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domingo, enero 11, 2026

Cronología de la Historia: 1812-2. Primeras victorias decisivas (cap. 22).

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Julio

Día 16. Voladura del castillo de Lérida. En Cataluña, los franceses eran continuamente hostigados por fuerzas españolas, somatenes y partidas juradas catalanas, aunque no conseguían desalojar al enemigo de las principales plazas ocupadas. El general Lacy, comandante en Cataluña del ejército primero, puso interés en la reconquista de la ciudad de Lérida, de la que era gobernador el barón d’Henriod, autor de numerosos actos de crueldad contra la población. En el plan trazado para expulsar a los ocupantes, jugaría un papel importante un personaje llamado José Aseguinolaza, colaborador de los franceses en las tareas administrativas del polvorín, ubicado en el castillo ilerdense.

A cambio de que la Regencia cumpliera determinadas condiciones para asegurar la subsistencia de él y su familia, Aseguinolaza se comprometía a volar el almacén, una vez que las tropas españolas avanzasen hasta Lérida y estuviesen a la vista de la ciudad.

Vista de Lérida
Dibujo de Pedemonte(?), grabado de Etienne Collin (1790-1852)
Retoques: recorte lámina, coloreado digitalmente
Fuente: Ministerio de Defensa

La envergadura y solidez del castillo de la Suda, sede en otros tiempos de los caballeros templarios, que almacenaba una gran cantidad de pólvora y municiones, y cuya explosión podría causar numerosas víctimas y daños, hizo que Lacy consultara a algunos miembros de la Junta del Principado sobre la continuidad de la operación, acordándose seguir adelante.

La división de Pedro Sarsfield sería la encargada de presentarse a las puertas de Lérida, para lo cual se le agregarían otros regimientos y contingentes armados, procedentes de diversos puntos. Estos movimientos de tropas pusieron en alerta a los franceses, quienes fortalecieron la guarnición de la ciudad, y acantonaron numerosos efectivos en la cercana Balaguer. 

La presencia de fuerzas enemigas muy superiores en número, obligó a la retirada del brigadier Pedro Sarsfield con sus tropas, que acamparon en Igualada, lo que no impidió que José Aseguinolaza cumpliera su papel, y provocara la voladura del polvorín, dando lugar a un estruendo espantoso, ocasionando varios centenares de víctimas, entre muertos y heridos, la destrucción de parte de la alcazaba leridana, así como el derrumbe de edificios religiosos y viviendas*. 

*El cronista ilerdense Josep Pleyan de Porta, cita en su libro sobre la Historia de Lérida, la narración que del hecho realizó un personaje contemporáneo, y que difiere en los datos, con los recogidos por otros historiadores: "Pegó fuego a las once de la noche del 15, creyendo que lo tendría por tres horas, y escapose luego,..Llegó a Corbins, donde encontró al general Lacy, el cual con el reloj en la mano esperaba la explosión, la que se verificó a la una en punto...Cual fuese el estruendo que aquéllo causó en los pueblos vecinos, solo los habitantes pueden ponderarlo, los cuales, cuando ahora lo refieren a sangre fria mudan de color por renovarseles semejante catástrofe..."

Día 20. Firma del tratado de amistad entre España y Rusia. El enviado por la Regencia a Rusia, Francisco de Cea Bermúdez* y el conde de Romanzov, firman en la población de Veliky Lou (actual República Checa), el tratado de amistad hispano-ruso, por el cual ambas naciones se comprometían a colaborar en la lucha contra Napoleón. El zar reconocía las Cortes y la Constitución española.

El zar Alejandro hace jurar la Constitución al regimiento de españoles que lleva su nombre
Ilustración de Joan Serra Pausas
Fuente: Historia de la Revolución Española de Vicente Blasco Ibáñez

Tras el descalabro en Rusia de las tropas napoleónicas, se instó a los soldados españoles enrolados en las derrotadas fuerzas francesas, a que se unieran a un regimiento para combatir a los franceses. Este regimiento recibió el nombre de Imperial Alejandro, en honor del zar quien mandó sufragar los gastos de vestuario, manutención y armamento*

*El núcleo inicial de la unidad estaba integrada por los restos del batallón Hibernia que había sido derrotado en España en 1809, y obligado a combatir con las tropas imperiales. Mandaba el regimiento Alejandro O'Donnell, y a él se unieron la mayoría de soldados españoles que acompañaban a Napoleón, permaneciendo en Rusia hasta 1814, año en el que la mayoría de militares regresaron a España. 

Día 21. Primera batalla de Castalla (Alicante). Las tropas francesas más avanzadas hacia el sur, bajo el mando del general Harispe, componían una línea que, formando un arco, iba desde Villajoyosa, en la costa, hasta Orihuela, con un puesto de mando en Castalla. Los franceses tenían noticias de la formación de una escuadra naval anglo-siciliana en Palermo, que posiblemente desembarcaría, en algún punto de la costa levantina, con un importante refuerzo de militares.

Era comandante en jefe provisional del 2º y 3er ejército español, el general José O'Donnell y Anhetan, que fue alentado por la Regencia y Wellington para distraer tropas del mariscal Suchet, por lo que preparó un plan para alejar de Alicante a las fuerzas invasoras, y hacerlas retroceder hacia el norte, hasta la margen izquierda del río Júcar. 

Se esperaba la ayuda de una flota de barcos desde Baleares, para obligar a los franceses a destinar efectivos de unas zonas y reforzar las guarniciones de la costa. Con ese fin zarparon desde las Baleares numerosos barcos españoles e ingleses, con la misión de confundir al enemigo, haciéndose visibles en el litoral entre Denia y Cullera.

Las tropas españolas se componían de unos escasos 11.000 efectivos, que estaban desplegados en cuatro divisiones. Entre Ibi y Jijona se posicionaba el ala derecha, al mando del irlandés Philip Keating Roche, con sus regimientos de soldados españoles; la columna central, se situaba en las afueras de Castalla, bajo el mando del brigadier Luis Michelena; el ala izquierda, en la cual se incluía la caballería, se establecía en Petrel para la infantería, al mando del coronel Fernando Miyares, y los jinetes se colocaban entre Sax y Biar, a las órdenes del coronel Rafael Santisteban. Como fuerzas de reserva, en la retaguardia, un regimiento mandado por el conde de Montijo, situado en la venta de Tibi.

Combate de Castalla, 21 julio de 1812
Cuadro de Jean-Charles Langlois, (1789-1870)
Chateau de Versailles
Las fuerzas francesas, muy mermadas por el despliegue hacia la costa, la componían unos 4.000 hombres distribuidos entre Alcoy, Ibi, Castalla, Onil y Biar. Era comandante en jefe, el general Jean Isidore Harispe.  

En la mañana del día 21, la fuerzas de Roche, Michelena y Miyares, atacaron a los franceses situados entre Castalla e Ibi, obligándoles a replegarse. Creyendo haber derrotado al enemigo, los militares españoles descuidaron su posición cerca de Ibi, donde reagrupada la caballería francesa, los sorprendió mientras celebraban la imaginaria victoria, matando y dispersando a las tropas, que no pudieron ser socorridas por la distante caballería de Santisteban. A partir de esta sorpresa, la desorganización y descontrol de las fuerzas hispanas fue general, y la llegada del regimiento francés desde Alcoy, acabó por consumar el desastre.

El resultado de los combates, fue demoledor, ocasionando unas 800 bajas entre muertos y heridos en las filas españolas y 2.800 prisioneros.  Las bajas francesas no llegaron a 200. 

El general José O’Donnell fue cuestionado, al acusársele de no estar presente en el fragor de los combates, y por haberse precipitado en la acción, sin esperar los recursos que se esperaban de la flota procedente de Sicilia, así como de no haber preparado con antelación la llegada de la artillería, que podría haber desempeñado un importante papel, desde las alturas que bordean la Hoya de Castalla. Los diputados valencianos en las Cortes de Cádiz, protestaron y recordaron a la Regencia, que los mandos nombrados por ésta, para Valencia, no eran las personas que reclamaban sus habitantes. Para mayor oprobio, contrastaba la importante victoria de Salamanca, conseguida por las mismas fechas, por tropas mayoritariamente extranjeras, con la desafortunada debacle de Castalla frente a fuerzas muy inferiores en número.

Las controversias y acaloradas discusiones sobre el asunto y sus ramificaciones, provocaron finalmente, la salida de la Regencia de Enrique O’Donnell, hermano del general en jefe de las tropas derrotadas, y su sustitución por el recién llegado de Francia, Juan Pérez Villamil

En abril de 1813 tendría lugar un segundo enfrentamiento en la comarca, con resultados diferentes.  

Día 22. Derrota francesa en la batalla de los Arapiles o de Salamanca. Tras la ocupación de Salamanca, lord Wellington estableció su centro de operaciones cerca de Rueda, al sur del Duero, mientras el mariscal Marmont que, concentraba su ejército en Tordesillas y alrededores, al norte del río, recibía al fin, el 7 de julio, el refuerzo de 8.000 soldados del cuerpo en Asturias, del general Jean Pierre François Bonet

Con las tropas reforzadas por la incorporación de nuevos regimientos, Marmont inició una serie de movimientos, conducentes a aislar las comunicaciones de los aliados, y después de unos tanteos sin mayores consecuencias, los franceses se dispusieron a plantear batalla en las cercanías del pueblo de Arapiles, próximo a Salamanca, donde los aliados se habían posicionado entre la orilla derecha del río Tormes y una de las colinas que daban nombre al lugar. En la mañana del día 22, los franceses consiguieron apoderarse de uno de los dos cerros, el conocido como Arapil Grande, obligando a lord Wellington a desplazar sus tropas hacia la izquierda. Lord Wellington esperó a conocer los movimientos del enemigo, para disponer su orden de batalla.

Plano de la batalla de Los Arapiles
Atlas de la Guerra de la Independencia
José Gómez de Arteche (1821-1906)
Plano retocado para mejorar la definición
Fuente: Ministerio de Defensa
Sobre las 2 de la tarde, los franceses atacaron con intención de envolver las fuerza aliadas, que respondieron acometiendo el centro e izquierda enemiga. Un destacamento de guardias ingleses guarnecía el pueblo de Arapiles, situado entre los dos ejércitos, y que el mariscal Marmont intentó tomar sin conseguirlo. La poderosa caballería aliada, al mando del general Pakenkam, junto con dos escuadrones de dragones ligeros, avanzaron con celeridad por el valle, arrollando las posiciones napoleónicas, mientras otras divisiones avanzaban de frente y conseguían controlar las alturas, con el apoyo en reserva de las divisiones de los generales Clinton, Hope, y la división española del Carlos de España. Los franceses resistieron heroicamente en el intento por desalojarlos del Arapil Grande, que finalmente debieron abandonar, causando numerosas bajas a los aliados, entre otras la muerte del general Le Marchant. Con la llegada de la noche, únicamente resistía la posición derecha francesa que, conociendo la derrota de los otros cuerpos, decidió retirarse, aprovechando la oscuridad. Los combates en su mayor ardor, habían durado unas siete horas.
Episodio de la batalla de Salamanca o de Los Arapiles
Acuarela de Richard Simkin (1850-1926)
National Army Museum

Tanto el mariscal Marmont como el general Bonet que le había sustituido, fueron heridos en el combate, por lo que finalmente tomó el mando francés el general Clausel, que ordenó agruparse y replegarse para salvar los restos del ejército. La derrota francesa fue total, sufriendo unas 5.000 bajas entre muertos y heridos, más de 6.000 prisioneros y la pérdida de cañones, municiones, y armamento. No fueron menores las pérdidas aliadas, con cerca de 5.500 bajas, incluyendo 5 generales. 

La retirada francesa, camino de Valladolid, fue hostigada por los vencedores, impidiendo la ocupación de la ciudad por los franceses, quienes tras entrar a finales de julio, debieron abandonarla, tomando el camino de Burgos. El día 30, los aliados entraban en Valladolid, siendo recibidos con gran alegría por sus habitantes. Como reconocimiento por tan importante victoria, las Cortes condecoraron a Wellington con el Toisón de Oro.

La batalla de Salamanca o de los Arapiles, ha sido considerada por los historiadores, como una de las más importantes de la guerra contra el francés, y como punto de inflexión para la definitiva derrota y expulsión de las tropas de Napoleón.

Agosto

Día 2. Los franceses evacuan Santander y toda la costa salvo el puerto de Santoña. Los movimientos del llamado séptimo ejército español, de nueva creación, compuesto por unos 12.000 infantes y unos 1.500 hombres a caballo, al mando de Juan Díaz Porlier, consiguieron con la ayuda de barcos ingleses, que los ocupantes franceses se retiraran de Santander, y de casi todo el litoral, con excepción de la estratégica villa de Santoña, fuertemente fortificada por orden de Napoleón. Las tropas españolas entraron en Santander, donde Porlier, proclamó la Constitución. 

Ría de Santoña, baluarte murallas y fuerte San Martín
Dibujo de Rafael Monleón y Torres (1843-1900)
Fuente:BNE

Día 10. Desembarco en Alicante de un ejército anglo-hispano-sicilianoEn 1812 el mariscal Suchet, conquistador de Valencia, se había convertido en una impòrtante amenaza para lord Wellington, al disponer de tropas veteranas con las que podría auxiliar a los ejércitos franceses en Extremadura, León y Castilla. Para impedir este posible refuerzo, el comandante inglés pidió al Gobierno británico que, desde Sicilia fueran enviadas tropas a la Península, reforzando a las existentes en Cataluña, y así poder distraer los recursos militares de Suchet.

Sicilia estaba intervenida entonces por los británicos, para impedir la ocupación de la isla por los franceses. Era gobernador, lord William Bentinck, quien recibió con poco agrado la orden del envío de soldados, aunque finalmente y después de reducir los efectivos iniciales, el 9 de junio zarpaba una flotilla de transporte anglo-siciliana con unos 6.000 hombres, bajo el mando de Thomas Maitland, escoltada por navíos de la Royal Navy..

Samuel Ford Whittingham (1772-1841)
Color digitalizado (IA)
Fuente: Internet Archive
La expedición llegó a mediados de junio a las islas Baleares donde recogió un contingente de unos 4.500 combatientes de la División Mallorquina, creada, organizada y entrenada por el general inglés, Samuel Ford Whittingham, más conocido como don Santiago, equipada y armada por el Gobierno británico. La flotilla zarpó de Menorca el 28 de julio, y a finales del mes llegó a la bahía de Blanes, en la costa catalana, donde el 1 de agosto comenzó en la desembocadura del río Tordera, el desembarco de tropas, que fueron molestadas por los franceses.

Inopinadamente hubo que paralizar el desembarco, al conferenciar el barón de Eroles con Maitland y concretar que, en aquel momento, y tras la derrota de Castalla, era más que probable que Suchet acometiese la conquista de Alicante, por lo que allí, serían más útiles las tropas recién llegadas. Reembarcaron las escasas fuerzas que habían tomado tierra, y el día 3, las naves pusieron rumbo hacia Alicante, donde arribaron el día 9 de agosto por la tarde. Al día siguiente, desembarcaron las tropas, y la vanguardia fijó el campamento en la cercana población de San Vicente.

Ante el aumento de las fuerzas españolas en la comarca alicantina, el mariscal Suchet replegó algunos regimientos, fijando su centro de operaciones en Játiva.      

Día 11. José I abandona Madrid para dirigirse a Valencia. En el mes de mayo, y ante la necesidad de centrarse en su campaña contra Rusia, Napoleón decidió conferir "de facto" a José I, el mando de los ejércitos franceses en España. Aunque tal designación era más bien testimonial que efectiva, ya que los mariscales Marmont, Soult, Suchet y demás, daban poco crédito al rey impuesto que, había acudido en auxilio del ejército de Portugal del mariscal Marmont, con unos 14.000 soldados del ejército del Centro. Tras pasar el puerto de Guadarrama, a José I le llegó la noticia de la derrota de los Arapiles, decidiendo desviarse hacia Segovia, con intención de distraer tropas aliadas, para poco después retornar a Madrid, donde regresó el de 5 de agosto.

Itinerario seguido por José I y su comitiva desde Madrid hasta Valencia
(Basado en escritos de: mariscal Jourdan, general Hugo, conde Miot de Melito y Tte. Cnel. Franz Xaver Rigel)
Fragmento de la Carta Geográfica de España y Portugal de Sebastián Miñano (1779-1845)

Poco tiempo iba a durar la estancia, ya que ante la proximidad y previsible entrada de lord Wellingtron con sus tropas en Madrid, José I decidió abandonar la capital junto con parte de su ejército, acompañado por un caótico convoy de innumerables carruajes, y de las personas que le habían servido o formado parte del gobierno y/o administración josefina*, para dirigirse hacia Valencia. Únicamente quedó una guarnición de unos 1.200 efectivos, y más de 800 heridos o enfermos, en el Real Sitio del Buen Retiro, convertido en acuartelamiento. 

* Esta marcha de quince días fue de lo más penosa. Los habitantes huían, se llevaban el ganado, destruían los hornos y los molinos; se encontraba trigo, pero no harina. El calor era excesivo, los arroyos se habían secado y los pozos de los pueblos por donde se pasaba, se agotaban enseguida. Fue imposible mantener el orden y la disciplina entre tropas que no recibían ninguna ración y que, después de jornadas abrasadoras, no encontraban agua para saciarse. El gran número de hombres aislados, y la inmensa cantidad de sirvientes agregados al convoy, cometieron grandes desórdenes y algunos crímenes. Todos aquellos que se rezagaban para encontrar víveres y agua, eran detenidos por las guerrillas que seguían la columna por los flancos. Muchos españoles que habían abandonado Madrid, no pudiendo resistir las fatigas, y soportar las privaciones, tomaron el partido de regresar o esconderse en varios pueblos, con el riesgo de caer en poder de las bandas. La casi totalidad de los soldados de esta nación al servicio del rey, desertaron y se unieron a las guerrillas. Mémoires Militaires du Maréchal Jourdan.

*Durante una larga caminata, cerca de Bonete, varios soldados sucumbieron a la sed que les devoraba, se les veia reposar al borde del camino, tumbados de espaldas y perecer entre convulsiones y una risa espantosa, a la vista de sus desesperados camaradas. Lo que contribuía a aumentar la sed, era la nube de polvo levantada por la marcha del convoy: esta polvareda de algunas leguas de longitud, media legua de ancha y de una considerable altura, se divisaba a varias leguas de distancia...Mémoires du Général Hugo  

Día 12. El ejército aliado hace su entrada en Madrid. Al día siguiente de la salida de José I, de su comitiva y escolta, entraron las tropas aliadas en Madrid, con lord Wellington al frente. Reproduzco la relación que el escritor Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882), testigo del hecho, siendo niño, hizo en su libro Memorias de un Setentón.

En efecto, a la mañana siguiente a primera hora, grandes y pequeños, todos estábamos vestidos, y servido que fue el indispensable chocolate, salimos en dirección a la Puerta del Sol, no sin asistir antes a la primera misa en la iglesia del Carmen Calzado.-Un gran gentío esperaba la llegada del ejército aliado; los balcones de las casas de Correos, Aduana y Academia, y todos los particulares en general, estaban engalanados con sendas colgaduras, y la alegría y animación del pueblo contrastaban sobremanera con el lúgubre cuadro que ofrecía los días anteriores.-Pasaban, sin embargo, las horas y daban las siete, las ocho, las nueve, apareciendo solo a largos intervalos alguno que otro soldado de caballería, procedente de las partidas o guerrillas próximas a entrar, y que parecia dirigirse hacia el Ayuntamiento, dando vivas atronadores a España y Fernando VII, que eran contestados con igual fervor; hasta que poco después de las nueve un gran vocerío y el repique de campanas nos anunció la presencia en la calle de Alcalá de las famosas partidas castellanas, a cuya cabeza venían sus ilustres jefes D. Juan Martin Diez (el Empecinado), D. Juan Palarea (el Médico), D. Manuel Hernández (el Abuelo) y D. Francisco Abad (Chaleco), las cuales, desfilando por la Puerta del sol y calle Mayor, siguieron en medio de una entusiasta ovación hasta el Ayuntamiento, desde donde poniéndose a su frente esta corporación con sus maceros y timbales, continuaron luego a la puerta de San Vicente, llegando a ella a la misma hora en que se presentaba el ejército anglo-hispano-portugués con su ilustre jefe lord Wellingthon y los generales Alava, España y Conde de Amarante... 

Entrada del duque de Wellington en Madrid
Aguatinta dibujada por Richard Westall (1765-1836)
Grabado de Thomas Fielding (1758-1820)
Fuente: Memoria de Madrid
Al día siguiente era promulgada la Constitución. El general Carlos de España fue nombrado gobernador, y también fueron designados alcalde, concejales y demás personalidades. El general Miguel Ricardo de Alava que, gozaba de la confianza de Wellington, hizo valer su condición, para aplacar los excesos contra las personas que habían colaborado con los franceses*.

*El proceder y medidas adoptadas por Carlos de España y el general Álava, fueron objeto de las críticas de los madrileños por razones opuestas, y en relación con los españoles que habían apoyado al rey José. En el caso de Carlos de España, por las severas medidas y actuaciones en contra de los afrancesados, que incluyeron apropiaciones y enriquecimiento indebidos; todo lo contrario  del general Álava, que hizo publicar un edicto ofreciendo el perdón a aquéllos soldados y oficiales jurados del rey intruso, que se incorporasen a las fuerzas libertadoras. Al descontento general se agregó, la falta de mejoras inmediatas para resolver el estado de miseria y hambruna, así como el decreto de la Regencia, prohibiendo el uso de monedas con la efigie de José I, publicando una tabla de equivalencias para su canje, que no satisfizo a las gentes. 

El año del hambre (cuadro alegórico actualmente en proceso de restauración, 2025)
José Aparicio Inglada (1773-1838)
Museo del Prado
La situación en la que los aliados encontraron a Madrid, era de auténtica miseria y hambruna. Los largos años de guerra y otras circunstancias unidas a la ocupación, así como la inseguridad en las comunicaciones, habían provocado una profunda escasez de alimentos, y el correspondiente encarecimiento de los mismos. La miseria había ido en aumento a partir de septiembre de 1811, y había llegado al extremo en el pasado invierno, provocando inumerables muertes, alcanzando sus efectos no sólo a la capital, sino a los territorios limítrofes de Toledo, Guadalajara, Ciudad Real, Cuenca y Segovia, que habían sufrido expolios para mantener la Corte. En la recolección de la anual cosecha de cereales, estaban puestas las esperanzas, para terminar con la terrible calamidad.    

Día 14. Los ingleses rinden la guarnición del Retiro. No se entretuvo en festejos lord Wellington, y desde el día 13, mandó adoptar medidas para rendir la guarnición que, José I había dejado en el Retiro. Por la tarde bloquearon los acuartelamientos franceses, cortando suministros y el agua, neutralizaron los puestos de vigilancia exteriores y cercaron el edificio principal, la Real Fábrica de Porcelana del Buen retiro, conocida como "la China". 

Con las fuerzas y medios preparados para proceder al asalto, en la mañana del día 14, el gobernador francés, coronel Guillaume J. N. de Lafon-Blaniac, pidió capitular, lo que le fue concedido. En el cuartel francés se encontró un magnífico botín, de 189 piezas artilleras, 900 barriles de pólvora, 20.000 fusiles, y demás pertrechos, junto con vestuarios, y municiones. Los prisioneros fueron enviados a Ciudad Rodrigo.  

Día 18. Rendición de Astorga. Con la salida del grueso de tropas aliadas camino de Madrid, los franceses habían aprovechado la ocasión, y reagruparon un contingente militar de unos 6.000 soldados a pie, y unos 1.000 a caballo, con el fin de liberar las guarniciones encerradas de Zamora, Toro y Astorga. Este pequeño ejército, al mando del general Maximilien Sébastien Foy, entró en Valladolid el día 14, donde celebraron un triste día del emperador, para proseguir hacia Astorga. Al llegar a Toro, comprobaron que el bloqueo había sido levantado la víspera, por lo que recogieron la guarnición y el armamento, para continuar hasta La Bañeza, donde Foy se enteró de que la guarnición de Astorga, se había rendido el día 18, a las tropas españolas del ejército de Galicia, y una vez que, el coronel Pascual Enrile intimó la rendición, siguiendo instrucciones del general Castaños.      

Día 25. Los franceses levantan el sitio de Cádiz. Las noticias sobre la batalla de los Arapiles, y la entrada de las tropas anglo-hispano-lusas en Madrid, provocaron las naturales muestras de alegría allí donde llegaban, renovando los ánimos y el espíritu de resistencia, pero fueron de especial impacto en Cádiz, donde los homenajes y festejos en honor de lord Wellington, tuvieron como destinatario a su hermano, embajador del Gobierno británico, residente en la ciudad gaditana.

Bombardeo francés de Cádiz desde La Cabezuela
Congreso de los Diputados

Las muestras de jolgorio, música y algazaras, eran contestadas por los sitiadores franceses con el incremento de lanzamiento de proyectiles, cuyo alcance habían mejorado, obligando a los habitantes de las zonas más afectadas, a buscar refugio en lugares más seguros. Los reiterados bombardeos franceses cesaron el 24 de agosto, y al día siguiente se verificó el levantamiento del sitio de Cádiz. El mariscal Soult, por fin obedecía las órdenes de José I, que le instaba a evacuar Andalucía y acudir con su ejército a Toledo. Terminaba un asedio que había durado más de 31 meses, fracasando estrepitósamente.

La premura con la que las tropas francesas abandonaron sus posiciones en la bahía, hizo posible un numeroso botín, pese a las deliberadas destrucciones, con la captura de  160 cañones de bronce, 57 cañones de hierro, 58 morteros y obuses de varios calibres, municiones  y metrallas, 72 quintales de pólvora en cartuchos y a granel, 4.110 fusiles, accesorios, recambios, etc. 

Día 27. Acción del puente de Triana. Al abandonar Sevilla, Soult dejó un contingente en la retaguardia, de unos 3.000 hombres para proteger la retirada, que era molestada por varias partidas españolas y británicas. Un regimiento de éstas últimas fuerzas, y un escuadrón de caballería, al mando del coronel Skerret, se puso en camino de Sevilla, para entrar en la ciudad, antes de que los franceses dejasen inutilizado el puente de barcas de Triana.

Batalla de Sevilla, 27 julio 1812
Ilustración de William Heath (1795-1840), grabado de Thomas Sutherland (1785-1838)
Martial achievements of Great Britain and her allies from 1799 to 1815 

En los alrededores del puente se desarrollaron duros combates entre los franceses en retirada, y las tropas aliadas. Especial protagonismo tuvo la Leal Legión Extremeña y su jefe, el singular John (Juan) Downie Forrester. Después ser herido dos veces por los franceses, protagonizó uno de los actos de guerra más heroicos, al cargar el solo, a caballo, contra los defensores franceses  quienes le volvieron a herir y le hicieron prisionero*

* Downie combatía con una espada que había pertenecido al conquistador del Perú, Francisco Pizzarro, y que le había sido entregada por un descendiente de aquél. Antes de caer prisionero, pudo arrojar la espada a uno de los suyos. Malherido en la cara, y habiendo perdido un ojo, fue abandonado por los franceses en Marchena. 

Fianlmente, avasallados los franceses por la artillería y tropas ligeras que cruzaron el puente, gracias a la reposición de las tablas que hicieron los vecinos, no les quedó otra salida que huir hacia Alcalá, abandonando armas y pertrechos. Dos días más tarde, el 29 de agosto era proclamada la Constitución en Sevilla. 

Día 28. Los franceses reocupan Bilbao. Durante el transcurso de la guerra, muchas ciudades sufrieron las ocupaciones alternativas de uno y otro bando. Bilbao no fue la excepción. Desde inicios de agosto, la ciudad había quedado un tanto abandonada por el enemigo, lo que aprovecharon Porlier y Gabriel de Mendizábal, con el séptimo ejército, y Mariano Renovales, con las fuerzas reclutadas por el señorío de Vizcaya, para enfrentarse a las tropas enemigas en varios ataques, entre los días 13 y 21, sin conseguir un triunfo decisorio. Finalmente, los refuerzos del general Caffarelli, lograron mantener la posesión de Bilbao, reafirmando su presencia, y abasteciendo a la guarnición de Santoña. 

Septiembre

Día 1. Los ingleses salen de Madrid. Las tropas aliadas, abandonan Madrid, para reagruparse junto con otras fuerzas, en Arévalo. En la capital quedó de guarnición la división del general Hill, aunque por poco tiempo, puesto que, reagrupados los ejércitos franceses en Valencia, se pondrían en marcha y volverían a reocupar la capital.

El estanque grande del Retiro, Madrid
(Al fondo, la Real Fabrica de Porcelana, en la que se aprecian partes destruidas por las tropas inglesas)
Agua tinta, hacia 1815, dibujo de Fernando Brambila (1763-1834)

La guarnición aliada que había quedado en Madrid estaba en inferioridad de condiciones para enfrentarse al enemigo, y Hill abandonaría también la plaza, junto con las fuerzas españolas de Penne Villemur, Carlos de España y el general Francisco Javier Elio*. En la retirada, ordenó destruir o inutilizar las piezas artilleras que no pudo llevarse, así como el derribo de la Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro, un acto innecesario que causó profundo disgusto entre los madrileños, pero peor fue el incendio de los almacenes y pósitos donde se almacenaban los víveres, y que los ingleses no consintieron que fueran aprovechados por una hambrienta población. La negativa inglesa a ceder en préstamo o compra, los víveres, produjeron graves desórdenes que, fueron reprimidos con crudeza por los hombres de la cuarta división británica. 

*Francisco Javier Elio ( 1767-1822) había regresado del Río de la Plata en América. La Regencia le confirió el mando de los ejércitos 2º y 3º, en sustitución de José O'Donnell. 

Días 3-5. Acciones de Antequera y Loja. Proseguía la lenta retirada francesa de tierras andaluzas, que marchaban agrupadas en tres divisiones, vigiladas por los españoles, y en particular por el combativo general Ballesteros que, procuraba entorpecer el repliegue, atacando a las unidades menores, en acciones rápidas y por sorpresa. 

Alcazaba de Antequera
https://turismo.antequera.es/

Evitando un ataque frontal, y conocedor del terreno, realizó una serie de movimientos por los flancos, con la sierra del Torcal como aliada, y el 3 de septiembre atacó en Antequera, a las divisiones de los generales Villate y Semelé, haciéndoles algunos prisioneros y capturando un par de cañones. Estos ataques se reprodujeron el día 5, en las cercanías de Loja, desalojando al enemigo de la población.

Día 9. Los franceses evacuan Bilbao. Reabastecida Santoña, principal objeto de la ocupación de Bilbao, los franceses desalojaron la capital vizcaína, que volvió a ser ocupada por las fuerzas españolas, permaneciendo hasta fin de año. En este periodo fue proclamada la Constitución, y se formó una nueva Diputación presidida por el general Gabriel de Mendizábal

Día 16. Los franceses abandonan Granada y toda Andalucía dirigiéndose a Valencia por Murcia. El mariscal Soult aguardó en Granada la llegada del quinto cuerpo que, operaba en los límites entre Extremadura y Córdoba. Una vez engrosado el contingente con los recién llegados, el ejército francés emprendió por tierras murcianas, el camino hacia Valencia. Al día siguiente, las tropas de Ballesteros ocupaban Granada.

Día 19. Acción de Arenys de Mar (Barcelona). Tropas francesas de infantería y un escuadrón de caballería, intentaron sorprender a la división del general Milans, dando lugar a varios episodios de combate, en las cercanías de la ermita del Remei de Arenys de Mar. Tras varias horas sin decidirse un ejército vencedor, y al hacerse de noche, las fuerzas imperiales mandadas por el general Espert, abandonaron el sitio, para dirigirse hacia Mataró.  

Días 18-19. Toma frustrada de Burgos por los aliados. Después de salir de Madrid, las fuerzas anglo-lusas se reagruparon en Arévalo, dirigiéndose hacia Valladolid y seguir camino de Burgos. Poco antes de llegar a la ciudad castellana, se les unieron las divisiones del ejército de Galicia, Extremadura y Asturias, al mando del general Castaños, con unos 16.000 combatientes.

Defensa del castillo de Burgos, 19 septiembre 1812
François-Joseph Heim (1787-1865)
Chateau de Versailles

El 18 de septiembre, los aliados entraban en la ciudad de Burgos, que los franceses habían abandonado antes, quedando la guarnición francesa, refugiada en las fortalezas reforzadas durante los años de ocupación. El desamparo de la ciudad fue aprovechado por algunos combatientes, principalmente de tropas partidarias, para cometer robos y tropelías entre la población.

Desde los comienzos de la invasión, los franceses habían considerado a Burgos, una plaza de importancia fundamental para sus planes en la Península. Habían reforzado las defensas alrededor del castillo, construyendo dos líneas de reductos, y en el cercano cerro de San Miguel habían levantado un fortín, sobre el cual acometieron los aliados en la noche de 19 de septiembre, apoderándose del mismo, a costa de sufrir cuantiosas pérdidas, y no poder evitar la huida de la guarnición.

El asedio continuó con la conquista de la línea exterior de reductos, también con numerosas bajas aliadas, que causaban las exitosas salidas francesas. Emplazadas las baterías de piezas artilleras, los constantes bombardeos tuvieron que cesar, al acabarse las municiones. Era finales de octubre y el riguroso invierno castellano, empezaba a afectar a las cansadas tropas. Para mayor complicación, el rey José había conseguido reagrupar un importante ejército, por lo que Wellington tuvo que afrontar el fracaso de la intentona, y retirar las tropas el 22 de octubre, regresando al refugio seguro de Portugal, mientras que las divisiones españolas también retornaban a sus zonas de influencia.

Día 22. Las Cortes otorgan a Arthur Wellesley el mando supremo del ejército español. Las conquistas de Ciudad Rodrigo, Badajoz, así como la importante victoria en Salamanca, aumentaron notablemente el prestigio de lord Wellington, quien al frente de su ejército anglo-luso, obtenía resultados decisivos.

En meses anteriores, los españoles se habían negado a aceptar la petición del embajador británico (hermano de Wellington), para conceder el mando único de los ejércitos que operaban en Extremadura y las Castillas, a Arthur Wellesley, pero la realidad de los hechos, hizo inevitable que lo que en meses anteriores parecia inaceptable para los diputados en Cortes, ahora se considerara como la opción más útil, y aconsejable para disponer de un mando único. La iniciativa planteada por el diputado por Asturias Andrés Ángel de la Vega, tuvo el apoyo de un grupo de diputados quienes, en sesión secreta y de acuerdo con lord Wellington, presentaron la propuesta a las Cortes. La proposición, previamente trabajada, y defendida por el diputado valenciano Francisco Císcar, fue aceptada por una amplia mayoría, con la principal oposición de los diputados catalanes, que consideraban en peligro el comercio de las manufacturas textiles del Principado, al temer que los ingleses obtuviesen ventajas comerciales.

Fragmento de la portada de la Gaceta con el nombramiento de
lord Wellington como capitán general de los ejércitos peninsulares

Con la propuesta aprobada, las Cortes redactaron un decreto el 22 de septiembre, por el que se confería el mando en jefe de todas las fuerzas militares, en todas las provincias de la Península, a lord Wellington, quien no pudo aceptar el cargo hasta obtener la aprobación del Príncipe Regente de Gran Bretaña. Finalmente, el 20 de noviembre, en sesión de las Cortes, se hizo público el nombramiento, que ya era del conocimiento general, publicándose en la Gaceta del día siguiente.

El nombramiento de Wellington provocó que el general Ballesteros, quien siempre había destacado por su individualismo, se negara a aceptar el nombramiento y en consecuencia a seguir las órdenes del inglés. La Regencia se mostró firme y le retiró el mando de sus tropas, destinándolo a Ceuta.

Octubre

Día 9. Los franceses toman el castillo de Chinchilla (Albacete). Dueño y señor de Valencia, el mariscal Suchet mantenía entrenadas y activas sus tropas con operaciones de menor alcance. Una de estas acciones fue la toma del castillo de Chinchilla, fortaleza en situación privilegiada en la ruta hacia Murcia, Cartagena y Alicante, cuya ocupación permitiría despejar el camino de posibles ataques.

El día 3 de octubre, los franceses al mando del general Jean-Baptiste Drouet, atacaron a la guarnición del castillo, compuesta por unos 180 soldados, a las órdenes del teniente-coronel Juan Antonio Cearra. Tras resistir durante varios días las embestidas enemigas, la caída de un rayo el 8 de octubre, que mató a 9 soldados e hirió a varias decenas, aceleró la claudicación ante los franceses.   

Día 15. Acción de Mañeru (Navarra). El guerrillero Francisco Espoz y Mina, asimilado como militar por la Regencia con el grado de coronel, disponía de una estructura de control y vigilancia sobre los franceses, que le permitían disponer de información anticipada sobre los movimientos de éstos, entorperciendo el normal abastecimiento de poblaciones como Pamplona.

Palacio de los reyes de Navarra en Estella
https://www.estella-lizarra.com/

El 11 de octubre las tropas de Mina habían atacado un convoy francés que, desde Tafalla, pretendía abastecer la capital navarra. La expedición iba protegida por un contingente francés de unos 3.800 hombres, al mando del general Louis Jean Nicolás Abbé que, sufrieron graves pérdidas, aunque consiguieron salvar el convoy.

Una nueva expedición para recoger víveres, se puso en camino desde Pamplona. En la mañana del día 15, al poco de salir de Estella, Mina y sus hombres atacaron a los franceses en las proximidades de Mañeru. Los combates duraron hasta el anochecer, y como resultado de los mismos, el enemigo sufrió unas 1.400 bajas, regresando con apuros a Pamplona el día 17.

Día 30. Acción del Jarama en Aranjuez (Madrid). En el trayecto desde Valencia para reconquistar Madrid, las fuerzas del mariscal Soult llegaron a las proximidades de Aranjuez, donde después de reconstruir los pasos para cruzar el río Tajo, alcanzaron el puente Largo sobre el río Jarama. Aquí se enfrentaron al destacamento inglés que mandaba el coronel John Byne Skerrett, quien conocedor de su inferioridad numérica, abandonó la posición, destruyendo uno de los arcos del puente, y marchó hacia Arévalo para unirse al ejército de Wellington en Peñaranda.

Noviembre

Día 3. Los franceses vuelven a ocupar Madrid.

Pedro Sáinz de Baranda
(1775-1855)

A la llegada del rey José I a Valencia, siguió la del mariscal Soult con el ejército de Andalucía, agregándose fuerzas dispersas que, junto con las fuerzas disponibles del mariscal Suchet y las llegadas con el rey, formaron un numeroso ejército, con el que los franceses se dispusieron a reconquistar el terreno perdido y ocupar Madrid de nuevo.

Después de habilitar el arco destruido por los ingleses en el puente Largo sobre el Jarama, el llamado ejército del centro al mando del mariscal Soult, entró en Madrid, donde las autoridades recibieron instrucciones para salir al encuentro de José I, junto con personalidades religiosas y nobleza, que rindieron pleitesía a José Bonaparte. Entre las idas y venidas de unos y otros, la seguridad de la ciudad quedó en manos de pocos responsables, siendo especialmente encomiable la labor del corregidor interino, Pedro Sainz de Baranda.

Pocos días después, el rey intruso y las tropas francesas volvían a abandonar la capital en busca de Wellington y el ejército aliado.  

Día 14. Combates de Alba de Tormes (Salamanca). Después de entrar en Madrid, el mariscal Soult marchó en persecución de los ingleses. El 7 de noviembre sus tropas se unieron a las del mariscal Marmont en Medina del Campo, configurando un potente ejército de unos 80.000 soldados a pie, unos 13.000 jinetes y unas 200 piezas artilleras, con los que desalojaron a los aliados de las posiciones adelantadas, y los obligaron a replegarse hacia Alba de Tormes, donde, tras algunas refriegas en días anteriores, el día 14, se entabló un combate contra las tropas que mandaba el general Hamilton, sin que después de varias horas de lucha, hubiera un claro vencedor. Los imperiales se replegaron hacia Salamanca, en las proximidades de los Arapiles, en cuyo lugar, todavía fresca la derrota que habían sufrido el mes de julio, provocó que los soldados franceses pidieran a voces plantear batalla al ejército de Wellington, lo que finalmente no pudo ser, al impedirlo el estado pantanoso del terreno por las lluvias.

Castillo de Alba de Tormes
Retoques: recorte lámina, color digitalizado
Ilustración de Jenaro Pérez de Villaamil (1807-1854)

El día 16, los franceses volvieron a ocupar Salamanca, y los distintos cuerpos del ejército napoleónico. se reintegraron a sus zonas de control entre el Duero y el Tajo. A su vez, Wellington volvió a Portugal, tratando de reconducir la creciente indisciplina de sus tropas; el sexto ejército de Castaños, marchó hacia el Bierzo; Porlier regresó a Asturias y las fuerzas de Extremadura quedaron acuarteladas en Cáceres y alrededores. Parecía que todos necesitaban descansar, reabastecerse y recuperarse, la campaña militar volvía a un punto de partida anterior, pero con desventaja francesa.

Diciembre

Día 3. José I regresa a Madrid. De nuevo los madrileños quedarían perplejos ante la llegada del rey Bonaparte, quien encontró un ambiente de tristeza y desánimo entre la ciudadanía. Para celebrar su regreso, y supongo que para levantar los ánimos, mandó organizar festejos e iluminar los edificios.

Día 24. Lord Wellington visita Cádiz. El flamante capitán general de los ejércitos peninsulares, fue recibido y homenajeado por la Regencia y las Cortes, aunque no por los ciudadanos que mostraron escaso entusiasmo. Las autoridades celebraron en su honor, un concurrido banquete el día 26, que dio lugar al malestar de quienes considerándose importantes, no se les había invitado. El 30 de diciembre, las Cortes le recibieron como un diputado más, y Arthur Wellesley leyó un breve discurso en español.

Monumento a las Cortes de Cádiz
Imagen retocada
Fuente: Diario de Cádiz

La visita de Wellington sirvió para planificar la siguiente campaña militar. Los ejércitos españoles habían sido simplificados, pasando de los siete existentes a cuatro, más dos de reserva. El ejército primero, de Cataluña, quedó al mando del general Francisco Pizarro Copons y Navia; el segundo aglutinaba los antiguos segundo y tercer ejército, y el mandó correspondió a Francisco Javier Elío; el tercer ejército lo mandaría Vicente María Cañas y Portocarrero, duque del Parque; por último el cuarto ejército agruparía los antiguos quinto, sexto y séptimo, estando a su frente el general Castaños. En Andalucía debía formarse uno de reserva, al mando del conde del Abisbal, Enrique José O'Donnell y Anhetan, por último, en Galicia, Luis Lacy y Gautier  estaría al mando de segundo ejército de reserva. 

Lord Wellington no había viajado a Cádiz para recibir únicamente halagos y honores. Al día siguiente de su llegada había entregado un escrito al Ministro de la Guerra, en el que exigía atribuciones en la promoción de mandos, y en la exoneración del servicio a los militares penalizados, también pidió disponer de recursos financieros y libertad en la aplicación de los mismos, así como tener el control de Estado Mayor, cuyo jefe sería el destinatario de todas la correspondencia del ejército, para una vez revisada, hacérsela llegar. El lord no se limitó a las anteriores peticiones, sino que solicitó y opinó sobre otras medidas que, causaron rechazo entre la clase política, al considerarlas intromisión en el gobierno, y dejando un sentimiento de desencanto al abandonar Cádiz, camino de Lisboa, donde sería recibido entusiásticamente.   

 Continúa en cap. 23 (Pdte.)

Bibliografía (Autor/es. Título de la publicación o libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año). 

- Javier Tusell. Rafael Sánchez Montero. Historia de España. El Siglo XIX. De la Guerra de la Independencia a la Revolución de 1868. Tomo XII. Edición para Biblioteca El Mundo. Pozuelo de Alarcón (Madrid), Editorial Espasa Calpe, 2004.

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- Francisco Pi y Margall, Francisco Pi y Arsuaga. Historia de España en el siglo XIX. Tomo II. Barcelona. Miguel Seguí-Editor. 1903. 

- José Gómez de Arteche. Guerra de la Independencia, historia militar de España de 1808 a 1814. Tomo XII. Madrid. Imprenta y litografía del depósito de la guerra, 1901. 

- Jean-Baptiste Jourdan. Mémoires militaires du maréchal Jourdan (guèrre d'Espagne), écrits par lui mème, publiés, d'après le manuscrit original, par M. le Vte. de Grouchy. Paris. Ernest Flammarion, Éditeur. 1899. 

- Louis Antoine Fauvelet de Bourrienne. Memoirs of Napoleon Bonaparte. New York. Charles Scribner's Sons. 1891.

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- Modesto Lafuente; Juan Valera. Historia General de España. Desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Tomo XVII. Barcelona. Montaner y Simón Editores, 1889. 

- Antonio de Bofarull y Brocá. Historia crítica de la guerra de Independencia en Cataluña. Tomo segundo. Barcelona. F. Nacente. Editor. 1887. 

-  Louis Adolphe Thiers. Histoire de l'Empire. Tomo III. Paris. Furne, Jouvet et Cie. Éditeurs. 1878. 

- José Pleyan de Porta. Apuntes de Historia de Lérida. Lérida. Imprenta de Carruez. 1873.

- José María Queipo de Llano, conde de Toreno. Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Biblioteca de autores españoles. Tomo LXIV de la colección. Madrid. M.Rivadeneyra-Impresor-Editor, 1872. 

- Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo I. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861. 

- Adolfo Blanch. Cataluña. Historia de la guerra de la Independencia en el antiguo Principado. Tomo II. Barcelona. Imprenta y librería politécnica de Tomás Gorchs. 1861.

- Mémoires du Comte Miot de Melito. Tomo 3. Paris. Michel Lévy Fréres, Libraires-Éditeurs. 1858.

- Francisco Espoz y Mina. Memorias del general Don Francisco Espoz y Mina escritas por él mismo. Tomo primero. Madrid. Imprenta y estereotipia de M. Rivadeneyra. 1851.  

- Miguel Agustín Príncipe. Guerra de la Independencia, narración histórica. Madrid. Imprenta del Siglo a cargo de Ivo Biosca. 1847. 

- Journals of Sieges. John T. Jones. Vol. I. London. John Weale. 1846.

- Fernando Merás. Cuadro Histórico-Cronológico de la Guerra de la Independencia. 1838. 

- History of the Peninsular War. Robert Southey, Esq. Ll. D. Vol. VI. London. John Murray. 1837.

- José Muñoz Maldonado. Historia Política y Militar de la Guerra de la Independencia de España contra Napoleón Bonaparte desde 1808 a 1814. Tomo III. Madrid. Imprenta de D. José Palacios. 1833.

- Memoirs of the Late War. John Cooke. Vol I. London. Henry Colburn and Richard Bentley. 1831.

- Mémoires du Général Hugo. Vol, III. Paris. Chez Ladvocat, Libraire.1823.

- Sección de Historia Militar. Estados de la organización y fuerza, de los ejércitos españoles beligerantes en la Península, durante la guerra de España contra Bonaparte. Barcelona. Imprenta de la viuda de D. Antonio Brusi, 1822.

- Franz Xaver Rigel. Der siebenjährige Kamplf aud der Pyrenäischen Halbinsel vom Jahre 1807 bis 1814 mit sechs Kupfern. Vol. 2. Rastatt. Autopublicado por el autor.

- Histoire de la Guerre d'Espagne et de Porttugal, de 1807 a 1814. Jean Sarrazin. Paris. J.G Dentu, Imprimeur-Libraire. 1814.

- Gaceta de Madrid 

- Gazeta de la Regencia de España e Indias 

 Webs:

 Real Academia de la Historia

 Instituto de Historia y Cultura Militar

The Napoleon Series 

jueves, febrero 09, 2023

Cronología de la Historia: 1808-11. José I, rey de España (cap.13)

Ver cap. anterior

1808-11 

José I en España    

Salida de José I hacia España
History of Joseph Bonaparte
Fuente: University of California
Una vez aprobada y jurada la Constitución de Bayona por José Bonaparte, el nuevo rey de las Españas e Indias, debía tomar posesión del trono en Madrid. Acompañado de su gobierno y séquito, cruzó la frontera el 9 de julio. Tenía orden del emperador de escribirle a diario y tenerle debidamente informado de lo que observase. La correspondencia entre ambos hermanos es de gran valor histórico, y sirve para conocer lo que pensaba José I del papel que Napoleón le había encomendado. Transcribo algunos párrafos contenidos en la obra, Mémoires et correspondance politique et militaire du roi Joseph, publicada en 1.854: 
De José a Napoleón. San Sebastián, 10 de julio.
Sire, he prolongado mi estancia en esta ciudad hasta este momento, para conocer las disposiciones de los habitantes, que no son buenas, y para hacer que mi viaje no sea del todo inútil.
Una delegación de Santander ha venido aquí para pedirme que descargue a esta ciudad de una contribución de 12 millones de reales que se le ha impuesto. No creo que a partir de ahora deba imponerse ninguna contribución sin mi permiso. Tampoco se puede gravar a toda la población de una ciudad cuando se conocen a los principales líderes; basta con tomar los bienes de los jefes: si hacemos lo contrario, no ganaremos la confianza del pueblo, y sin eso es imposible tener éxito en una nación como ésta...

De José a Napoleón. Vergara, 11 de julio.
Sire, dirijo a Su Majestad las cartas que he leído. La situación de las cosas es tal, que me reprocho el tiempo que he perdido en miserables pueblos. He decidido irme a Madrid por la ruta más corta, para llegar lo antes posible. La sensación es muy mala en todas partes. Madrid marca la pauta; es preciso entrar en Madrid, y ser proclamado. Todas las tropas españolas se unen a quienes les pagan. No hay ningún orden en Madrid, la mayor división reina entre las tropas; al menos comprobaré con mis propios ojos cómo están las cosas, y veré lo que puedo hacer. Lo que sí sé es la gran necesidad de dinero: sólo tenemos provincias pobres, nada entra en el Tesoro. Con dinero, se podrían recuperar los regimientos que aún quedan en Madrid. Por lo demás, recibiré las cartas de Vuestra Majestad en Burgos y decidiré después.
Portapliegos (sabretache) de José I
Las sublevaciones que habían estallado por toda la geografía española, y la falta de seguridad en la ruta, ralentizaban la marcha de la comitiva. Napoleón previene a su hermano:
De Napoleón a José. Bayonne, 12 de julio.
Mi hermano, he recibido vuestra carta del 11. Supongo que hoy estarás en Vitoria. No hay ninguna tropa en Burgos, excepto en los almacenes y una guarnición en el castillo. Pienso que no es prudente que entréis en esta ciudad antes de que llegue el 12º regimiento de infantería ligera...  
De José a Napoleón. Vitoria, 12 de julio.
Sire, he llegado a esta ciudad, donde ayer fui proclamado. El ánimo de los habitantes es muy contrario a todo esto. La gente del lugar teme las amenazas del pueblo y de los insurrectos de Zaragoza, cuyas cartas y gacetas les intimidan enormemente; las noticias que reciben de Asturias, Galicia, Valencia, de Andalucía, tampoco les tranquilizan. Hasta ahora, nadie ha contado toda la verdad a Su Majestad. El hecho es que no hubo un solo español que se presentase ante mí, excepto los pocos que asistieron a la junta, y que  viajan conmigo. Los demás, llegados hasta aquí y de los otros pueblos, se ocultan delante de mí, asustados por el qué dirán de sus compatriotas.
El día 16 entran en Burgos, con la feliz noticia de la derrota de los españoles en Medina de Rioseco. Asegurada la ruta, aceleran la marcha y el día 20 descansan en Chamartín, a las puertas de Madrid, donde José I hará su entrada oficial al día siguiente. El pueblo le recibe con frialdad, las autoridades le hacen los honores, y el ambiente que respira José no le es favorable.
De José a Napoleón. Madrid, 20 de julio.
Sire, hoy he hecho mi entrada en Madrid. No he sido recibido por los habitantes de esta villa como lo fui por los de Nápoles, ni como lo he sido por las tropas francesas; pero no tan mal como cabría esperar de los habitantes de una ciudad con muy mala actitud...
... No encuentro ni un céntimo en las arcas. Que Su Majestad haga los esfuerzos posibles por acudir en nuestro auxilio.
El nuevo rey era consciente de su precaria situación como usurpador de un trono que no le correspondía. En sucesivas cartas, da cuenta a Napoleón de la mala situación económica, de las deserciones, y del descontento generalizado. Reiteradamente pide a su hermano, el envío de 50.000 hombres y 50 millones de francos.
De José a Napoleón. Madrid, 23 de julio.
... franceses y españoles comprometidos conmigo, sólo tienen un lenguaje: tropas veteranas y millones, sin los cuales no mantendremos España. Cincuenta mil hombres y 50 millones lo más pronto posible. No necesito decir más a Su Majestad.... 
Entrada del intruso en Madrid (José I)
Litografía de Manini y Cia.
Retoques: marco recortado, contornos realzados
 Ilustración del libro, Guerra de Independencia. Miguel Agustín Príncipe
De José a Napoleón. Madrid, 24 de julio.
... Nos estamos quedando sin dinero; todas las provincias están ocupadas por el enemigo; que está por todas partes. Henri IV tenía un partido, Felipe V sólo tenía que combatir con un competidor; y yo tengo por enemiga a una nación de 12 millones de habitantes, valientes, desesperados hasta el extremo. Se habla en público de mi asesinato; pero no es ese mi temor....
Retrato de José I
Cuadro de Josep Bernat Flaugier (1757-1813)
Museu Nacional d'Art de Catalunya
El día de 25 de julio, festividad de Santiago apóstol, José I, consigue ser proclamado rey en Madrid; para celebrarlo se habían organizado tres días de festejos. Al día siguiente se confirmaban los rumores sobre la derrota de Bailén. La noticia daba más fuerza a quienes se habían rebelado contra la invasión. José Bonaparte no estaba de acuerdo con los saqueos y barbaridades cometidos por el ejército napoleónico, y que dificultaban sus esfuerzos por atraerse a las gentes. Viéndose cada vez menos seguro, decidirá abandonar Madrid. 
De José a Napoleón. Madrid, 27 de julio.
...Los esfuerzos que he hecho para recuperar aquí el crédito no estarían perdidos del todo, si los acontecimientos de la guerra no destruyeran mi obra. Los grandes y los ricos, las mujeres, sobre todo, son detestables: nada resiste a la opinión que ellas ponen de actualidad, y todo hombre desea unirse a los ejércitos y escapar de Madrid...
De José a Napoleón. Madrid, 28 de julio....
He decidido evacuar a Burgos a los hospitalizados en Madrid, y me dirijo a Burgos con todas las tropas de que dispongo...

A finales de julio, el rey José y con él las tropas francesas que ocupaban Madrid, abandonan la capital, dejando tras de sí importantes pertrechos militares que inutilizarán. Se llevarán, joyas, cuberterías, vajillas y numerosos objetos de valor, procedentes de los palacios regios. A los españoles de su gobierno, y que le habían acompañado a Madrid, les dará la opción de elegir entre seguirle o quedarse, y aunque no era su intención inicial, en Madrid dejará a los soldados enfermos o heridos. En su trayecto, estará protegido por las tropas del mariscal Bessières. En las afueras de la capital, escribe a su hermano:
De José a Napoleón. Chamartín, 31 de julio....
Sire, ya he escrito a Su Majestad. Aprovecho un momento de tranquilidad para daros algunos detalles que os hará apreciar la verdadera situación de los asuntos de España. Os convenceréis de que la nación está unánimemente en contra de todo lo que se ha hecho en Bayona.
Los campesinos queman las ruedas de sus coches para evitar transportarnos.
Todos los grandes me han abandonado, excepto los Sres. del Parque y Frías.
Ningún español puede ser empleado en confianza para instruirle en los movimientos del enemigo...
Viñeta satírica sobre la salida de José I de Madrid
Dibujo de Thomas Rowlandson (1756-1827)

La marcha es lenta, por etapas. En la parada de San Agustín de Guadalix, se queja a su hermano de que la mayoría de los soldados franceses son muy jóvenes, poco habituados al calor, y que los oficiales tampoco son muy buenos. El día 3 de agosto descansan en Buitrago, desde donde sigue lamentándose de la falta de medios, y planteando posibles soluciones para remediar los asuntos de España. Es de suponer que Napoleón estaría más que harto de leer, una tras otra, las reiteradas propuestas y quejas de su hermano mayor, que no le transmitía ni una sola buena noticia.

El día 5, José escribe desde Fresno de la Fuente:
De José a Napoleón. Frenillo di Punte, 5 de agosto....
Sire, he recibido la carta de Su Majestad del 31. Espero sus primeros despachos; me permitirán conocer el sistema general que Su Majestad ha adoptado, después de conocer los asuntos de Andalucía. No hablaré más a Su Majestad de la situación actual del Ejército; ...  
Las cartas de uno y otro llegaban con varios días de retraso, las respuestas de Napoleón venían cuando al problema planteado se añadía otro, pero no dejaba de animar a José.
De Napoleón a José. Bordeaux, 3 de agosto....
Sean cuales sean los contratiempos que te deparen las circunstancias, no te alarmes; dentro de poco tendrás más de 100.000 hombres. Todo está en marcha, pero lleva su tiempo. Reinarás; conquistarás a tus súbditos para ser su padre. Los buenos reyes han pasado por esta escuela. Hace más de veinte días que salieron mis órdenes. Sobre todo, salud, alegría, es decir, fuerza de ánimo
José seguirá el camino en dirección a Burgos, sin tener del todo claro su destino, ¿Francia o España? Las circunstancias cambiantes lo decidirán. En Aranda pararán dos días, para dar descanso a las tropas que le acompañan. El día 8, desde Lerma escribe a Napoleón que no mandará levantar todavía el sitio de Zaragoza, y que no recibe respuesta de los generales.
Entrada a la ciudad de Burgos
Versión de un dibujo original de David Roberts
El día 9 de agosto, entra en Burgos, donde se encuentra con personas que tenía a su servicio en Nápoles, y que le recuerdan mejores tiempos. Desde aquí, escribe varios extensos escritos a Napoleón, y en uno de ellos, le propone regresar a Nápoles como rey, después de recuperar España. Por esas fechas, su hermano había entregado la corona de Nápoles a Murat.

Los distintos cuerpos del ejército francés se van reagrupando y tomando posiciones al norte del rio Duero, entre Pamplona y Burgos. En esta última ciudad parará varios días. La falta de correspondencia de su hermano, le inquietará. Se desplaza a Briviesca. Manda una división a Bilbao para sofocar la rebelión en aquella ciudad, donde han desembarcado oficiales ingleses "que no tardarán en arrepentirse". Informado del avance hacia Burgos de las tropas españolas, decide fijar su puesto de mando en la línea del Ebro. Así lo hará, permaneciendo en Miranda varios días, desde allí contendrá varios focos de sublevación en Tudela, Logroño, Calahorra, Bilbao, etc.

Napoleón hubiera deseado mantener la línea del Duero, en lugar de la del Ebro. Pide mantenerse a la defensiva mientras prepara su venida con un gran ejército. Nuevos generales de prestigio se incorporarán, y nuevas tropas francesas cruzarán la frontera.

Con el mes de septiembre, el conflicto entrará en una nueva fase.    


Bibliografía (Autor/es. Título del libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año).

-    José Antonio Vaca de Osma. La guerra de la Independencia. Madrid. Espasa Calpe S.A. 2002.  

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- Javier Tusell. Rafael Sánchez Montero. Historia de España. El Siglo XIX. De la Guerra de la Independencia a la Revolución de 1868. Tomo XII. Edición para Biblioteca El Mundo. Pozuelo de Alarcón (Madrid), Editorial Espasa Calpe, 2004.

- Francisco Pi y Margall, Francisco Pi y Arsuaga. Historia de España en el siglo XIX. Barcelona. Miguel Seguí-Editor. 1902.

- Modesto Lafuente; Juan Valera. Historia General de España. Desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Tomo XVI. Barcelona. Montaner y Simón Editores, 1889.

- José Gómez de Arteche. Guerra de la Independencia, historia militar de España de 1808 a 1814. Tomo III. Madrid. Imprenta y litografía del depósito de la guerra, 1875.

 - Jose María Queipo de Llano, conde de Toreno. Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Biblioteca de autores españoles. Tomo LXIV de la colección. Madrid. M.Rivadeneyra-Impresor-Editor, 1872.

- John S.C. Abbott. History of Joseph Bonaparte. New York. Harper & Brothers Publishers. 1869.

-  Louis Adolphe Thiers. Histoire de l'Empire. Tomo I. Paris. Lheureux et Cie. Éditeurs. 1865.

Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo II. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861.

- Joaquín Blake y Orbaneja. Apuntes históricos sobre las operaciones del Ejército de Galicia desde su organización en Junio de 1808 hasta Noviembre del mismo año. Madrid. Imprenta y esterotipia de M. Rivadeneyra, 1858.

- Pierre Emmanuel Albert du Casse. Mémoires et correspondance politique e militaire du roi Joseph. Tomos 4,5,6,7. Paris. Perrotin, Libraire-Éditeur, 1854.

- Miguel Agustín Príncipe. Guerra de la Independencia, narración histórica. Tomo segundo. Madrid. Imprenta del siglo a cargo de Ivo Biosca. 1846.

- Sección de Historia Militar. Estados de la organización y fuerza, de los ejércitos españoles beligerantes en la Península, durante la guerra de España contra Bonaparte. Barcelona. Imprenta de la viuda de D. Antonio Brusi, 1822.

José Acúrsio das Neves, História Geral da Invasão dos Franceses em Portugal, e da Restauração deste Reino. Lisboa. Na Officina de Simão Thaddeo Ferreira. 1810-1811.

Una web: