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martes, noviembre 29, 2022

Visitando lugares: Villaescusa de Haro

Muchas son las localidades famosas o conocidas por sus monumentos y/o paisajes naturales, aunque a veces tengamos tanta información, que algunas nos decepcionen un poco cuando las visitamos

Pero hay otros lugares, que aún siendo conocidos, (pocos secretos se pueden ocultar hoy en día), pueden resultar más admirables y sorprendentes, sobre todo cuando se trata de poblaciones pequeñas.

Uno de estos sitios es Villaescusa de Haro, pueblo enclavado en la subcomarca de la Tierra de Alarcón, en la Mancha conquense, y patria de ilustres personajes.

Itinerario visita Villaescusa
Composición empleando como fuente: Cartografía©Instituto Geográfico Nacional de España 

Estamos a mediados de noviembre, el clima todavía acompaña y como es domingo, toca salir a comer fuera y de paso conocer nuevos lugares.

Llegamos a Villaescusa sobre las 11,15. Entramos por una plaza abierta a la carretera. Vemos unas pocas personas delante de un bar que ostenta el nombre de "Anca José". (Curiosa forma dialectal para indicar "donde José", empleada en algunas zonas de la Mancha y Extremadura).

Dejamos el coche junto a la iglesia de San Pedro, que aloja el motivo principal que despertó nuestra curiosidad para visitar Villaescusa, el retablo policromado de la Asunción.

Como nosotros, algunos visitantes merodean por la plaza, a la espera de que abran la iglesia.

Iglesia parroquial de san Pedro

El templo no abre hasta media hora antes de la misa de 12,30, por lo que nos ponemos a recorrer el pueblo. Vemos algunas construcciones antiguas, por encima de algunos tejados de casas, y tambien cerca de donde nos encontramos.

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Justo enfrente de la fachada principal de San Pedro, se levanta un vetusto caserón, el palacio de los Ramírez, hoy Ayuntamiento y edificio multiusos, que perteneció a la familia Ramírez de Arellano, estirpe familiar a la que Villaescusa debe la mayor parte de su patrimonio. 

Fachada lateral inacabada, puerta interior del patio, un pozo, el tractor jubilado...

En un extremo de la calle, un gran edificio, nos llama la atención. Tiene un patio delante, protegido por una puerta enrejada y ostenta unos rótulos de hostelería, que indican que se utiliza como alojamientos rurales. Se trata de la construcción que mandó construir el personaje más famoso de la familia, el obispo Diego Ramírez. con el fin de acoger una universidad que no llegó a materializarse, al fundar el cardenal Cisneros la Universidad de Alcalá. Los enjarjes en la fachada lateral, indican hasta donde avanzaron las obras. No nos es posible sacar una foto limpia de su fachada principal.  

Entramos al patio, muy concurrido por coches aparcados, supongo que de los huéspedes, que entorpecen un poco. Un viejo tractor, entre otros cachivaches, acompaña a los modernos vehículos. Un  árbol frondoso tapa gran parte de la fachada que da al patio. No se ve a nadie del establecimiento, y solo puedo fisgonear a través de una puerta, donde observo una dependencia amueblada rústicamente. No me atrevo a pasar.

Volvemos sobre nuestros pasos y nos dirigimos en dirección contraria, hacia donde asoma una torre a lo lejos. Apenas encontramos personas por el recorrido, aunque sí bastantes gatos, desde luego hay más de cuatro.

Iglesia del convento de las monjas Justinianas

Tras un corto recorrido llegamos hasta la iglesia y convento de monjas Justinianas, (antiguo convento de santa María de Jesús o de las Petras), que no podemos visitar. Fue mandado construir por otro obispo de los Ramírez, de nombre Antonio y que fue prelado de Segovia. En el otro extremo de la plazoleta nos llama la atención una curiosa construcción que combina la mampostería en piedra de su planta baja, con albañilería moderna en su planta alta. Creo que la llaman, Torre del Agua.

Iglesia del convento de dominicos de la Santa Cruz

En los paneles informativos, oportunamente situados en todos los lugares con cierto interés, vamos leyendo los espacios reseñados, y el siguiente punto a visitar está en la plaza de los Frailes, donde nos aparece una monumental construcción, la iglesia del monasterio dominico de la Santa Cruz, fundado por el obispo Sebastián Ramírez.

Vista a través de la valla que protege la intervención arqueológica
del monasterio de la Santa Cruz

El edificio restaurado, cuenta con una práctica cubierta que no tiene nada que ver con la arquitectura original, pero que a mí personalmente me parece aceptable. (En un país, donde tenemos tantos edificios antiguos para rehabilitar, dotar de cubiertas a las viejas construcciones es un elemento fundamental para preservarlas, y los dineros casi nunca dan para todo).

Al la derecha de la iglesia, se extienden los restos del convento anejo, expoliado e incendiado en varios sucesos históricos, y actualmente en proceso de intervención arqueológicas. Me sorprende un cartel sobre la valla, que avisa del peligro por electrocución.

Edificio del antiguo pósito

Volvemos sobre nuestros pasos hasta la plaza de la Villeta, donde se encuentra un tosco edificio, es el antiguo pósito o granero, y saliendo de la plazuela, se levanta un pequeño arco. Pasamos por detrás del patio del Ayuntamiento, y regresamos a la iglesia parroquial, que ya está abierta.

Inteior iglesia de san Pedro vista desde el coro

Suena música de órgano, con una magnífica acústica, (supongo que música grabada, aunque existe un pequeño órgano en el coro). El interior del templo es de buena arquitectura, con un retablo barroco en el altar mayor. Pero lo más interesante es la capilla de la Asunción, situada a la izquierda del altar, que alberga el singular y destacado retablo policromado del mismo nombre, con un número enorme de figuras. Vale la pena leer su descripción. 

Retablo de la Asunción
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La capilla fue construida en tiempos de los Reyes Católicos, por encargo de don Diego Ramírez de Villaescusa, para su uso como capilla funeraria para él* y sus familiares.

*Los restos de D. Diego Ramírez descansan en la catedral de Cuenca, de la que fue obispo. 

Se pueden hacer fotos (sin flash) y aunque no hay muchas visitas, toca esperar para hacer unas tomas sin personajes extras. El interior de la capilla, contiene otros elementos de interés como el enrejado de la entrada, su bóveda, los palcos superiores y el sepulcro, con las estatuas orantes en mármol de D. Eugenio Carrillo Ramírez y su esposa.



Afortunadamente, en junio de 1931, el primer gobierno de la II República declaró Tesoro Artístico Nacional, (hoy Monumento Nacional), al retablo de la Asunción junto con el del altar mayor. Y digo afortunadamente, porque el resto de retablos, imágenes, elementos religiosos y documentos parroquiales, fueron expoliados o quemados al comienzo de la guerra civil de 1936.

Son las 12,25, la función religiosa empezará en unos momentos, unos pocos feligreses esperan sentados. 

Añadir que el pueblo en general, se encuentra bien conservado y limpio, que todos los lugares de interés están dotados de paneles informativos con códigos QR, y que además de los espacios reseñados, pueden descubrirse otros en las proximidades.   

Cerca de Villaescusa, dos localidades tienen también elementos de interés, Belmonte, con su fotogénico castillo, y demás construcciones medievales, y Mota del Cuervo, con sus siete molinos de viento. En uno de los dos pueblos comeremos.

¡Buen provecho!  

Bibliografía:

Trifón Muñoz y Soliva. Noticias de todos los Ilmos. señores obispos que han regido la diócesis de Cuenca. Cuenca. Imprenta de Francisco Gómez e hijo. 1860.

Para saber más:

http://www.turismocastillalamancha.es/patrimonio/villaescusa-de-haro-25931/descripcion/

http://villaescusadeharo.com/?page_id=337

https://www.enciendecuenca.com/2022/01/17/la-capilla-de-la-asuncion-la-joya-de-la-corona-de-villaescusa-de-haro/

https://www.elturistatranquil.com/villaescusa-de-haro-cuenca/

        

  


lunes, noviembre 28, 2022

Cronología de la Historia: 1808-1. Un año de vértigo (cap. 3)

 Ver cap. 2

1808-1

1808: Un año de vértigo
El año de vértigo, en el que España estalló en una revolución contra la invasión napoleónica, y el pueblo se rebeló contra autoridades militares y civiles de la época. Un año tan lleno de acontecimientos determinantes en nuestra Historia, y al mismo tiempo tan novelescos, que no he podido resistir la tentación de extenderme en algunos hechos acaecidos. 

Una vez asegurada la ocupación de Portugal, Napoleón iba a completar la toma de control de España, de la que decía que, "los países donde los monjes son numerosos se subyugan fácilmente".

Haciendo valer las cláusulas del tratado de Fontainebleau que le favorecían, e ignorando las que no le gustaban, actitud que ya había empleado antes, consiguió que las tropas napoleónicas fueran entrando en la Península, aprovechando la indolencia e incompetencia de Carlos IV, así como la inopia del gobierno y las escasas guarniciones militares de la época. Los soldados franceses se dedicaron, sin apenas oposición, a ocupar cuarteles y poblaciones estratégicas como Pamplona, Figueras, San Sebastián o Barcelona, utilizando tretas infantiles, de las que los militares franceses se jactaban como ejemplos de astucia. Napoleón se aseguraba así, las plazas fuertes desde las que avanzarían sus tropas.
Vista aérea de la Ciudadela de Pamplona
Fuente: Gobierno de Navarra
Convencido Manuel Godoy, de que las intenciones de Bonaparte eran las de incorporar la parte norte de la Península a su Imperio, o incluso toda España y Portugal, hizo convocar a Carlos IV un consejo de gobierno extraordinario, en el que intentó convencer a los reunidos de que había que pedir al emperador el cese del envío de tropas. Y ante la cuestión de qué hacer si se negaba, el valido propuso el impedirlo y defenderse. Ni que decir tiene, que las consideraciones de Godoy llegaban tarde, y que no tuvieron ningún apoyo de los asistentes, convencidos algunos, incluso el propio Carlos IV, de que los soldados franceses venían en ayuda del príncipe de Asturias.    

El motín de Aranjuez
La inestable situación política de España favorecía la estrategia de Napoleón. No habían transcurrido ni seis meses desde los sucesos de El Escorial, cuando en el mes de marzo tuvo lugar el motín de Aranjuez, (hoy lo llamaríamos golpe de estado) y que obligó a Carlos IV a abdicar, y ceder el trono a su hijo Fernando.

El motivo o excusa de la revuelta, orquestada por el canónigo Escoiquiz, junto con la nobleza, y con el conde de Montijo dirigiéndola, era impedir que los reyes abandonaran Madrid con dirección a Andalucía, o que, imitando a sus parientes portugueses, pudieran emigrar hacia las Américas. La idea de que la familia real se trasladarse a Sevilla o Cádiz, había partido de Godoy, quien desconfiaba de las intenciones de Napoleón, y pensaba que desde Andalucía podía prepararse una defensa más eficaz.
Asalto al palacio de Godoy
Coloreado digitalmente
Histoire de l'Empire. Adolphe Thiers.
Source gallica.bnf.fr / BnF 


El masivo apoyo popular de que gozaba el príncipe de Asturias, unido a la creencia general de que Godoy era el culpable de todos los males del reino*, y la tensión ambiental fomentada por agitadores a sueldo, provocaron en la noche del día 17 de marzo, un tumulto junto a la residencia del príncipe de la Paz en Aranjuez, con presencia de soldados y personas de toda condición, que asaltaron y saquearon las estancias del edificio, sin que la turbamulta pudiera encontrar a Godoy, escondido en un desván.
* En Godoy se centraba todo el odio e ira de los españoles. Entre otras razones, se le culpaba de la firma de los desastrosos tratados con los franceses, que obligaban a España a colaborar en el sostén económico de las  fuerzas napoleónicas. A partir de marzo de 1807, los recaudadores recorrían la geografía española, para cobrar nuevas contribuciones o realizar embargos. No era el amor al indeseable Fernando lo que movería al pueblo, esa era la excusa común, sino el expolio económico a que eran sometidas las poblaciones, tanto en dineros como en bienes y víveres, situación que con la ocupación de 1808 se hizo insostenible. 
Al día siguiente y forzado por Fernando, el rey padre emite un real decreto, exonerando al valido de sus empleos de almirante y generalísimo, calmando con ello los ánimos. Pero la tranquilidad no iba a durar mucho. En la mañana del día 19, Godoy sale de su escondite y es detenido. Escoltado por soldados es conducido a prisión con grave riesgo para su vida, recibiendo múltiples heridas por objetos punzantes y piedras lanzadas por la multitud, que se agolpaba a su paso.
Grabado de 1814 mostrando a Manuel Godoy protegido por los guardias de Corps
Dibujo de Zacarías Velázquez          Grabado por Francisco de Paula Martí 
Retoques: lámina original recortada, figura de Godoy resaltada en color sepia
Fuente: Biblioteca Nacional de España

A pesar del arresto del favorito, los desórdenes no cesaban. Los objetivos de los instigadores cortesanos no eran únicamente la caída de Godoy, sino la de los reyes. Al atardecer del día 19, y abandonado por los miembros de su consejo, Carlos IV se ve obligado a abdicar en favor de su hijo, sin que este acto fuese protocolizado. En días siguientes, conocidos los acontecimientos de la destitución del odiado Godoy, y la subida al trono del deseadísimo Fernando, se celebraron actos festivos y de alegría por todo el reino, junto con episodios de pillaje, destrucción y saqueo de los bienes de las personas que el vulgo consideraba afines al favorito, avivados con bulos y disparates de toda índole.
Día 19 de marzo de 1808 en Aranjuez
Carlos IV abdica la corona en su hijo Fernando
Dibujo de Zacarías Velázquez          Grabado por Manuel Alegre 
Retoques: recorte de la lámina original, coloreada digitalmente
Fuente: Biblioteca Nacional de España
Ya rey, Fernando VII mantuvo a la mayoría de consejeros de su padre incluyendo al ministro de Estado, Pedro Cevallos, y mandó exculpar, otorgando cargos y distinciones, a los encausados por los sucesos de El Escorial.

El nuevo gobierno hará público que las tropas francesas en España, son amigas y como tales debían ser recibidas y atendidas. En paralelo se iniciaba una represión contra Manuel Godoy y las personas cercanas a él, confiscando todos sus bienes. El día 23 de marzo, el príncipe de la Paz es trasladado al castillo de Villaviciosa de Odón, al tiempo que ese mismo día, el mariscal francés Murat y sus tropas, entran en Madrid, con una teatral demostración de fuerza, siendo acogidos con expectación por el pueblo madrileño. 

Al día siguiente, 24 de marzo, Fernando VII hace su entrada triunfal en Madrid. Los madrileños lo reciben con enormes muestras de alegría, provocando el delirio de la muchedumbre, necesitada de ilusiones. La comitiva tarda más de seis horas en recorrer los casi 2.500 metros de distancia entre la puerta de Atocha y el Palacio Real.
Entrada en Madrid de Fernando VII por la puerta de Atocha
Dibujo de Zacarías Velázquez          Grabado por Francisco de Paula Martí 

Retoques: recorte de la lámina original, coloreada digitalmente
Fuente: Biblioteca Nacional de España
Pero poco iban a durar las muestras de alegría. El arrogante Murat, cuñado de Napoleón y gran duque de Berg, no esperó demasiado para demostrar quien mandaba realmente, actuando por propia iniciativa, maniobrando y alardeando con sus tropas, sin conocimiento del gobierno. El embajador francés Beauharnais seguía sin reconocer al nuevo monarca y para mayor escarnio, Murat pidió al nuevo rey, por medio del secretario de Estado, la entrega de la espada que el rey francés Francisco I, había entregado al emperador Carlos V, tras ser derrotado en la batalla de Pavía, y que Napoleón había sugerido querer poseer. La espada le fue entregada en una ceremonia indigna, que retrataba al nuevo rey.

Conforme pasaban los días, los incidentes con las tropas francesas aumentaban, y el nuevo gobierno publicaba bandos para calmar los ánimos de la población, que desconfiaba de las amistosas intenciones de los franceses, e inventaba chanzas y cancioncillas para mofarse de los prepotentes intrusos. 

Los reyes destronados, que seguían en Aranjuez, y especialmente la imprudente reina María Luisa, dirigían cartas a Murat, descalificando y renegando de su hijo, y pidiéndole ayuda para ella, su esposo y sobre todo para Godoy. Carlos IV, por medio del general Monthión, al que Murat había enviado a Aranjuez, remitió a Napoleón un escrito, fechado el 23 de marzo, en el que confiaba su suerte y la de sus allegados, en manos del emperador, con una postdata que decía:
Protesta.— «Protesto y declaro que mi decreto de 19 de marzo, en el 
que he abdicado la corona en favor de mi hijo, es un acto á qué me he
visto obligado para evitar mayores infortunios y la efusión de sangre de
mis amados vasallos; y por consiguiente debe ser considerado como nulo.
— C a r l o s . »
Retratos de Carlos IV y la reina María Luisa
Dibujo de Agustín Esteve              Grabado de Rafel Esteve
Basados en pinturas de Goya
Retoques: recorte imagen original, conversión en gris
Fuente: Biblioteca Nacional de España 
El viaje de Fernando VII a Bayona
La confrontación entre los miembros de la familia real, facilitaba los objetivos de Napoleón, decidido a desalojar a los Borbones del trono español, y colocar en su lugar a un miembro de su familia. Murat, el embajador francés y el general Savary, un diplomático de confianza de Bonaparte, llegado desde Francia, confabulaban allanando el proceso, haciendo creer a Fernando VII y su corte, la inminente venida del emperador a Madrid.

Conocedor Murat de las intenciones reales de su cuñado Napoleón, se entrevista con Fernando VII, al que hace creer que el emperador está dispuesto a reconocerle como rey, aconsejándole que como muestra de cortesía, vaya a recibirle a Burgos.

El 10 de abril, junto con algunos miembros de su gobierno, el popular rey y su séquito emprenden camino de la capital burgalesa. Viajan escoltados y vigilados por tropas  francesas al mando del general Savary. A cargo del gobierno, quedaba en Madrid, una Junta Suprema presidida por el tío de Fernando, el infante Antonio Pascual

Al llegar a Burgos, conocen que Napoleón, seguía en Francia. Surgen las primeras dudas en el cortejo fernandino, pero Savary, que tiene órdenes precisas de Bonaparte, consigue convencer a la comitiva de que continúen viaje hasta Vitoria, donde arribarán el 14 de abril. Ese mismo día, Napoleón llegaba a Bayona

En la imagen y a la izquierda, Pedro de Alcántara, duque del Infantado; a la derecha, José Miguel de Carvajal, duque de San Carlos; en el centro Juan Escoiquiz
Los tres personajes acompañaron a Fernando VII en el funesto viaje a Bayona, y se les atribuye, sobre todo a Escoiquiz, la responsabilidad para realizarlo
Cuadro del duque del Infantado de Vicente López Portaña, Museo Nacional del Prado
Cuadro del duque de San Carlos de Francisco de Goya, Museo de Zaragoza
Ilustración de Escoiquiz, dibujo de Antonio Gómez y Cross grabada por Pedro Hinojosa, BNE
Retoques: recorte de la imagen de Escoiquiz, coloreada digitalmente
El singular desarrollo de los acontecimientos, aumentó la inquietud y levantó sospechas entre los consejeros de Fernando, y sabedor el intrigante Savary, de lo insostenible de la situación, decide ir a Bayona para informar a Napoleón y entregarle una carta del nuevo rey. El día 17, Savary regresa a Vitoria, con un ilustrativo escrito del emperador, que nada bueno presagiaba, y que abordaba los últimos acontecimientos acaecidos en la corte española, sobre los que decía, querer conferenciar con Fernando en persona.

Un escrito tan revelador, debería haber bastado para que los consejeros convencieran a Fernando de cancelar el viaje. Especial papel desempeñó en esa idea, el que fuera secretario de Estado con Carlos IV entre 1798 y 1800, Luis Mariano de Urquijo, quien intentó persuadir a quienes acompañaban al rey, del despropósito de la extraña expedición, y propuso junto con las autoridades de Vitoria, un plan para conseguir la evasión del rey y conducirlo hasta Bilbao, donde podía embarcarse hasta territorios no controlados por los franceses, y desde allí organizar una respuesta a la situación. Igualmente, el duque de Mahón, corregidor de San Sebastián, propuso la evasión ofreciendo sus tropas para proteger a Fernando.
El pueblo de Vitoria trata de impedir la salida de Fernando VII a Bayona
Dibujo de F. Philippoteaux                     Grabado de Auguste Pontenier
 Histoire de l'Empire. Adolphe Thiers.Source gallica.bnf.fr / BnF 
Pese a todo, finalmente el día 19, sin la unánime aprobación de su consejo, y con la oposición del pueblo vitoriano que llegó a romper los atalajes de los carruajes, Fernando VII, persuadido por el canónigo Escoiquiz y Savary, de que su corona dependía del reconocimiento de Napoleón, decide llegarse hasta Bayona. El novato rey iba a meterse en la boca del lobo.

Napoleón no podía creer la decisión de Fernando:
"Cela est si vrai, que Napoléon avait peine à croire le rapport que lui faisait son aide de camp. Comment! il vient? s'écria-t-il non cela n'est pas possible"

"Esto es tan cierto que Napoleón apenas pudo creer el informe que le hizo su ayudante de campo. ¿Cómo? ¿Va a venir?, exclamó, no, no es posible"

(Bausset, Louis-François-Joseph. Mémoires anecdotiques sur l'intérieur du palais et sur quelques événemens de l'Empire. Tome 1)

Al llegar a la frontera, la comitiva no encuentra a ningún representante del emperador para recibirles. A su encuentro salen autoridades locales y el infante don Carlos, hermano del rey, que junto con tres grandes de España se habían adelantado unos días. Informan a Fernando VII de las palabras que habían escuchado decir al emperador, de que los Borbones no reinarían ya más en España.

Poco antes de entrar en Bayona son recibidos por un comité de recepción, encabezado por el mariscal Louis Alexandre Berthier, príncipe de Neuchâtel, que hace los honores a Fernando y su séquito, conduciéndoles hasta sus improvisados aposentos, en la maison Dubrocq, un remozado edificio que en principio iba a ser ocupado por Napoleón, y que no satisfizo a la comitiva. En ningún momento, Fernando recibió tratamiento de rey.

Al cabo de una hora, Napoleón realiza una visita de cortesía al recién llegado y hablan durante unos pocos minutos. Junto con algunos miembros de su séquito, Fernando es invitado a una cena en el palacete de Marrac, donde se alojaba el emperador. Tras la comida, Bonaparte, que le había bastado la cena para hacerse una idea de la personalidad de los recién llegados, y conocedor de la influencia que Escoiquiz ejercía sobre el rey, solicita hablar a solas con el clérigo.
Napoleón llegando a caballo al palacio de Marrac en 1808 (detalle)
Autor anónimo
Museo Vasco y de la Historia de Bayonne 
Escoiquiz escribe en un manifiesto que publicó posteriormente, que la entrevista con Napoleón tuvo lugar el mismo día 20, pero el ministro de Estado, Pedro Cevallos, que acompañó a Fernando, da a entender una versión diferente en la obra que publicó el mismo año de 1808 y que fue muy divulgada por toda Europa: 
Fragmento del libro de Pedro Cevallos: Exposición de los hechos y maquinaciones que han preparado la usurpación de la Corona de España y los medios que el Emperador de los franceses ha puesto en obra para realizarla. Madrid. En la imprenta Real, 1808.

Refiere Cevallos, la cara de sorpresa de Fernando VII, y el estupor de todos los presentes al escuchar las palabras de Savary.

En un librito de 1908 titulado Les journées de Napoléon à Bayonne, escrito por E. Ducéré, en el que da cuenta, jornada tras jornada, de las actividades del emperador en Bayona, durante su estancia en 1808, basándose en testimonios y documentos de la época, cuenta lo siguiente en relación al día 20 de abril (traducción):

Hacia las cinco, llegó un carruaje imperial a recoger los príncipes españoles y los condujo a Marrac, donde cenaron con el emperador. Después de su regreso el príncipe de Asturias, apareció en el balcón de su alojamiento, exclamando varias veces que había sido traicionado, lo que causó alguna agitación entre el público. Pero un gran número de gendarmes calmó rápidamente este altercado, y el príncipe volvió a sus aposentos.   

En el mismo libro de E. Ducéré, se detalla que el día 21 por la tarde, tras regresar a su alojamiento de Marrac, Napoleón tuvo una larga conferencia con el canónigo Escoiquiz.
Vista de Bayona (aprox. 1820)
Cuadro de Ambroise-Louis Garneray (1783-1857)
Fuente: MeisterDrucke 
De lo tratado en las conversaciones del emperador con Escoiquiz, conocemos la detallada versión que el canónigo incluyó como apéndice, en un libro que publicó en 1814, para justificarse de la disparatada decisión del viaje a Bayona, un hecho que fue objeto de severas críticas posteriores, que responsabilizaron al canónigo de su realización.

En síntesis, Napoleón le manifestó que jamás reconocería al príncipe Fernando como rey de España, que estaba decidido a que la casa de los Borbón no reinase en el país, donde instauraría una dinastía propia, y que si el príncipe Fernando renunciaba a sus derechos, estaba dispuesto a cederle la corona de Etruria a título de rey, y le daría como esposa a su sobrina. También le confirmó que Carlos IV estaba de camino y dispuesto a transferirle sus derechos al trono de España.

En días sucesivos. tuvieron lugar varias reuniones o conferencias entre los acompañantes de Fernando y los comisionados por el emperador, el general Savary, el ministro Champagny y M.Pradt, obispo de Poitiers, debatiendo sobre las propuestas de Napoleón, sin llegar a acuerdos satisfactorios para el corso, que dio por terminadas las conversaciones, ante la inminente llegada de Carlos IV y la reina María Luisa, con los que habría pactado desde hacia tiempo, su traslado y mudanza a Francia.


Bibliografía (Autor/es. Título del libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año).

- Javier Tusell; Rafael Sánchez Montero. Historia de España. El Siglo XIX. De la Guerra de la Independencia a la Revolución de 1868. Tomo XII. Edición para Biblioteca El Mundo. Pozuelo de Alarcón (Madrid), Editorial Espasa Calpe, 2004.

- E. Ducéré. Les journées de Napoleón a Bayonne. Éphémérides impériales. Bayonne. Imprimerie A. Lamaignére, 1908. 

- Francisco Pi y Margall, Francisco Pi y Arsuaga. Historia de España en el siglo XIX. Barcelona. Miguel Seguí-Editor. 1902.

- Comte Mollien. Mémoires d'un ministre du Trésor Públic, 1780-1815. Tome deuxième. Paris. Guillamin et Cie. 1898.

- Andrés Muriel. Memorial Histórico Español. Tomos XXIX-XXXIV. Real Academia de la Historia. Historia de Carlos IV. Varios tomos. Madrid. Est. Tip. Vda. e Hijos de Manuel Tello, 1894.

- José Gómez de Arteche. Historia General de España. Reinado de Carlos IV. Tomo II. Madrid. El Progreso Editorial, 1892.

- Modesto Lafuente; Juan Valera. Historia General de España. Desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Tomos XV y XVI. Barcelona. Montaner y Simón Editores, 1889.

 - Jose María Queipo de Llano, conde Toreno. Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Biblioteca de autores españoles. Tomo LXIV de la colección. Madrid. M.Rivadeneyra-Impresor-Editor, 1872.

 - Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo I. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861.

 -  - Miguel Agustín Príncipe. Guerra de la Independencia, narración histórica. Tomo segundo. Madrid. Imprenta del siglo a cargo de Ivo Biosca. 1846.

- Memorias de Don Manuel Godoy, Príncipe de la Paz. Tomo VI. Gerona. Librería de Vicente Oliva, 1841.

- Michael J. Quin. Memorias históricas sobre Fernando VI, rey de España. traducción del inglés de Joaquín García Jiménez. Tomo primero.Valencia. Imprenta de Gimeno, 1840. 

- Juan Escoiquiz. Idea sencilla de las razones que motivaron el viage del rey D. Fernanddo VII a Bayona, en el mes de abril de 1808. Madrid. En la Imprenta Real, 1814.

- Pedro Cevallos. Exposición de los hechos y mauinaciones que han preparado la usurpación de la Corona de españa y los medios que el emperador de los franceses ha puesto en obra para realizarla. Madrid. En la Imprenta Real, 1808.