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lunes, enero 16, 2023

Cronología de la Historia: 1808-5. La Guerra (cap.7)

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1808-5 

España en revolución: la Guerra

Estamos a mediados de 1808. Todas las provincias están en armas o en alerta. La insubordinación contra el invasor, en mayor o menor grado, es generalizada. Las tropas napoleónicas concentran sus fuerzas en las plazas fuertes estratégicas y en Madrid, donde se espera la llegada de José Bonaparte para ocupar el trono vendido por los Borbones.

Llegados aquí, toca hacerse una pregunta, ¿se hubiera levantado la nación a una, de publicarse y dar publicidad al pueblo, las vergonzosas cartas que Fernando VII dirigió a Napoleón y José I, acatando su autoridad, jurando la Constitución de Bayona y fidelidad al rey José? 
Reclutas franceses camino de la frontera con España
Dibujo de Felix Philippoteaux (1815-1884)       Grabado de Alexandre Hurel (1827-18..)
Histoire de l'Empire. Adolphe Thiers (1797-1877)

Source gallica.bnf.fr / Bibliothèque nationale de France

Volvamos para atrás. Tras los levantamientos populares, creación de Juntas y formación de cuerpos militares en los distintos territorios, comenzarán los enfrentamientos armados contra los ocupantes. Lo cierto es que las escaramuzas e incidentes con la soldadesca gala eran habituales, y en SegoviaLogroño y Calahorra se habían producido enfrentamientos directos, rápidamente sofocados por los militares franceses. La necesidad de víveres y recursos, así como la imposición de tributos y pagos, para mantener las numerosas tropas invasoras, unido al comportamiento incívico e insolente de algunos soldados, no ayudaban para el buen entendimiento con los naturales del país. 

Valladolid y Santander, del 6 al 23 de junio
La primera acción de guerra importante, por el número de intervinientes y gravedad del resultado, tuvo lugar el día 12 de junio, en la localidad vallisoletana de Cabezón de Pisuerga. Los franceses que necesitaban asegurar la ruta entre Bayona y Madrid, temían que el capitán general de Valladolid, Gregorio García de la Cuesta, militar veterano y con prestigio, aglutinara y dirigiera fuerzas suficientes para cerrarles el paso hacia Madrid y Portugal.
Torquemada: puente del siglo XVI sobre el río Pisuerga
Fuente: Ayuntamiento de Torquemada
Para impedirlo, el mariscal Bessières mandó tropas desde Burgos, al mando del general Lasalle, con unos 4.000 soldados de infantería, 700 jinetes y 10 piezas de artillería. El día 6 de junio llegaron a la altura de Torquemada, donde unos 500 paisanos habían entorpecido el paso del puente con carretas, troncos y otros objetos, atrincherándose con trabucos y escopetas en el pueblo. Lasalle envió una columna que liberó de estorbos el puente, y repelió los disparos de los civiles que sólo les ocasionó algún herido. Los defensores huyeron, y la caballería arremetió sin piedad contra ellos. Al baño de sangre, se unió la barbarie, con el saqueo e incendio de la población. 

Camino de Valladolid, a Lassalle se le unieron las fuerzas que, al mando del general Merle, habían regresado desde Santander, donde habían partido con la intención inicial de sofocar la rebelión cántabra. Las fuerzas resultantes subieron a unos 10.000 infantes, 900 hombres a caballo y 18 piezas de artillería.

Batalla de Cabezón
Informado del avance de las tropas imperiales, el general García de la Cuesta se adelantó hasta el pueblo de Cabezón, cercano a Valladolid, con unos 5.500 efectivos, de los cuales únicamente unos 600 eran militares veteranos; les acompañaban cuatro cañones salvados de Segovia. Ésta iba a ser la primera operación militar de importancia. Sorprendentemente, Cuesta no actuó como un militar avezado en estrategia. En vez de situar al grueso de sus tropas en posición elevada y dominante, las posicionó en llano, junto con la caballería. Los artilleros franceses dispararon los cañones, los caballos de la caballería española se desbocaron, los generales Lasalle y Merle atacaron a izquierda y derecha, la fusilería de los paisanos disparó a bulto, causando más daño a los propios que a los enemigos, y Cuesta mandó retirarse. La retirada, como no podía ser de otro modo, resultó caótica, con el paso del puente atascado por todos los que querían huir. Era el 12 de junio, las tropas napoleónicas apenas sufrieron bajas, siendo grandes las pérdidas de los combatientes castellanos. El general Cuesta se retiró con las fuerzas que quedaban en dirección a Rioseco. Los franceses, siguiendo el ejemplo de Torquemada, saquearon Cabezón a placer, consiguiendo un gran botín. (En 1812 se volvería a dar una segunda batalla en Cabezón, con resultado diferente).  
*Aunque resulta humillante, copio un fragmento de lo relatado sobre el suceso, por el conde de Toreno en su Historia de España:
...Fue el botín abundante, porque como era domingo casi todos los habitantes de Valladolid habían ido allí como a fiesta y romería, imaginándose a fuer de inexpertos segura y fácil la victoria. El camino de Cabezón estaba sembrado de
despojos de innumerable gentío que precipitadamente quería ponerse a salvo.
Caos en el puente de Cabezón de Pisuerga
Dibujo de Felix Philippoteaux (1815-1884)       Grabado de Alexandre Hurel (1827-18..)
Histoire de l'Empire. Adolphe Thiers (1797-1877)

Source gallica.bnf.fr / Bibliothèque nationale de France

Las tropas imperiales entraron en Valladolid sobre las 5 de la tarde. Obispos y autoridades salieron a recibirlas y aplacarlas. No hubo saqueos, desarmaron a la población, hicieron unos pocos rehenes, se provisionaron de armas y víveres, impusieron un fuerte gravamen a la ciudad, y el día 16 la abandonaron con dirección a Santander, donde consiguieron sofocar la rebelión cántabra y tomar el control el día 23.

El desarrollo de los hechos, debiera haber hecho meditar a quienes propugnaban el enfrentamiento en campo abierto, con más pasión que inteligencia, llevando al combate milicias de paisanos mal adiestrados y peor armados, frente a tropas bien pertrechadas, militares profesionales y fuerzas regulares entrenadas, especialmente la caballería y cuerpos de choque franceses, pero la vorágine general impedía pensar con sentido común. Aún nos costaría unas cuantas derrotas más. 

Los sucesos de Logroño, Segovia, Cabezón, hasta ahora no indicaban sino orgullo, ignorancia, furor, pero ningún hábito para guerrear, y sobre todo, ninguna muestra de la tenacidad que encontraríamos más tarde. A. Thiers. Histoire de l'Empire.

Batalla de Rioseco
Tras el descalabro de Cabezón, el general García de la Cuesta reagrupó las tropas dispersas y comenzó el reclutamiento e instrucción de paisanos. No satisfecho con la desgraciada derrota que acababa de sufrir, seguía pensando en hacer frente a los franceses en campo abierto, y como con las menguadas tropas de que disponía era imposible vencer, mandó emisarios a Galicia y Asturias solicitando el envío de refuerzos.

Tanto la Junta de Asturias como la de Galicia, eran de la opinión de lo desacertado de librar combates en llano, y así se lo hicieron saber al capitán general, pero la soberbia de García de la Cuesta, máximo jefe militar de la zona, le impedía reconocer lo descabellado de su plan*.

*La idea fija de García de la Cuesta, consistía en cortar la vía de comunicación de Francia con Madrid, pretensión totalmente lógica y que no admitía dudas. Lo insensato era plantear el combate en los páramos castellanos, sin disponer de fuerzas suficientemente preparadas. 

A regañadientes, Asturias acabó enviando el regimiento de Covadonga, al mando de Pedro Méndez de Vigo, y dispuso que otro regimiento con unos 1.000 hombres pasase a León, donde el terreno montañoso era más favorable a los españoles. 

El general Joaquín Blake (copia)
Cuadro original de Manuel Ojeda Siles
(1835-1904) 
Fuente: Museo Nacional del Prado
En Galicia, el mando de las tropas, lo ostentaba Joaquín Blake Joyes, hijo de padres irlandeses, que había accedido al puesto por sus méritos como militar y persona cabal, cualidades que había demostrado en cuantas misiones había intervenido, desde su ingreso en el ejército con quince años. Las fuerzas de las que disponía, las tenía dispuestas en los límites montañosos entre la meseta y Galicia, protegiendo el Bierzo y cubriendo los accesos del Noroeste. Finalmente, la Junta gallega, presionada y atemorizada por el populacho, tuvo que acceder al envío de tropas que reclamaba García de la Cuesta, y el 1 de julio ordenó a Blake pasar a Castilla.

Blake había preparado con antelación un plan de despliegue de sus efectivos, del que hizo partícipe a la Junta. Ésta mantenía recelos y desconfianza sobre la persona de García de la Cuesta, por lo que dictó instrucciones concretas a Blake, que hicieron llegar al general castellano. Particularmente y de forma confidencial, marcaron unas directrices a seguir por su comandante en jefe, en las que le manifestaban que no le cediese el mando de sus tropas, y claramente exponían sus dudas sobre la lealtad de don Gregorio.

Zona de operaciones
En color, el camino real que llegaba hasta Francia
Atlas Geográfico de España... (1790)
Matías López de Vargas (1730-1802)
Fuente: Biblioteca del Banco de España

El 4 de julio partieron las tropas del ejército de Galicia; la componían unos 23.500 hombres y unos 150 caballos, con 30 piezas de artillería. En Benavente conferenciaron ambos generales. Pese a las prevenciones que la Junta de Galicia había formulado a Blake, en el sentido de no ceder el mando de su ejército al poco fiable García de la Cuesta, el reciente teniente general*, conforme a las ordenanzas militares, tuvo que permitir que el capitán general, como mando más antiguo y de mayor graduación, asumiera el mando de las fuerzas conjuntas.

 *Joaquín Blake había asumido el mando del ejército de Galicia tan sólo diez días antes, siendo ascendido a teniente general sin haber pasado antes por los grados de brigadier y mariscal de campo. Esta circunstancia no debió de ser muy del agrado de García de la Cuesta, quien con sus disposiciones para la batalla, menospreció los planteamientos de Blake.

En Benavente quedó como reserva una división de unos 5.000 hombres, y con el resto de fuerzas, confluyeron el ejército de Galicia y el de Castilla, en las proximidades de Medina de Rioseco. Los 15.000 militares de Blake y los casi 7.000 de García de la Cuesta, formaban un cuerpo militar de 22.000 efectivos, de los cuales, unos 700 constituían la caballería. Las tropas españolas debían enfrentarse a las dirigidas por el mariscal Bessières, cuyo cuartel general estaba en Burgos.

Napoleón era conocedor de los movimientos españoles, y del enorme riesgo para sus planes, si la ruta con Francia caía en poder de los sublevados. Transmitió urgentemente instrucciones a sus mandos para que, a la mayor bervedad, fuera impedido el avance de las tropas enemigas. 

El mariscal Bessières salió de Burgos el 9 de julio, y se le fueron uniendo las divisiones de los generales Merle, Sabathier, Mouton y la caballería del general Lasalle. El total del contingente ascendía a unos 12.000 infantes, más de 1.500 caballos, 30 piezas de artillería con sus dotaciones, y los convoyes de intendencia.

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Del libro: Apuntes históricos sobre las operaciones del Ejército de Galicia...
Joaquín Blake y Orbaneja
Retoques: uniformidad color de fondo, limpieza de ruido, color realce tropas y rótulos
Fuente: Ministerio de Defensa

Una partida de reconocimiento francés hizo pensar a García de la Cuesta que el enemigo se aproximaba por el camino de Valladolid. Aprovechando la noche, Blake posiciona sus tropas a la derecha de Rioseco, en dirección a la capital vallisoletana, es el 13 de julio. Las tropas de Cuesta, se sitúan retrasadas, frente la población, en la dirección de Palencia. Amanece el día 14 y unos paisanos avisan de que los franceses avanzan por la ruta palentina. García de la Cuesta, viéndose en desventaja pide ayuda a Blake, que le envía una de sus divisiones como refuerzo, y cambia su posición inicial, ocupando la meseta del Moclín, que se eleva unos 80 metros sobre los terrenos circundantes.

Gabriel de Mendizábal Iraeta (1765-1838)
La nueva posición de las tropas de Galicia, quedan muy separadas respecto a las de García de la Cuesta, que permanece rezagado, como a retaguardia y esperando cómo evolucionan los hechos. Bessières se da cuenta de la extraña disposición de las tropas que tiene enfrente, y aprovecha para acometer interponiéndose entre ambas líneas. El general Merle ataca el flanco izquierdo de la posición de Blake, y el general Sabathier, acomete por el centro. La caballería de Lasalle ayuda en el ataque. En paralelo, el general Mouton, ataca la posición de Cuesta, interponiéndose entre los dos ejércitos españoles. Los carabineros reales y guardias de Corps, repelen a la infantería francesa; la caballería imperial acude en su ayuda. La cuarta división de Galicia, enviada por Blake para ayudar a Cuesta, se adelanta y con otros destacamentos, rechaza las acometidas francesas, capturándoles cuatro cañones. No dura mucho la ventaja adquirida; el desorden había aumentado entre las tropas de Blake, la reserva de granaderos provinciales no respondió como se esperaba, y la caballería napoleónica, hizo el resto. Rodeados y desbordados las tropas más bisoñas se dispersan, a excepción del batallón de voluntarios de Navarra, al mando del coronel Gabriel de Mendizábal, que abandonaron la acción cuando se les ordenó, protegiendo la retirada.

Blake y Cuesta, enfrentados entre sí, ordenan el repliegue, sin ser muy estorbados por el enemigo. Las bajas de las tropas españolas entre muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos son muy numerosas, más de 4.000 hombres, aunque más de la mitad lo constituían los extraviados, también se perdieron varias piezas de artillería. A destacar que la mayoría de bajas, las padecieron los regimientos de Galicia, con 336 muertos, entre ellos el conde de MacedaBaltasar Pardo de Figueroa, brigadier de las fuerzas de vanguardia, que aun estando herido se negó a ser evacuado y luchó hasta el final. Por su parte, la pobre intervención de las tropas de Cuesta, permitió que sus bajas fueran muy inferiores con 155 fallecidos. Los franceses, sufrieron cerca de 1.000 pérdidas entre muertos y heridos, siendo especialmente dañada la caballería ligera, del general Lasalle.

Tras el desastre, los soldados imperiales sometieron a Rioseco, al acostumbrado saqueo y destrucción, quemando edificios, destruyendo bienes, robando, asesinando, violando, cometiendo sacrilegios, y convirtiendo la iglesia de Santa Cruz en un burdel.

Monumento a los Héroes de la batalla del Moclín (Medina de Rioseco)
Obra del escultor Aurelio Rodríguez-Vicente Carretero (1863-1917)
A la izquierda, la obra el día de su inauguración en 1908. Foto de Bariego
A la derecha, muy alterado, el monumento en la actualidad (dominio público)
Fuente: La Ilustración Española Americana


Bibliografía (Autor/es. Título del libro. Edición. Lugar de publicación: Editorial; año).

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- Modesto Lafuente; Juan Valera. Historia General de España. Desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Tomo XVI. Barcelona. Montaner y Simón Editores, 1889.

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- José Gómez de Arteche. Guerra de la Independencia, historia militar de España de 1808 a 1814. Tomo II. Madrid. Imprenta y litografía del depósito de la guerra, 1875.

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-  Louis Adolphe Thiers. Histoire de l'Empire. Paris. Lheureux et Cie. Éditeurs. 1865.

Antonio Alcalá Galiano. Historia del levantamiento, revolución y guerra civil de España. Tomo I. Madrid. Librería de D. Leocadio López, 1861.

- Joaquín Blake y Orbaneja. Apuntes históricos sobre las operaciones del Ejército de Galicia desde su organización en Junio de 1808 hasta Noviembre del mismo año. Madrid. Imprenta y esterotipia de M. Rivadeneyra, 1858.

- Pierre Emmanuel Albert du Casse. Mémoires et correspondance politique e militaire du roi Joseph. Tomos 4,5,6,7. Paris. Perrotin, Libraire-Éditeur, 1854.

- Miguel Agustín Príncipe. Guerra de la Independencia, narración histórica. Tomo segundo. Madrid. Imprenta del siglo a cargo de Ivo Biosca. 1846.

-  Agustín Alcaide Ibieca. Historia de los dos sitios que pusieron a Zaragoza en los años 1808 y 1809 las tropas de Napoleón. Madrid. Imprenta de D.M. de Burgos, 1830-1831. 

- Sección de Historia Militar. Estados de la organización y fuerza, de los ejércitos españoles beligerantes en la Península, durante la guerra de España contra Bonaparte. Barcelona. Imprenta de la viuda de D. Antonio Brusi, 1822.

- Antonio José Carrero. Baylen. Descripción de la batalla y auxilios que en ella dieron los vecinos. Jaén. Imprenta de D. manuel Gutiérrez, 1815.

- Raymundo Ferrer. Barcelona cautiva,...,desde el 8 de febrero de 1808 hasta el 28 de mayo de 1814. Barcelona. Oficina de Antonio Brusi, 1815.

- Vicente Martínez Colomer. Sucesos de Valencia desde el 23 de mayo hasta el 28 de junio de 1808. Valencia. Imprenta de Salvador Faulí. 1810.

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