Ver cap. anterior
Tras los fracasos franceses del año anterior, comenzaba el sexto año de la guerra con mejores expectativas para la causa española, a lo que ayudaba la necesidad de Napoleón de disponer de sus mejores tropas para contrarrestar la amenaza de la llamada Sexta Coalición entre Prusia, Suecia, Austria y Rusia.
La reestructuración de las fuerzas hispanas permitía, por vez primera, superar con unos 160.000 hombres y más de 15.000 caballos los efectivos del enemigo, que además se veía imposibilitado para cubrir las bajas. El llamado cuarto ejército español, adscrito directamente a las tropas de Wellington, refundía las tropas de Galicia, Asturias y Castilla y quedaba estructurado en tres cuerpos: ala izquierda, centro y ala derecha.
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Caricatura satírica sobre la derrota francesa en Vitoria Dibujo de George Cruikshank (1792-1878) Fuente: National Army Museum
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El mando único de las tropas aliadas, anglo-hispano-portuguesas, lo ostentaba con autoridad sir Arthur Wellesley, que utilizó el invierno para reestructurar los ejércitos, reorganizar los regimientos con nueva configuración de los batallones y compañías; mantener y mejorar la instrucción permanente de los soldados, así como la dotación de vestuario y armamento, al tiempo que solicitaba del gobierno británico cañones, armas, soldados, caballerías y efectivo.
La inactividad bélica invernal de Wellington no fue la pauta seguida en el corredor de Irún a Burgos y zonas cercanas a los Pirineos occidentales, donde las divisiones del ala izquierda del renovado cuarto ejército, bajo las órdenes de Francisco Longa, Gabriel de Mendizábal y Francisco Espoz y Mina, mantuvieron en permanente tensión a los franceses.
Enero
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Retrato de Francisco Copons y Navia Cuadro de José Aparicio Inglada (1770-1838) Fuente: Museo del Prado |
Día 23. Acción de Vallfogona. En Cataluña, las desavenencias entre el general Lacy y la Junta del Principado precipitaron un nuevo relevo en el ejército primero. Lacy se quejaba de que el órgano de gobierno catalán no atendía las necesidades de mantenimiento y sueldos de los militares; por su parte, la Junta se lamentaba de la falta de acción contra los ocupantes franceses, permitiéndoles la recaudación insaciable de dineros y víveres que esquilmaban a las familias. Al general Lacy lo sustituyó inicialmente el barón de Eroles, que semanas más tarde cedió el mando al general Francisco Copons y Navia, designado por la Regencia. El cuartel general permanecería en Vich.Una de las escasas acciones habidas tuvo lugar en las proximidades de Vallfogona de Ripollès, donde la columna que mandaba el brigadier Joaquín Ruiz Porras preparó una emboscada a una fuerza francesa al mando del general Lamarque que había salido de Gerona con intención de tomar la villa de Ripoll.
Como resultado del enfrentamiento, los franceses tuvieron que retirarse, sufriendo unas 20 bajas. La acción no impidió que Lamarque llegara a Ripoll por San Juan de las Abadesas y que se posesionara de la población.
Día 28. Acción de Cubo (Burgos). Los partidarios (antiguos guerrilleros) que formaban parte del remozado cuarto ejército aprovechaban las ocasiones propicias para golpear a los invasores franceses.
Uno de los personajes más activos era Francisco Longa, quien, al frente de su partida y dos batallones vascos, atacó la guarnición que los franceses tenían en la localidad de Cubo de Bureba, en el camino de Francia, próxima al paso de Pancorbo, haciendo prisionero al destacamento francés y derribando el fortín.
Febrero
Día 11. Acción de Tafalla. Por la zona de Guipúzcoa y Navarra, operaba la división de Espoz y Mina, que atosigaba con su gente a las fuerzas del general Abbé, gobernador de Pamplona.
Mina había conseguido, tras mucho insistir, que se le suministraran algunas piezas de artillería, que finalmente desembarcaron en Deva procedentes de La Coruña. Provistos de cañones, la división del militar navarro acometió la tarea de expulsar a los franceses de Tafalla, población que había sido fortificada por el enemigo, convirtiendo en fortín el convento de San Francisco.
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Tafalla: convento de las Recoletas (Confession en el original) Litografía de William Westall (1781-1850) sobre apunte de Edward Hawke Locker Retoques: recorte y limpieza lámina, color digitalizado Fuente: Views in Spain. Edward Hawke Locker. Biblioteca Digital del Museo del Prado |
Emplazada una batería con dos cañones, y apenas iniciado el bombardeo de Tafalla, Mina fue informado de que por el camino de Pamplona avanzaba una columna de unos 3.000 militares, 150 jinetes y varios cañones, al mando del general Jean Nicolas Louis Abbé. Tenía que actuar con rapidez y, dejando a cargo de su lugarteniente la continuidad del sitio, Mina se dispuso a hacer frente a su adversario.
Dispuso cuatro de sus batallones en Tiebas, Subiza, el Alto del Carrascal y a lo largo del camino emplazó a la caballería. Los franceses consiguieron arrollar a los posicionados en Tiebas, pero la enérgica intervención del resto de fuerzas de Mina forzó al general Abbé a replegarse hacia Pamplona, temiendo que la capital navarra quedase a merced de un ataque sorpresa de los españoles.
De vuelta a Tafalla, en la mañana del día 10, Mina intimó la rendición de la guarnición sin lograrlo. La implantación de una nueva batería más próxima a la población decidió al mando francés a la capitulación, el día siguiente. Los hombres de Mina capturaron los caballos, armas, municiones y víveres, e hicieron más de 300 prisioneros, enviando los heridos al general Abbé.
Similar acción se repitió en Sos del Rey Católico, días después, aunque en este caso la guarnición francesa pudo escapar.
Día 16. Las Cortes de Cádiz rinden homenaje a un soldado asturiano. Sorprende la biografía del soldado Antonio García-Monteavaro López (1791-1841), también conocido con los sobrenombres de El Inmortal o El Arcabuceado.
Natural de un caserío de Castropol (Asturias), con 17 años
ingresó en las milicias asturianas, participando en numerosos combates y
acciones bélicas a causa de las cuales fue herido en múltiples ocasiones, recibiendo cuchilladas, estocadas y balazos.
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Antonio García “El Inmortal” Recreación del personaje (IA Copilot) |
El hecho que lo hizo más famoso fue el fusilamiento del que fue objeto junto a otros compatriotas y del que salió vivo, a pesar de recibir cuatro
heridas de bala. Un pastor que examinaba los cuerpos de los fusilados se dio
cuenta de que todavía vivía y, cargando con el cuerpo, lo llevó a un lugar
seguro donde Antonio García se recuperó.
Apenas curado de las heridas se incorporó a la división que
mandaba el general Ballesteros, participando en nuevos enfrentamientos bélicos,
en los que fue objeto de nuevas lesiones.
Con más de 30 heridas sobre su persona a los 22 años, el
valiente soldado acudió a Cádiz a solicitar de la Regencia la invalidez. El
Gobierno le premió con el grado de sargento primero y la corta pensión del
puesto, que a ojos de la ciudadanía y las Cortes pareció una recompensa mezquina, por
lo que rectificaron acordando otorgarle el grado de alférez efectivo y seis mil reales
anuales de pensión.
Reunidas las Cortes el día 16, rindieron un emocionante
homenaje al joven héroe, de baja estatura, con el rostro lleno de cicatrices
y cuya historia conmovió a los presentes y al pueblo gaditano.
Día 22. Abolición del Tribunal del Santo Oficio. Se publica el decreto de la abolición de la Inquisición y el establecimiento de tribunales protectores de la fe.
El mismo día del mes anterior, las Cortes habían aprobado abolir la arbitraria institución, declarándola incompatible con la Constitución. Con el fin de apaciguar a los sectores católicos más reacios a su desaparición, fueron creados, al mismo tiempo, unos tribunales para la protección de la fe.
Especial significado en la tarea de convencer a los diputados tuvo el eclesiástico Antonio José Ruiz de Padrón (1757-1823), cuyo discurso en contra del Santo Oficio, pronunciado en las Cortes el 18 de enero, causó enorme conmoción entre los asistentes y fue objeto de reiteradas impresiones y divulgación.
Marzo
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Retrato de Luis María de Borbón (hacia 1800) Cuadro de Francisco de Goya Museu de Arte de São Paulo |
Día 8. Las Cortes nombran nueva Regencia. Las Cortes se reúnen en sesión permanente hasta lograr la constitución de una Regencia provisional en sustitución de la existente. La causa que motivó tal medida fue la pérdida de confianza en los regentes existentes, por actuar en connivencia con parte del clero y el nuncio del Papa, para soslayar la lectura en las iglesias del manifiesto en el que se exponían las razones para la abolición de la Inquisición, siendo el desencadenante de la medida, la destitución por la Regencia del gobernador de Cádiz,
D. Cayetano Valdés, partidario del cumplimiento de las leyes.
Fueron elegidos para el cargo los consejeros de Estado más antiguos y que estaban prese
ntes en Cádiz: D. Pedro Agar, D. Gabriel Ciscar y el arzobispo de Toledo, D. Luis María de Borbón, quien ostentaría la presidencia. El 22 de marzo la nueva Regencia dejó de ser provisional para quedar consolidada.
Día 11. Acción de
Fuenterrabía. Se trata de una de esas imaginativas
acciones, fruto de la decisión e iniciativa de un militar de baja graduación
llevada a término con éxito. El protagonista fue el sargento primero Fermín de
Leguía, integrante de las tropas de Mina.
En la tarde del día 11 y acompañado de 15 hombres, partieron de Vera,
provistos con cuerdas, clavos y otras ayudas, al objeto de ocupar el castillo
de Fuenterrabía, que contaba con una guarnición francesa, parte de la cual
pernoctaba en la población.
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Vista de Fuenterrabía en 1813 Litografía de William Westall (1781-1850) sobre apunte de Edward Hawke Locker Retoques: recorte y limpieza lámina, color digitalizado con IA Fuente: Views in Spain. Edward Hawke Locker. Biblioteca Digital del Museo del Prado
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Un soldado escaló la muralla y sorprendiendo al centinela, lo
neutralizó, para a continuación y con la ayuda de otros compañeros, anular al
cuerpo de guardia. Dentro del castillo abrieron el paso al resto de
componentes de la patrulla, haciendo prisioneros a ocho artilleros,
inutilizando tres cañones, arrojando al mar la munición de grueso calibre y apoderándose de armas, pólvora y la bandera de la fortaleza, para escapar después
de incendiar el castillo sin haber sufrido ninguna baja.
El suceso que causó gran
alegría entre las gentes le valió al sargento Leguía el ascenso a teniente, que
se hizo efectivo en el mes de junio.
Día 17. El rey José se traslada a Valladolid con su Gobierno. Con la necesidad de reforzar la zona norte de la península, amenazar con una posible ofensiva sobre Portugal y controlar con mayor seguridad el camino hacia Francia, Napoleón ordenó a su hermano José que trasladase el cuartel general a Valladolid, incluyendo a los ejércitos del Mediodía y Centro.
El numeroso séquito que acompañaba al rey daba a entender que la salida de Madrid no tendría retorno, ciudad donde permaneció la división del general Jean François Leval junto con otras fuerzas, aunque por poco tiempo.
Día 19. Tratado de amistad con Suecia. Se firma en Estocolmo un tratado de mutua amistad con el país nórdico, en el que reconocía la legitimidad de las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812.
Día 20. Maniobra en Prat de Molló. El capitán general Copons dispuso que el brigadier Francisco Rovira, al frente de su columna, se internara en Francia, al objeto de obtener tributos y distraer tropas francesas. Al amparo de la noche y con sigilo, sobre las 4:30 de la madrugada llegaron a la localidad francesa de Prats de Molló. Reconocidas las murallas, una compañía de fusileros se mantuvo a la espera de la apertura de la llamada puerta de Francia, batiendo a la guardia de entrada.
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Asalto en Prat de Molló Ilustración de Antonio Cantalucho Vendrell (1837-1910) Retoques: recorte lámina, color digitalizado Fuente: Historia Crítica de la Guerra de la Independencia en Cataluña |
Pronto se entabló combate con fuerzas de la guarnición apoyadas por los disparos de los habitantes, hasta que desbordados, los soldados franceses se refugiaron en el castillo. Dueños de la situación, las tropas españolas saquearon la población, exigieron un tributo de un millón de reales, para lo cual se llevaron como rehenes a los habitantes más notables, y se hicieron con unas 300 reses ovinas y otras 100 de ganado vacuno, regresando de vuelta a la frontera. La acción no era sino una réplica de lo que los invasores venían practicando desde el inicio de la invasión, si bien la cantidad exigida no fue satisfecha.
Día 31. Acción de Lerín. Las acciones de Francisco Espoz y Mina traían de cabeza a los ocupantes franceses. Un nuevo general iba a ocuparse del indomable líder. Se trataba de Bertrand Clausel, quien había reorganizado el derrotado ejército francés de Portugal y, al frente de unos 20.000 hombres, entró en Navarra con la misión de asegurar las comunicaciones con Francia y acabar con los molestos voluntarios de Mina.
Las tropas de vanguardia de Clausel las mandaba el general Marie Étienne Barbot, quien, al llegar a la población de Lodosa, destacó una columna de infantería hasta Lerín, al mando del coronel Gaudín. Mientras que parte de la avanzadilla estaba acampada, otros grupos de soldados se dedicaron a cometer altercados y expolios entre los habitantes.
Una de las ventajas de Mina era la amplia red de informadores que tenía, por lo que no tardó en tener conocimiento de la situación. Dispuso de dos batallones de voluntarios para escarmentar a los invasores, que se replegaron hacia Lodosa buscando el apoyo del resto de la columna. La caballería de Mina los persiguió y consiguió detenerlos en las cercanías de Lodosa, dando ocasión a que los voluntarios a pie llegaran, entablándose un sangriento combate en el que unos y otros se batieron, con resultado favorable a los españoles que hicieron más de 650 prisioneros, así como municiones, armas y otros pertrechos.
Abril
Día 11. Acción de Magallón. Tras la reorganización de los ejércitos españoles el segundo ejército, constituido por seis divisiones, tenía su cuartel general en Murcia con importantes guarniciones en Alicante y Cartagena. Mandaba este ejército el general Francisco Javier Elio.
Durante los meses de invierno algunas de las divisiones de este ejército desarrollaron acciones de apoyo al primer ejército en Cataluña, al tercero en Navarra y Soria, así como al cuarto ejército en La Mancha.
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Magallón: iglesia de san Lorenzo levantada sobre los restos del antiguo castillo del que se aprecia la torre del homenaje ampliada en altura. Fuente: https://magallon.es/ |
Una de las unidades operativas estaba bajo el mando del mariscal de campo Pedro Sarsfield Waters, cuyas fuerzas libraron un combate contra los franceses en las cercanías de la población zaragozana de Magallón. La acción causó importantes bajas al enemigo, obligándolo a retirarse hacia Mallen, desde consiguieron refuerzos con los que contratacaron a los españoles que tuvieron que replegarse hacia Borja, donde el día 13 se libró un largo enfrentamiento con los franceses, necesitados de acabar con los ataques por sorpresa de Pedro Sarsfierld, quien demostró con una hábil retirada hasta Tarazona, la madurez que la duración de la guerra había conseguido en su formación militar.
13. Segunda batalla de Castalla. El mariscal Suchet, el militar francés más prestigioso de los mandos que quedaban en la península, mandaba sobre Aragón, Cataluña y Valencia. Más al sur del río Júcar, Alicante y Murcia seguían libres del dominio francés. La zona ocupaba por el segundo ejército español contaba con la ayuda de la división mallorquina de Santiago Whittingham; la expedición anglo-siciliana al mando de John Murray, más las divisiones de Fernando Miyares Mancebo y Felipe Roche.
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Batalla de Castalla Dibujo de William Heath (1795-1840)-Grabado de Thomas Sutherland (1785-1838) Fuente: Achievements of Great Britain and her Allies |
Las fuerzas aliadas estaban desplegadas en un amplio arco defensivo que desde Alcoy llegaba hasta Yecla, en Murcia, pasando por Castalla, Biar y Villena. Los generales de Suchet ya habían intentado el año anterior hacerse con el control de la zona y de la ciudad de Alicante, sin conseguir sus objetivos.
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Retrato de Louis Gabriel Suchet (1770-1826) Cuadro de Frédéric Legrip (1817-1871) Fuente:MeisterDrucke |
En esta ocasión, el invencible Louis-Gabriel Suchet iba a dirigir directamente las operaciones militares. Empezaría atacando la posición más débil, la división de infantería mandada por el brigadier Miyares en Yecla. Para ello reunió a sus fuerzas en Fuente la Higuera, hizo que el general Habert le siguiese hasta Villena y que el general Harispe atacase Yecla en la noche del 10 al 11 de abril.
Los españoles se apercibieron tarde del avance francés y, aunque intentaron salir hacia Jumilla, fueron acometidos de mañana por las tropas de Harispe, que ocasionaron unas 1.300 bajas, entre muertos, heridos y prisioneros, así como la captura de 68 oficiales y un coronel.
Al atardecer, Suchet y sus fuerzas se aproximaron desde la vecina Caudete a Villena, abriendo las puertas del castillo a cañonazos, obligando a rendirse al regimiento de Vélez Málaga, que guarnecía la fortaleza. El mariscal francés continuó su marcha hacia Alcoy, pero antes, el día 12, en el puerto de Biar tuvo que batir a la vanguardia británica del coronel Adam, que opuso fuerte resistencia y hubo de retirarse a Castalla, mientras que Suchet y su gente acampaban en las afueras de Biar.
En la mañana del día 13, Suchet y sus tropas descendieron desde las montañas de Biar y se posicionaron en forma escalonada, para presentar batalla en la Hoya de Castalla, con un contingente cercano a los 20.000 hombres.
Para hacer frente a los franceses, los aliados disponían de la división mallorquina, cuyo jefe, John Murray, sería el comandante en jefe de todas las tropas, que incluían la división de Mackenzie, regimientos de la de Clinton, la vanguardia de Adam, la división Whittingham y tres batallones españoles de Roche, sumando un mayor número de efectivos que el enemigo.
El combate se inició con los franceses arrollando el flanco izquierdo aliado. Pero esta vez la firme respuesta de la división mallorquina, a la que se unieron tropas españolas de Julián Romero, llegadas desde Alcoy, y la fuerte reacción de las tropas conjuntas lograron hacer retroceder a los soldados imperiales.
Suchet y sus tropas tuvieron que deshacer su avance, regresando a Villena, para desde allí dirigirse a Fuente la Higuera y Onteniente. El fracasado plan de Suchet sería el preámbulo de las desgracias que vendrían más tarde.
Mayo
Día 11. Los franceses atacan por segunda vez Castro Urdiales y la saquean. Hacía más de un mes (13 de marzo) que las tropas enemigas de los mariscales Palombini y Clausel habían intentado tomar Castro Urdiales, cuyo puerto junto con el de Bermeo, estaba controlado por los españoles. La férrea defensa de la guarnición, los bombardeos desde el mar de barcos ingleses y la llegada de refuerzos de Mendizábal y Juan López Castillo frustraron la acción de los atacantes, que abandonaron el asedio entre el 24 y el 26 de marzo.
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Vista de Castro Urdiales (hacia 1888) Dibujo de José Mª Riudavents y Monjo (1840-1902) sobre fotografía de Luis de Ocharán Mazas (1858-1928) Retoques: recorte de collage, color digitalizado con IA Fuente: La Ilustración Española y Americana (18880222) |
A finales de abril, llegaba de nuevo Palombini y sus italianos, apoyados por la división del general Foy, con más artillería y medios, trasladados por mar desde Santoña. El día 11 de mayo consiguieron abrir brecha en la débil muralla. Soldados de la guarnición al mando de Pedro Pablo Álvarez, gobernador de la plaza, los vecinos de la población y barcos ingleses desde la costa no consiguieron impedir el asalto final.
Parte de la guarnición consiguió ponerse a salvo en los navíos británicos, pero, dueños de la situación, los soldados franceses e italianos ocuparon la población y se dedicaron a cometer toda clase de atropellos, abusos y saqueos, incendiando la ciudad.
Día 17. Combates de La Bisbal y Coll de Santa Cristina. La cautela y la prudencia habían aumentado entre los adversarios. Los invasores oteaban malos tiempos y los españoles percibían que sus oportunidades no podían sino mejorar, si empleaban la astucia.
Los franceses procuraban mantener intactas las guarniciones que aseguraban la ruta desde Valencia hasta Francia, para lo cual era preciso tenerlas abastecidas.
Un convoy preparado para reabastecer las plazas de Tarragona y sobre todo el estratégico fuerte del Coll de Balaguer, emprendió ruta desde el área de Barcelona. Para protegerlo, lo acompañaba un contingente de unos 6.000 hombres y 5 piezas de artillería, al mando del general Maurice Mathieu. Su tránsito no iba a resultar cómodo.
El día 13 se produjo un primer enfrentamiento en el camino de Reus a Cambrils, con marinos británicos provenientes de algunos navíos de los que patrullaban las costas. Al día siguiente llegaban a Tarragona gran cantidad de heridos.
Enterado el general Copons, el mismo día 13 partió desde Vich con una columna de unos 3.000 soldados de infantería y unos pocos jinetes. La inferioridad de sus fuerzas obligaba a actuar en las ocasiones propicias.
Ya fuese por cautela o porque el alcance de los disparos de los barcos británicos obligaba a ello, los franceses, una vez reabastecidos el castillo del Coll de Balaguer y Tarragona, regresaron por el camino interior por Bráfim.
En el Coll de Santa Cristina esperaban la segunda brigada de la primera división de José Manso y Solá, junto con los batallones de Ultonia y Cardona. El grueso de las tropas de Copons esperaban más adelante, en las cercanías de La Bisbal del Penedés.
Avistados los franceses, en un principio pareció que los españoles rehuían el enfrentamiento, por lo que los imperiales avanzaron sin proteger las alturas, donde se habían posicionado fusileros de las compañías de Cazadores de Cataluña y de Ultonia, que abrieron fuego sobre la columna imperial, generando confusión y obligando al enemigo a enviar patrullas para proteger los flancos.
Tras la emboscada desde los altos, las tropas españolas se movieron a La Bisbal para reunirse con el grueso de tropas, mientras dos batallones franceses que les perseguían entraron en el pueblo con gran estrépito de tambores y gritos. Allí fueron recibidos con descargas de fusiles y escopetas de los hombres que mandaba el coronel Córdoba, que seguidamente retrocedieron para dar paso al ataque a la bayoneta del batallón de Cardona. Abrumados, los soldados de la avanzadilla francesa emprendieron la retirada, siendo perseguidos en su huida por la escasa caballería española y algunos militares de la compañía de Cazadores.
Informados o no de lo sucedido, una de las brigada francesas con artillería, avanzó hasta La Bisbal, cañoneando el pueblo, Copons ordenó la retirada de sus tropas, pero la iniciativa y astucia de José Manso daría el vuelco a la situación. Manso ordenó al capitán Pedro Nolasco Bassa que se dirigiera a la retaguardia francesa y la atacase con unos 600 hombres, que cargaron a la bayoneta. Con el desconcierto provocado entre las filas imperiales, Manso mandó un emisario a Copons para que regresase con el grueso de las tropas. Entretanto, acometía con sus hombres por el frente y los flancos del enemigo. Con la llegada del resto de militares de Copons, la desbandada de los franceses fue general reincorporándose al resto de sus compañeros para regresar hasta Barcelona, fustigados como de costumbre por partidas sueltas de escopeteros.
Día 22. José I y sus tropas en retirada se dirigen a Burgos. Temeroso de verse rodeado por los ejércitos aliados, José I decide abandonar Valladolid para dirigirse a Burgos. Le seguirá una comitiva de personas comprometidas con su Gobierno, el numeroso equipaje del rey y una escolta de unos 4.000 soldados, compuesta principalmente por la división de juramentados españoles.
Tras salir de Palencia el día 6 de junio, llegarían a las inmediaciones de Burgos el día 9, estableciendo en la ciudad el cuartel general. La capital castellana únicamente era una etapa más de la retirada, ya que el rey intruso pronto decidiría partir hacia Vitoria, adonde había enviado el grueso del convoy con los objetos y elementos acumulados por el expolio general practicado al patrimonio español.
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Retrato de Pablo Morillo Aguada de autor anónimo Fuente: Museo del Prado |
Día 26. Acciones de Salamanca y Alba de Tormes. Después del descanso invernal, a principios de mayo, Wellington comenzó el despliegue de tropas hacia Castilla, asegurando el control de los dos márgenes del río Duero, evitando el camino real y dirigiendo el grueso de tropas hacia Salamanca, donde llegaron el 26 de mayo.
Los franceses guarnecían Salamanca con tres escuadrones del general Villate que, al intentar defender el paso del río Tormes, sufrió la pérdida de varios centenares de hombres, municiones y abastecimientos militares, debiendo retirarse hasta Medina del Campo.
Otro regimiento francés fue desalojado de las cercanías de Alba de Tormes por los hombres de Pablo Morillo.
Las tropas aliadas continuaron avanzando y a principios de junio desalojaron a los franceses de Zamora y Toro, concentrándose el grueso de fuerzas, junto con las tropas llegadas desde Galicia y Asturias, en las inmediaciones de Ampudia (Palencia).
Día 27. Los franceses se retiran definitivamente de Madrid. Los movimientos de lord Wellington con sus fuerzas, la incertidumbre de la situación y los sucesivos fracasos bélicos recientes obligaron al rey José a pedir los refuerzos de tropas que quedaban en Madrid, cuya ocupación daban por perdida.
Como ya hicieron al abandonar Andalucía, los mandos franceses hicieron cargar cuanto de valor material, científico, histórico, militar y artístico habían acumulado en sus rapiñas. Una nueva y larga caravana de carros, galeras, y mulas partió de Madrid, acompañada de numerosas berlinas, diligencias y jinetes, donde iban familias enteras de colaboradores del rey José o de quienes temían por sus vidas. Al frente del convoy marchaba el general Hugo.
La partida de los franceses de la capital permitió disponer del tercer ejército español desplegado en La Mancha, y dificultar el posible auxilio de Suchet al rey intruso.
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Simulación de la retirada definitiva de los franceses de Madrid Imagen generada por IA (Copilot) |
Junio
Día 2. Expedición anglo-siciliana en Cataluña. Con el fin de expulsar a los franceses de la ciudad de Tarragona, y llamar la atención del mariscal Suchet en Valencia, distrayendo parte de sus tropas y romper la linea del Júcar, lo mandos de los ejércitos 1º, 2º y 3º, con el beneplácito de Wellington, acordaron enviar por mar hasta las costas catalanas las tropas anglo-sicilianas, junto con la división española de Whittingham. Mandaba provisionalmente la expedición sir John Murray.
El día 31 de mayo zarparon desde Alicante en barcos británicos unos14.000 hombres, 700 jinetes y numerosas piezas de artillería. El día 2 de junio en las proximidades de Salou desembarcaron 2.800 soldados, 200 cañones, 28 morteros y gran cantidad de pertrechos y víveres.
Dos días más tarde con el apoyo de dos batallones españoles, hacían prisioneros a la guarnicón del Coll de Balaguer y arruinaban el fuerte.
Con gran retraso y la ayuda de cuatro batallones del general Copons, los desembarcados se aproximaron a Tarragona y comenzaron con retraso, los trabajos para emplazar las baterías de cañones y obuses. Las fortalezas de la ciudad serían bombardeadas por tierra y por mar.
Mientras los expedicionarios de Murray demoraban incomprensiblemente las tareas, al gobernador de Tarragona, Antoine Bertoletti le dio tiempo para reforzar las fortificaciones y pedir ayuda. Desde Barcelona acudió el general Maurice Mathieu con 8.000 hombres, y desde Valencia avanzaba el mariscal Suchet con fuerzas considerables.
El día 11 de madrugada empezaron los bombardeos, que se prolongaron dos días, pero la información sobre las tropas francesas de refuerzo, atemorizó a Murray, detuvo el asedio y mandó reembarcar a toda prisa, dejando parte de la artillería sin clavar y el tren de sitio, en manos enemigas. El reembarco coincidió con la llegada de lord William Bentinck que reemplazó a Murray y al frente de la escuadra, levó anclas hacia Alicante el 19 de junio.
Para mayor desgracia, la escuadra anglo-siciliana encalló en los Alfaques de la desembocadura del Ebro, perdiendo 18 buques de transporte y logrando salvar 13 navíos.
Día 12. Los franceses abandonan Burgos y se dirigen a Vitoria. La estancia en Burgos de José I y su acompañamiento era solo una etapa en la huida general; la ciudad no se había recuperado todavía del fracasado asedio aliado del año anterior, y estaba falta de las provisiones tan necesarias para los ejércitos. Tocaba abandonar la ciudad y dirigirse a Vitoria.
La despedida francesa de la histórica población iba a ser estremecedora. Desde el inicio de la invasión napoleónica, Burgos se había convertido en una base logística fundamental para el abastecimiento de los franceses; el castillo todavía almacenaba una cantidad importante de bombas y pólvora, cuyo traslado a Vitoria resultaba inviable.
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Simulación explosión castillo de Burgos Imagen generada por IA (Copilot) |
El mando invasor ordenó al general de artillería Agoustin Gabriel d’Aboville la destrucción de la fortaleza. El día 13, el artillero francés dispuso los medios para, según su propósito, hacer el menor daño a la ciudad, disponiendo los explosivos para que implosionaran hacia dentro. Algo no salió bien, puesto que al hacer estallar prematuramente la mina que habían perforado, estalló también el polvorín, haciendo volar bombas y cascotes; la estruendosa detonación afectó a los propios franceses que todavía seguían desfilando, matando o hiriendo a un considerable número de soldados.
Grandes fueron los daños causados a la ciudad, pereciendo e hiriendo a algunos habitantes y destrozando numerosos edificios, propiedades y animales. La catedral burgalesa también se vio afectada y, junto con los daños constructivos, se perdieron más de la mitad de las vidrieras del siglo XV.
Tras la salida francesa, a las 2 de la tarde entraba en Burgos la división inglesa, que cometió altercados y abusos contra la población.
Día 20. Los franceses evacúan Bilbao. La necesidad de José I de contar con el máximo de fuerzas en la previsible confrontación contra los aliados le obligó a pedir al general Foy, que operaba entre Cantabria y Vizcaya, las tropas que pudiera reunir.
Entre esas fuerzas estaba el contingente de italianos que guarnecian Bilbao al mando del general Rouget, quienes abandonaron la ciudad después de inutilizar la artillería, para reunirse con las tropas francesas en Vergara.
Día 21. Batalla de Vitoria. La retirada apresurada de José Bonaparte, con el acompañamiento de su gobierno y militares que les escoltaban, era previsible que desembocara en un enfrentamiento contra las fuerzas aliadas anglo-hispano-portuguesas, a las que se habían ido uniendo sucesivamente partidas de guerrilleros. No obstante, Wellington no hubiera librado batalla si los franceses hubieran continuado la retirada.
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Vista de Vitoria desde el Oeste (hacia 1813) Dibujo de Thomas Livingstone Mitchell (1792-1855) Grabado de S. Stockley Retoques: recorte de lámina, color digitalizado (IA) Fuente: Maps and plans, showing the principal movements, battles & sieges, in which the British Army was engaged during the war from 1808 to 1814, in the Spanish Peninsula and the South of France. James Wyld (Junior) (1812-1887) BNP Biblioteca Nacional de Portugal |
Era comandante en jefe del ejército francés el mismo José Bonaparte, asistido por Jean Baptiste Jourdan, general de Estado Mayor y principal consejero del rey. Ambos eran conscientes del inevitable choque, y procuraron reunir cuantas tropas pudieron, mandando reiterados avisos al general Clausel para que llegase con sus tropas desde Pamplona, así como al general Foy, ocupado en proteger la comunicación con Bilbao. Estos refuerzos, que hubieran equilibrado las fuerzas, no llegaron a tiempo.
Fuerzas militares, carruajes y avituallamientos se extendieron por la campa al sur de Vitoria y al este del río Zadorra. Un primer convoy de carruajes y personal civil, con escolta militar, salió hacia Bayona el día 19.
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Mapa de la batalla de Vitoria (clicar para agrandar) Retoques: recorte lámina, limpieza, aclarado Fuente: Atlas de la Guerra de la Independencia General José Gómez de Arteche (1821-1906)
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Al amanecer del día 21, José I y su jefe de Estado Mayor revisaron la disposición de sus tropas, lo que no hicieron el día anterior por indisposición de Jourdan. El llamado ejército de Portugal, que mandaba el general Reille, ocupaba la derecha del camino de Francia, en las cercanías de la aldea de Zuazo, con una importante artillería; en la posición central, entre los caminos de Vitoria y Miranda, se posicionaba el ejército del Centro bajo el mando del general Count d’Erlon, y en las alturas de la Puebla de Arganzón se situaron las fuerzas del ejército del Mediodía, al mando del general Gazan. En esta última posición comenzarían las hostilidades a primeras horas de la mañana.
Uno de los objetivos principales de los aliados era el control de la carretera de Francia, por lo que en la noche del día 20 el cuerpo de ejército que mandaba el general sir Rowland Hill, compuesto por una división inglesa, una portuguesa y la española de Pablo Morillo, junto con algunos cañones y dos brigadas de caballería, incluyendo un regimiento de la legión alemana del Rey, se desplegó por la Puebla de Arganzón, cortando el paso del río Zadorra.
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Batalla de Vitoria Dibujo de William Heath (1795-1840)-Grabado de John Heaviside Clark (1771-1863) Aguatinta de Matthew DuBourg Fuente: Achievements of Great Britain and her Allies
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El centro lo ocupaba Wellington, en dos posiciones: en el ala derecha estaría el generalísimo, junto con la cuarta división de infantería, la división ligera; la caballería pesada inglesa y portuguesa, así como parte de la artillería. El ala izquierda, al mando del teniente general conde de Dalhousie, se componía de las divisiones tercera y séptima de infantería y piezas artilleras. El grueso de estas tropas se desplegó en el área de Nanclares para controlar los puentes cercanos.
La posición izquierda, entre Murguía y el río Zadorra, al mando de Thomas Graham, la tomaron dos divisiones de infantería anglo-portuguesas, la división española de Francisco Longa, dos brigadas de caballería inglesas, integrándose en una de ellas un regimiento alemán de Hannover. Completaba la posición 18 piezas de artillería.
Las fuerzas de unos y otros eran dispares; José Bonaparte contaba con unos escasos 60.000 hombres y una numerosa artillería, unas 150 piezas. La capacidad artillera de los aliados era menor, unos 100 cañones, pero el contingente de soldados superaba en 20.000 hombres a los imperiales. Frente a esta posible ventaja aliada, los franceses tenían la de haber podido elegir y organizar las posiciones de sus tropas y artillería con antelación.
Sobre las 3 de la madrugada, un segundo y numeroso convoy dejaba la llanura en ruta hacia Francia, escoltado por unos 4.000 hombres, que redujeron aún más los hombres disponibles de José.
Correspondió al ejército que comandaba Rowland Hill iniciar las hostilidades con el ataque de la división de Pablo Morillo que, con ayuda de las otras dos divisiones, la inglesa y la portuguesa, consiguieron expulsar a los franceses de las colinas. En este punto esperaba el enemigo con una batería de treinta cañones, que ocasionó grandes destrozos entre las tropas aliadas de Hill; pese a lo cual lograron avanzar, haciendo retroceder a los imperiales y rechazar finalmente el ataque de la división del general Villate.
Las tropas de Hill continuaron el avance por el camino de Francia. |
Fin de la batalla de Vitoria : la división Reille protege la retirada Dibujo deHenri Félix Emmanuel Philippoteaux (1815-1884) Xilografía de Charñes Rod Retoques: recorte lámina, color digitalizado Fuente:Histoire du Consulat et de l'Empire. Adolphe Thiers |
La entrada en combate de Wellington se demoró por la espera de la séptima división que mandaba lord Dalhousie, al haberse extraviado. Con la ayuda de un aldeano que los guió, varios regimientos británicos cruzaron uno de los pasos en la zona de Tres Puentes. La amenaza por el norte sorprendió a José y Jourdan, que seguían pensando en enviar refuerzos a la Puebla, en cuya zona Hill había expulsado al enemigo que ocupaba la localidad de Subijana.
Era avanzado el mediodía cuando dos divisiones del ejército de Wellington entraron en acción en el norte, doblando la resistencia francesa y logrando cruzar el Zadorra, uniéndose más adelante el resto de las divisiones del ejército central, que conseguían dominar toda la línea del río. Con el control aliado del río, Jourdan mandó un repliegue contenido hasta los altos de Zuazo, reforzando con unas 60 piezas de artillería la cercana loma de Ariñez. La acción se trasladaba al nordeste.
En la zona de Murguía, la artillería de Graham ayudaba a crear el desconcierto entre los franceses y, al fin, Arthur Wellesley decidía lanzar el ataque al centro enemigo. En las cercanías del pueblo de Ariñez, las tropas mandadas por el singular general Thomas Picton libraron batalla con las columnas francesas, apoyados unos y otros por la artillería y fusileros, que ocasionaron numerosas bajas a ambos bandos.
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Bataille de Vittoria Dibujo de Aaron Martinet (1762-1841); Grabado de Louis François Couché (1782-1849) Fuente: Histoire Militaire. Abel Hugo |
Sobre las dos de la tarde, Thomas Graham decidió atacar al ejército francés de Portugal, posicionado al norte del puente de Ariaga. La división española de Francisco Longa fue la encargada de tomar los puentes de Gamarra y Durana; este último defendido por las tropas de juramentados españoles de José, que retrocedieron.
Con la caída del frente francés en Zuazo, José daba por perdida la batalla y, sobre las 5 de la tarde, ordenó a sus tropas replegarse por el camino de Salvatierra. Todavía continuaron los enfrentamientos entre distintos regimientos de ambas partes, y sobre las 7:30 h de la tarde, el ejército aliado entró en Vitoria.
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Ilustración que refleja el desconcierto y caos en la retirada francesa Dibujo de Apeles Mestres (1854-1936) Fuente: El equipaje del Rey José Benito Pérez Galdós |
En las vías de salida se produjo un atasco monumental, en el que se mezclaban unos 3.000 carruajes de todo tipo, cargados con mercancías, junto con colaboradores de José I, rebaños de animales y soldados de ambos bandos que, habían participado en la contienda, y se dedicaban desenfrenadamente a saquear el inmenso botín. El propio rey José tuvo que abandonar su berlina y salir montado a caballo*.
*-¡Paso, paso al Rey!... ¡Paso al Rey!
La multitud gimió azotada con látigo de acero, y prorrumpió en imprecaciones contra José.
-Paso al Rey!-repetían los de la guardia.
Exasperados por la resistencia, redoblaron su furor, y cargando sin piedad, aquí machacaban una cabeza, allí hundían un pecho. Arremolinándose a un lado y otro y aplastándose contra los coches, la turba se desgajó y en su angustioso seno pudo abrirse un surco; por una calle de maldiciones y de odio y de sed de venganza, pasó a caballo un hombre pálido, con el negro y abundante cabello en desorden, fruncido el ceño, trémulas las manos. Era José, que no había podido salvar sus coches, y huía a uña de caballo por donde Dios le encaminase, llevando en su alma todas las congojas de sus cinco años de fúnebre reinado. Fragmento de "El equipaje del Rey José". Episodios Nacionales. Benito Pérez Galdós.
Conocedor de los desmanes y abusos cometidos por las tropas vencedoras en ocasiones anteriores, el general Miguel Ricardo de Álava y Esquivel, al frente de un regimiento de caballería se adelantó para entrar en Vitoria antes de que lo hiciera el grueso de soldados, con el fin de evitar los abusos y saqueos a que acostumbraban. Le acompañó en la tarea el príncipe de Orange, Willem Frederik, con los húsares a su mando*.
*Cuentan que al entrar Álava, iba gritando a sus paisanos que ocultaran cuanto tuviesen de valor en sus casas y las defendieran si era necesario, que allí entraba él para protegerlos de cualquier atropello; porque. les decía, estos que vienen conmigo son peores que los que se han ido. Guerra de la Independencia. José Gómez de Arteche y Moro.
Entre los aliados, las mayores bajas se produjeron entre las filas británicas, con unas 3.675 pérdidas, entre muertos y heridos; 920 fueron las bajas portuguesas y 560 las de españoles.
Por parte francesa, incluyendo prisioneros, las bajas fueron de más de 8.000 soldados y perdieron toda la artillería.
La batalla de Vitoria tuvo enorme repercusión en Europa, demostrando el declive de Napoleón y consolidando el prestigio de lord Wellington.
Día 25. Acciones de Tolosa. Con el fin de asegurar la retirada hacia Francia del rey José y el séquito que le seguía, los franceses reforzaron las poblaciones de la ruta hacia Francia.
En las cercanías de la población guipuzcoana de Tolosa, el general Maximilien Sébastien Foy posicionó las tropas que mandaba, cubriendo el camino hacia Francia y el que se dirigía a Pamplona.
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Pedro Agustín Girón Cuadro de José Aparicio Inglada (1770-1838) Fuente: Museo del Prado |
Fuerzas aliadas seguían los pasos de los franceses e italianos. En la noche del día 24 confluyeron tropas del general Graham, tres cuerpos del 5º ejército que mandaba Pedro Agustín Girón y la división de Francisco Longa. Puestos de común acuerdo, avanzada la tarde del día 25 iniciaron el ataque general contra el enemigo, que había ocupado varias posiciones ventajosas.
Las acciones combinadas de los aliados desalojaron al enemigo de los puestos que protegían y les obligó a buscar refugio en la villa de Tolosa. Pese a las fortificaciones tolosanas, los franceses no hicieron frente a sus atacantes, y abandonaron la población replegándose hasta Andoaín, donde Foy ordenó inutilizar el puente sobre el río Oria. Conocedor de la retirada de José Bonaparte y la puesta a salvo del convoy escoltado por Antoine L.P. de Maucune, el general francés abandonó España para entrar en Francia.
Continúa en cap. 24 (Pdte.)
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- Gaceta de Madrid
- Gazeta de la Regencia de España e Indias
Webs:
Real Academia de la Historia
Instituto de Historia y Cultura Militar
The Napoleon Series