Julio
Día 16. Voladura del castillo de Lérida. En Cataluña, los franceses eran continuamente hostigados por fuerzas españolas, somatenes y partidas juradas catalanas, aunque no conseguían desalojar al enemigo de las principales plazas ocupadas. El general Lacy, comandante en Cataluña del ejército primero, puso interés en la reconquista de la ciudad de Lérida, de la que era gobernador el barón d’Henriod, autor de numerosos actos de crueldad contra la población. En el plan trazado para expulsar a los ocupantes, jugaría un papel importante un personaje llamado José Aseguinolaza, colaborador de los franceses en las tareas administrativas del polvorín, ubicado en el castillo ilerdense.
A cambio de que la Regencia cumpliera determinadas condiciones para asegurar la subsistencia de él y su familia, Aseguinolaza se comprometía a volar el almacén, una vez que las tropas españolas avanzasen hasta Lérida y estuviesen a la vista de la ciudad.
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| Vista de Lérida Dibujo de Pedemonte(?), grabado de Etienne Collin (1790-1852) Retoques: recorte lámina, coloreado digitalmente Fuente: Ministerio de Defensa |
La
envergadura y solidez del castillo de la Suda, sede en otros tiempos de los caballeros
templarios, que almacenaba una gran cantidad de pólvora y municiones, cuya
explosión podría causar numerosas víctimas y daños, hizo que Lacy consultara a
algunos miembros de la Junta del Principado, sobre la continuidad de la
operación, acordándose seguir adelante.
La
división de Pedro Sarsfield, sería la encargada de presentarse
a las puertas de Lérida, para lo cual se le agregarían otros regimientos y
contingentes armados, procedentes de diversos puntos. Estos movimientos de
tropas, pusieron en alerta a los franceses, quienes fortalecieron la guarnición
de la ciudad, y acantonaron numerosos efectivos en la cercana Balaguer.
La presencia de fuerzas enemigas muy superiores en número, obligó a la retirada del brigadier Pedro Sarsfield con sus tropas, que acamparon en Igualada, lo que no impidió que José Aseguinolaza cumpliera su papel, y provocara la voladura del polvorín, dando lugar a un estruendo espantoso, ocasionando varios centenares de víctimas, entre muertos y heridos, la destrucción de parte de la alcazaba leridana, así como el derrumbe de edificios religiosos y viviendas*.
*El cronista ilerdense Josep Pleyan de Porta, cita en su libro sobre la Historia de Lérida, la narración que del hecho realizó un personaje contemporáneo, y que difiere en los datos, con los recogidos por otros historiadores: "Pegó fuego a las once de la noche del 15, creyendo que lo tendría por tres horas, y escapose luego,..Llegó a Corbins, donde encontró al general Lacy, el cual con el reloj en la mano esperaba la explosión, la que se verificó a la una en punto...Cual fuese el estruendo que aquéllo causó en los pueblos vecinos, solo los habitantes pueden ponderarlo, los cuales, cuando ahora lo refieren a sangre fria mudan de color por renovarseles semejante catástrofe..."
Día 20. Firma del tratado de amistad entre España y Rusia. El enviado por la Regencia a Rusia, Francisco de Cea Bermúdez* y el conde de Romanzov, firman en la población de Veliky Lou (actual República Checa), el tratado de amistad hispano-ruso, por el cual ambas naciones se comprometían a colaborar en la lucha contra Napoleón. El zar reconocía las Cortes y la Constitución española.
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| El zar Alejandro hace jurar la Constitución al regimiento de españoles que lleva su nombre Ilustración de Joan Serra Pausas Fuente: Historia de la Revolución Española de Vicente Blasco Ibáñez |
Tras el descalabro en Rusia de las tropas napoleónicas, se instó a los soldados españoles enrolados en las derrotadas fuerzas francesas, a que se unieran a un regimiento para combatir a los franceses. Este regimiento recibió el nombre de Imperial Alejandro, en honor del zar quien mandó sufragar los gastos de vestuario, manutención y armamento*.
*El núcleo inicial de la unidad estaba integrada por los restos del batallón Hibernia que había sido derrotado en España en 1809, y obligado a combatir con las tropas imperiales. Mandaba el regimiento Alejandro O'Donnell, y a él se unieron la mayoría de soldados españoles que acompañaban a Napoleón, permaneciendo en Rusia hasta 1814, año en el que la mayoría de militares regresaron a España.
Día 21. Primera batalla de Castalla (Alicante). Las tropas francesas más avanzadas hacia el sur, bajo el mando del general Harispe, componían una línea que, formando un arco, iba desde Villajoyosa, en la costa, hasta Orihuela, con un puesto de mando en Castalla. Los franceses tenían noticias de la formación de una escuadra naval anglo-siciliana en Palermo, que posiblemente desembarcaría, en algún punto de la costa levantina, con un importante refuerzo de militares.
Era comandante en jefe provisional del 2º y 3er ejército español, el general José O'Donnell y Anhetan, alentado por la Regencia y Wellington para distraer tropas del mariscal Suchet, por lo que preparó un plan para alejar de Alicante a las fuerzas invasoras, y hacerlas retroceder hacia el norte, hasta la margen izquierda del río Júcar.
Se esperaba la ayuda de una flota de barcos desde Baleares, para que obligara a los franceses a destinar efectivos de unas zonas y reforzar las guarniciones de la costa. Con ese fin zarparon desde las
Baleares numerosos barcos españoles e ingleses, con la misión de confundir al
enemigo, haciéndose visibles en el litoral entre Denia y Cullera.
Las tropas españolas se componían de unos escasos
11.000 efectivos, que estaban desplegados en cuatro divisiones. Entre
Ibi y Jijona se posicionaba el ala derecha, al mando del irlandés Philip Keating Roche,
con sus regimientos de soldados españoles; la columna central, se situaba en
las afueras de Castalla, bajo el mando del brigadier Luis Michelena; el ala
izquierda, en la cual se incluía la caballería, se establecía en Petrel para
la infantería, al mando del coronel Fernando Miyares, y los jinetes se colocaban entre Sax y
Biar, a las órdenes del coronel Rafael Santisteban. Como fuerzas de reserva, en
la retaguardia, un regimiento mandado por el conde de Montijo, situado en la
venta de Tibi.
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| Combate de Castalla, 21 julio de 1812 Cuadro de Jean-Charles Langlois, (1789-1870) Chateau de Versailles |
En la mañana del día 21, la fuerzas de Roche,
Michelena y Miyares, atacaron a los franceses situados entre Castalla e Ibi,
obligándoles a replegarse. Creyendo haber derrotado al enemigo, los militares españoles descuidaron su posición cerca de Ibi, donde reagrupada la caballería
francesa, los sorprendió mientras celebraban la imaginaria victoria, matando y dispersando a las tropas, que no pudieron
ser socorridas por la caballería de Santisteban. A partir de esta sorpresa, la
desorganización y descontrol de las fuerzas hispanas, fue general y la llegada
del regimiento francés desde Alcoy, acabó por consumar el desastre.
El resultado de los combates, fue demoledor,
ocasionando unas 800 bajas entre muertos y heridos en las filas españolas y 2.800
prisioneros. Las bajas francesas no llegaron a 200.
El general José O’Donnell fue cuestionado, al
acusársele de no estar presente en el fragor de los combates, y por haberse
precipitado en la acción, sin esperar los recursos que se esperaban de la flota
procedente de Sicilia, así como de no haber preparado con antelación la llegada de la artillería, que podría haber desempeñado un importante papel, desde las alturas que bordean la Hoya de Castalla. Los diputados valencianos en las Cortes de Cádiz,
protestaron y recordaron a la Regencia, que los mandos nombrados por ésta para Valencia,
no eran las personas que reclamaban sus habitantes. Para mayor oprobio,
contrastaba la importante victoria de Salamanca, conseguida por las mismas
fechas, por tropas mayoritariamente extranjeras, con la desafortunada debacle
de Castalla frente a fuerzas muy inferiores en número.
Las controversias y acaloradas discusiones sobre el asunto y sus ramificaciones, provocaron finalmente, la salida de la Regencia de Enrique O’Donnell, hermano del general en jefe de las tropas derrotadas, y su sustitución por el recién llegado de Francia, Juan Pérez Villamil.
En abril de 1813 tendría lugar un segundo enfrentamiento en la comarca, con resultados diferentes.
Con las tropas reforzadas por la incorporación de nuevos regimientos, Marmont inició una serie de movimientos, conducentes a aislar las comunicaciones de los aliados, y después de unos tanteos sin mayores consecuencias, los franceses se dispusieron a plantear batalla en las cercanías del pueblo de Arapiles, próximo a Salamanca, donde los aliados se habían posicionado entre la orilla derecha del río Tormes y una de las colinas que daban nombre al lugar. En la mañana del día 22, los franceses consiguieron apoderarse de uno de los dos cerros, el conocido como Arapil Grande, obligando a lord Wellington a desplazar sus tropas hacia la izquierda. Lord Wellington esperó a conocer los movimientos del enemigo, para disponer su orden de batalla.
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| Plano de la batalla de Los Arapiles Atlas de la Guerra de la Independencia José Gómez de Arteche (1821-1906) Plano retocado para mejorar la definición Fuente: Ministerio de Defensa |
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| Episodio de la batalla de Salamanca o de Los Arapiles Acuarela de Richard Simkin (1850-1926) National Army Museum |
Tanto el mariscal Marmont como el general Bonet que le había sustituido, fueron heridos en el combate, por lo que finalmente tomó el mando francés el general Clausel, que ordenó agruparse y replegarse, para salvar los restos del ejército. La derrota francesa fue total, sufriendo unas 5.000 bajas entre muertos y heridos, más de 6.000 prisioneros y la pérdida de cañones, municiones, y armamento. No fueron menores las pérdidas aliadas, con cerca de 5.500 bajas, incluyendo 5 generales.
La retirada francesa, camino de Valladolid, fue hostigada por los vencedores, impidiendo la ocupación de la ciudad por los franceses, quienes tras entrar a finales de julio, debieron abandonarla, tomando el camino de Burgos. El día 30, los aliados entraban en Valladolid, siendo recibidos con gran alegría por sus habitantes. Como reconocimiento por tan importante victoria, las Cortes condecoraron a Wellington con el Toisón de Oro.
La batalla de Salamanca o de los Arapiles, ha sido considerada por los historiadores, como una de las más importantes de la guerra contra el francés, y como punto de inflexión para la definitiva derrota y expulsión de las tropas de Napoleón.
Agosto
Día 2. Los franceses evacuan Santander y toda la costa salvo el puerto de Santoña. Los movimientos del llamado séptimo ejército español, de nueva creación, compuesto por unos 12.000 infantes y unos 1.500 hombres a caballo, al mando de Juan Díaz Porlier, consiguieron con la ayuda de barcos ingleses, que los ocupantes franceses se retiraran de Santander, y de casi todo el litoral, con excepción de la estratégica villa de Santoña, fuertemente fortificada por orden de Napoleón. Las tropas españolas entraron en Santander, donde Porlier, proclamó la Constitución.
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| Ría de Santoña, baluarte murallas y fuerte San Martín Dibujo de Rafael Monleón y Torres (1843-1900) Fuente:BNE |
Día 10. Desembarco en Alicante de un ejército anglo-hispano-siciliano. En 1812 el mariscal Suchet, conquistador de Valencia, se había convertido en una impòrtante amenaza para lord Wellington, al poder disponer de tropas veteranas con las que podría auxiliar a los ejércitos franceses en Extremadura, León y Castilla. Para impedir este posible refuerzo, el comandante inglés pidió al Gobierno británico que desde Sicilia fuesen enviadas tropas a la Península, reforzando a las existentes en Cataluña, y así poder distraer los recursos militares de Suchet.
Sicilia estaba intervenida entonces por los británicos, para
impedir la ocupación de la isla por los franceses. Era gobernador, lord William
Bentinck, quien recibió con poco agrado la orden del envío de soldados, aunque
finalmente, y después de reducir los efectivos iniciales, el 9 de junio,
zarpaba una flotilla de transporte anglo-siciliana, con unos 6.000 hombres,
bajo el mando de Thomas Maitland, escoltada por navíos de la Royal Navy..
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| Samuel Ford Whittingham (1772-1841) Color digitalizado (IA) Fuente: Internet Archive |
Día 11. José I abandona Madrid para dirigirse a Valencia. En el mes de mayo, y ante la necesidad de centrarse en su campaña contra Rusia, Napoleón decidió conferir "de facto" a José I, el mando de los ejércitos franceses en España. Aunque tal designación era más bien testimonial que efectiva, ya que los mariscales Marmont, Soult, Suchet y demás, daban poco crédito al rey impuesto que, había acudido en auxilio del ejército de Portugal del mariscal Marmont, con unos 14.000 soldados del ejército del Centro. Tras pasar el puerto de Guadarrama, a José I le llegó la noticia de la derrota de los Arapiles, decidiendo desviarse hacia Segovia, con intención de distraer tropas aliadas, para poco después retornar a Madrid, donde entró el de 5 de agosto.
Poco tiempo iba a durar la estancia, ya que ante la proximidad y previsible entrada de lord Wellingtron con sus tropas en Madrid, José I decidió abandonar la capital, junto con parte de su ejército, acompañado por un caótico convoy de innumerables carruajes, y de las personas que le habían servido o formado parte del gobierno y/o administración*, para dirigirse hacia Valencia. Únicamente quedó una guarnición de unos 1.200 efectivos, y más de 800 heridos o enfermos, en el Real Sitio del Buen Retiro, convertido en acuartelamiento.
* Esta marcha de quince días fue de lo más penosa. Los habitantes huían, se llevaban el ganado, destruían los hornos y los molinos; se encontraba trigo, pero no harina. El calor era excesivo, los arroyos se habían secado y los pozos de los pueblos por donde se pasaba, se agotaban enseguida. Fue imposible mantener el orden y la disciplina entre tropas que no recibían ninguna ración y que, después de jornadas abrasadoras, no encontraban agua para saciarse. El gran número de hombres aislados, y la inmensa cantidad de sirvientes agregados al convoy, cometieron grandes desórdenes y algunos crímenes. Todos aquellos que se rezagaban para encontrar víveres y agua, eran detenidos por las guerrillas que seguían la columna por los flancos. Muchos españoles que habían abandonado Madrid, no pudiendo resistir las fatigas, y soportar las privaciones, tomaron el partido de regresar o esconderse en varios pueblos, con el riesgo de caer en poder de las bandas. La casi totalidad de los soldados de esta nación al servicio del rey, desertaron y se unieron a las guerrillas. Mémoires Militaires du Maréchal Jourdan.
Día 12. El ejército aliado hace su entrada en Madrid. Al día siguiente de la salida de José I, de su comitiva y escolta, entraron las tropas aliadas, con lord Wellington al frente. Reproduzco la relación que el escritor Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882), testigo del hecho, siendo niño, hizo en su libro Memorias de un Setentón.
En efecto, a la mañana siguiente a primera hora, grandes y pequeños, todos estábamos vestidos, y servido que fue el indispensable chocolate, salimos en dirección a la Puerta del Sol, no sin asistir antes a la primera misa en la iglesia del Carmen Calzado.-Un gran gentío esperaba la llegada del ejército aliado; los balcones de las casas de Correos, Aduana y Academia, y todos los particulares en general, estaban engalanados con sendas colgaduras, y la alegría y animación del pueblo contrastaban sobremanera con el lúgubre cuadro que ofrecía los días anteriores.-Pasaban, sin embargo, las horas y daban las siete, las ocho, las nueve, apareciendo solo a largos intervalos alguno que otro soldado de caballería, procedente de las partidas o guerrillas próximas a entrar, y que parecia dirigirse hacia el Ayuntamiento, dando vivas atronadores a España y Fernando VII, que eran contestados con igual fervor; hasta que poco después de las nueve un gran vocerío y el repique de campanas nos anunció la presencia en la calle de Alcalá de las famosas partidas castellanas, a cuya cabeza venían sus ilustres jefes D. Juan Martin Diez (el Empecinado), D. Juan Palarea (el Médico), D. Manuel Hernández (el Abuelo) y D. Francisco Abad (Chaleco), las cuales, desfilando por la Puerta del sol y calle Mayor, siguieron en medio de una entusiasta ovación hasta el Ayuntamiento, desde donde poniéndose a su frente esta corporación con sus maceros y timbales, continuaron luego a la puerta de San Vicente, llegando a ella a la misma hora en que se presentaba el ejército anglo-hispano-portugués con su ilustre jefe lord Wellingthon y los generales Alava, España y Conde de Amarante...
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| Entrada del duque de Wellington en Madrid Aguatinta dibujada por Richard Westall (1765-1836) Grabado de Thomas Fielding (1758-1820) Fuente: Memoria de Madrid |
*El proceder y medidas adoptadas por Carlos de España y el general Álava, fueron objeto de las críticas de los madrileños por razones opuestas, y en relación con los españoles que habían apoyado al rey José. En el caso de Carlos de España, por las severas medidas y actuaciones en contra de los afrancesados, que incluyeron apropiaciones y enriquecimiento indebidos; todo lo contrario del general Álava, que hizo publicar un edicto ofreciendo el perdón a aquéllos soldados y oficiales jurados del rey intruso, que se incorporasen a las fuerzas libertadoras. Al descontento general se agregó, la falta de mejoras inmediatas par resolver el estado de miseria y hambruna, así como el decreto de la Regencia, prohibiendo el uso de monedas con la efigie de José I, publicando una tabla de equivalencias para su canje, que no satisfizo a las gentes.
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| El año del hambre (cuadro alegórico actualmente en proceso de restauración) José Aparicio Inglada (1773-1838) Museo del Prado |
Día 14. Los ingleses rinden la guarnición del Retiro. No se entretuvo en festejos lord Wellington, y desde el día 13, mandó adoptar medidas para rendir la guarnición que, José I había dejado en el Retiro. Por la tarde bloquearon los acuartelamientos franceses, cortando suministros y el agua, neutralizaron los puestos de vigilancia exteriores y cercaron el edificio principal, la Real Fábrica de Porcelana del Buen retiro, conocida como "la China".
Con las fuerzas y medios preparados para proceder al asalto, en la mañana del día 14, el gobernador francés, coronel Guillaume J. N. de Lafon-Blaniac, pidió capitular, lo que le fue concedido. En el cuartel francés se encontró un magnífico botín, de 189 piezas artilleras, 900 barriles de pólvora, 20.000 fusiles, y demás pertrechos, junto con vestuarios, y municiones. Los prisioneros fueron enviados a Ciudad Rodrigo.
Día 18. Rendición de Astorga. Con la salida del grueso de tropas aliadas camino de Madrid, los franceses habían aprovechado la ocasión, y reagruparon un contingente militar de unos 6.000 soldados a pie, y unos 1.000 a caballo, con el fin de liberar las guarniciones encerradas de Zamora, Toro y Astorga. Este pequeño ejército, al mando del general Maximilien Sébastien Foy, entró en Valladolid el día 14, donde celebraron un triste día del emperador, para proseguir hacia Astorga. Al llegar a Toro, comprobaron que el bloqueo había sido levantado la víspera, por lo que recogieron la guarnición y el armamento, para continuar hasta La Bañeza, donde Foy se enteróa de que la guarnición de Astorga, se había rendido el día 18 a las tropas españolas del ejército de Galicia, y una vez que, el coronel Pascual Enrile intimara la rendición siguiendo instrucciones del general Castaños.
Día 25. Los franceses levantan el sitio de Cádiz. Las noticias sobre la batalla de los Arapiles, y la entrada de las tropas anglo-hispano-lusas en Madrid, provocaron las naturales muestras de alegría allí donde llegaban, renovando los ánimos y el espíritu de resistencia, pero fueron de especial impacto en Cádiz, donde los homenajes y festejos en honor de lord Wellington, tuvieron como destinatario a su hermano, embajador del Gobierno británico, y residente en la ciudad gaditana.
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| Bombardeo francés de Cádiz desde La Cabezuela Congreso de los Diputados |
Las muestras de jolgorio, música y algazaras, eran contestadas por los sitiadores franceses con el incremento de lanzamiento de proyectiles, cuyo alcance habían mejorado, obligando a los habitantes de las zonas más afectadas, a buscar refugio en lugares más seguros. Los reiterados bombardeos franceses cesaron el 24 de agosto, y al día siguiente se verificó el levantamiento del sitio de Cádiz. El mariscal Soult, por fin obedecía las órdenes de José I, que le instaba a evacuar Andalucía y acudir con su ejército a Toledo. Terminaba un asedio que había durado más de 31 meses.
La premura con la que las tropas francesas abandonaron sus posiciones en la bahía, hizo posible un numeroso botín, pese a las deliberadas destrucciones, con la captura de 160 cañones de bronce, 57 cañones de hierro, 58 morteros y obuses de varios calibres, municiones y metrallas, 72 quintales de pólvora en cartuchos y a granel, 4.110 fusiles, accesorios, recambios, etc.
Día 27. Acción del puente de Triana. Al abandonar Sevilla, Soult dejó un contingente en la retaguardia, de unos 3.000 hombres para proteger la retirada, que era molestada por varias partidas españolas y británicas. Un regimiento de éstas últimas fuerzas, y un escuadrón de caballería, al mando del coronel Skerret, se puso en camino de Sevilla, para entrar en la ciudad, antes de que los franceses dejasen inutilizado el puente de barcas de Triana.
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| Batalla de Sevilla, 27 julio 1812 Ilustración de William Heath (1795-1840), grabado de Thomas Sutherland (1785-1838) Martial achievements of Great Britain and her allies from 1799 to 1815 |
En los alrededores del puente se desarrollaron duros combates entre los franceses en retirada, y las tropas aliadas. Especial protagonismo tuvo la Leal Legión Extremeña y su jefe, el singular John (Juan) Downie Forrester. Después ser herido dos veces por los franceses, protagonizó uno de los actos de guerra más heroicos, al cargar el solo, a caballo, contra los defensores franceses quienes le volvieron a herir y le hicieron prisionero*.
* Downie combatía con una espada que había pertenecido al conquistador del Perú, Francisco Pizzarro, y que le había sido entregada por un descendiente de aquél. Antes de caer prisionero, pudo arrojar la espada a uno de los suyos. Malherido en la cara, y habiendo perdido un ojo, fue abandonado por los franceses en Marchena.
Fianlmente, avasallados los franceses por la artillería y tropas ligeras que cruzaron el puente, gracias a la reposición de las tablas que hicieron los vecinos, no les quedó otra salida que huir hacia Alcalá, abandonando armas y pertrechos. Dos días más tarde, el 29 de agosto era proclamada la Constitución en Sevilla.
Día 28. Los franceses reocupan Bilbao. Durante el transcurso de la guerra, muchas ciudades sufrieron las ocupaciones alternativas de uno y otro bando. Bilbao no fue la excepción. Desde inicios de agosto, la ciudad había quedado un tanto abandonada por el enemigo, lo que aprovecharon Porlier y Gabriel de Mendizábal, con el séptimo ejército, y Mariano Renovales, con las fuerzas reclutadas por el señorío de Vizcaya, para enfrentarse a las tropas enemigas en varios ataques, entre los días 13 y 21, sin conseguir un triunfo decisorio. Finalmente, los refuerzos del general Caffarelli, lograron mantener la posesión de Bilbao, reafirmando su presencia, y abasteciendo a la guarnición de Santoña.
Septiembre
Día 1. Los ingleses salen de Madrid. Las tropas aliadas, abandonan Madrid, para reagruparse junto con otras fuerzas, en Arévalo. En la capital quedó de guarnición la división del general Hill, aunque por poco tiempo, puesto que, reagrupados los ejércitos franceses en Valencia, se pondrían en marcha y volverían a reocupar la ciudad.
La guarnición aliada que había quedado en Madrid estaba en inferioridad de condiciones para enfrentarse al enemigo, y Hill abandonaría también la plaza, junto con las fuerzas españolas de Penne Villemur, Carlos de España y el general Francisco Javier Elio*. En la retirada, ordenó destruir o inutilizar las piezas artilleras que no pudo llevarse, así como el derribo de la Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro, un acto innecesario que causó profundo disgusto entre los madrileños, pero peor fue el incendio de los almacenes y pósitos donde se almacenaban los víveres, y que los ingleses no consintieron que fueran aprovechados por una hambrienta población.
*Francisco Javier Elio ( 1767-1822) había regresado del Río de la Plata en América. La Regencia le confirió el mando de los ejércitos 2º y 3º, en sustitución de José O'Donnell.
Días 3-5. Acciones de Antequera y Loja. Proseguía la lenta retirada francesa de tierras andaluzas, que marchaban agrupadas en tres divisiones, vigiladas por los españoles, y en particular por el combativo general Ballesteros que, procuraba entorpecer el repliegue, atacando a las unidades menores, en acciones rápidas y por sorpresa.
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| Alcazaba de Antequera https://turismo.antequera.es/ |
Evitando un ataque frontal, y conocedor del terreno, realizó una serie de movimientos por los flancos, con la sierra del Torcal como aliada, y el 3 de septiembre atacó en Antequera, a las divisiones de los generales Villate y Semelé, haciéndoles algunos prisioneros y capturando un par de cañones. Estos ataques se reprodujeron el día 5, en las cercanías de Loja, desalojando al enemigo de la población.
Día 9. Los franceses evacuan Bilbao. Reabastecida Santoña, principal objeto de la ocupación de Bilbao, los franceses desalojaron la capital vizcaína, que volvió a ser ocupada por las fuerzas españolas, permaneciendo hasta fin de año. En este periodo fue proclamada la Constitución, y se formó una nueva Diputación presidida por el general Gabriel de Mendizábal.
Día
16. Los franceses abandonan Granada y toda Andalucía dirigiéndose a Valencia
por Murcia. El mariscal Soult aguardó en
Granada la llegada del quinto cuerpo que, operaba en los límites entre
Extremadura y Córdoba. Una vez engrosado el contingente con los recién
llegados, el ejército francés emprendió por tierras murcianas, el camino hacia
Valencia. Al día siguiente, las tropas de Ballesteros ocupaban Granada.
Día 19. Acción de Arenys de Mar (Barcelona). Tropas francesas de infantería y un escuadrón de caballería, intentaron sorprender a la división del general Milans, dando lugar a varios episodios de combate, en las cercanías de la ermita del Remei de Arenys de Mar. Tras varias horas sin decidirse un ejército vencedor, y al hacerse de noche, las fuerzas imperiales mandadas por el general Espert, abandonaron el sitio, para dirigirse hacia Mataró.
Días 18-19. Toma frustrada de Burgos por los aliados. Después de salir de Madrid, las fuerzas anglo-lusas se reagruparon en Arévalo, dirigiéndose hacia Valladolid y seguir camino de Burgos. Poco antes de llegar a la ciudad castellana, se les unieron las divisiones del ejército de Galicia, Extremadura y Asturias, al mando del general Castaños, con unos 16.000 combatientes.
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| Defensa del castillo de Burgos, 19 septiembre 1812 François-Joseph Heim (1787-1865) Chateau de Versailles |
El 18 de septiembre, los aliados entraban en la ciudad de Burgos, que los franceses habían abandonado antes, quedando la guarnición francesa, refugiada en las fortalezas reforzadas durante los años de ocupación. El desamparo de la ciudad fue aprovechado por algunos combatientes, principalmente de tropas partidarias, para cometer robos y tropelías entre la población.
Desde los
comienzos de la invasión, los franceses habían considerado a Burgos, una plaza
de importancia fundamental para sus planes en la Península. Habían reforzado
las defensas alrededor del castillo, construyendo dos líneas de reductos, y en el cercano
cerro de San Miguel habían levantado un fortín, sobre el cual acometieron los
aliados en la noche de 19 de septiembre, apoderándose del mismo, a costa de
sufrir cuantiosas pérdidas, y no poder evitar la huida de la guarnición.
El asedio continuó con la conquista de la línea exterior de reductos, también con numerosas bajas aliadas, que causaban las exitosas salidas francesas. Emplazadas las baterías de piezas artilleras, los constantes bombardeos tuvieron que cesar, al acabarse las municiones. Era finales de octubre y el riguroso invierno castellano, empezaba a afectar a las cansadas tropas. Para mayor complicación, el rey José había conseguido reagrupar un importante ejército, por lo que Wellington tuvo que afrontar el fracaso de la intentona, y retirar las tropas el 22 de octubre, regresando al refugio seguro de Portugal, mientras que las divisiones españolas también retornaban a sus zonas de influencia.
Día 22. Las Cortes otorgan a Arthur Wellesley el mando supremo del ejército español. Las conquistas de Ciudad Rodrigo, Badajoz, así como la importante victoria en Salamanca, aumentaron notablemente el prestigio de lord Wellington, quien al frente de su ejército anglo-luso, obtenía resultados importantes.
En meses anteriores, los españoles se habían negado a aceptar la petición del embajador británico (hermano de Wellington), para conceder el mando único de los ejércitos que operaban en Extremadura y las Castillas, a Arthur Wellesley, pero la realidad de los hechos, hizo inevitable que lo que en meses anteriores parecia inaceptable para los diputados en Cortes, ahora se considerara como la opción más útil, y aconsejable para disponer de un mando único. La iniciativa planteada por el diputado por Asturias Andrés Ángel de la Vega, tuvo el apoyo de un grupo de diputados quienes, en sesión secreta y de acuerdo con lord Wellington, presentaron la propuesta a las Cortes. La proposición, previamente trabajada, y defendida por el diputado valenciano Francisco Císcar, fue aceptada por una amplia mayoría, con la principal oposición de los diputados catalanes, que consideraban en peligro el comercio de las manufacturas textiles del Principado, al temer que los ingleses obtuviesen ventajas comerciales.
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| Fragmento de la portada de la Gaceta con el nombramiento de lord Wellington como capitán general de los ejércitos peninsulares |
El nombramiento de Wellington provocó que el general Ballesteros, quien siempre había destacado por su individualismo, se negara a aceptar el nombramiento y en consecuencia a seguir las órdenes del inglés. La Regencia se mostró firme y le retiró el mando de sus tropas, destinándolo a Ceuta.
Octubre
Día 9. Los franceses toman el castillo de Chinchilla (Albacete). Dueño y señor de Valencia, el mariscal Suchet mantenía entrenadas y activas sus tropas con operaciones de menor alcance. Una de estas acciones fue la toma del castillo de Chinchilla, fortaleza en situación privilegiada en la ruta hacia Murcia, Cartagena y Alicante, cuya ocupación permitiría despejar el camino de posibles ataques.
El día 3 de octubre, los franceses al mando del general Jean-Baptiste Drouet, atacaron a la guarnición del castillo, compuesta por unos 180 soldados, a las órdenes del teniente-coronel Juan Antonio Cearra. Tras resistir durante varios días las embestidas enemigas, la caída de un rayo el 8 de octubre, que mató a 9 soldados e hirió a varias decenas, aceleró la claudicación ante los franceses.
Día 15. Acción de Mañeru (Navarra). El guerrillero Francisco Espoz y Mina, asimilado como militar por la Regencia con el grado de coronel, disponía de una estructura de control y vigilancia sobre los franceses, que le permitían disponer de información anticipada sobre los movimientos de éstos, entorperciendo el normal abastecimiento de poblaciones como Pamplona.
| Palacio de los reyes de Navarra en Estella https://www.estella-lizarra.com/ |
El
11 de octubre las tropas de Mina habían atacado un convoy francés que, desde
Tafalla, pretendía abastecer la capital navarra. La expedición iba protegida por un
contingente francés de unos 3.800 hombres, al mando del general Louis Jean
Nicolás Abbé que, sufrieron graves pérdidas, aunque consiguieron salvar el
convoy.
Día 30. Acción del Jarama en Aranjuez (Madrid). En el trayecto desde Valencia para reconquistar Madrid, las fuerzas del mariscal Soult llegaron a las proximidades de Aranjuez, donde después de reconstruir los pasos para cruzar el río Tajo, alcanzaron el puente Largo sobre el río Jarama. Aquí se enfrentaron al destacamento inglés que mandaba el coronel John Byne Skerrett, quien conocedor de su inferioridad numérica, abandonó la posición, destruyendo uno de los arcos del puente, y marchó hacia Arévalo para unirse al ejército de Wellington en Peñaranda.
Noviembre
Día 3. Los franceses vuelven a ocupar Madrid.
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| Pedro Sáinz de Baranda (1775-1855) |
Después de habilitar el arco destruido por los ingleses en el puente Largo sobre el Jarama, el llamado ejército del centro al mando del mariscal Soult, entró en Madrid, donde las autoridades recibieron instrucciones para salir al encuentro de José I, junto con personalidades religiosas y nobleza, que rindieron pleitesía a José Bonaparte. Entre las idas y venidas de unos y otros, la seguridad de la ciudad quedó en manos de pocos responsables, siendo especialmente encomiable la labor del corregidor interino, Pedro Sainz de Baranda.
Pocos días después, el rey intruso y las tropas francesas volvían a abandonar la capital, para ir en busca de Wellington y el ejército aliado.
Día 14. Combates de Alba de Tormes (Salamanca). Después de entrar en Madrid, el mariscal Soult marchó en persecución de los ingleses. El 7 de noviembre sus tropas se unieron a las del mariscal Marmont en Medina del Campo, configurando un potente ejército de unos 80.000 soldados a pie, unos 13.000 jinetes y unas 200 piezas artilleras, con los que desalojaron a los aliados de las posiciones adelantadas, y los obligaron a replegarse hacia Alba de Tormes, donde, tras algunas refriegas en días anteriores, el día 14, se entabló un combate contra las tropas que mandaba el general Hamilton, sin que después de varias horas de lucha, hubiera un claro vencedor. Los imperiales se replegaron hacia Salamanca, en las proximidades de los Arapiles, en cuyo lugar, todavía fresca la derrota que habían sufrido el mes de julio, provocó que los soldados franceses pidieran a voces plantear batalla al ejército de Wellington, lo que finalmente no pudo ser, al impedirlo el estado pantanoso del terreno por las lluvias.
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| Castillo de Alba de Tormes Retoques: recorte lámina, color digitalizado Ilustración de Jenaro Pérez de Villaamil (1807-1854) |
Diciembre
Día 3. José I regresa a Madrid. De nuevo los madrileños quedarían perplejos ante la llegada del rey Bonaparte, quien encontró un ambiente de tristeza y desánimo entre la ciudadanía. Para celebrar su regreso, y supongo que para levantar los ánimos, mando organizar festejos e iluminar los edificios.
Día 24. Lord Wellington visita Cádiz. El flamante capitán general de los ejércitos peninsulares, fue recibido y homenajeado por la Regencia y las Cortes, aunque no por los ciudadanos que mostraron escaso entusiasmo. Las autoridades celebraron en su honor, un concurrido banquete el día 26, que dio lugar al malestar de quienes considerándose importantes, no se les había invitado. El 30 de diciembre, las Cortes le recibieron como un diputado más, y Arthur Wellesley leyó un breve discurso en español.
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| Monumento a las Cortes de Cádiz Imagen retocada Fuente: Diario de Cádiz |
La visita de Wellington sirvió para planificar la siguiente campaña militar. Los ejércitos españoles habían sido simplificados, pasando de los siete existentes a cuatro, más dos de reserva. El ejército primero, de Cataluña, quedó al mando del general Francisco Pizarro Copons y Navia; el segundo aglutinaba los antiguos segundo y tercer ejército, y el mandó correspondió a Francisco Javier Elío; el tercer ejército lo mandaría Vicente María Cañas y Portocarrero, duque del Parque; por último el cuarto ejército agruparía los antiguos quinto, sexto y séptimo, estando a su frente el general Castaños. En Andalucía debía formarse uno de reserva, al mando del conde del Abisbal, Enrique José O'Donnell y Anhetan, por último, en Galicia, Luis Lacy y Gautier estaría al mando de segundo ejército de reserva.
Lord Wellington no había viajado a Cádiz para recibir únicamente halagos y honores. Al día siguiente de su llegada había entregado un escrito al Ministro de la Guerra, en el que exigía atribuciones en la promoción de mandos, y en la exoneración del servicio a los militares penalizados, también pidió disponer de recursos financieros y libertad en la aplicación de los mismos, así como tener el control de Estado Mayor, cuyo jefe sería el destinatario de todas la correspondencia del ejército, para una vez revisada, hacérsela llegar. El lord no se limitó a las anteriores peticiones, sino que solicitó y opinó sobre otras medidas que, causaron rechazo entre la clase política, al considerarlas intromisión en el gobierno, y dejando un sentimiento de desencanto al abandonar Cádiz, camino de Lisboa, donde fue recibido entusiásticamente.
Continúa en cap. 23 (Pdte.)
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- Gaceta de Madrid
- Gazeta de la Regencia de España e Indias











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