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sábado, enero 14, 2023

Cronología de la Historia: 1808-2. Los Borbones en Bayona (cap. 4)

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1808-2 

Los Borbones en Bayona

Mientras el futuro Fernando VII se encontraba en Bayona, en España se sucedían los hechos vertiginosamente. Tras la partida del príncipe de Asturias, Murat había ido preparando el terreno para que Bonaparte se hiciera con el control del trono español. Aconsejados por el gran duque de Berg, Carlos IV y su esposa habían mudado residencia de Aranjuez a El Escorial, únicamente custodiados por tropas francesas. Napoleón reclamó la presencia de Godoy en Bayona, y tras varios intentos fallidos y tremendas amenazas, Murat obligó a que la provisional Junta Suprema, le entregara al exministro, lo que acrecentó la animadversión contra los franceses que actuaban como dueños y señores de la situación, teniendo que emitir la Junta, continuos bandos para calmar a la población, cada vez más soliviantada. A finales de abril se produjeron graves incidentes en Toledo y Burgos.

"Allí sobre unas fétidas pajas, cubierto de sangre y pidiendo a voces la muerte,
 está el que ayer gobernaba dos mundos"
Godoy en prisión
Dibujo de Enrique Mélida y Alinari (1838-1892)
 El 19 de marzo y el 2 de mayo, Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós
Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes


En la noche del 20 de abril, Godoy es excarcelado y entregado a los militares franceses, que primero lo conducen a un campamento francés, donde Murat le hace llegar una carta de los reyes padres. El valido de Carlos IV, que lo había sido todo, cuenta en sus memorias, que durante su cautiverio no tuvo noticias de lo que pasaba en el reino, y escribe el siguiente pasaje:
 « ¿ Quién reina ? »
preguntaba : los unos me decian , que Carlos IV ; otros ,
que el príncipe de Asturias; algunos, que el emperador
de los Franceses; y algún otro, más sincero, respondía ,
que no reinaba nadie. Del príncipe Fernando me dijeron ,
que habia salido once dias antes , que estaba ya en Vito-
ria , y que probablemente seguiría á Bayona donde el em-
perador habia llegado hacia ya cinco dias : cuanto a los
reyes padres , me añadieron , que corria la voz de que sus
magestades irian tambien á verse y entenderse con su
amigo y aliado ; y en cuanto á mí, me respondieron, que el
emperador, á quien Fernando habia hecho dueño de mi
suerte , habia mandado me llevasen á Bayona.

(Memorias de Don Manuel Godoy. Príncipe de la Paz. Tomo Sexto) 

Desde el campamento francés en Madrid, Godoy es escoltado hasta Bayona, adonde llegará el día 25 y será alojado en Beyris, a las afueras de la ciudad. Al día siguiente, el general Savary lo recogerá para llevarlo ante Napoleón, con quien mantendrá una única y extensa conversación, de la que informa ampliamente en sus memorias*.
*La presencia de Godoy en Bayona, parece haber sido una condición que pusieron Carlos IV y su esposa a Napoleón, para realizar su traslado a territorio francés.

Los reyes Carlos IV y María Luisa en Bayona
Retrato de Carlos IV**
Autor desconocido
Fuente: Illustrierte Weltgeschichte
 für das Volk (1883)
El día 30 de abril llegan Carlos IV y la reina a Bayona, les acompañan un gran número de carruajes, cargados de enseres, muebles y pertenencias varias, como si de una mudanza se tratara. Son recibidos con honores regios y son alojados en el palacio del Gobierno, en el centro de Bayona. Cuando los reyes se encuentran con Godoy lo acogen con grandes muestras de afecto, abrazos y llantos, todo lo contrario del recibimiento a Fernando, al que se niegan a ver en privado. Más tarde, el emperador acude a saludarles y les hace objeto de todo tipo de atenciones, lisonjas y buenas palabras, que hacen creer a Carlos IV de las buenas intenciones del emperador, que les dice no pretender agrandar su Imperio, sino que sus aliados sean también más poderosos.

La visita del emperador se prolongó hasta muy avanzada la tarde. Según cuenta Manuel Godoy en sus memorias, Carlos IV** contestó a las amables palabras de Napoleón, abriendo "...el flanco que jamás debiera haber mostrado a Bonaparte,...". El rey padre, dejó patente su poco apego a ceñir una corona que no le ofrecía atractivo alguno, así como su voluntad de abdicar en su hijo Fernando, aunque antes debería repararse la ignominia de la que había sido objeto. Napoleón añadió, que no era necesario abdicar la corona en aquellos momentos, que no había nadie más en quien confiar, y "que el  príncipe de Asturias carecía de las prendas y virtudes para ocupar el trono; que fiel y consiguiente a su política no le era dable convenir en que aquél príncipe reinase mientras no corrigiese su conducta y adquiriese la experiencia, las virtudes y la capacidad de que se hallaba enteramente falto". (Memorias de Don Manuel Godoy. Príncipe de la Paz. Págs.180-181 Tomo Sexto).
**No tengo duda que a los personajes hay que juzgarlos en el contexto de su tiempo, pero resulta muy difícil contenerse al enjuiciar al rey Carlos IV, porque pese a sus cualidades, demostró indolencia y dejadez de funciones para reinar, y en los momentos excepcionales, en los que debería haber mostrado la nobleza y dignidad que se le suponen a un monarca, sólo evidenció egoísmo y vileza.

Napoleón, terminó la conversación con Carlos IV, diciéndole que llamase a su hijo, y lo requiriese para que de su puño y letra le devolviera la corona.

Al día siguiente de su llegada, los reyes padres fueron invitados a un banquete al atardecer, en el que se repitieron las muestras de afecto y buenas palabras de Napoleón. Pero el acto principal de la trágico-comedia estaba a punto de comenzar.

Carlos y Fernando en Bayona
(Carlos IV exige a su hijo que le devuelva la corona)
Ilustración de Felician von Myrbach (1853-1940)
Life of the Napoleon Bonaparte, William Milligan Sleoane
Fuente: The Century Magazine


Fernando se presenta ante su padre y Napoleón. Carlos IV, delante de la concurrencia, apremia a su hijo para que le devuelva la corona y que, según sus palabras, le había arrebatado con violencia. Fernando intenta defenderse, pero Carlos IV colérico se lo impide, al tiempo que su madre también se une a la retahíla de reproches y amenazas contra el heredero.

Por carta fechada el mismo día 1 de mayo, y entregada a Carlos IV al día siguiente, Fernando ofrece devolver la corona a su padre, con una serie de condicionantes, y siempre y cuando se hiciese formalmente en Madrid ante las Cortes de los Reinos o una representación. A este juicioso escrito, responde su progenitor con una extensa carta, previsiblemente acordada con Napoleón, llena de recriminaciones y negando la necesidad de lo que en ella se propone:
Fragmento de la carta que con fecha 2 de mayo Carlos IV responde al escrito de su hijo
Fuente: Apéndice 8 del libro de Pedro Cevallos: Exposición de los hechos ...  
El intercambio epistolar entre padre e hijo acabará cuando, informado Napoleón de los graves sucesos del 2 de mayo madrileño, acude a visitar a Carlos IV en su residencia oficial. Son las cuatro de la tarde del día 5 de mayo*, el emperador que había ido soterrando la moral del rey desde días antes, cuenta al monarca las tremendas noticias que un enviado de Murat le ha transmitido. Al término de una hora, es requerida la presencia de Fernando y su hermano Carlos. El príncipe, ignorante de los acontecimientos, de nuevo es  objeto, con mayor dureza, de los reproches y amenazas de sus padres.
Fragmento del libro de Pedro Cevallos: Exposición de los hechos y maquinaciones que...
Napoleón intervino, interrumpiendo la discusión familiar, amenazando a Fernando y su comitiva de tratarlos como "emigrados", y despidiéndose con estas palabras: "Prince, il faut opter entre la cession et la mort".

Tras marcharse Fernando y sus acompañantes, Bonaparte permaneció todavía con Carlos IV, de quien consiguió la cesión de sus derechos al trono y los de su dinastía. El general Duroc y Godoy, firmarían esa misma tarde, el tratado** de renuncia. Los reyes, que habían llegado a Bayona, con intención de no regresar a España, consiguieron la protección y asilo del francés, con una sustanciosa compensación económica de por vida, o sea que Carlos IV, vendió sus derechos dinásticos a la corona española, aunque más tarde se quejaría, del incumplimiento del corso, en los pagos. 

Al día siguiente, 6 de mayo, Fernando renuncia sin condiciones a la Corona en favor de Carlos IV.   
 
**En las memorias del ministro francés del Tesoro entre 1780 y 1815, François-Nicolas Mollien, publicadas en 1845 y reimpresas en 1898, se incluye la carta que Napoleón le dirige desde Bayona, el 9 de mayo, en la que el emperador le informa de que ha firmado un tratado secreto con Carlos IV, y que por lo que concierne al ministro, debe saber que tiene que pagar a la familia real española, un monto total de 10 millones de francos por año y en doce pagos, empezando por el 1 de mayo anterior. Dicha cantidad no debe figurar en el presupuesto y se considera como un préstamo a reembolsar por España. (En realidad, Napoleón no cumplió lo pactado, y Carlos IV, solo percibió una pequeña parte de lo estipulado).   

Boney (Napoleón) soplando una burbuja española
Caricatura publicada en junio de 1808 por Thos. Tegg. Londres
Fuente: Library of Congress (USA)


La caricatura muestra a Napoleón convenciendo a la familia real española, (encerrada en una burbuja), de su amistad, al tiempo que cañonea Madrid.

Traducción del bocadillo de la viñeta:
"¡Mi buen y viejo Rey depende de que yo venga como un Amigo! (A Carlos IV)
Su dignísima Majestad no tiene nada que temer de mí.(A la reina María Luisa).
¡Ah, el Príncipe de Asturias, mi Amigo y Hermano!
Magnánimo Príncipe de la Paz, en mí se encuentra tu Ángel de la Guarda. (A Manuel Godoy). 

El 2 de mayo madrileño

Dejamos Bayona y volvemos a Madrid donde habían tenido lugar los graves sucesos del 2 de mayo. Su origen hay que buscarlo, en la pretensión de Napoleón de asegurarse los derechos de la dinastía de los Borbones, para lo que necesitaba anular a todos los posibles herederos, reteniéndolos en Francia.

El 30 de abril, Murat por medio del embajador francés, presenta una carta de Carlos IV, dirigida a la Junta de Gobierno, en la que pedía el traslado a Bayona de la reina de Etruria, y del hijo menor del monarca, el infante Francisco de Paula. La Junta se negó a la petición de la salida del infante, pero Murat insistió al día siguiente, amenazando con emplear la fuerza, y asumiendo la responsabilidad de la decisión. Finalmente, la partida de la reina de Etruria, el infante y la hija de Godoy, se fijó para el día siguiente, 2 de mayo.

El comienzo del 2 de mayo, Palacio Real
" Provocan los franceses la ira del pueblo"
Grabado de Tomás L. Enguídanos sobre probable dibujo propio
Retoques: marco recortado, coloreada digitalmente
Fuente: Biblioteca Nacional de España
Pese al secreto con que se pretendía hacer el traslado, los rumores se divulgaron rápidamente por la ciudad, y desde primeras horas del 2 de mayo, grupos de mujeres permanecían apostadas frente al Palacio Real. Conforme pasaban las horas, la tensión aumentaba. Llegan más paisanos, algunos criados de palacio comentan que el infante, de 14 años, no quiere abandonar Madrid, y con la situación tensionada al límite, bastaba un gesto o una frase para provocar una reacción de las gentes. Cuando el pueblo vio salir al infante para subirse a la carroza, surgieron voces de protesta y un grupo de hombres, cortaron las correas de las caballerías, otros agredieron al ayudante de Murat, Lagrange, al que salvaron una patrulla cercana. El gran duque de Berg, informado del tumulto, envió un batallón con dos cañones que sin previo aviso, abrió fuego sobre la multitud, ocasionando muertes y heridos.

La lucha con los mamelucos
Cuadro de Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)
Fuente: ©Museo Nacional del Prado

La muchedumbre enfurecida se dispersó por todo Madrid pidiendo venganza. El odio y resentimiento contenido de la población estalló, degollando a los soldados franceses que encontraban aislados. Murat contraatacó con la caballería, matando a quien se ponía delante de sus tropas, y el pueblo respondió como pudo, y con todo tipo de armas improvisadas.La desigual diferencia en el número de fuerzas, y la falta de una organización previa, iban a ser demoledores para los madrileños, muchos de ellos fueron acuchillados y degollados por la guardia imperial, los coraceros polacos y los temibles mamelucos egipcios.    

2 de mayo
Defensa del Parque de Artillería de Monteleón
Cuadro de Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923)
Fuente: ©Museo Nacional del Prado

Mientras, en varios puntos de la ciudad, seguían los enfrentamientos a la desesperada de los combatientes, las escasas tropas españolas permanecían acuarteladas por orden de la Junta. Grupos de paisanos se dirigieron hasta el Parque de Artillería de Monteleón, y consiguieron el apoyo de sus militares. Los oficiales artilleros, Pedro Velarde y Luis Daoiz junto con escasos diez hombres salieron con tres cañones, les acompañaban el teniente Jacinto Ruiz y 33 soldados de infantería. En unión de grupos de paisanos, mujeres incluidas, intentaron hacer frente  a los franceses. Tras un sostenido y atroz combate, con numerosas bajas por ambos lados, los españoles fueron arrollados por el mayor número de soldados napoleónicos quienes, con las bayonetas caladas, acometieron a los sublevados. 
   
Dos de mayo de 1808
Juan Manuel Malasaña da muerte al dragón
francés que acaba de matar a su hija
 Manuela de 15 años
Cuadro de Eugenio Alvarez Dumont (1864-1927)
Fuente: ©Museo Nacional del Prado

Los hechos se sucedían vertiginosamente y algunos miembros de la Junta reaccionaron. Piden a Murat que se les permita salir a las calles, junto con un general francés, para tratar de apaciguar al pueblo. Salen los comisionados Azanza y O'Farrill, junto con el militar Harispe y varios consejeros y oficiales de ambos bandos, agitando pañuelos blancos y gritando ¡paz!, ¡paz! recorriendo las calles y plazas, logrando el cese de hostilidades. Los alborotos comenzaron sobre las 10 de la mañana y la calma se impuso sobre las 2 de la tarde. 

Pero lo peor estaba por llegar. Murat había publicado un bando según el cual, serían fusiladas todas las personas encontradas con un arma. Pese a lo acordado con la Junta, siguieron las detenciones y en la misma noche del día 2 y en la mañana siguiente, se produjeron los fusilamientos de los detenidos. Las ejecuciones se hicieron, entre otros sitios, en el Paseo del Prado, el Retiro, la montaña del Príncipe Pío, o en la Puerta del Sol, mientras los cañones disparaban a intervalos, atemorizando a la población.

El recuento de las víctimas españolas de esos días, realizado por Juan Pérez de Guzmán, basándose en archivos y documentos oficiales, suma 406 fallecidos, de los cuales 60 eran mujeres, y los heridos asistidos, unos 172. Por parte de las tropas napoleónicas, algunos autores franceses hablan de cifras exageradas, quizás para justificar el desigual combate, aunque lo más creíble es que no pasasen de 500 las bajas francesas, entre muertos y heridos.
Enterrar y callar
Aguafuerte de Francisco de Goya y Lucientes
Fuente: Biblioteca Nacional de España

Tras la atroz represión francesa, quedó patente el divorcio entre la autoridad oficial, sometida al invasor, y el pueblo que se negó a someterse. El drástico castigo impuesto por Murat, dueño y señor de la situación, acabó rápidamente con el levantamiento, pero las circunstancias habían cambiado, los soldados franceses no eran amigos, eran invasores y enemigos.

El magistrado, Juan Pérez de Villaamil redactó la declaración de guerra a Napoleón y la hizo firmar a los regidores de Móstoles. La supuesta vieja amistad hispano-francesa, que había comenzado con los pactos de familia del primer Borbón, Felipe V, había terminado.

El infante Francisco y su hermana, salieron al día siguiente para Bayona, y un día más tarde, lo hizo el presidente de la Junta, el hermano de Carlos IV, Antonio Pascual de Borbón. Al frente de la única entidad del gobierno de la nación quedaba el vocal más antiguo, Francisco Gil y Lemus.

Con un país conmocionado, una Junta sin poder efectivo y sin saber a quién obedecer, el mariscal Murat impuso su presencia en las reuniones de los comisionados. El 7 de mayo presentó un decreto de Carlos IV, según el cual, había sido nombrado lugarteniente general del Reino y como tal presidiría la Junta Gubernativa. El viejo rey, que ya no lo era, porque había abdicado en favor de Bonaparte, cometía otra vileza más, poniendo al frente de la nación, al jefe de las tropas invasoras.

Por si no había bastante confusión, hacia el 9 ó 10 de mayo, los miembros de la Junta, Azanza y O’Farril, recibieron dos decretos de Fernando VII en los que manifestaba estar sin libertad, y autorizaba la constitución de cualquier cuerpo gubernativo que ejerciese las tareas de soberanía, al tiempo que ordenaba comenzar las hostilidades contra los ocupantes; también pedía convocar las Cortes para proporcionar los arbitrios y subsidios necesarios para la defensa del Reino. Para complicar aún más la situación, en un sucesivo escrito, Fernando comunicaba que había devuelto la corona a su padre, y que la Junta Suprema debía someterse a lo dispuesto por su padre. No es de extrañar que los comisionados y el Consejo de Castilla, con su gobernador interino al frente, Arias Mon y Velarde, no supieran a qué atenerse, y practicaran un comportamiento de sumisión a todas las irregularidades y peticiones de los invasores.


Bibliografía (Autor/es. Título del libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año).

- Javier Tusell; Rafael Sánchez Montero. Historia de España. El Siglo XIX. De la Guerra de la Independencia a la Revolución de 1868. Tomo XII. Edición para Biblioteca El Mundo. Pozuelo de Alarcón (Madrid), Editorial Espasa Calpe, 2004.

- E. Ducéré. Les journées de Napoleón a Bayonne. Éphémérides impériales. Bayonne. Imprimerie A. Lamaignére, 1908. 

- Francisco Pi y Margall, Francisco Pi y Arsuaga. Historia de España en el siglo XIX. Barcelona. Miguel Seguí-Editor. 1902.

- Comte Mollien. Mémoires d'un ministre du Trésor Públic, 1780-1815. Tome deuxième. Paris. Guillamin et Cie. 1898.

- Andrés Muriel. Memorial Histórico Español. Tomos XXIX-XXXIV. Real Academia de la Historia. Historia de Carlos IV. Varios tomos. Madrid. Est. Tip. Vda. e Hijos de Manuel Tello, 1894.

- José Gómez de Arteche. Historia General de España. Reinado de Carlos IV. Tomo II. Madrid. El Progreso Editorial, 1892.

- Modesto Lafuente; Juan Valera. Historia General de España. Desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Tomos XV y XVI. Barcelona. Montaner y Simón Editores, 1889.

 - Jose María Queipo de Llano, conde Toreno. Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Biblioteca de autores españoles. Tomo LXIV de la colección. Madrid. M.Rivadeneyra-Impresor-Editor, 1872.

 - Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo I. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861.

 -  - Miguel Agustín Príncipe. Guerra de la Independencia, narración histórica. Tomo segundo. Madrid. Imprenta del siglo a cargo de Ivo Biosca. 1846.

- Memorias de Don Manuel Godoy, Príncipe de la Paz. Tomo VI. Gerona. Librería de Vicente Oliva, 1841.

- Michael J. Quin. Memorias históricas sobre Fernando VII, rey de España. traducción del inglés de Joaquín García Jiménez. Tomo primero.Valencia. Imprenta de Gimeno, 1840. 

- Juan Escoiquiz. Idea sencilla de las razones que motivaron el viage del rey D. Fernanddo VII a Bayona, en el mes de abril de 1808. Madrid. En la Imprenta Real, 1814.

- Pedro Cevallos. Exposición de los hechos y mauinaciones que han preparado la usurpación de la Corona de españa y los medios que el emperador de los franceses ha puesto en obra para realizarla. Madrid. En la Imprenta Real, 1808. 


lunes, noviembre 28, 2022

Cronología de la Historia: 1808-1. Un año de vértigo (cap. 3)

 Ver cap. anterior

1808-1

1808: Un año de vértigo
El año de vértigo, en el que España estalló en una revolución contra la invasión napoleónica, y el pueblo se rebeló contra autoridades militares y civiles de la época. Un año tan lleno de acontecimientos determinantes en nuestra Historia, y al mismo tiempo tan novelescos, que no he podido resistir la tentación de extenderme en algunos hechos acaecidos. 

Una vez asegurada la ocupación de Portugal, Napoleón iba a completar la toma de control de España, de la que decía que, "los países donde los monjes son numerosos se subyugan fácilmente".

Haciendo valer las cláusulas del tratado de Fontainebleau que le favorecían, e ignorando las que no le gustaban, actitud que ya había empleado antes, consiguió que las tropas napoleónicas fueran entrando en la Península, aprovechando la indolencia e incompetencia de Carlos IV, así como la inopia del gobierno y las escasas guarniciones militares de la época. Los soldados franceses se dedicaron, sin apenas oposición, a ocupar cuarteles y poblaciones estratégicas como Pamplona, Figueras, San Sebastián o Barcelona, utilizando tretas infantiles, de las que los militares franceses se jactaban como ejemplos de astucia. Napoleón se aseguraba así, las plazas fuertes desde las que avanzarían sus tropas.
Vista aérea de la Ciudadela de Pamplona
Fuente: Gobierno de Navarra
Convencido Manuel Godoy, de que las intenciones de Bonaparte eran las de incorporar la parte norte de la Península a su Imperio, o incluso toda España y Portugal, hizo convocar a Carlos IV un consejo de gobierno extraordinario, en el que intentó convencer a los reunidos de que había que pedir al emperador el cese del envío de tropas. Y ante la cuestión de qué hacer si se negaba, el valido propuso el impedirlo y defenderse. Ni que decir tiene, que las consideraciones de Godoy llegaban tarde, y que no tuvieron ningún apoyo de los asistentes, convencidos algunos, incluso el propio Carlos IV, de que los soldados franceses venían en ayuda del príncipe de Asturias.    

El motín de Aranjuez
La inestable situación política de España favorecía la estrategia de Napoleón. No habían transcurrido ni seis meses desde los sucesos de El Escorial, cuando en el mes de marzo tuvo lugar el motín de Aranjuez, (hoy lo llamaríamos golpe de estado) y que obligó a Carlos IV a abdicar, y ceder el trono a su hijo Fernando.

El motivo o excusa de la revuelta, orquestada por el canónigo Escoiquiz, junto con determinados miembros de la nobleza, con el conde de Montijo (se hacía llamar el tío Pedro) dirigiéndola, era impedir que los reyes abandonaran Madrid con dirección a Andalucía, o que, imitando a sus parientes portugueses, pudieran emigrar hacia las Américas. La idea de que la familia real se trasladarse a Sevilla o Cádiz, había partido de Godoy, quien desconfiaba de las intenciones de Napoleón, y pensaba que desde Andalucía podía prepararse una defensa más eficaz.
Asalto al palacio de Godoy
Coloreado digitalmente
Histoire de l'Empire. Adolphe Thiers.
Source gallica.bnf.fr / BnF 


El masivo apoyo popular de que gozaba el príncipe de Asturias, unido a la creencia general de que Godoy era el culpable de todos los males del reino*, y la tensión ambiental fomentada por agitadores a sueldo, provocaron en la noche del día 17 de marzo, un tumulto junto a la residencia del príncipe de la Paz en Aranjuez, con presencia de soldados y personas de toda condición, que asaltaron y saquearon las estancias del edificio, sin que la turbamulta pudiera encontrar a Godoy, escondido en un desván.
* En Godoy se centraba todo el odio e ira de los españoles. Entre otras razones, se le culpaba de la firma de los desastrosos tratados con los franceses, que obligaban a España a colaborar en el sostén económico de las  fuerzas napoleónicas. A partir de marzo de 1807, los recaudadores recorrían la geografía española, para cobrar nuevas contribuciones o realizar embargos. No era el amor al indeseable Fernando lo que movería al pueblo, esa era la excusa común, sino el expolio económico a que eran sometidas las poblaciones, tanto en dineros como en bienes y víveres, situación que con la ocupación de 1808 se hizo insostenible. 
Al día siguiente y forzado por Fernando, el rey padre emite un real decreto, exonerando al valido de sus empleos de almirante y generalísimo, calmando con ello los ánimos. Pero la tranquilidad no iba a durar mucho. En la mañana del día 19, Godoy sale de su escondite y es detenido. Escoltado por soldados es conducido a prisión con grave riesgo para su vida, recibiendo múltiples heridas por objetos punzantes y piedras lanzadas por la multitud, que se agolpaba a su paso.
Grabado de 1814 mostrando a Manuel Godoy protegido por los guardias de Corps
Dibujo de Zacarías Velázquez          Grabado por Francisco de Paula Martí 
Retoques: lámina original recortada, figura de Godoy resaltada en color sepia
Fuente: Biblioteca Nacional de España

A pesar del arresto del favorito, los desórdenes no cesaban. Los objetivos de los instigadores cortesanos no eran únicamente la caída de Godoy, sino la de los reyes. Al atardecer del día 19, y abandonado por los miembros de su consejo, Carlos IV se ve obligado a abdicar en favor de su hijo, sin que este acto fuese protocolizado. En días siguientes, conocidos los acontecimientos de la destitución del odiado Godoy, y la subida al trono del deseadísimo Fernando, se celebraron actos festivos y de alegría por todo el reino, junto con episodios de pillaje, destrucción y saqueo de los bienes de las personas que el vulgo consideraba afines al favorito, avivados con bulos y disparates de toda índole.
Día 19 de marzo de 1808 en Aranjuez
Carlos IV abdica la corona en su hijo Fernando
Dibujo de Zacarías Velázquez          Grabado por Manuel Alegre 
Retoques: recorte de la lámina original, coloreada digitalmente

Fuente: Biblioteca Nacional de España
Ya rey, Fernando VII mantuvo a la mayoría de consejeros de su padre incluyendo al ministro de Estado, Pedro Cevallos, y mandó exculpar, otorgando cargos y distinciones, a los encausados por los sucesos de El Escorial.

El nuevo gobierno hizo público que las tropas francesas en España eran amigas, y como tales debían ser recibidas y atendidas. En paralelo se iniciaba una represión contra Manuel Godoy y las personas cercanas a él, confiscando todos sus bienes. El día 23 de marzo, el príncipe de la Paz es trasladado al castillo de Villaviciosa de Odón, al tiempo que ese mismo día, el mariscal francés Murat y sus tropas, entran en Madrid, con una teatral demostración de fuerza, siendo acogidos con expectación por el pueblo madrileño. 

Al día siguiente, 24 de marzo, Fernando VII hace su entrada triunfal en Madrid. Los madrileños lo reciben con enormes muestras de alegría, provocando el delirio de la muchedumbre. La comitiva tarda más de seis horas en recorrer los casi 2.500 metros de distancia entre la puerta de Atocha y el Palacio Real.
Entrada en Madrid de Fernando VII por la puerta de Atocha
Dibujo de Zacarías Velázquez          Grabado por Francisco de Paula Martí 

Retoques: recorte de la lámina original, coloreada digitalmente
Fuente: Biblioteca Nacional de España
Pero poco iban a durar las muestras de alegría. El arrogante Murat, cuñado de Napoleón y gran duque de Berg, no esperó demasiado para demostrar quien mandaba realmente, actuando por propia iniciativa, maniobrando y alardeando con sus tropas, sin conocimiento del gobierno. El embajador francés Beauharnais seguía sin reconocer al nuevo monarca y para mayor escarnio, Murat pidió al nuevo rey, por medio del secretario de Estado, la entrega de la espada que el rey francés Francisco I, había entregado al emperador Carlos V, tras ser derrotado en la batalla de Pavía, y que Napoleón había sugerido querer poseer. La espada le fue entregada en una ceremonia indigna, que retrataba al nuevo rey.

Conforme pasaban los días, los incidentes con las tropas francesas aumentaban, y el nuevo gobierno publicaba bandos para calmar los ánimos de la población, que desconfiaba de las amistosas intenciones de los franceses, e inventaba chanzas y cancioncillas para mofarse de los prepotentes "amigos". 

Los reyes destronados, que seguían en Aranjuez, y especialmente la imprudente reina María Luisa, dirigían cartas a Murat, descalificando y renegando de su hijo, y pidiéndole ayuda para ella, su esposo y sobre todo para Godoy. Carlos IV, por medio del general Monthión, al que Murat había enviado a Aranjuez, remitió a Napoleón un escrito, fechado el 23 de marzo, en el que confiaba su suerte y la de sus allegados, en manos del emperador, con una postdata que decía:
Protesta.— «Protesto y declaro que mi decreto de 19 de marzo, en el 
que he abdicado la corona en favor de mi hijo, es un acto á qué me he
visto obligado para evitar mayores infortunios y la efusión de sangre de
mis amados vasallos; y por consiguiente debe ser considerado como nulo.
— C a r l o s . »
Retratos de Carlos IV y la reina María Luisa
Dibujo de Agustín Esteve              Grabado de Rafel Esteve
Basados en pinturas de Goya
Retoques: recorte imagen original, conversión en gris
Fuente: Biblioteca Nacional de España 
El viaje de Fernando VII a Bayona
La confrontación entre los miembros de la familia real, facilitaba los objetivos de Napoleón, decidido a desalojar a los Borbones del trono español, y colocar en su lugar a un miembro de su familia*. Murat, el embajador francés y el general Savary, un diplomático de confianza de Bonaparte llegado desde Francia, confabulaban allanando el proceso, haciendo creer a Fernando VII y su corte, la inminente venida del emperador a Madrid.

*Ante las dudas de Napoleón sobre la legitimidad de tal decisión, es célebre la frase que el político C.M. de Talleyrand, le dice al emperador el 24 de abril: "Ce que la politique conseille, la justice l'autorise", (Lo que la politica aconseja, la justicia lo autoriza).
(Germain Bapst. Mémoires du Général Lejeune. De Valmy à Wagram). 

Conocedor Murat de las intenciones reales de su cuñado Napoleón, se entrevista con Fernando VII, al que hace creer que el emperador está dispuesto a reconocerle como rey, aconsejándole que como muestra de cortesía, vaya a recibirle a Burgos.

El 10 de abril, junto con algunos miembros de su gobierno, el nuevo y popular rey, con su séquito, emprenden camino de la capital burgalesa. Viajan escoltados y vigilados por tropas  francesas al mando del general Savary. A cargo del gobierno, quedaba en Madrid, una Junta Suprema presidida por el tío de Fernando, el infante Antonio Pascual

Al llegar a Burgos, conocen que Napoleón, seguía en Francia. Surgen las primeras dudas en el cortejo fernandino, pero Savary, que tiene órdenes precisas de Bonaparte, consigue convencer a la comitiva de que continúen viaje hasta Vitoria, donde arribarán el 14 de abril. Ese mismo día, Napoleón llegaba a Bayona

En la imagen y a la izquierda, Pedro de Alcántara, duque del Infantado; a la derecha, José Miguel de Carvajal, duque de San Carlos; en el centro Juan Escoiquiz
Los tres personajes acompañaron a Fernando VII en el funesto viaje a Bayona, y se les atribuye, sobre todo a Escoiquiz, la responsabilidad para realizarlo
Cuadro del duque del Infantado de Vicente López Portaña, Museo Nacional del Prado
Cuadro del duque de San Carlos de Francisco de Goya, Museo de Zaragoza
Ilustración de Escoiquiz, dibujo de Antonio Gómez y Cross grabada por Pedro Hinojosa, BNE
Retoques: recorte de la imagen de Escoiquiz, coloreada digitalmente
El singular desarrollo de los acontecimientos, aumentó la inquietud y levantó sospechas entre los consejeros de Fernando, y sabedor el intrigante Savary, de lo insostenible de la situación, decide ir a Bayona para informar a Napoleón y entregarle una carta del nuevo rey. El día 17, Savary regresa a Vitoria, con un ilustrativo escrito del emperador, que nada bueno presagiaba, y que abordaba los últimos acontecimientos acaecidos en la corte española, sobre los que decía, querer conferenciar con Fernando en persona.

Un escrito tan revelador, debería haber bastado para que los consejeros convencieran a Fernando de cancelar el viaje. Especial papel desempeñó en esa idea, el que fuera secretario de Estado con Carlos IV entre 1798 y 1800, Luis Mariano de Urquijo, quien intentó persuadir a quienes acompañaban al rey, del despropósito de la extraña expedición, y propuso junto con las autoridades de Vitoria, un plan para conseguir la evasión del rey y conducirlo hasta Bilbao, donde podía embarcarse hasta territorios no controlados por los franceses, y desde allí organizar una respuesta a la situación. Igualmente, el duque de Mahón, corregidor de San Sebastián, propuso la evasión ofreciendo sus tropas para proteger a Fernando.
El pueblo de Vitoria trata de impedir la salida de Fernando VII a Bayona
Dibujo de F. Philippoteaux                     Grabado de Auguste Pontenier
 Histoire de l'Empire. Adolphe Thiers.Source gallica.bnf.fr / BnF 
Pese a todo, finalmente el día 19, sin la unánime aprobación de su consejo, y con la oposición del pueblo vitoriano que llegó a romper los atalajes de los carruajes, Fernando VII, persuadido por el canónigo Escoiquiz y Savary, de que su corona dependía del reconocimiento de Napoleón, decide llegarse hasta Bayona. El novato rey iba a meterse en la boca del lobo.

Napoleón no podía creer la decisión de Fernando:
"Cela est si vrai, que Napoléon avait peine à croire le rapport que lui faisait son aide de camp. Comment! il vient? s'écria-t-il non cela n'est pas possible"

"Esto es tan cierto que Napoleón apenas pudo creer el informe que le hizo su ayudante de campo. ¿Cómo? ¿Va a venir?, exclamó, no, no es posible"

(Bausset, Louis-François-Joseph. Mémoires anecdotiques sur l'intérieur du palais et sur quelques événemens de l'Empire. Tome 1)

Al llegar a la frontera, la comitiva no encuentra a ningún representante del emperador para recibirles. A su encuentro salen autoridades locales y el infante don Carlos, hermano del rey, que junto con tres grandes de España se habían adelantado unos días. Informan a Fernando de las palabras que habían escuchado decir al emperador, "de que los Borbones no reinarían ya más en España".

Poco antes de entrar en Bayona son recibidos por un comité de recepción, encabezado por el mariscal Louis Alexandre Berthier, príncipe de Neuchâtel, que hace los honores a Fernando y su séquito, conduciéndoles hasta sus improvisados aposentos, en la maison Dubrocq, un remozado edificio que en principio iba a ser ocupado por Napoleón, y que no satisfizo a la comitiva. En ningún momento, Fernando recibió tratamiento de rey.

Al cabo de una hora, Napoleón realiza una visita de cortesía al recién llegado y hablan durante unos pocos minutos. Junto con algunos miembros de su séquito, Fernando es invitado a una cena en el palacete de Marrac, donde se alojaba el emperador. Tras la comida, Bonaparte, al que le había bastado la cena, para hacerse una idea de la personalidad de los recién llegados, y conocedor de la influencia que Escoiquiz ejercía sobre el nuevo rey, solicita hablar a solas con el clérigo.
Napoleón llegando a caballo al palacio de Marrac en 1808 (detalle)
Autor anónimo
Museo Vasco y de la Historia de Bayonne 
Escoiquiz escribe en un manifiesto que publicó posteriormente, que la entrevista con Napoleón tuvo lugar el mismo día 20, pero el ministro de Estado, Pedro Cevallos, que acompañó a Fernando, da a entender una versión diferente en la obra que publicó el mismo año de 1808 y que fue muy divulgada por toda Europa: 
Fragmento del libro de Pedro Cevallos: Exposición de los hechos y maquinaciones que han preparado la usurpación de la Corona de España y los medios que el Emperador de los franceses ha puesto en obra para realizarla. Madrid. En la imprenta Real, 1808.

Refiere Cevallos, la cara de sorpresa de Fernando VII, y el estupor de todos los presentes al escuchar las palabras de Savary.

En un librito de 1908 titulado Les journées de Napoléon à Bayonne, escrito por E. Ducéré, en el que da cuenta, jornada tras jornada, de las actividades del emperador en Bayona, durante su estancia en 1808, basándose en testimonios y documentos de la época, cuenta lo siguiente en relación al día 20 de abril (traducción):

Hacia las cinco, llegó un carruaje imperial a recoger los príncipes españoles y los condujo a Marrac, donde cenaron con el emperador. Después de su regreso el príncipe de Asturias, apareció en el balcón de su alojamiento, exclamando varias veces que había sido traicionado, lo que causó alguna agitación entre el público. Pero un gran número de gendarmes calmó rápidamente este altercado, y el príncipe volvió a sus aposentos.   

En el mismo libro de E. Ducéré, se detalla que el día 21 por la tarde, tras regresar a su alojamiento de Marrac, Napoleón tuvo una larga conferencia con el canónigo Escoiquiz.
Vista de Bayona (aprox. 1820)
Cuadro de Ambroise-Louis Garneray (1783-1857)
Fuente: MeisterDrucke 
De lo tratado en las conversaciones del emperador con Escoiquiz, conocemos la detallada versión que el canónigo incluyó como apéndice, en un libro que publicó en 1814, para justificarse de la disparatada decisión del viaje a Bayona, un hecho que fue objeto de severas críticas posteriores, que responsabilizaron al clérigo del fatídico viaje.

En síntesis, Napoleón le manifestó que jamás reconocería al príncipe Fernando como rey de España, que estaba decidido a que la casa de los Borbón no reinase en el país, donde instauraría una dinastía propia, y que si el príncipe Fernando renunciaba a sus derechos, estaba dispuesto a cederle la corona de Etruria a título de rey, y le daría como esposa a su sobrina. También le confirmó que Carlos IV estaba de camino y dispuesto a transferirle sus derechos al trono de España.

En días sucesivos. tuvieron lugar varias reuniones o conferencias entre los acompañantes de Fernando y los comisionados por el emperador, el general Savary, el ministro Champagny y M.Pradt, obispo de Poitiers, debatiendo sobre las propuestas de Napoleón, sin llegar a acuerdos satisfactorios para el corso, que dio por terminadas las conversaciones, ante la inminente llegada de Carlos IV y la reina María Luisa, con los que habría pactado desde hacia tiempo, su traslado y mudanza a Francia.


Bibliografía (Autor/es. Título del libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año).

- Javier Tusell; Rafael Sánchez Montero. Historia de España. El Siglo XIX. De la Guerra de la Independencia a la Revolución de 1868. Tomo XII. Edición para Biblioteca El Mundo. Pozuelo de Alarcón (Madrid), Editorial Espasa Calpe, 2004.

- E. Ducéré. Les journées de Napoleón a Bayonne. Éphémérides impériales. Bayonne. Imprimerie A. Lamaignére, 1908. 

- Francisco Pi y Margall, Francisco Pi y Arsuaga. Historia de España en el siglo XIX. Barcelona. Miguel Seguí-Editor. 1902.

- Comte Mollien. Mémoires d'un ministre du Trésor Públic, 1780-1815. Tome deuxième. Paris. Guillamin et Cie. 1898.

- Geramin Bapst. Mémoires du Général Lejeune. De VAlmy à Wagram. Deuxième mille. Paris. Librairie de Firmin-Didot et Cie. 1895.

- Andrés Muriel. Memorial Histórico Español. Tomos XXIX-XXXIV. Real Academia de la Historia. Historia de Carlos IV. Varios tomos. Madrid. Est. Tip. Vda. e Hijos de Manuel Tello, 1894.

- José Gómez de Arteche. Historia General de España. Reinado de Carlos IV. Tomo II. Madrid. El Progreso Editorial, 1892.

- Modesto Lafuente; Juan Valera. Historia General de España. Desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Tomos XV y XVI. Barcelona. Montaner y Simón Editores, 1889.

 - Jose María Queipo de Llano, conde Toreno. Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Biblioteca de autores españoles. Tomo LXIV de la colección. Madrid. M.Rivadeneyra-Impresor-Editor, 1872.

 - Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo I. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861.

 -  - Miguel Agustín Príncipe. Guerra de la Independencia, narración histórica. Tomo segundo. Madrid. Imprenta del siglo a cargo de Ivo Biosca. 1846.

- Memorias de Don Manuel Godoy, Príncipe de la Paz. Tomo VI. Gerona. Librería de Vicente Oliva, 1841.

- Michael J. Quin. Memorias históricas sobre Fernando VI, rey de España. traducción del inglés de Joaquín García Jiménez. Tomo primero.Valencia. Imprenta de Gimeno, 1840. 

- Juan Escoiquiz. Idea sencilla de las razones que motivaron el viage del rey D. Fernanddo VII a Bayona, en el mes de abril de 1808. Madrid. En la Imprenta Real, 1814.

- Pedro Cevallos. Exposición de los hechos y mauinaciones que han preparado la usurpación de la Corona de españa y los medios que el emperador de los franceses ha puesto en obra para realizarla. Madrid. En la Imprenta Real, 1808.