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sábado, enero 21, 2023

Cronología de la Historia: 1808-7. Cataluña (cap.9)

Ver cap. 8

1808-7

Cataluña, del 2 al 21 de junio

En febrero de 1808, las tropas napoleónicas habían ocupado varias plazas estratégicas cercanas a Francia, con las que se aseguraban aprovisionamientos, acampadas, y el despliegue de sus tropas por toda la Península. Junto con San Sebastián y Pamplona, los franceses habían ocupado el castillo de Figueras y Barcelona, descartando a Gerona, a la que consideraban de escaso interés militar. 

Castillo de San Fernando. Figueras
Fuente: Castell de Sant Ferran - Figueres
Transcurridos tres meses desde su entrada en el Principado, las fuerzas imperiales habían aumentado desde los 5.000 soldados iniciales hasta más de 15.000 hombres acantonados en el mes de mayo, a los que había que alojar y alimentar. La inicial convivencia con los militares, fue mudando con el tiempo en contenida hostilidad. La variopinta soldadesca napoleónica se daba a pillajes y excesos, sin que sus mandos lo impidiesen, entre otras cosas porque eran partícipes de corruptelas y abusos de poder.

La quema del papel sellado
Obra de Francesc Cuixart Barjau
Ajuntament de Manresa
Las primeras demostraciones significativas, del malestar de los ciudadanos, se produjeron en Lérida, Tortosa y Manresa. En la ciudad ilerdense, la indignación popular se manifestó el 28 de mayo, y el 2 de junio quedó formada una Junta de Defensa Local, que el día 16 se constituiría como Junta Central del Principado. Días después se declararán en rebeldía Tortosa y Manresa. En esta última población se produjo un hecho fiel reflejo del enfado e irritación de los catalanes, contra el avasallamiento francés. Jueves 2 de junio, día de mercado en la ciudad manresana, llegan alguaciles que divulgan los edictos con la promulgación de nuevos tributos para mantener los ejércitos imperiales y su administración, las gentes alteradas cogen los papeles sellados y los rompen, dando vivas a Fernando VII, a la religión y la patria. Al día siguiente formarán una Junta, enviarán emisarios a otras poblaciones, y se prepararán para defenderse de los invasores. 

La relativa facilidad con la que los franceses habían ocupado Barcelona, debía haber generado un estado de confianza en el general Duhesme, jefe de las tropas francesas en Cataluña. Pensaría que sus fuerzas no corrían serios peligros en la zona, y de que contaba con los medios necesarios para aplastar los conatos de insubordinación que, esporádicamente se producían. Este pensamiento, transmitido a Napoleón, propició que el emperador decidiera enviar parte de sus fuerzas en la capital catalana, a las provincias limítrofes en rebeldía; 3.800 soldados irían a Zaragoza, en ayuda del general Lefèbve, y otros 4.200 a Valencia, en apoyo del general Moncey

El día 4 sale de Barcelona, una división francesa al mando del general Schwartz, con destino a Zaragoza, y con órdenes de sofocar los actos de rebelión que se habían producido en Manresa y Lérida. Las fuertes lluvias del día siguiente, les obliga a detener la marcha en Martorell, ya que las lluvias torrenciales, hacían impracticables el vado de rieras y arroyos. La tempestad resultó providencial para los habitantes de la comarca, ya que les dio tiempo de prepararse para sorprender y atacar a las tropas invasoras.

Combates en El Bruch
Cataluña, al igual que el resto de los territorios de la antigua Corona de Aragón, carecía de milicias regulares organizadas, al estilo de los territorios de la Corona de Castilla. En el Principado, existía una fuerza armada tradicional, no regular, independiente del ejército, el Somatén, y aunque había sido abolido por Felipe V, fue de nuevo activado en 1794. Formaban parte de la singular milicia, los habitantes de los pueblos que, al tañido de las campanas, acudían para intervenir en la ocasión que se tratara.
Zona de operaciones
Atlas Geográfico de España... (1790)
Matías López de Vargas (1730-1802)
Fuente: Biblioteca del Banco de España

Alertados los manresanos, igualadinos y veguerías cercanas de la marcha de las tropas francesas, se llamó a somatén a los vecinos; una vez congregados en las plazas, se les repartió pólvora y balas de hierro, al no disponer de plomo, para todos los que se presentaron con un arma. Puestos de común acuerdo, en detener a los soldados napoleónicos, los grupos armados se dirigen a los desfiladeros del Bruch, en las estribaciones de Montserrat. Entre pinares, rocas y matorrales, se dispusieron los somatenes de Manresa e Igualada, a los que se fueron uniendo más tarde, grupos de escopeteros de Calaf, Santpedor, Solsona, Cervera, Sallent, Cardona, etc. El día anterior, el camino había sido obstaculizado con troncos y rocas.

"Vista de la batalla dada en las colinas del Bruch en Cataluña el día 6 de junio de 1808"
Dibujo de Salvaddor Mayol (1775-1834)
Grabado de Josep Coromina i Faralt (1756-1834)
Color digitalizado

Era la mañana del día 6 de junio, un grupo de coraceros franceses, a caballo, se habían adelantado por el paso del Bruch, cuando una lluvia de balas cae sobre ellos. Los proyectiles atraviesan las corazas, caen los caballos, y tras la sorpresa del ataque, sigue la respuesta de los militares que, recompuestos cargan contra los tiradores, éstos a su vez retroceden, pero nuevos fusileros, de los somatenes de otras poblaciones se incorporan, y nuevas lluvias de balas caen sobre los sorprendidos soldados. Los franceses no se amilanan y acometen contra los escopeteros, que retroceden hasta Can Massana. La posición de los catalanes empieza a ser crítica pero extrañamente, el general Schwartz, desconfiando de los desfiladeros que hay más adelante, o quizás no queriendo arriesgar más, en una lucha en la que el enemigo tenía las ventajas de un terreno escabroso, deja de perseguir a los emboscados, y aprovecha para reagrupar, dar descanso a sus fuerzas y replantearse el ataque.

Las crónicas cuentan que nuevos tiradores de veguerías vecinas, se habían incorporado, y que entre los procedentes de Santpedor, llegaba un muchacho tocando un tambor. El sonido de la caja amplificado por las paredes montañosas, haría pensar a los franceses, que se incorporaban al combate, tropas de línea. El general Schwartz, pensando en esos posibles refuerzos de militares veteranos, decide regresar a Barcelona. Sobre el hecho del tambor del Bruch surgieron numerosos relatos e historias, con la duda sobre la personalidad del protagonista, identificado por algunos, como Isidre Llussà i Casanovas.

Fotograma de la película de 1948, "El tambor del Bruch"
Dirigida por Ignacio Ferrés Iquino (1910-1994) 
En su retirada, las fuerzas francesas serán hostigadas por tiradores dispersos, hasta que llegan a Esparraguera, donde sus habitantes, les tenían preparada una encerrona.
Los vecinos de Esparraguera contra los franceses
Litografía de Joan Serra Pausas (1861-1902)
Historia crítica de la guerra de la Independencia en
Cataluña. Antoni de Bofarull i Brocà (1821-1892)

Fuente: 
Transcribo el pasaje que, sobre el suceso, escribió el político e historiador francés, A. Thiers:

..., tomó la decisión de dar media vuelta. Entonces tuvo que vencer dificultades de todo tipo, particularmente en el pueblo de Esparraguera, que presentaba una larga calle con barricadas. A cada paso hubo de librar duros combates. Los hombres disparaban desde las ventanas; las mujeres, los niños, tiraban piedras desde los tejados y aceite hirviendo sobre la cabeza de los soldados. Finalmente, al pasar por un puente que había sido dañado de tal manera que se derrumbó al primer movimiento, uno de nuestros cañones fue arrastrado junto con la plataforma en el momento que la cruzaba. El general Schwartz, después de tener muchos muertos y heridos, entró en Barcelona el 7 de junio, extenuado por la fatiga. Era evidente que estos campesinos fanáticos, sin fuerza en campo abierto, volvíánse irreductibles detrás de las casas, de las calles con barricadas, de los puentes obstruidos, de las rocas, de los matorrales, en definitiva, detrás de cualquier obstáculo en el que ponerse a cubierto para combatir. A. Thiers. Histoire de l'Empire.

Las fuerzas francesas, sufrieron más de 400 bajas entre muertos y heridos, y perdieron un cañón. Los combates del Bruch fue el primer episodio, en el que las tropas de tierra de Napoleón tuvieron que huir de un enfrentamiento. 

Mejor le fueron las cosas al contingente francés que debía dirigirse a Valencia, y que debía pasar por Tarragona y Tortosa, cuyas revueltas había que sofocar. El general Chabran y sus tropas hicieron el camino sin dificultad, entrando el día 7 por la tarde en Tarragona, donde se encontraba un regimiento de guardias suizos al servicio de España, que se había mantenido pasivo hasta entonces. El general francés les ofreció unirse a sus tropas, a lo que se negaron. 

El día 9, Chabran tuvo que ponerse en camino de nuevo, pero no hacia Valencia, sino a Barcelona, ya que, como consecuencia de la humillación del Bruch, recibió la orden de regresar a la ciudad condal. El camino de vuelta, no sería tan tranquilo como el de ida, ya que conocedores los lugareños de los pueblos por donde debían pasar, de lo acontecido días antes en los pasos del Bruch, llamaron a somatén, y reuniendo alrededor de 3.000 hombres se dispusieron a cortar el paso de los franceses. En Vilafranca del Penedés estaba acantonado un regimiento de guardias españolas, a los que plantearon unirse a ellos, pero recelosos los oficiales de unir sus fuerzas a grupos indisciplinados, que días anteriores habían asesinado al gobernador de la plaza, don Juan Tuda y dos compañeros, por haber mostrado sus dudas sobre la conveniencia de atacar, decidieron escapar a Tortosa para engrosar las fuerzas regulares, acantonadas allí. 

"Heroica resistencia de la villa de Arbós en 1808"
Dibujo de Antonio Rodríguez Onofre (1765-1823)
Grabado por Luigi Fabri (1778-1835)
Fuente: Biblioteca Nacional de España

A los somatenes, sí se les unió, un destacamento de suizos que se dirigían a Tarragona, sin que su participación fuera destacable. Faltos de un liderazgo militar, los grupos de tiradores se dividieron en múltiples collas, sin una dirección y coordinación efectiva, que nada bueno anunciaba. Comenzadas las descargas de escopetas, los franceses respondieron con rapidez contratacando, y provocando la huida de los paisanos. La soldadesca napoleónica ya tenía justificación para robar y masacrar a la población. El Vendrell y Arbós, pagaron horriblemente su participación en la rebelión, soldados y oficiales napoleónicos, cometieron todo género de atrocidades, expolios y saqueos. 

"Derrota de los franceses en el Bruch"
Ilustración de Pablo Béjar Novella (1869-1920)
La estampa forma parte de la Historia de España en el siglo XIX, obra póstuma de Francesc Pi i Margall, redactada junto con su hijo Francisco Margall y Arsuaga 
 La imagen mostrada no existe en el ejemplar digitalizado por la BNE, al faltarle la hoja que contiene la ilustración.

De regreso a Barcelona, las tropas de Chabran y Schwartz, quedaron concentradas en Sant Feliú de Llobregat. La ofensa sufrida en El Bruch dolía; el general Duhesme no podía tolerarlo y decidió dar un escarmiento a los habitantes de las comarcas del Bagés y Anoia, así como al monasterio de Montserrat, donde pensaban que era el centro aglutinante de la rebelión.

Fuerzas conjuntas de Schwartz y Chabran, al mando de este último, partieron el 13 de junio hacia el Bruch y Manresa; componían el cuerpo del ejército, unos 5.000 soldados con numerosas piezas artilleras. Acamparon hasta el día siguiente en las afueras de Martorell, donde se aprovisionaron y dedicaron a las rapiñas y robos de costumbre. La pausa sirvió a los catalanes para organizarse mejor.

Retrato de Antoni Franch i Estalella (1779-1859)
Natural de Igualada, tuvo una participación destacada
en los combates del Bruch y en acciones posteriores
Cuadro original de Joan Brull i Vinyoles (1863-1912)
La imagen ha sido coloreada digitalmente a partir
de la copia en ByN
Fuente: Reial Acadèmia de Bones Lletres, Barcelona
A los somatenes se les habían unido soldados de fuerzas regulares que habían desertado de la guarnición de Barcelona. La Junta local de Lérida, que se mostraba muy activa, envió cuatro compañías de somatén, al mando del escribano Joan Baiget, con cuatro cañones, que junto con el que habían capturado los días precedentes, posicionaron en altura, por encima del paso del Bruch, debidamente camuflados.

En la mañana del 14 de junio, las tropas imperiales reanudan la marcha. Es de suponer que los continuos toques de campana de las iglesias, tendrían en alerta a los soldados franceses, y que no habría efecto sorpresa. Cerca de las laderas montañosas de Montserrat, reciben las primeras descargas de escopeta; los tiradores siguen la táctica de no avanzar, sino retroceder, procurando quedar al abrigo de la naturaleza del terreno, y obligando a los franceses a perseguirles. Cuando los perseguidores se encuentran a tiro de los cañones escondidos, son disparados, causando enorme daño y confusión entre los militares. El general Chabran, no puede  retroceder, y reagrupando a su gente, comienza un vigoroso ataque, que es repelido una y otra vez, por los disparos de los somatenes, que hacen fuego desde múltiples posiciones. Después de 10-11 horas de enfrentamientos, incapaces de contener los disparos, que siguen causándoles bajas, los imperiales se retiran a toda prisa, evitando el paso por las poblaciones. Este segundo episodio del Bruch, supuso mayores pérdidas humanas para los franceses que el primer suceso.

Las pérdidas sufridas por los invasores en los enfrentamientos, sirvieron para que los refuerzos que debían ayudar en los asedios de Zaragoza y Valencia, no llegaran. 

El primer sitio de Gerona
Tras los dos desastres soportados en el Bruch, el general Duhesme, se centró en mantener aseguradas las comunicaciones con Francia, y para ello envíó al sanguinario general italiano Guiseppe Lechi, con numerosas tropas hacia el Montgat, donde unos 9.000 somatenes les esperaban. Los franceses no atacaron de frente, como pensaban los paisanos, sino que los envolvieron por los flancos y los dispersaron rápidamente, provocando una desordenada retirada, en la que persiguieron y ejecutaron a cuantos tiradores encontraron. Tras el suceso del Montgat, las tropas imperiales entraron el día 17 en la rica población de Mataró, donde se dedicaron a todo tipo de excesos. Soldados y oficiales cometieron innumerables crueldades, asesinando, quemando, saqueando, robando, ultrajando, violando, etc., y todo ello, pese a la palabra dada por el voraz general Lechi, al dueño de la mansión donde se alojaban los altos mandos franceses, en el sentido de que acortaría la duración del latrocinio. En los días siguientes, numerosos carros, llenos de las riquezas y bienes robados, entraron en Barcelona.

Saqueo y masacre de Mataró
Litografia de Joan Serra Pausas (1861-1902)
Historia crítica de la guerra de la Independencia en
Cataluña. Antoni de  Bofarull i Brocà (1821-1892)
Coloreado digitalmente
Fuente: 

La mayor parte de las tropas siguieron camino hacia Gerona, dejando tras de sí, en los pueblos por donde pasaban, destrucción, robo y muerte. El propio general Duhesme se desplazó para tomar el mando de la expedición.

Custodiaban Gerona, el regimiento irlandés de Ultonia, al servicio de España, con unos 300 miembros, unos pocos artilleros y algunos marinos de los pueblos vecinos. Con ayuda de los soldados regulares, la participación del clero para encender los ánimos y la disposición de los ciudadanos, los gerundenses se organizaron para recibir a los franceses; fabricaron fusiles en Ripoll, hicieron 2.000 chuzos o picas, produjeron cartuchos para la fusilería y acopiaron balas de cañón. Para el día 19, habría unos 1.500 efectivos entre tropas veteranas y voluntarios, y contaban con hasta 42 piezas de artillería de varios calibres, montadas en armazones y baterías protegidas. 

Cuando el día 20 de junio, aparece el ejército napoleónico, las baterías de la ciudad disparan sus proyectiles y metralla contra los intrusos, que tienen que replegarse. La organización militar de la plaza se había hecho con esmero, y todas las personas útiles para las armas o no, tenían su misión encomendada para la defensa. Viéndose repelidos en sus ataques por el llano, los sitiadores intentaron una nueva maniobra, enviando a la caballería por la parte alta de la ciudad, para lo cual debían vadear el río Ter. Tremendo error, ya que puestos en aviso los somatenes de los pueblos circundantes, impidieron con sus disparos, que los jinetes, pudieran cruzar el río. Tras otros intentos frustrados de Duhesme para abrir brecha en la ciudad, pidió parlamentar con las autoridades de Gerona, para lo cual envió a un oficial y un corneta.

Sitio de Gerona
Litografia de Joan Serra Pausas (1861-1902)
Historia crítica de la guerra de la Independencia en
Cataluña. Antoni de  Bofarull i Brocà (1821-1892)
Fuente: 
Los emisarios entregaron unos pliegos a las autoridades, en los que los franceses utilizaban el lenguaje habitual de mezclar las buenas palabras con las amenazas. Mientras, las tropas de Duhesme aprovechaban la pausa, para ir adelantando posiciones, y avanzar las baterías con artilleros. Pero los tiempos de la inocencia habían terminado, los defensores no les daban tregua y seguían haciendo disparos de cañón y descargas de escopetas. El general francés, pidió parlamentar con autoridades de la ciudad, en su campamento; dos notables fueron elegidos para tratar con él, pero personados en el campamento invasor, lo único que oyeron fue pedirles la rendición, al tiempo que continuaban las previsibles estratagemas del francés, para ir ocupando terreno acercándose a las murallas, con el objeto de franquearlas.

Terminando el día 20, Duhesme realiza varios  ataques de distracción para confundir a los defensores, y alejarlos de determinados puntos de las defensas, para lanzar allí a sus tropas provistas de escalas al asalto de las murallas. Los gerundenses defienden sus puestos y repelen a los asaltantes que pueden, otros atacantes consiguen entrar en el recinto, y aparece la lucha cuerpo a cuerpo, picas, cuchillos y bayonetas se llenan de sangre. La población embravecida rechaza el ataque. Han pasado más de 16 horas de combates desde la mañana del día 20 hasta la madrugada del día 21. Cinco horas después, Duhesme y sus tropas, abandonan el sitio de manera intempestiva.

Los conquistadores de media Europa, tuvieron que sustituir los carros, con el rico botín que esperaban capturar, por los 32 carros con heridos que entraron en Mataró. Las pérdidas humanas de Gerona fueron escasas, frente a los más de tres centenares de muertos de las fuerzas francesas.

El primer asedio a Gerona resultó ser un fracaso para Napoleón, pero no sería el último.

Murallas de Girona
Cuadro de Modest Urgell Inglada (1839-1919)
Museu de Girona
Continúa en cap. 10

Bibliografía (Autor/es. Título del libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año). 

- Revista Ejército. La guerra de la Independencia. 210 aniversario (1808-2018). Nº extraordinario.Madrid. Ministerio de Defensa. 2018

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Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo I. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861.

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- Antonio José Carrero. Baylen. Descripción de la batalla y auxilios que en ella dieron los vecinos. Jaén. Imprenta de D. manuel Gutiérrez, 1815.

- Raymundo Ferrer. Barcelona cautiva,...,desde el 8 de febrero de 1808 hasta el 28 de mayo de 1814. Barcelona. Oficina de Antonio Brusi, 1815.

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