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sábado, marzo 04, 2023

Cronología de la Historia: 1808-12. Napoleón en España (cap. 14)

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1808-12

Llega Napoleón, y España a su aire
Tras las resistencias de Zaragoza, Gerona, Valencia, el Bruch, y sobre todo, tras la batalla de Bailén, las tropas invasoras iniciaron la retirada o se replegaron a posiciones más seguras, próximas Francia.

A lo largo del mes de agosto se propagaron por toda la geografía peninsular, infinidad de manifiestos y proclamas de reconocimiento de Fernando VII, planteándose distintos criterios de organización, y representación de las distintas provincias. También en tierras americanas, se producirán proclamaciones en favor del nuevo rey.
Situación estratégica de Europa en 1808 (clicar para agrandar)
Traducción al español del mapa original 
Fuente: The Department of History. United States Military Academy
Los cuerpos de ejército españoles, tratarán de reorganizarse y avituallarse, sin lograr un único mando militar. Empezarán a formarse grupos armados, poco disciplinados, al frente de los cuales se pondrán los personajes más atrevidos, y con más personalidad, cuyas acciones futuras serán decisivas para ayudar en la derrota de los invasores. Las Juntas provinciales y locales, que fueron determinantes, en los levantamientos e insurrecciones contra los franceses, entrarán en una fase de discordias, disputándose la supremacía entre provincias, retrasando una política y acción coordinadas. 

Mientras que, en España, sin un estamento director, se desaprovechaban tiempos y recursos, Napoleón enviaba refuerzos para socorrer a su hermano José,  ponía a punto sus tropas, y planeaba recuperar el terreno perdido, para culminar la ocupación total de la Península. En noviembre se pondrá al frente de un numeroso ejército, con unos 250.000 hombres, logrando en un mes, vencer las resistencias, y entrar triunfante en Madrid el 2 de diciembre*.
Alegoría del segundo sitio de Gerona
Enrique Estevan y Vicente (1849-1927)
Portada de La Ilustración Artística
Fuente: Biblioteca Nacional de España

* Frente a un ejército numeroso, disciplinado en combate, bien aprovisionado, unos generales capacitados y experimentados, bajo el mando indiscutible de un Napoleón en plenitud, poco podían hacer las fuerzas regulares españolas, escasas en número, mal adiestradas, mal abastecidas y no siempre bien dirigidas, con unos altos mandos incapacitados en ocasiones, para capitanear tropas, por la tradicional endogamia de recaer los generalatos, casi exclusivamente, en miembros de la nobleza, sin atender a méritos contrastados, y también por el irreflexivo ambiente popular de la insurrección. La falta de un mando único militar creíble y respetado, agravará el resultado de la campaña militar, donde los sucesivos enfrentamientos contra los franceses, serán casi siempre, otros tantos fracasos. 

Tras las derrotas de los cuerpos de ejército españoles y la capitulación de Madrid, en el mes de diciembre se producirán rebeliones, y actos sediciosos entre las propias tropas de España. También la población llana, repetirá violentos episodios, contra algunos mandos y personas, acusados de traidores.  

La relación de los hechos más destacables del vertiginoso 1808, entre agosto y diciembre,  es la siguiente:

Agosto de 1808
El día 6. Se produce la insurrección de Bilbao, constituyéndose una Junta. La rebelión será sofocada por los franceses a mediados de mes, causando grandes bajas y daños a la población.

Día 9. Proclamación de Fernando VII en Méjico.

Día 12. Hacia el día 10 del mes de julio, el general Duhesme, jefe de las fuerzas ocupantes en Cataluña, se había puesto al frente de unos 6.000 hombres, que junto con otros 5.000, llegados de Francia y Figueras, intentarían sitiar y rendir a Gerona, por segunda vez. El acoso continuo de los somatenes, las escaramuzas con tropas regulares españolas, y el apoyo desde el mar de una fragata británica, ralentizará la marcha de Duhesme, ocasionándole pérdidas de hombres y armas, y hasta el 12 de agosto no atacará la ciudad. La asistencia de varios destacamentos de tropas en apoyo de Gerona, y la acción decidida de la guarnición gerundense que saliendo de la población, contratacó a los franceses, forzaron la retirada de Duhesme y su ejército, días después. Los franceses lo volverán a intentar en mayo de 1809.
Ilustración del libro Historia crítica de la guerra de la Independencia en Cataluña
Dibujo de Joan Serra Pausas (1861-1902)
Fuente:

Día 13. Entrada en Madrid del ejército de Valencia, al mando del general, Pedro González Llamas. 

Día 15. Las tropas napoleónicas se retiran de Zaragoza, acaba el primer sitio de la ciudad.

Día 16. Termina el primer sitio de Gerona con la retirada de los sitiadores.

Día 23. Llegan a Madrid las tropas del ejército de Andalucía, al mando del general Castaños.  

Día 25. Proclamación en Madrid como rey, de Fernando VII, que seguía en Francia.. 
Madrid, proclamación de Fernando VII
Dibujo de Zacarías González Velázquez (1763-1834)
Grabado de Blas Atmeller Rotllán (1763-1841)
Coloreado digitalmente 
Fuente: Biblioteca Digital Memoria de Madrid
Septiembre de 1808
Día 5. Se celebra en Madrid un consejo de generales, para tratar sobre las operaciones militares, y tácticas de guerra. Asisten los generales Castaños, Cuesta, la Peña y González Llamas en persona, y los generales Blake y Palafox, representados. Acordarán el despliegue de las tropas, pero no conseguirán ponerse de acuerdo en elegir un general en jefe. El total de las fuerzas regulares estaría en unos 130.000 hombres, incluyendo 6.000 jinetes y 2.000 artilleros. Las rivalidades entre los generales, y especialmente, la arrogancia de García de la Cuesta, servirán para debilitar, aún más, la capacidad militar de la nación.    

Día 20. Tropas del ejército de Galicia, desalojan de Bilbao a unos 1.200 militares franceses.

Día 25. Tras varios intentos de crear un órgano de mando único (1), queda constituida en Aranjuez, la Junta Central Suprema y gubernativa del reino, compuesta en principio por 34 miembros, en representación de las distintas provincias. Serán nombrados como presidente interino, el conde de Floridablanca, y como secretario general, Martín de Garay (2). 

Aranjuez: fachada principal Real Palacio
De la colección de litografías de los Reales sitios de1832, encargadas por Fernando VII
Dibujos en base a cuadros de Fernando Brambilla (1763-1834)
Colección dirigida por José de Madrazo y Agudo (1781-1859)
Litografía de Victor Alexis (1800-1840)
Retoques: recorte estampa, coloreado digital
Fuente: Universidad de Sevilla 
Día 27. Las tropas del marqués de Portago que habían expulsado de Bilbao a los soldados napoleónicos, deben evacuar la ciudad, ante la llegada de un numeroso ejército francés de 14.000 hombres, al mando del mariscal Ney.

(1) Había tres criterios principales sobre el modo de constituir el mando único. Unas provincias postulaban mantener la situación federativa con las juntas; otras abogaban por convocar Cortes generales y nombrar un regente del Reino, y por último estaban quienes apostaban por una Junta Central, con diputados de las juntas provinciales, y un presidente, en representación del rey.   

(2) Uno de los vocales de la Junta Central fue Jovellanos, cuya personalidad, con ideas liberales y moderadas, contrastaban con las de Floridablanca, cuyo prestigio, quedaba oscurecido por su actitud autoritaria de otros tiempos. Esta disparidad de criterios, se reflejó en las discusiones y disposiciones de la Junta, llegando a tener hasta tres facciones políticas entre sus componentes. Sorprendió a la opinión pública, que una de las primeras medidas adoptadas, fuese el de asignar un generoso sueldo de 120.000 reales para cada uno de sus miembros. Para el ejercicio del gobierno quedaron constituidas cinco secciones: Estado, Gracia y Justicia, Guerra, Marina y Hacienda. La lenta dinámica en las tomas de decisiones, no favoreció la prontitud en la adopción de acuerdos que la situación requería.        

Octubre de 1808
Día 1. Un decreto de la Junta Central, organiza las fuerzas militares españolas en cuatro ejércitos, el de la izquierda, al mando de Joaquín Blake, lo compondrán los cuerpos de Galicia y Asturias, a los que se unirán tropas de Castilla, Vizcaya y Murcia; el de la derecha o de Cataluña, quedará al mando de Juan Miguel de Vives ; el del centro, tendrá al general Castaños como jefe, y el de Aragón, será dirigido por José Palafox.   
Pedro Caro Sureda, III marqués de La Romana
Cuadro de Vicente López Portaña (1772-1850)
Fuente: Museo Nacional del Prado

Día 9. Desembarcan en Santander unos 8.000 soldados, de las fuerzas españolas, al mando del marqués de la Romana, que se encontraban estacionadas en Dinamarca, y que fueron transportadas por navíos ingleses. Otros 5.000 soldados españoles permanecerán en tierras nórdicas. 

Día 12. Decidido el general Blake, al mando del ejército de Galicia, a recuperar Bilbao, ataca con todos los efectivos, obligando al mariscal Ney y sus tropas a abandonar la ciudad. Blake, fijará su cuartel general en la capital vizcaína.

Día 20. Tropas españolas al mando del coronel, Juan de la Cruz Mourgeon, con unos 1.000 hombres, ocupan la localidad navarra de Lerín.

Días 26-27. Atacan los franceses a Lerín, con numerosos efectivos y artillería, debiendo de capitular los defensores, al no recibir los refuerzos acordados con el general Grimarest.

Día 27. Las tropas españolas al mando del general Juan Pignatelli, que ocupaban Logroño, la abandonan precipitadamente, dejando en su retirada cañones y pertrechos. Tal acción provocará la sustitución de Pignatelli.

Día 31. El general francés Lefevbre ataca en Zornoza (Vizcaya), a las tropas del General Blake, quien carecía de artillería, al haberla enviado a Bilbao. El enfrentamiento se saldará con la retirada de Blake, y con la ocupación nuevamente de la capital vizcaina.

Noviembre de 1808
Día 3. Llegada de Napoleón a Bayona. Reorganiza sus fuerzas en la Península, en 8 cuerpos de ejército. El total de tropas imperiales ascendían a unos 250.000 soldados, incluyendo 50.000 jinetes, y numerosas piezas de artillería.
Entrada de Napoleón en España
Dibujo de Felix Philippoteaux (1815-1884)       Grabado de Alexandre Hurel (1827-18..)
Histoire de l'Empire. Adolphe Thiers (1797-1877)

Source gallica.bnf.fr / Bibliothèque nationale de France
Día 5. Tropas españolas, al mando del general Vicente María de Acevedo, sorprenden y hacen huir, en el valle de Balmaseda, al general francés Villatte y sus tropas.

Día 6. El mariscal Gouvión Saint-Cyr, con unos 25.000 hombres procedentes de Francia, fija su cuartel general en Figueras. Bloqueada Barcelona por tropas españolas, Saint-Cyr sitiará a la población de Rosas, principal puerto de suministros de la ciudad condal.

Día 8. Napoleón llega a Vitoria, reuniéndose con su hermano José.

Días 9-10. Las fuerzas napoleónicas se enfrentan en las cercanías de Burgos, a tropas de Extremadura, al mando del inexperto conde de Belveder, con el predecible resultado de victoria francesa, y el posterior saqueo de la ciudad. Napoleón fijó su cuartel general en la ciudad.
Burgos. Napoleón observa a unos soldados
descansando
Ilustración de Onfray de Breville (1858-1931)
Días 10-11. Tras varios días con enfrentamientos parciales y escaramuzas, Joaquín Blake, con unas tropas esquilmadas, decide plantear batalla a las tropas napoleónicas de los generales Victor y Lefèbvre, en las cercanías de Espinosa de los Monteros, al norte de Burgos. La pérdida de varios jefes militares, numerosa bajas y la mayor solvencia de las fuerzas francesas, obligan a Blake y al resto de sus tropas a retirarse, perdiendo las piezas de artillería. La batalla de Espinosa de los Monteros, fue la primera gran derrota española, del nuevo ciclo que se abría con la llegada de Napoleón. El conde de Belveder huirá hasta Segovia y será relevado del mando, por el veterano general, José de Heredia.

Día 12. El emperador dicta un decreto, según el cual concedía el perdón general y amnistía, a todos los españoles que, en el plazo de un mes, renunciaran a las armas, y a la alianza con los ingleses. La medida no afectaba a algunos destacados personajes, que habían jurado en Bayona, fidelidad al rey José I, y lo habían abandonado.   

Día 13. Tropas inglesas y portuguesas, en número de 20.000 soldados, al mando del general inglés, John Moore, llegan a Salamanca. A estas fuerzas se unirá otro contingente de 10.000 hombres desembarcados en La Coruña.

Día 16. El mariscal Soult, recupera Santander para los franceses.

Día 23. Batalla de Tudela y Cascante, con derrota de una amalgama de tropas españolas, procedentes del ejército del centro y Andalucía (Castaños), Aragón (Palafox), Valencia y Murcia. La acción costó numerosas bajas, entre muertos y heridos, y más de 2.000 prisioneros. Tropas del mariscal Ney saquearán poblaciones de Soria. Vencidos los ejércitos españoles del norte y centro, Napoleón asegurará su marcha hacia Madrid, y aprovechará para reforzar las guarniciones más importantes del País Vasco y Navarra. 
Batalla de Tudela
Cuadro de January Suchodolski (1797-1875)
Museo Nacional en Varsovia
Día 24. Joaquín Blake, y el marqués de La Romana, que había asumido el mando del ejército de la izquierda, consiguen agrupar en León, 16.000 soldados, que andaban desperdigados, tras los últimos reveses militares.

Día 29. Tropas al mando del general Venegas, situadas en Bubierca (Zaragoza), consiguen  proteger, la marcha del mermado ejército del centro, al mando del general Castaños, con órdenes de la Junta Central de dirigirse a Sigüenza, donde el vencedor de Bailén, será relevado, y nombrado presidente de la Junta militar.
La batalla de Somosierra (1816)
Pintura al óleo de Horace Vernet (1789-1863)
Muzeum Narodowe w Warszawie (Polonia)
Día 30. Tropas napoleónicas, con especial protagonismo de los lanceros polacos, consiguen dispersar a los defensores del alto de Somosierra, al mando del mariscal Benito San Juan, que pese a sus medidas de defensa y ejemplo, poco podía hacer frente a uns tropas mejor preparadas y más numerosas. Esta fue la única acción armada en España, que Napoleón dirigió directamente. Salvando el paso entre las dos Castillas, Madrid quedaba al alcance del emperador.

Diciembre de 1808
Día 1. La Junta Central abandona Aranjuez con la intención de ir a Badajoz, si bien irán cambiando de ciudad, según avance el ejército napoleónico, para finalmente dirigirse a Sevilla.

Día 3. Las tropas imperiales llegan a Madrid, se apoderan del Retiro, y controlan las principales calles. Napoleón no ordena los habituales saqueos, pretende congraciarse con el pueblo madrileño. Fija su cuartel de mando en Chamartín, a las afueras de la ciudad.

Día 4. El emperador intima la rendición de la capital. El general Tomás Morla ostenta la representación de la ciudad, en sustitución del huído duque del Infantado. Pese a la oposición de una parte de la población, finalmente se firma la capitulación de Madrid (1).
La capitulación de Madrid
Cuadro de Antoine-Jean Gros (1771-1835)
Musée de l'Histoire de France 
Día 5. Después de resistir 29 días el asedio francés, capitula la defensa de Rosas, quedando prisionera toda la guarnición, que había resistido las acometidas francesas, con ayuda de una escuadrilla de naves inglesas.

Día 7. Elementos sediciosos de la soldadesca, con participación de un fraile, promueven disturbios en Talavera de la Reina, acabando con la vida de varios jefes militares, entre ellos el general Benito San Juan, cuyo cadáver ultrajarán. Le sucederá en el mando del ejército de Extremadura, el general José María Galluzo. 

Día 10. Una nutrida representación de todos los estamentos sociales de Madrid, son recibidos por Napoleón, a quien manifiestan su agradecimiento por las satisfactorias condiciones de la capitulación, y le piden la restauración de José I como rey. En esta misma fecha, los restos de las tropas del ejército del centro y columnas desperdigadas, entran en la ciudad de Cuenca, donde intentarán recuperarse y reorganizarse. 

Día 16. Batalla de Llinars-Cardedeu. En la comarca del Vallés, tropas del general Vives se enfrentan a las del mariscal Saint-Cyr. Tras un comienzo favorable para los españoles, con bajas y captura de prisioneros del enemigo, la reacción a la desesperada de las tropas francesas, se resuelve con su victoria, ocasionándonos unos 500 muertos, capturando cañones y pertrechos, y haciendo más de 1.000 prisioneros. Con esta acción, el bloqueo de Barcelona quedaba roto.
Batalla de Llinars-Cardedeu
Dibujo de Jean-Charles Langlois (1789-1870)
Retoques: recorte estampa, coloreado digital
Ilustración del libro Voyage pittoresque et militaire en Espagne 
Día 17. Los miembros de la Junta Central llegan a Sevilla, donde son recibidos con gran entusiasmo.  

Día 19. Los franceses ocupan Toledo sin resistencia.

Día 20. Desde Sierra Morena hacia el norte de la Península, sólo quedaba un reducto no conquistado por Napoleón, Zaragoza. Decididos a vencer la resistencia de la ciudad, los franceses habían congregado en sus alrededores, un gigantesco ejército, compuesto por fuerzas del mariscal Moncey, en número de 16.000 hombres, otros 18.000 soldados del quinto cuerpo, al mando del mariscal Mortier, refuerzos procedentes de Pamplona, del general Lacoste con ocho compañías de zapadores y dos de minadores, sesenta cañones, y cantidades enormes de municiones, pertrechos y elementos para la intendencia. Por parte de los aragoneses, su jefe, José Palafox, se había dedicado durante los meses anteriores a reforzar las defensas de Zaragoza, con más prisas que eficacia, preparándose para el asedio que los invasores iban a intentar por segunda vez. Las fuerzas defensoras, las constituían más de 30.000 hombres, con numerosas piezas artilleras, a las que habían añadido las capturadas a los franceses, tras su retirada en agosto. Toda la población se había preparado para el asalto enemigo. Comenzaba el segundo sitio de Zaragoza, que no concluiría hasta dos meses después, con la capitulación.   

Día 21. Tropas inglesas toman Sahagún. En la sitiada Zaragoza, los invasores se apoderan del estratégico alto de Torrero. En Cataluña tiene lugar el enfrentamiento de tropas de Saint-Cyr con restos de la fuerza españolas derrotadas en Llinars, al mando de Teodoro Reding, por la ausencia del general Vives. La acción, desarrollada en las proximidades de Molins de Rei, no podía acabar bien para las escasas, y desmoralizadas fuerzas españolas, frente  a unas superiores tropas francesas, motivadas por la reciente victoria, y reforzadas con soldados del general Chabrán. Como resultado de la acción, la población de Tarragona, culpó al general Vives de la derrota, y tuvo que ceder el mando a Reding, trasladándose la Junta del Principado a Tortosa. Saint-Cyr quedaba asentado con firmeza en Cataluña, reprimiendo con dureza cualquier atisbo de rebelión. 

Día 22. Napoleón y unos 60.000 soldados de sus mejores tropas, se dirigen a combatir a las fuerzas inglesas del general John Moore, quien indeciso, y desconfiando de su capacidad para vencer a las tropas imperiales, optará por retirarse y dirigirse a Galicia, con el fin de embarcarse hacia Inglaterra. 

Día 26. Después de cuatro días de duras marchas, con frío, nieve y lluvias, para cruzar la sierra de Guadarrama, Napoleón y su ejército, llegan a Tordesillas.
El ejército francés cruzando la Sierra de Guadarrama
Cuadro de Nicolás Antoine Taunay (1755-1830)
Fuente: Meisterdrucke


Día 27. La Junta Central fija su sede en Sevilla. 

Día 29. Tropas españolas de las mandadas por el marqués de La Romana, protegen en Mansilla de las Mulas, la retirada de las fuerzas de Moore. La acción costará unos centenares de muertos y unos 1.000 prisioneros, a los españoles. En Benavente, se produce una escaramuza entre tropas francesas y británicas, siendo hecho prisionero el mariscal Lefebvre.

Día 30. Fallece en Sevilla, con 80 años, el conde de Floridablanca, presidente de la Junta Central. Le sucederá el marqués de Astorga (2). 

Día 31. Salida de los sitiados de Zaragoza. En Astorga, ante la proximidad de Napoleón, las fuerzas inglesas de Moore y las españolas de La Romana abandonan la ciudad. Ahora serán las tropas británicas las que causarán saqueos, pillajes y disturbios en las poblaciones por las que pasen (3).

(1) Las primeras disposiciones decretadas por Napoleón, consistieron en cesar y apresar, a todos los componentes del consejo Real o de Castilla; abolir el tribunal de la Inquisición, como atentatorio a la soberanía y autoridad civil; reducir el número de conventos a la tercera parte; abolir los señorios y el derecho feudal; suprimir las aduanas interiores y trasladarlas a la frontera con Francia. Las medidas adoptadas granjearon apoyos y simpatías de las clases más ilustradas, cansadas de las arbitrariedades religiosas y civiles. El emperador, no devolvió inmediatamente la corona a su hermano José, ostentando y ejerciendo el mando, a discreción, lo que provocó el malestar de José Bonaparte, que en escrito de 8 de diciembre dirigido a su hermano, renunciaba a sus derechos al trono de España, y se ponía a su disposición.

(2) Resulta interesante la lectura de la descripción sobre ambos personajes, que el político Antonio Alcalá Galiano escribe en su obra Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España:

Recién llegada la Junta a Sevilla, murió su presidente el conde de Florida-Blanca. Honrose altamente su memoria elevando a la dignidad de grandes de España a los herederos de sus bienes y título. No era impropio recompensar así los servicios del difunto, que, no obstante sus faltas, había gobernado muchos años con próspera fortuna. pero si fue ensalzado su nombre, poco dolor causó su pérdida, porque los años habían menoscabado en gran manera sus buenas calidades, dejándole su afición al despotismo, y además una devoción supersticiosa con toda la tenacidad de una edad avanzada. Sucedióle en la presidencia el marqués de Astorga, conde de Altamira, de ilustrísima cuna y crecida riqueza, de condición buena y suave, de ningunas luces ni ciencia, pero amante del bien de su patria y de su rey,.. 

(3) Copio el párrafo que, sobre la retirada de Moore y La Romana, escribe Modesto Lafuente en su Historia General de España: 
Las tropas españolas escasas de todo, despeadas, andrajosas y medio desnudas; las inglesas perdido lo único que las hacía respetables, la disciplina; entregadas al desorden, al pillaje y a la embriaguez; escondiéndose en las tabernas y en las bodegas de las casas; abandonando los numerosos carros que conducían su inmenso material, y matando los caballos cansados para que no pudierans servir al enemigo; sin hacer caso de las proclamas de su general, e irritando y haciéndose odiosos a los españoles, que exclamaban: ¿qué amigos son éstos que dicen que han venido a defendernos, y saquean nuestras casas y destruyen nuestras obras públicas y queman nuestras poblaciones?

Bibliografía (Autor/es. Título del libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año).

-    José Antonio Vaca de Osma. La guerra de la Independencia. Madrid. Espasa Calpe S.A. 2002.

- Revista Ejército. La guerra de la Independencia. 210 aniversario (1808-2018). Nº extraordinario.Madrid. Ministerio de Defensa. 2018

- Javier Tusell. Rafael Sánchez Montero. Historia de España. El Siglo XIX. De la Guerra de la Independencia a la Revolución de 1868. Tomo XII. Edición para Biblioteca El Mundo. Pozuelo de Alarcón (Madrid), Editorial Espasa Calpe, 2004.

- Francisco Pi y Margall, Francisco Pi y Arsuaga. Historia de España en el siglo XIX. Barcelona. Miguel Seguí-Editor. 1902.

- Modesto Lafuente; Juan Valera. Historia General de España. Desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Tomo XVI. Barcelona. Montaner y Simón Editores, 1889.

- Antonio de Bofarull y Brocá. Historia crítica de la guerra de Independencia en Cataluña. Barcelona. F. Nacente. Editor. 1886.

- José Gómez de Arteche. Guerra de la Independencia, historia militar de España de 1808 a 1814. Tomo III. Madrid. Imprenta y litografía del depósito de la guerra, 1875.

 - Jose María Queipo de Llano, conde de Toreno. Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Biblioteca de autores españoles. Tomo LXIV de la colección. Madrid. M.Rivadeneyra-Impresor-Editor, 1872.

- John S.C. Abbott. History of Joseph Bonaparte. New York. Harper & Brothers Publishers. 1869.

-  Louis Adolphe Thiers. Histoire de l'Empire. Tomo II. Paris. Lheureux et Cie. Éditeurs. 1865.

- Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo I. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861.

- Adolfo Blanch. Cataluña. Historia de la guerra de la Independencia en el antiguo Principado. Barcelona. Imprenta y librería politécnica de Tomás Gorchs. 1861.

- Joaquín Blake y Orbaneja. Apuntes históricos sobre las operaciones del Ejército de Galicia desde su organización en Junio de 1808 hasta Noviembre del mismo año. Madrid. Imprenta y esterotipia de M. Rivadeneyra, 1858.

- Miguel Agustín Príncipe. Guerra de la Independencia, narración histórica. Tomo segundo. Madrid. Imprenta del siglo a cargo de Ivo Biosca. 1846.

- Estanislao de Kostka Vayo. Historia de la vida y reinado de Fernando VII de España. Madrid. Imprenta de Repullés.1842. 

- Fernando Merás. Cuadro Histórico-Cronológico de la Guerra de la Independencia. 1838.

- Sección de Historia Militar. Estados de la organización y fuerza, de los ejércitos españoles beligerantes en la Península, durante la guerra de España contra Bonaparte. Barcelona. Imprenta de la viuda de D. Antonio Brusi, 1822.

- Gazeta Ministerial de Sevilla.

- Gazeta de Madrid. 


Una web:




martes, enero 17, 2023

Cronología de la Historia: 1808-6. Primer sitio de Zaragoza (cap. 8)

Ver cap. anterior

1808-6

Del 8 de junio al 13 de agosto, primer sitio de Zaragoza

En Aragón, el general José Palafox había conseguido reunir una numerosa fuerza, con 10.000 hombres y unos 100 caballos; aunque el grueso de las tropas lo componían reclutas y voluntarios. Los militares veteranos, mandos incluidos, apenas llegaban a los 1.000.  

Para prevenir el peligro que pudiera representar el ejército de Aragón, Napoleón ordenó la salida desde Pamplona del general Lefèbvre-Desnouettes con unos 6.000 soldados, entre los que se contaban los afamados regimientos del Vístula y lanceros polacos a caballo. El 8 de junio llegaron a Tudela, donde la población había colocado obstáculos en el puente. Los franceses cruzaron el Ebro en barcas, a la altura de Valtierra, liberaron el puente, asaltaron la población tuledana, fusilaron a algunos desdichados y siguieron camino hacia Zaragoza.

Tudela: puente sobre el río Ebro
Fuente: Gran Enciclopedia de Navarra
En las proximidades de la villa de Mallén esperaba el hermano de Palafox, el marqués de Lazan, con tropas de voluntarios en su mayor parte. Los enfrentamientos se desarrollaron durante los días 12 y 13, pero la suerte estaba echada, y los aragoneses, en clara desventaja, a los que no ayudaba su indisciplina, que les hacía colocarse detrás de las propias fuerzas de línea, tuvieron que replegarse. En ayuda de los combatientes, salió Palafox de Zaragoza con unos 5.000 civiles mal equipados, dos cañones y 80 hombres a caballo. Dispuso a sus tropas en las cercanías de Alagón, población en posición elevada entre los ríos Jalón y Ebro. Pese a la inteligente estrategia montada por el general, y la larga defensa de la villa, la falta de veteranía y otra vez, la insubordinación de sus efectivos, hizo que los franceses saliesen victoriosos. Palafox, que había sido herido, tuvo que retirarse hasta Zaragoza. Los tres reveses sufridos en menos de una semana, no iban a acabar con la moral aragonesa.
José Palafox
Cuadro de Juan Gálvez (1774-1846)
Pintura de 1808
Fuente: Heraldo.es

Lefèbvre hizo descansar a sus tropas el día 14, y la mañana siguiente estaba a la vista de Zaragoza, que contaba con unos 30-35.000 habitantes. Para evitar mayores pérdidas, envió prisioneros como emisarios a la ciudad, con el mensaje de que depusiera las armas y se rindiera, propuesta que fue rechazada por la población.

El pueblo de Zaragoza, instigado moralmente, pese a los sacrificios padecidos, se dispuso a defender la ciudad de la mejor manera posible. Disponían los zaragozanos de numerosos cañones, pero no de munición; entre las tropas veteranas que se habían conseguido reunir, faltaban fusiles, acaparados por los paisanos. Situada en un llano, salvo por el frente del río Ebro, la ciudad no tenía ventajas estratégicas claras, y la táctica defensiva era más empeño y decisión de los defensores, que organización militar. 

Aun así, situaron cañones en las puertas de entrada, se prepararon algunas barricadas, y los combatientes se dispusieron a no claudicar y luchar hasta el final. Los defensores los componían unos 1.000 soldados veteranos y entre 5.000-6.000 paisanos, a los que prestarían apoyo mujeres y todos los zaragozanos que pudieran valerse. El general Palafox no estaba en la ciudad, había salido con un pequeño grupo de tropas hacia varias poblaciones, con el fin de conseguir refuerzos.
Plano de Zaragoza en el primer asedio a la ciudad
Atlas de la guerra de la Independencia. José Gómez de Arteche
Fuente: Biblioteca Digital Valenciana

A media mañana del día 15 de junio, las tropas francesas atacaron, con tres columnas, con la intención de romper la resistencia de las puertas del Portillo, Carmen y Santa Engracia. Sus avances eran detenidos una y otra vez; los intentos de entrada en la ciudad, repelidos; las tomas de posiciones, rechazadas. Los zaragozanos, sin una dirección única, intentaban reforzar los puntos más débiles, que iban cambiando según avanzaba el día. Ante la falta de metralla, echaron mano de rejas, herrajes y cuanto metal pudieron encontrar, los herreros trabajaban sin parar para proveer recursos, las mujeres suministraban líquidos, alimentos y municiones, etc. Al cabo de ocho extenuantes horas de pelea, los franceses se replegaron. Los "30.000 idiotas", que según palabras de Lefèbvre, osaban hacerles frente, habían contenido al poderoso ejército imperial. Lo sorprendente del caso fue que, los zaragozanos repelieron a los atacantes sin tener un líder y dirección clara, obedeciendo a impulsos de aquél que mostraba decisión y ascendente, fuera civil o militar. Se estimó que, en la llamada batalla de Las Eras, los franceses perdieron unos 500 hombres. Además, los zaragozanos capturaron seis piezas de artillería, municiones, caballos, armas y pertrechos de guerra.
Batalla de las Eras
Grabado de Fernando Brambila (1763-1834) y Juan Gálvez (1774-1846)
Retoques: recorte estampa, color digitalizado
Fuente: Biblioteca Nacional de España

En días sucesivos, mientras estaban a la espera de refuerzos, los franceses, se dedicaron a expoliar y cometer atrocidades en lo pueblos colindantes a su campamento. Con exploradores y avanzadas adquirieron un mayor conocimiento del terreno, y ubicaron una batería artillera en una posición elevada (Alto de la Bernardona, hoy Monsalud).
Combate de las zaragozanas con los dragones franceses
Grabado de Fernando Brambila (1763-1834)
 y Juan Gálvez (1774-1846)
Retoques: recorte estampa, conversión a gris
Fuente: Biblioteca Nacional de España

Por su parte, los defensores habían confiado el mando al corregidor Lorenzo Calvo de Rozas, bajo cuya dirección se dedicaron a reforzar las defensas, mejorar o instalar baterías de cañones, disponer barricadas para dificultar la temible caballería napoleónica, reorganizar las tropas, cavar zanjas y fosos, acopiar municiones y recursos, atender a los heridos y dar sepultura a los muertos. En la febril actividad ayudaron mujeres, niños y clérigos.

El general José Palafox, que se mantenía fuera de Zaragoza capital, había conseguido reunir un ejército de unos 3.000 hombres, una fuerza considerable, con la que pretendía evitar que los franceses cortaran el suministro de salitre, necesario para la fabricación de pólvora, y que procedía de los molinos de Épila, población situada a unos 35 km. de Zaragoza. Pese a la opinión de otros oficiales, Palafox pensaba que podía vencer a la retaguardia francesa, pero no fue así, y en los combates que se produjeron entre los días 22 y 23, sufrió una cuarta derrota, con la pérdida de la mitad de sus fuerzas. Los vencedores, una vez más, saquearon el pueblo y acuchillaron a quienes encontraron en él. La derrota sirvió para convencer a Palafox que no podía derrotar en campo abierto a las tropas imperiales.
El Pilar no se rinde 
Episodio de la defensa de la ciudad frente a los franceses
Cuadro de Federico Jiménez Nicanor 
El cuadro fue adquirido por el Museo del Prado y actualmente se expone en el Museo de Zaragoza
Fuente: Museo del Prado

Una catástrofe vendría a sumarse a los padecimientos de los zaragozanos. El día 27, se produjo una tremenda explosión en el seminario, que sacudió a toda la población. Había estallado el depósito de pólvora situado en el edificio, donde mujeres, niños y religiosos, elaboraban cartuchos. El seminario quedó prácticamente destruido, así como edificios cercanos. Los muertos ascendieron a siete personas, con multitud de heridos y quemados.  

Ruinas de seminario
Grabado de Fernando Brambila (1763-1834)  y Juan Gálvez (1774-1846)
Retoques: recorte estampa, conversión a gris
Fuente: Biblioteca Nacional de España
Llegamos al día 30 de junio, en el que los franceses, reforzados con más tropas venidas desde Pamplona, con numerosas piezas de artillería, y fortalecidos con la captura de los altos de Torrero, donde habían instalado cañones y morteros, empezaron a bombardear la ciudad desde ese punto, y desde el alto de la Bernardona. El mando de las tropas pasó de Lefèbvre al general Verdier, con quien habían llegado los refuerzos. 
Agustina de Aragón
Obra de Augusto Ferrer-Dalmau Nieto
Fuente: Web del autor

La mañana del día 1 de julio, comenzó con un bombardeo generalizado a todas las posiciones defensivas de la ciudad, los cañonazos franceses habían conseguido dejar sin artilleros las piezas situadas en la puerta del Portillo, y aquí tuvo lugar otro de los hechos heroicos, ensalzado por pintores y escritores. Una mujer joven, viendo que una avanzada francesa pretendía entrar por la puerta indefensa, cogió una mecha encendida de las manos de un artillero caído, y prendió fuego a un cañón que con su disparo provocó una matanza entre los asaltantes. La heroína se llamaba Agustina Zaragoza y permaneció armando la batería, hasta que otros artilleros la reemplazaron.

Los defensores aprendían rápido, cada vez se organizaban con más método y disciplina. Algunas tropas procedentes de Cataluña se habían incorporado, y una buena noticia alegró a las gentes, con la entrada en la ciudad de su capitán general, José Palafox, así que cuando el día 2, los atacantes reanudaron los bombardeos y asaltos, fueron rechazados repetidamente, y sufrieron importantes bajas. 
Batería del Portillo
Grabado de Fernando Brambila (1763-1834)  y Juan Gálvez (1774-1846)
Retoques: recorte estampa, apagado sepia
Fuente: Biblioteca Nacional de España 
En los días siguientes, el general Verdier consiguió cortar los suministros de pólvora y víveres que llegaban por la zona del río Ebro, y había logrado ocupar algunos edificios. Nuevas tropas se incorporaban al ejército francés, y recibían más cañones, morteros y obuses que montaban en nuevas baterías, próximas a la ciudad. Se calcula que los franceses llegaron a disponer de hasta 16.000 soldados.
Batería de Sta. Engracia
Grabado de Fernando Brambila (1763-1834)  y Juan Gálvez (1774-1846)
Retoques: recorte estampa, apagado sepia
Fuente: Biblioteca Nacional de España 
También se habían reforzado los defensores, cuyo número hacia el 10 de julio, estaría cercano a los 9.500 efectivos armados, con unos 7.000 paisanos y el resto, tropa veterana. Durante todo el mes de julio se sucedieron bombardeos, escaramuzas y acciones aisladas, en las que los combatientes españoles mostraban más preparación y determinación cada día. También afloraban los conflictos internos entre los zaragozanos, causados por sospechas y dudas sobre la existencia de delatores y traidores dentro de las propias filas, lo que dio lugar a más de un hecho lamentable.  
Ruinas del patio y costado de la iglesia de Sta. Engracia
Grabado de Fernando Brambila (1763-1834)  y Juan Gálvez (1774-1846)
Retoques: recorte estampa, apagado sepia, aumento brillo
Fuente: Biblioteca Nacional de España 
A finales de julio y primeros días de agosto, los atacantes redoblaron los bombardeos, cayendo el día 3, más de 600 bombas, provocando el derrumbe y ruina de numerosos edificios de la zona del Carmen, el Coso y Santa Engracia, incluyendo el bombardeo del hospital. Peor iba a ser el día 4 de agosto, cuando una enorme batería francesa, compuesta de 26 piezas de artillería, entre cañones, obuses y morteros, instalada frente a la puerta de Santa Engracia, haciendo fuego contra el convento del mismo nombre, lo destruyó y causó la muerte de sus defensores.
Alarma en la torre del Pino
Grabado de Fernando Brambila (1763-1834)  y Juan Gálvez (1774-1846)
Retoques: recorte estampa, aumento brillo, color digitalizado
Fuente: Biblioteca Nacional de España 
Los franceses aprovecharon los pasos abiertos, y entraron en la ciudad por Santa Engracia y Camporreal, librándose a continuación, encarnizados enfrentamientos cuerpo a cuerpo con los defensores. El general Verdier envíó un mensaje a Palafox: Paz y capitulación; la respuesta del general aragonés es: Guerra a cuchillo. La lucha siguió sin tregua, los franceses ocuparon el convento de San Francisco y el hospital, los zaragozanos retrocedieron hasta el arrabal, confiando en aguantar lo suficiente hasta la llegada de nuevos refuerzos que habían ido a buscar Palafox y sus hermanos. La población aterrorizada huía por el puente de piedra, colapsando el paso, hasta que se consiguió calmar a la muchedumbre, con amenazas y exhortaciones de los religiosos. Con un refuerzo de 600 hombres del arrabal reclutados por el corregidor Calvo, se renovó la lucha. Los franceses que perseguían a los zaragozanos, al desconocer las calles de la ciudad, se metían en ratoneras, donde eran objeto de disparos desde las casas y pasados a cuchillo por los desesperados habitantes. Muchos de los soldados invasores, ansiosos por cobrar su botín, derribaban puertas para saquear las propiedades, y pagaban su avaricia con la muerte. El cúmulo de cadáveres y escombros era abrumador. El general Verdier fue herido y Lefebvre volvió a asumir el mando francés.    
Rescate heroico de obús en la calle del Coso
Grabado de Fernando Brambila (1763-1834)
  y Juan Gálvez (1774-1846)
Retoques: recorte estampa, aumento brillo
Fuente: Biblioteca Nacional de España 
 

En su obra sobre los sitios de Zaragoza, escrita por el zaragozano Agustín Alcaide Ibieca, combatiente y testigo directo de los hechos, se encuentra el siguiente pasaje, que da una idea de la frenética lucha:
El entusiasmo y valentía de los patriotas iba subiendo de punto. Zaragoza parecía un volcán en el estrépito, en las convulsiones, y en los encuentros rápidos con que donde quiera se luchaba y acometía. Todo era singular y extraordinario: unos por las casas, otros por las calles: en un extremo avanzando, en otro huyendo; cada cual sin orden, formación ni táctica, tenía que hacer frente donde quiera le acometía el riesgo: franceses y españoles andaban mezclados y revueltos: rara cosa se hacía por consejo u orden; y todo lo gobernaba el acaso. Agustín Alcaide Ibieca. Historia de los dos sitios que pusieron a Zaragoza...

Los combates del día 4 de agosto fueron memorables, y muchas fueron las personas que destacaron ese día por su valor, decisión y entrega. 

La búsqueda de refuerzos dio resultados y el mismo día 5 llegó a Zaragoza el marqués de Lazán con 500 guardias. Otras tropas procedentes de Cataluña estaban en el pueblo de Osera y un contingente de unos 5.000 soldados de Valencia, ya se encontraban en tierras de Aragón.

Los combates dentro de la ciudad continuaron hasta el día 8 de agosto, en el que José Palafox consiguió penetrar en la ciudad con unos 3.000 hombres reclutados en Huesca. El general convocó una reunión de mandos y autoridades, en el que decidieron continuar la lucha hasta las últimas consecuencias. Pero un hecho ocurrido en tierras andaluzas, iba a cambiar la situación. Los rumores sobre la derrota francesa en Bailén, se confirmaban y los franceses, aunque incrédulos, recibieron la orden de evacuar. El día 13 de agosto, Lefèbvre ordenó la retirada, destruyendo los edificios que ocupaban, y arrojando al río Huerva las piezas de artillería que pudo. En su marcha hacia Navarra, sus tropas fueron perseguidas y acosadas por los refuerzos que habían llegado desde Valencia.

Vista de la calle del Coso
Grabado de Fernando Brambila (1763-1834)   y Juan Gálvez (1774-1846)
Retoques: recorte estampa, aumento brillo, color digitalizado
Fuente: Biblioteca Nacional de España 

Atrás quedaba Zaragoza en ruinas. Sus habitantes homenajeaban a los fallecidos con funciones religiosas en el templo del Pilar, y se disponían a reconstruir o reparar sus casas, o intentar rehacer sus vidas. Poco tiempo les iba a durar la tranquilidad.

Continúa en cap. 9


Bibliografía (Autor/es. Título del libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año).

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- Lt. Colonel Clerc. Guerre d'Espagne. Capitulation de Baylen. Paris. Albert Fontemoing Editeur, 1903.

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- Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo I. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861.

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-  Agustín Alcaide Ibieca. Historia de los dos sitios que pusieron a Zaragoza en los años 1808 y 1809 las tropas de Napoleón. Madrid. Imprenta de D.M. de Burgos, 1830-1831. 

- Sección de Historia Militar. Estados de la organización y fuerza, de los ejércitos españoles beligerantes en la Península, durante la guerra de España contra Bonaparte. Barcelona. Imprenta de la viuda de D. Antonio Brusi, 1822.

- Antonio José Carrero. Baylen. Descripción de la batalla y auxilios que en ella dieron los vecinos. Jaén. Imprenta de D. manuel Gutiérrez, 1815.

- Raymundo Ferrer. Barcelona cautiva,...,desde el 8 de febrero de 1808 hasta el 28 de mayo de 1814. Barcelona. Oficina de Antonio Brusi, 1815.

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