es decir, fuerza de ánimo
José seguirá el camino en dirección a Burgos, sin tener del todo claro su destino, ¿Francia o España? Las circunstancias cambiantes lo decidirán. En Aranda pararán dos días, para dar descanso a las tropas que le acompañan. El día 8, desde Lerma escribe a Napoleón que no mandará levantar todavía el sitio de Zaragoza, y que no recibe respuesta de los generales.
Entrada a la ciudad de Burgos
Versión de un dibujo original de David Roberts
El día 9 de agosto, entra en Burgos, donde se encuentra con personas que tenía a su servicio en Nápoles, y que le recuerdan mejores tiempos. Desde aquí, escribe varios extensos escritos a Napoleón, y en uno de ellos, le propone regresar a Nápoles como rey, después de recuperar España. Por esas fechas, su hermano había entregado la corona de Nápoles a Murat.

Los distintos cuerpos del ejército francés se van reagrupando y tomando posiciones al norte del rio Duero, entre Pamplona y Burgos. En esta última ciudad parará varios días. La falta de correspondencia de su hermano, le inquietará. Se desplaza a Briviesca. Manda una división a Bilbao para sofocar la rebelión en aquella ciudad, donde han desembarcado oficiales ingleses "que no tardarán en arrepentirse". Informado del avance hacia Burgos de las tropas españolas, decide fijar su puesto de mando en la línea del Ebro. Así lo hará, permaneciendo en Miranda varios días, desde allí contendrá varios focos de sublevación en Tudela, Logroño, Calahorra, Bilbao, etc.

Napoleón hubiera deseado mantener la línea del Duero, en lugar de la del Ebro. Pide mantenerse a la defensiva mientras prepara su venida con un gran ejército. Nuevos generales de prestigio se incorporarán, y nuevas tropas francesas cruzarán la frontera.

Con el mes de septiembre, el conflicto entrará en una nueva fase.    


Bibliografía (Autor/es. Título del libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año).

-    José Antonio Vaca de Osma. La guerra de la Independencia. Madrid. Espasa Calpe S.A. 2002.  

- Revista Ejército. La guerra de la Independencia. 210 aniversario (1808-2018). Nº extraordinario.Madrid. Ministerio de Defensa. 2018

- Javier Tusell. Rafael Sánchez Montero. Historia de España. El Siglo XIX. De la Guerra de la Independencia a la Revolución de 1868. Tomo XII. Edición para Biblioteca El Mundo. Pozuelo de Alarcón (Madrid), Editorial Espasa Calpe, 2004.

- Francisco Pi y Margall, Francisco Pi y Arsuaga. Historia de España en el siglo XIX. Barcelona. Miguel Seguí-Editor. 1902.

- Modesto Lafuente; Juan Valera. Historia General de España. Desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Tomo XVI. Barcelona. Montaner y Simón Editores, 1889.

- José Gómez de Arteche. Guerra de la Independencia, historia militar de España de 1808 a 1814. Tomo III. Madrid. Imprenta y litografía del depósito de la guerra, 1875.

 - Jose María Queipo de Llano, conde de Toreno. Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Biblioteca de autores españoles. Tomo LXIV de la colección. Madrid. M.Rivadeneyra-Impresor-Editor, 1872.

- John S.C. Abbott. History of Joseph Bonaparte. New York. Harper & Brothers Publishers. 1869.

-  Louis Adolphe Thiers. Histoire de l'Empire. Tomo I. Paris. Lheureux et Cie. Éditeurs. 1865.

Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo II. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861.

- Joaquín Blake y Orbaneja. Apuntes históricos sobre las operaciones del Ejército de Galicia desde su organización en Junio de 1808 hasta Noviembre del mismo año. Madrid. Imprenta y esterotipia de M. Rivadeneyra, 1858.

- Pierre Emmanuel Albert du Casse. Mémoires et correspondance politique e militaire du roi Joseph. Tomos 4,5,6,7. Paris. Perrotin, Libraire-Éditeur, 1854.

- Miguel Agustín Príncipe. Guerra de la Independencia, narración histórica. Tomo segundo. Madrid. Imprenta del siglo a cargo de Ivo Biosca. 1846.

- Sección de Historia Militar. Estados de la organización y fuerza, de los ejércitos españoles beligerantes en la Península, durante la guerra de España contra Bonaparte. Barcelona. Imprenta de la viuda de D. Antonio Brusi, 1822.

José Acúrsio das Neves, História Geral da Invasão dos Franceses em Portugal, e da Restauração deste Reino. Lisboa. Na Officina de Simão Thaddeo Ferreira. 1810-1811.

Una web:



martes, enero 31, 2023

Cronología de la Historia: 1808-9. Andalucía. Batalla de Bailén (cap. 11)

Ver cap. anterior

1808-9 

Andalucía, del 24 de mayo al 24 de julio

El control de Andalucía era objetivo principal del emperador, y la captura de Cádiz elemento esencial para su política. Para conseguirlo, ordenó que un potente ejército se dirigiera a la zona. Entre el 23 y 24 de mayo, salieron con destino a Cádiz, tropas acantonadas en Toledo y alrededores al mando del general Dupont. Las fuerzas totales la componían unos 14.000 efectivos, con 10.250 infantes, de los cuales unos 2.400 eran guardias suizos al servicio de España, unos 2.900, coraceros y dragones a caballo, y entre 700-800 artilleros. 

Todavía no se habían producido levantamientos en las ciudades importantes, aunque empezaba a notarse el estado de agitación de la población. Dupont, alardeaba de su capacidad para cumplir el objetivo encomendado y fijaba el día en que ocuparía Cádiz. La marcha de sus tropas atravesó sin problemas La Mancha; al entrar en Sierra Morena, recibieron escasos disparos de partidas aisladas, y para el día 7 de junio llegaban al puente de Alcolea, a unos 10 km de Córdoba. Para entonces, Dupont era conocedor del levantamiento de Sevilla.

Ataque a convoy francés de suministros
Grabado de Histoire de l'Empire. Adolphe Thiers.
Source gallica.bnf.fr / BnF 

Batalla del puente de Alcolea y saqueo de Córdoba
En el puente, esperaba Pedro Agustín de Echevarri Sustacha, comandante de Córdoba, con unos 3.000 soldados regulares y un considerable número de paisanos, con los que pretendía impedir que los franceses cruzasen el Guadalquivir. Dispuso una batería de cañones en la embocadura del puente, protegida por fusileros, y todo el entorno del puente se llenó de civiles armados. El primer envite de las tropas imperiales fue rechazado, pero en las siguientes acometidas, los paisanos abandonaron sus puestos, y Echevarri tuvo que tocar a retirada, no sin antes contener al enemigo con la caballería, para retirarse lo más ordenadamente posible, y evitar que la artillería cayese en manos enemigas. Las pérdidas humanas fueron similares por ambos bandos y Echevarri únicamente perdió un cañón.  

Pero el combate había abierto la veda para las tropas napoleónicas. Córdoba iba a pagar las consecuencias. Los franceses llegan sobre las dos y media de la tarde a las puertas de la ciudad, que sus habitantes habían cerrado para ganar tiempo, y esperando negociar algún acuerdo. Estando en la Puerta Nueva, los invasores reciben disparos, a los que responden derribando la puerta a cañonazos, tras lo cual entran en la población, degollando a todos los habitantes que encuentran a su paso, asaltando edificios civiles y religiosos, robando todo lo que consideran, profanando los templos, saqueándolos, ultrajando y violando a las personas. 

Los soldados, tras conquistar cierto número de casas y matar a los insurrectos que las defendían, no tuvieron grandes escrúpulos en instalarse allí, haciendo uso de todos los derechos de la guerra. Al ver a los insurgentes que mataban, cargados de objetos, saquearon a su vez, pero más para comer y beber que para llenar sus mochilas. El calor era sofocante y sobre todo querían beber. Bajaron a las bodegas, llenas de los mejores vinos de España, desfondaron los toneles a golpes de fusil, e incluso varios se ahogaron en el vino derramado. Otros, completamente ebrios, sin respetar nada, mancillaban el nombre del ejército, arrojándose sobre las mujeres y haciéndolas padecer todo tipo de ultrajes. A. Thiers. Histoire de l'Empire.

El saqueo de Córdoba, fue uno de los actos de guerra más abominables, y llenó de vergüenza a las tropas de Napoleón por toda Europa.

Vista de Córdoba (aprox. 1840)
Obra de François Antoine Bossuet (1800-1889)
Fuente: Museo Bellas Artes de Córdoba
Dueño de la ciudad, Dupont establece el campamento fuera del recinto urbano, y prohíbe el saqueo indiscriminado de sus soldados; en su lugar, organiza un expolio metódico de los bienes y riquezas cordobeses. Según historiadores franceses, la codicia de Dupont, de sus mandos y soldados, sería una de las causas de la derrota de Bailén. 

Las tropas imperiales, permanecerán en Córdoba hasta el día 16 de junio. Para entonces, la rebelión ya había estallado por todo el país. La animadversión contra los invasores, agravada por sus crueles actos, el expolio de bienes y recursos, ponía a la población al límite de su existencia, malvivir o pelear, era la opción.

Escaramuzas, guerrillas y rebeldía de las poblaciones
La retaguardia de Dupont, en las tierras que había cruzado sin mayores problemas, conocería la desesperación de las gentes. Por todas partes se sucedían los episodios violentos contra los ocupantes. En Andújar, los civiles habían atacado el destacamento francés, asesinando a su comandante y varios soldados; en el Puerto del Rey de Despeñaperros, las partidas armadas capturaron varios convoyes, masacrando a todos sus componentes, incluyendo al general René; en la villa de Montoro, los paisanos asaltaron el puesto para fabricar pan que había montado la intendencia francesa, degollando a quienes pudieron y cometiendo crueldades con algunos soldados. Antes de estos hechos, el 5 de junio, en Santa Cruz de Mudela, donde los franceses habían almacenado provisiones, sus habitantes habían atacado el destacamento que las custodiaba, matando a los soldados que no pudieron escapar. Los fugados, intentaron pasar por Valdepeñas, impidiéndolo los vecinos, por lo que se retiraron a un punto, en espera de refuerzos; el día 6llega desde Manzanares el general Liger-Belair, con 600 hombres; reagrupados, los franceses deciden castigar a los vecinos que, a su vez, deciden defenderse:
Es Valdepeñas, población rica de 3.000 vecinos, asentada en los llanos de la Mancha, y a la que dan celebridad sus afamados vinos. Atraviésala por medio la calle llamada Real, tránsito de los que viajan de Castilla a Andalucía, y la cual tiene de largo cerca de un cuarto de legua. Aprovechándose de su extensión, dispusieronla los habitantes de modo que en ella se entorpeciese la marcha de los franceses. La cubrieron con arena, esparciendo debajo clavos y agudos hierros; de trecho en trecho y disimuladamente ataron maromas a las rejas, cerraron y atrancaron las puertas de las casas, y embarazaron las callejuelas que salían a la principal avenida... Historia del Levantamiento, Guerra y Revolución de España. Conde de Toreno.

Valdepeñas: Contienda del Seis de Junio
Obra de Carlos Isidro Muñoz de la Espada
Fuente: Web Carlos Isidro

Sigue contando el conde de Toreno, que los franceses envían por delante una avanzada de exploración, los caballos tropiezan y caen, los vecinos disparan a los jinetes y les tiran piedras, ladrillos, aceite y agua hirviendo; el general Liger-Belair, acomete por los lados de la población, incendiando casas y matando a los vecinos que encuentra a su paso. Para impedir que siguiera la matanza y destrucción, el alcalde mayor, Francisco María Osorio arriesga entrevistarse con el general francés quien, temiendo por los suyos, escucha al alcalde y acuerdan cesar los enfrentamientos. Escarmentadas, las tropas francesas retrocederán hasta Madridejos.    

Mientras, la Junta de Sevilla había continuado con su política de pedir a la población que, prosiguiera con las hostilidades al invasor, al tiempo que procuraba organizar un ejército numeroso y capaz. A las organizadas tropas del Campo de Gibraltar, al mando del general Castaños, las de la guarnición de Cádiz, y las procedentes de batallones dispersos que se iban uniendo, se habían incorporado miles de voluntarios, a los que se intentaba instruir en la disciplina militar, en la zona de Utrera

Conocedor Dupont de los peligros que le acechaban, había solicitado refuerzos a Murat, y detenido su avance, retrocediendo hasta Andújar, donde llegó el día 19 de junio. Por el camino fue testigo de la venganza de los cordobeses, al encontrar cadáveres de soldados napoleónicos en la ruta. Al día siguiente, envío a Jaén un destacamento de tropas al mando del capitán Baste, para proveerse de víveres, y cometer todo tipo de crueldades, desvalijando a la ciudad, y engrosar el botín de guerra.

La noticia de los graves acontecimientos que se sucedían por toda la nación, causaba inquietud y zozobra en la Junta de Madrid, cuyos miembros colaboraban con los invasores. Para colmo de sus desgracias, Murat, su principal soporte, cayó enfermo, víctima del llamado cólico de Madrid, aunque también se sospechaba de su interés por abandonar España, una vez que sus esperanzas de ocupar el trono español, como rey, se habían esfumado.      

Murat abandonó Madrid, para reunirse con Napoleón en Bayona y recuperarse en un balneario. El emperador nombró para sustituirle al general Savary, hombre de su confianza, pero con un perfil más de agente secreto que de militar, por lo que sus decisiones militares debía corroborarlas otro militar más veterano, el general Belliard. Su nombramiento no fue bien recibido por los altos mandos franceses.

Una de las primeras medidas que tomó Savary, recién llegado a Madrid el 15 de junio, fue enviar refuerzos a Dupont. El día 19 partieron de Toledo, unos 7.000 militares y 12 cañones, bajo el mando del general Vedel; por el camino se le fueron sumando los destacamentos de los generales Roize y Liger-Belair. El día 26 llegan a Despeñaperros, cuyo paso estaba vigilado por un destacamento español, mandado por el teniente coronel Pedro Valdecañas, que no consiguió impedir el paso de las tropas francesas.

Batalla de Bailén
La llegada de refuerzos franceses hacia Andalucía, decidió a la Junta de Sevilla plantear batalla y atacarles. No era ese el parecer del general Castaños, que consideraba esencial el seguir un tiempo más con la instrucción de los voluntarios, que de manera continua llegaban a las campas de Utrera y Carmona. Pero finalmente, prevaleció la opinión de la Junta, y se dispuso un ejército compuesto por tres divisiones, un cuerpo de reserva y varias compañías auxiliares agregadas. El total del contingente alcanzaría más de 27.000 hombres a pie y unos 2.300 jinetes. El 1 de julio, iniciaron el avance por la margen izquierda del río Guadalquivir.

Zona de operaciones (clicar para agrandar)
En color, el río Guadalquivir y el arroyo Escobar 
Atlas Geográfico de España...(1790?)
Matías López de Vargas (1730-1802)
Fuente: Biblioteca del Banco de España

Al frente de las divisiones españolas estaban: Teodoro Reding, con las fuerzas de Granada y la 1ª división; Antoine de Malet, marqués de Coupigny al frente de la segunda; Félix Jones Rooth mandaba la tercera división a la que estaba agregada la de reserva del teniente general Manuel de la Peña, y el mando conjunto lo ostentaba Francisco Javier Castaños Aragorri, comandante en jefe del ejército de Andalucía.

Por su parte, el mariscal Dupont había conseguido congregar un ejército, compuesto por la división Barbou con 5.900 soldados; la división Frere con unos 2.300 hombres, la división Vedel con 5.200; la división Gobert con 6.500 componentes, y la división Frescia con 2.400 militares que, junto con unos 1.800 efectivos de tropas suizas, formarían un conjunto de más 24.000 hombres a pie, a caballo, y artilleros. Viendo que era arriesgado avanzar, Dupont permaneció en Andújar y envió al general Vedel a proteger los pasos de sierra Morena, en su retaguardia.

Theodor Reding von Biberegg (1177-1809)
Cuadro de José Aparicio Inglada
Fuente: Museo del Prado

El día 11, los mandos españoles celebraron una reunión de estado mayor en Porcuna, para tratar sobre el plan de ataque. Reding, cruzaría el Guadalquivir para dirigirse a Bailén, resguardado por el marqués de Coupigny. Castaños, avanzaría con la tercera división y la de reserva y atacaría de frente al enemigo, que sería acometido por su flanco derecho por las tropas ligeras y cuerpos francos de Juan de la Cruz. El día 13, comenzó el desarrollo del plan.

Los días siguientes se produjeron enfrentamientos y escaramuzas entre los adversarios, destacando la acción del día 16, llevada a buen término por el general Reding, que consiguió cruzar el río por el vado del Rincón, obligando al general Liger-Belair a desalojar  Mengíbar, y retirarse  en dirección a Bailén, donde el general Gobert, que acudía en su ayuda, recibió un disparo que le costó la vida.

La muerte de Gobert, el avistamiento de las numerosas tropas españolas, las noticias con el fracaso en la toma de Valencia, la continua pérdida de hombres, la acumulación de heridos y enfermos, más los efectos del calor en el agobiante valle del Guadalquivir, con los soldados sedientos, empezaban a causar efecto en el ánimo de los militares napoleónicos. Dupont y los suyos pensaban más en retroceder que seguir avanzando. Las fuerzas del Liger-Belair y del general Doufour, que había sustituido a Gobert, se dirigieron hacia La Carolina y Santa Elena, para asegurar los pasos de Sierra Morena, uniéndoseles el general Vedel.

El día 18, Reding y Coupigny entran en Bailén, desde cuyo lugar y de acuerdo con el plan trazado con Castaños, debían atacar la retaguardia de Dupont, mientras aquél arremetería frontalmente a las fuerzas francesas. Pero el mariscal francés no se sentía seguro en Andújar, las divisiones de Castaños se acercaban y cañoneaban sus posiciones. Decide evacuar el campamento, dejando atrás los heridos graves, y tras obstaculizar el puente e inutilizar las defensas que había construido, comienza la retirada al atardecer, evitando las horas fuertes de calor, y cargado con el inmenso botín capturado en los saqueos y rapiñas*. A pesar del sigilo con que se realizaba el avance, Dupont fue hostigado en su avance por las tropas ligeras de Juan de la Cruz, que se habían adelantado respecto el ejército de Castaños.

*Un testigo ocular no tuvo reparo en escribir "este pequeño ejército llevaba más equipajes que un ejército de 150.000 hombres. Simples capitanes transportaban carromatos con cuatro mulas. Había al menos cincuenta carros por batallón; eran los despojos de la ciudad de Córdoba...". Guerre d'Espagne. Capitulation de Baylen. Lt. Colonel Clerc.

La salida de Dupont, había alterado los planes de los españoles, la retaguardia francesa se había convertido en la vanguardia y viceversa. Reding y Coupigny, pernoctaban en una almazara junto al camino de Andújar, y al escuchar disparos les sorprendió la proximidad de Dupont. Era necesario replantear el plan de ataque. El general retirado, D. Francisco J. Venegas de Saavedra, fue el encargado de entretener las primeras tropas francesas, mientras Reding y Coupigny reorganizaban las suyas.

Esquema del campo de operaciones de la batalla de Bailén
Atlas de la guerra de la Independencia. José Gómez de Arteche
Fuente: Biblioteca Virtual de Defensa

El grueso de las tropas napoleónicas avanzó, y cruzó el puente del Rumblar hasta quedar a unos 2 km de Bailén, y sobre las 4 de la madrugada del día 19, empezaron los combates. Con la táctica habitual, las fuerzas imperiales atacaron vigorosamente por el lado donde estaba Coupigny; rechazando la acometida, los soldados de los regimientos de Bujalance, Ciudad Real, Trujillo, Cuenca, Zapadores, guardias walonas y el regimiento España de caballería. Reagrupadas sus fuerzas, Dupont recuperó parte del terreno desalojado y mando atacar contra el centro y flanco derecho, donde estaban los soldados de Pedro Grimarest que, flaqueando, fueron auxiliados por las fuerzas de Francisco Venegas. Una y otra vez fueron repelidos los intentos franceses, al tiempo que la efectiva artillería española rompía la del enemigo. A media mañana, el cansancio y la sed producían un gran desgaste entre los combatientes*.

*La sed causada por el intenso calor era tanta que nada disputaron los combatientes con mayor encarnizamiento como el apoderarse, ya unos y otros, de una noria sita más abajo de la almazara antes mencionada. Historia del Levantamiento, Guerra y Revolución de España. Conde de Toreno.

Poco después del mediodía, Dupont determinó una acción que debía ser decisoria; con todos sus generales se puso al frente de las columnas, y arremetieron con furia a las tropas españolas, con especial empeño en romperlas por el centro, donde estaban Reding y el general Abadía. El ardor y arrojo de unos se estrelló contra la bravura y constancia de otros. Un último intento de los afamados marinos de la guardia, en columna, arropados por los restos de la caballería imperial, también fracasó. Agotados los combatientes, tras más de 8 horas de enfrentamientos, y no viendo salida, Dupont propuso una suspensión de los combates que fue aceptada por Reding.

Las noticias de la salida de Dupont de Andújar, habían llegado tarde a Castaños, y hasta la misma mañana del día 19, no ordenó el avance de la tercera división reforzada, al mando de Manuel de la Peña, que debía alcanzar a los franceses. Para ganar en rapidez, artillería y caballería avanzarían por el camino real, y la infantería por los flancos. El general en jefe, estableció el puesto de mando en una casa de postas, a medio camino entre Andújar y Bailén, con parte de la división de reserva.

Episodio de la batalla de Bailén
Cuadro de Ricardo Balaca y Orejas Canseco (1844-1880)
Fuente: Museo del Prado

Peña y los suyos llegaron a las proximidades de Bailén, sobre las 2 de la tarde, y conforme lo acordado, hicieron cuatro disparos de cañón para avisar a Reding. La proximidad de estas tropas por su retaguardia, posiblemente sirvió para reforzar la decisión francesa de pedir el cese de las armas. Conocida la tregua, Peña, que estaba dispuesto a atacar, recibirá la orden de no continuar su avance*.

*Es justo mencionar el apoyo que hombres, mujeres, niños y clérigos de la comarca de Bailén, brindaron a los soldados españoles, aportándoles víveres y sobre todo líquidos con los que aplacar la sed,  en un tórrido mes de julio, sin olvidar la ayuda en la atención  a los heridos, auxilios a la artillería y al resto de fuerzas. Tras la capitulación francesa, los habitantes todavía tendrían que prestar su concurso a unos y otros. Transcribo un pasaje de un texto publicado en 1814, escrito por un contemporáneo de los hechos: 

"La Justicia y Vecinos acudieron al socorro y suministro de ambos Exércitos el tiempo que duró la capitulación y entrega,...Parece increíble que en tan corto recinto pudiese subsistir tanta gente y caballos. Los pozos se agotaron, y la población quedó inmunda y asquerosa, con una plaga de moscas que cubría el sol; las calles y casas llenas de estiércol, caballos muertos y despojos de reces; y los campos sembrados de cadáveres y caballos que habían fenecido en la batalla: y como la capitulación y entrega de los enemigos duró cuatro días, la estación tan calorosa lo había todo corrompido, y exhalaba una fetidez insufrible que permaneció por mucho tiempo, de que se temió una epidemia". Descripción de la batalla de Baylen y auxilios que en ella dieron los vecinos. Antonio José Carrero.

Por su parte, el general Vedel, se había quedado en La Carolina, tras dejar algunos batallones y compañías en Santa Elena y los pasos de Despeñaperros. Al escuchar los cañonazos que venían de la zona de Bailén se puso en marcha, pero al cesar éstos, aprovechó para acampar en Guarromán y dar el rancho a la tropa. Reiniciada la marcha, sin tener noticia de los combates, llegarán sobre las cinco de la tarde a las proximidades de los combatientes, cuando ya estaba pactado el alto el fuego.

Reding conocía los movimientos de Vedel, y había reforzado las tropas que guardaban el camino de entrada en Bailén desde la Sierra. A un lado, en un cerro donde había una ermita a San Cristóbal, se emplazó un contingente, y al otro lado del camino, en un cerro llamado del Ahorcado, quedó emplazado otro grupo de tropas con dos piezas de cañón

Al aparecer la vanguardia de tropas francesas, dos oficiales españoles comunican al general francés el armisticio acordado cuatro horas antes. Desconfiando de lo que le dicen, Vedel envía a su ayudante de campo, Meunier, para confirmar la sorprendente noticia, dando un cuarto de hora para su regreso, tras lo cual atacaría. Meunier llega a la posición de Reding y se muestra incrédulo y altanero; Reding le propone que se llegue donde el general Dupont, para que le confirmen la situación.

Al no regresar el emisario en el tiempo señalado, y temiendo haber sido objeto de un engaño, Vedel manda formar dos columnas y acomete las dos alturas que guardaban el camino. No encuentra resistencia en el cerro del Ahorcado, y hace prisioneros a los españoles que confiados en la tregua se entregan. La columna de la derecha tardó más en subir al cerro de la ermita, por lo que, viendo lo que había pasado en la otra posición, Reding había ordenado reforzar el puesto, con el regimiento de Ordenes Militares y los granaderos de Jaén, que bajo el mando del coronel Francisco de Paula Soler, repelieron la acometida francesa. Dispuesto Vedel a acabar con la resistencia, atacó en persona, debiendo interrumpir el ataque, al recibir la orden de su general en jefe de no emprender ninguna acción ofensiva. 

Informado el general español de lo acecido en los dos cerros, hizo saber a Dupont que sus tropas pasarían a cuchillo a todos los soldados de la división Barbou, a los que mantenían acorralados, si Vedel no liberaba a los prisioneros y devolvía los dos cañones capturados. El mariscal, hizo llegar un escrito con ambas exigencias, pero al mismo tiempo y por medio del emisario enviado, comunicaba a Vedel otra orden verbal para incumplirlas. El tiempo pasaba y no había avances. El atrevido capitán Baste, conseguía pasar las líneas españolas e intermediaba entre Dupont y Vedel, para intentar una acción que sorprendiera a los españoles y conseguir salir de Bailén, aunque hubiera que dejar atrás los equipajes, enfermos y heridos. Pero Dupont, conocía el estado de sus tropas y él mismo, enfermo de disentería, no estaba en condiciones de entablar batalla. Vedel podía retroceder y escapar del alcance del enemigo.

El general Francisco Javier Castaños (1758-1852)
Obra de José Aparicio Inglada (1770-1838)
 Fuente: Museo del Prado
Los historiadores y estudiosos del desarrollo de la batalla de Bailén, hablan de dos hechos insólitos, uno en cada bando y que, de no haberse producido, habrían alterado el resultado de los combates. Por una parte, la lentitud en el avance del ejército de Castaños*, primero hasta Andújar y después hasta las proximidades de Bailén, y por parte de la división de Vedel, la tardanza en llegar hasta la zona de los combates. 

*La participación y actuación del general Castaños en el desarrollo de los hechos ha sido muy cuestionada por historiadores y militares. La intervención directa de sus fuerzas en la batalla, fue limitada. Teodoro Reding fue el verdadero hacedor de la victoria junto con el marqués de Coupigny, Félix Jones Rooth, y las tropas al mando. Para mayor controversia, las fuerzas francesas derrotadas, desfilaron y depusieron sus armas delante de las tropas de Castaños, en lugar de hacerlo frente a las fuerzas españolas que habían combatido en primera línea de la batalla.

La capitulación
Para negociar la tregua, Dupont mandó al capitán de su estado mayor, Villotreys con dos propuestas, la demanda de suspender las armas fue aceptada provisionalmente, por Reding, pero no podía acceder a la petición de dejarles retirarse hacia Madrid, con todos sus pertrechos, ya que era una decisión a tomar por su comandante en jefe. Todavía pasarían horas sin acordarse las condiciones de la capitulación, tiempo en el que todavía los generales franceses pensarían en revertir la situación, pero a la vista de la precaria situación en que se encontraban las tropas de Barbour, finalmente Dupont comisiona al general Gobert para negociar con Castaños unas condiciones lo más honrosas posibles. Una de esas condiciones por parte francesa, era el permitir la retirada de las tropas de Vedel, petición a la que podría haber accedido Castaños. 
La rendición de Bailén
José Casado del Alisal (1832-1886)
Fuente: Museo del Prado
Bien fuera por desconfianza hacia Castaños, que tenía fama de blando, o por exceso de celo, la Junta de Sevilla había comisionado al conde de Tilly para acompañar al general en jefe y sus tropas. El carácter y astucia del conde no le permitía admitir contemplaciones con quienes se mostraban altaneros e insolentes, después de invadir su país, realizando todo tipo de atrocidades y expolios, y aunque no hay unanimidad entre los historiadores, todo apunta a que la intervención del conde bien pudo endurecer la postura del mando español, que exigió a Dupont, el regreso de la división de Vedel, que se había puesto en marcha, y acampado el día 21, en la población de Santa Elena.

Hasta allí llegó el coronel de ingenieros D. NIcolás Garrido con las ordenes de intimar la rendición de Vedel, hecho que no se produjo hasta que el francés no tuvo en su poder una copia autentificada de la capitulación, firmada el día 22 de julio. Para asegurar la operación, Castaños y Reding, habian enviado al marqués de Coupigny con sus tropas, para cerrar los pasos de Sierra Morena e impedir la salida hacia Castilla de Vedel. 
La capitulación de Bailén
Dibujo de Maurice H. Orange (1867-1916)
The Century Magazine
Fuente: Library of Congress
Según los acuerdos de la capitulación, Dupont y sus tropas pasarían a ser prisioneros de guerra; las fuerzas de Vedel quedaban libres, pero serían evacuadas por mar, desde Rota en Cádiz, hasta el puerto francés de Rochefort, en barcos tripulados por marinos españoles. Especial empeño pusieron los franceses en conservar sus equipajes y mochilas.

El ejército de Dupont rindió sus armas entregándolas a las divisiones de Peña y Jones, y el día 23, desfilaron 8.242 soldados desarmados delante del ejército de Andalucía. Los 9.393 militares de las divisiones de Vedel y Gobert, acamparon en Bailén donde entregaron sus armas a las divisiones de Reding. Con posterioridad, nuevas tropas francesas repartidas por la Mancha, se incorporarían a las columnas de franceses, camino de los puertos de Cádiz. El recorrido no sería fácil, y muchos prisioneros acabarían en los pontones gaditanos, o cautivos en Cabrera.

El resultado de Bailén tuvo enormes consecuencias para unos y otros, pero la carencia de un  único mando militar y civil de las fuerzas españolas, entre otras circunstancias, impidió obtener un mayor rédito por parte de España. Quedaban muchas batallas por librar.


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