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lunes, noviembre 11, 2019

Teodoro Reding, barón de Biberegg

Teodoro Reding, barón de Biberegg (1755-1809)
Militar

Retrato de D. Teodoro Reding
(Litografía de J. Vallejo) 

Teodoro  Reding, al mando de un regimiento suizo al servicio de la Corona de España, desempeñó un papel crucial en la batalla de Bailén, de tal modo que algunos historiadores le consideran el verdadero artífice de la victoria sobre los franceses.

Una de las cuestiones que uno se hace cuando lee sobre la batalla de Bailén, es el de ¿por qué habían tropas extranjeras en los bandos combatientes?.

En el caso de las tropas napoleónicas la respuesta puede ser más evidente, ya que el ejército francés se nutría de soldados de los países que conquistaba, de aliados a la fuerza, o en el caso de los regimientos suizos, por la larga tradición de la monarquía francesa de los Borbones, de contratar a los mercenarios helvéticos.

En España, aunque los monarcas de la Casa de Austria ya habían contado con mercenarios de los cantones suizos, fue Felipe V, el primer rey Borbón de España,  quien dio impulsó a la entrada entre las fuerzas españolas de los regimientos helvéticos, que tomaban su nombre del mando que los organizaba y/o mandaba.
  
El origen del regimiento Reding al servicio de España comienza en 1742. En 1743 el regimiento se divide en dos a los que se conoce como el Viejo Reding, al mando del coronel José Carlos Reding, y el Joven Reding, bajo las órdenes de Carlos José Reding.

Teodoro Reding (Theodor Reding von Biberegg), nació en la ciudad suiza de Schwiz, capital del cantón del mismo nombre  el 3 de julio de 1755. Sus padres fueron, Theodor Antonius Reding, jefe militar del cantón y María Magdalena Freüler. Su familia era propietaria de dos compañías del regimiento Reding y el joven Teodoro manda una de ellas, entrando al servicio de España con tan sólo dieciséis años y con el grado de capitán, .

En el año 1788 obtiene el empleo de coronel y como tal está al frente de su regimiento. Interviene en las campañas de la llamada Guerra de los Pirineos o Guerra del Rosellón, que tuvo lugar entre los años 1793 y 1795, contra la primera República Francesa. En esta contienda fue herido varias veces y premiado por sus méritos con el ascenso a brigadier de infantería (equivalente hoy a general de brigada). El buen hacer de Reding y de su regimiento durante el conflicto, le valieron el ascenso a mariscal de campo.

En 1801, al mando de la cuarta división del ejército español, interviene en la campaña contra Portugal en la denominada Guerra de las Naranjas, ocupando varias poblaciones del Alentejo.
Convocatoria al acto de homenaje a Teodoro Reding cuyo
monumento fue inaugurado en Málaga el 4/octubre/2019
(Asociación Histórica Cultural Teodoro Reding) 

Pero si algo distinguió a Teodoro Reding, además de su valía como soldado, fue su capacidad para el mando, su entrega, altruismo y honestidad, tal como demostró en Málaga. cuando en 1803 se desencadenó una epidemia de fiebre amarilla o vómito negro. Reding, cuyo regimiento estaba de guarnición en la población, se puso al frente de la Junta de Sanidad, ya que la mayoría de miembros habían caído enfermos y desarrolló una intensa labor visitando hospitales, lazaretos y casas particulares, ayudando y confortando a la ciudadanía con su ejemplo y ganándose el  afecto de la ciudad, de la que será nombrado gobernador en 1806. En agosto de ese año, publica su "Bando del Buen Gobierno". 

En su nuevo cargo, del que podían tomar ejemplo muchos cargos electos actuales, demostró sus dotes de administrador honesto, mostrándose inflexible frente a las corruptelas e inmoralidades, persiguió el contrabando, administró con prudencia y economía las finanzas de la ciudad, recuperando fondos distraídos, con lo que saneó las arcas de Málaga y permitió dotarla de obras necesarias y de utilidad, que conformaron en parte la modernización de la ciudad, que agradecida después de más de 200 años, ha mantenido vivo el recuerdo del personaje.  

La invasión napoleónica y la consiguiente secuela bélica, obligaron a la Junta del Reino de Granada, a confiar en Reding para encomendarle, en junio de 1808, la organización y mando de las tropas útiles. Consigue la formación de una división que queda incorporada al ejército de Andalucía. La Junta Suprema de Sevilla le pone al mando de una de las divisiones con unos 8.000 hombres, que junto con las otras divisiones mandadas por el marqués de Coupigny, el mariscal Jones, el general La Peña, el coronel Valdecañas, y demás tropas y personal civil, que ayudaron en el aprovisionamiento de víveres y agua, todos ellos bajo el mando conjunto del general Castaños, causarán en Bailén, la primera derrota en tierra a las hasta entonces invencibles tropas napoleónicas, en julio de 1808. 

Sorprendentemente,  tras la victoria, Reding no es invitado a las celebraciones y festejos que tuvieron lugar en Sevilla y Madrid y mostrando una vez más su fidelidad, acudió al requerimiento de la Junta de Granada para entregar el mando de las tropas que él había organizado. Añadir que enterada la ciudad de su llegada, se hicieron preparativos para recibirle con festejos, pero Reding prefirió entrar de noche en la población evitando ser objeto de homenaje alguno. El 27 de septiembre de 1808, se reparó la injusticia cometida con Reding, al publicarse en la Gaceta de Madrid  el parte del general Castaños de 27 de Julio de 1808, en el que da cuenta pormenorizada de lo acontecido en Bailén y de la valiosa y decisiva intervención de Reding.

De regreso a su antiguo cargo en Málaga, la ciudad lo agasajará y le hará varios regalos, entre ellos un magnífico caballo del que se servirá en lo sucesivo. También la Junta de Granada le adjudicará una pensión vitalicia de 1000 duros.

En noviembre de 1808, la Junta Central con sede en Aranjuez, ordena a Reding partir a Cataluña para reforzar con sus tropas el ejército español, poniéndose a las órdenes del general Vives (Juan Miguel de Vives y Feliú, ?-1809), responsable militar de la zona. Tras la llegada de Reding al cuartel general de Cataluña, en Martorell, los franceses fueron rechazados hasta las afueras de las murallas de Barcelona. Con la llegada a Gerona  de nuevas tropas francesas bajo el mando del general Saint-Cyr,  se le ordena acudir en refuerzo de las fuerzas del general Vives, quien viéndose superado en combate, abandonará la zona para llegar a Mataró y embarcar hacia Sitges.

Reunidas de nuevo las tropas españolas, éstas son derrotadas en Cardedeu (16 de diciembre) y Molins del Rey (21 de diciembre), debiéndose replegarse hasta Tarragona, adonde Reding llega el 22 de diciembre de 1808. En la ciudad tarraconense debe de hacer frente al levantamiento de militares y paisanos contra el general Vives, al que tienen arrestado en su casa y al que responsabilizan de la derrota. La  Junta de Cataluña ofrece a Reding, el mando supremo de las tropas, a lo que el militar se niega en base al menoscabo que ello representaría para la obligada disciplina militar. Finalmente, y al caer enfermo Vives, Reding asume el mando como capitán general del Principado.

Pese a la reorganización de las defensas y de sus fuerzas, para mantener Tarragona, las superioridad francesa se impondrá en la batalla habida cerca de Valls, el 25 de febrero de 1809, en la que Reding sufrirá graves heridas, no obstante lo cual y tras mejorar, siguió con su tarea de reorganización del ejército, supervisión de las fortificaciones y visitas a hospitales y sitios habilitados, llenos de heridos y enfermos de fiebre tifoideas. El propio Teodoro Reding fallecerá, víctima de la infección, el 23 de abril de 1809, tras once días de padecimiento.

Lamentablemente distintos avatares no dejaron que su cuerpo descansase en paz. Tras su muerte, se recaudó dinero suficiente para darle sepultura en un mausoleo, que no pudo llevarse a efecto inicialmente por la invasión francesa, siendo inhumado en un nicho de la capilla del cementerio tarraconense, que fue profanado por las tropas napoleónicas cuando entraron en la ciudad. Recuperado su cuerpo, fue enterrado en una fosa bajo tierra en el centro del camposanto, cubierta con una lápida donde se grabó la siguiente octava:


D.O.M.

¡TRISTE PATRIA! LLORA SIN MEDIDA
LA PREMATURA MUERTE DEL FAMOSO
D. TEODORO REDING, QUE DIÓ SU VIDA
POR CONSERVARTE EN TIEMPO PROCELOSO.
Á SU FRIO CADÁVER DA ACOGIDA
Y ESPERA QUE EN ESTILO MAS COPIOSO
DE BAILEN SE AMPLIFIQUE LA VICTORIA,
SE ENSALCEN SUS VIRTUDES Y MEMORIA.
Murió S.E. día 23 de abril de 1809

En 1819, es desenterrado de nuevo y colocados sus restos en un túmulo levantado en el mismo lugar, con una nueva leyenda y con la antigua lápida a sus pies. Debido a su mal estado, en abril de 1892 se inaugura el restaurado monumento funerario, que con algunas mejoras, es el panteón que hoy en día puede verse en un lugar privilegiado del camposanto de Tarragona.    

               
Noticia del acto de homenaje a Reding en Tarragona
( La Actualidad, 27/04/1909)



  

    
    
     




martes, junio 18, 2019

Los prisioneros franceses de la isla de Cabrera: parte segunda


En las islas Baleares
El convoy arriba  a las Baleares  el 18 de abril 1809 y el día 19 recalan en Menorca frente a la bahía de Mahón, si bien no se permite la entrada al puerto hasta el día 21, en el que únicamente tres embarcaciones reciben la autorización de fondear. Desembarcará un grupo de 381 militares franceses para pasar la cuarentena en el lazareto menorquín. 

El convoy restante, compuesto por 13 barcos de transporte, escoltados por tres navíos ingleses y la fragata Cornelia, recalarán en la bahía de Palma el 24 de abril con 4.745 prisioneros, a los que no se les permitirá desembarcar, con la orden de pasar una cuarentena de 10 días en los barcos.


Recorte del Semanario de Mallorca del 29 de abril de 1809  dando
 noticia de la llegada del convoy de Cádiz, con los prisioneros franceses
(Biblioteca Nacional de España)

Lo cierto es que entre la llegada de los prisioneros a Palma y su posterior traslado a Cabrera, la Junta Superior de Mallorca y el comandante de la fragata Cornelia, quedaron a la espera de que fructificasen las negociaciones para canjear más de 2.000 prisioneros franceses por otros tantos españoles, prisioneros en Cataluña. Es posible que junto al poco interés de Napoleón por los prisioneros de Bailén, se uniera la incertidumbre producida, tras la muerte el 23 de abril de 1809 del capitán general del Principado, D. Teodoro Reding, por lo que las negociaciones con el general francés Saint-Cyr quedarían en un punto muerto, al faltar uno de los interlocutores principales.

Desembarcos en Cabrera
Tras la espera, la Junta de Mallorca acuerda enviar el 2 de mayo a los prisioneros a Cabrera, (el lugar del encierro ya se había decidido en días anteriores, ante los temores de la población por contagios y los informes de la Junta de Sanidad). Un primer convoy zarpa de Palma el día 5 de mayo de 1809, llegando al atardecer a Cabrera. En días sucesivos llegarán nuevos envíos de prisioneros hasta completar el 10 de mayo, un total aproximado de 4.500 personas, del grado de capitán para abajo, quedando los militares de mayor graduación en Palma y Mahón.  

Cartografía©Instituto Geográfico Nacional de España

Al desembarcar, los militares franceses se encuentran con algunas tiendas de campaña, montadas en días anteriores por los tripulantes de las dos lanchas cañoneras que, la Junta de Mallorca había dispuesto para la vigilancia de los confinados. Las tiendas serán ocupadas por los enfermos y oficiales, otros mandos lo harán en el castillo. El resto de prisioneros se distribuyen por los alrededores de la bahía que forma el puerto natural, así como por las cuevas y abrigos rocosos de la isla. Para protegerse del sol algunos construirán precarios cobertizos con ramas y arbustos.

Para comprobar e informar de la instalación de los confinados, la Junta de Palma envió al ayudante de la plaza Jerónimo Balle, que el día 7 notifica los pormenores del desembarco y condiciones del asentamiento. Informa de los enfermos existentes, de las medicinas que los médicos solicitan, y de la necesidad de disponer de herramientas, principalmente las hachas prometidas. También habla de la escasez de agua y que ha indicado a los recluidos donde está la fuente y el aljibe próximo al castillo.

Transcribo traducido del francés, un pasaje del libro Mémoires d'un officier français prisonnier en Espagne, obra del capitán de la Guardia Real *Joseph Carrère Vental, publicado en 1823 bajo el seudónimo de C de Mery.
El día 12 por la mañana, estábamos cruelmente angustiados; había pasado la hora de distribución de los víveres. Conocíamos la imprevisión de nuestros enemigos. Además temíamos que el mal tiempo pudiera retrasar la llegada de los transportes cargados de provisiones. Nuestras sospechas no estaban demasiado justificadas; divisamos las dos barcas hacía el mediodía, y pasada una hora se nos hizo la siguiente distribución.
Para los oficiales: un pan blanco de 24 onzas de España (una libra y media de Francia), media libra de carne, algunas legumbres, una onza de arroz o fideos, media onza de aceite, una botella de vino, café, azúcar y dos o tres naranjas.
Para los soldados: medio pan de rancho, dos onzas de arroz o fideos, habas, media onza de aceite y sal 
*Joseph Carrère Vental (1782-1864), fue un oficial de la Guardia Real y caballero de la Legión de Honor. Prisionero en Bailén y recluido en el pontón Vieille-Castille del que escapará al soltar amarras el barco durante un temporal y derivar hasta la costa, el 16 de mayo de 1810. Aunque Carrère no llegó a estar recluido en Cabrera, la narración que hace de los hechos los hacen creíbles y serian fruto de las experiencias narradas por uno de sus antiguos compañeros de cautividad en los pontones, tal como menciona al comienzo del capítulo VIII de su libro. También es posible que se valiera de múltiples testimonios de otros militares y de relatos anteriores. 

Grafiti con la inscripción: Fleury Grapain, prisonnier en 1809 et 1810. El rótulo se encuentra en el muro aledaño a la escalera que sube a una de las azoteas del castillo de Cabrera.
(Foto Gom, 1814)

Nunca ha habido consenso sobre el número total de prisioneros confinados en Cabrera, lo que no resulta nada extraño, dado el continuo movimiento de entradas y salidas. De hecho, la llegada de nuevos prisioneros durará hasta finales de 1813, pero su permanencia  tendrá numerosas variables. Al ingreso de nuevos envíos de soldados procedentes de la Península, se unirá la salida de oficiales con destino a Mallorca, Menorca o finalmente, camino de las prisiones y pontones ingleses. También habrá visitas de reclutadores para conseguir que los soldados confinados, sirvan en los regimientos españoles, en los regimientos suizos al servicio de España o en los regimientos ingleses. Incluso en algún momento se produjeron traslados de enfermos a Palma. Al  ajetreo de entradas y salidas hay que añadir los intentos de fuga y el éxito de algunas evasiones. 

Aunque no es una fuente totalmente fiable al 100%, sí son muy indicativas las reseñas de las embarcaciones que llegan a Palma con prisioneros y pasados o desertores, y que se publicaban en la prensa palmesana. Adjunto tabla con los datos que he podido recopilar de las entradas de embarcaciones en la rada de Palma, paso previo a su traslado a Cabrera en el caso de soldados y suboficiales, ya que los oficiales junto con sus asistentes, en número nada desdeñable, quedaban retenidos en Palma, Mahón o eran trasladados por los ingleses a Inglaterra. Añadir que antes de la llegada de los prisioneros de Cádiz, ya había 128 militares napoleónicos albergados en el cuartel de la Lonja de Palma. 


*Miguel Benàssar Alomar en su obra sobre los prisioneros franceses, da las siguientes cifras de llegada de presos a las islas Baleares:

*Miguel Benàssar Alomar es autor de la obra: "Cabrera.  La Junta Gubernativa de Mallorca y los prisioneros del ejército napoleónico", considerada una obra fundamental sobre el tema, por la abundante aportación de datos, gráficos, referencias y fuentes utilizadas. Desafortunadamente no he podido tener acceso a libro editado por el Ayuntamiento de Palma en 1988 y no disponible en librerías, ni en las bibliotecas accesibles para mí. Referencias a la obra aparecen en todas los trabajos y estudios modernos a los que he podido acceder. 


El 6 de junio de 1809, arriban a la bahía de Cabrera, dos barcos españoles escoltados por el bergantín inglés Eclar, que desembarca a 346 soldados procedentes del lazareto de Mahón y embarcan a un tercio de los oficiales confinados en la isla para su traslado a Mallorca. Días más tarde llegarán a Palma procedentes de Tarragona, 505 soldados y 24 oficiales. Los soldados y suboficiales serán trasladados a Cabrera y a cambio serán embarcados 170 oficiales de los que quedaban en la isla, cuyo destino será Mahón, donde serán recluidos en la isla del Rey.
Foto aérea de la isla del Rey, en la entrada al puerto de Mahón
Foto procedente de la web de la Fundación Hospital de la isla del Rey (http://www.islahospitalmenorca.org/)
En el Semanario de Mallorca de 1 de julio de 1809, podemos leer la siguiente entrada de buques en el puerto de Palma:
Recorte del Semanario de Mallorca del 1 de julio de 1809, 
con reportes de  movimientos de barcos en el puerto de Palma.
 Las fechas se refieren al mes anterior, junio de 1809.
(Biblioteca Nacional de España)

El 26 de agosto de 1809, fondea un bergantín español con varios reclutadores que consiguen el reclutamiento de 74 soldados, la mayoría suizos e italianos.

En una nota oficial de diciembre de 1809, se da cuenta de la revista realizada a los confinados en la isla con el siguiente recuento: 
  • Oficiales y sanitarios....... 33 (1 teniente, 23 subtenientes, 6 cirujanos, 2 boticarios y 1 controlador del hospital)
  • Suboficiales y tropa.....3.734 (390 sargentos, 430 cabos y 2.914 soldados)
  • Mujeres....................... 19  
En total suman 3.786 personas, por lo que deduciendo los oficiales y asistentes confinados en Palma, Menorca e incluso en Ibiza, así como los pasados o reclutados, el número de fallecidos y desaparecidos en menos de ocho meses, estaría en torno a los 1.000.

En el mes de Febrero de 1810 llegarán nuevos prisioneros procedentes de Málaga, Cartagena y Cataluña, incrementando en cerca de 600 personas, la población reclusa de Cabrera.

A comienzos de marzo de 1810, tanto en Menorca como en Mallorca, hubo altercados y revueltas de la población, agobiada por la situación de penuria y miedo latente, acrecentados por la llegada masiva de refugiados provenientes de la Península, y cuyos relatos y vivencias encendían los ánimos de la población. Siendo Francia la causante de sus desgracias, los mallorquines toman a los franceses recluidos en sus poblaciones, como objeto de venganza. Especialmente grave fue la revuelta habida en Palma el 12 de marzo y que a duras penas pudieron sofocar las autoridades militares con el apoyo del clero palmesano. Como consecuencia de estos hechos los oficiales recluidos en Palma y Mahón, serán devueltos a Cabrera, adonde regresan el 15 de marzo de 1810.

Hacia mediados de 1810, el número de prisioneros en Cabrera debió alcanzar una cifra próxima a los 4.600 confinados, lo que para la Junta de Mallorca resultaba enormemente costoso de mantener y difícil de controlar. Las autoridades trataban de negociar el traslado de los franceses fuera de Baleares, y aunque sin el resultado previsto en cuanto al número, por fin consiguen que el 29 de julio de 1810, unos 876 prisioneros, prácticamente todos los oficiales junto con parte de los suboficiales y soldados asistentes, zarparan de Cabrera en 14 transportes fletados en Mallorca, escoltados por la fragata española Santa Lucía y el brick inglés L'Espoir. El destino inicial será Gibraltar, donde desembarcarán. Días después volverán a embarcar en navíos ingleses, hasta Plymouth y Portsmouth en Inglaterra, adonde llegarán el 20 de septiembre. 

En el año 1811 los prisioneros procederán principalmente de Tarragona y Valencia, con cerca de 900, pero la mayor afluencia como consecuencia de las derrotas napoleónicas en la Península, se darán en 1812, cuando llegan más de 2.000 soldados desde Alicante y las costas catalanas. Finalmente, en 1813 llegarán otros 820 cautivos, siendo unos 330 procedentes de Denia, los últimos en desembarcar en la isla a finales de diciembre de 1813, aunque los oficiales y sus asistentes quedarán en Mallorca.


Bibliografía:
-Archivo Histórico Nacional. Sección de Guerra. Traslado de prisioneros franceses a Baleares y Canarias. Código de Referencia: ES.28079.AHN/1.1.19//ESTADO,46,D
-Aventures d'un marin de la Garde Impériale. Henri Ducor. Ambroise Dupont Éditeur. 1833 Paris.
-Cabrera a través de la Cartografía. Juan Tous Meliá, 2017. ISNB:978-84-697-2728-7 
-Cabrera. La Junta Gubernativa de Mallorca y los prisioneros del ejército napoleónico. Miguel Benàssar Alomar. Palma de Mallorca: Ajuntament, 1988.
-Cabrera. Sucesos de su historia que tienen relación con la de Francia. Joaquín María Bovér. Imprenta de D. Felipe Guasp. Palma, 1847.
-Cinq ans de captivité à Cabrera ou Soirées d'un prisonnier d'Espagne. Abbé Turquet. Librairie de J. Lefort. Lille, Paris, 1867.
-Guerra de la Independencia. Historia Militar de España. De 1808 a 1814. Tomo II. D.José Gómez de Arteche y Moro. Imprenta y Litografía del Depósito de la Guerra. Madrid 1875.
-Dissertation topographique sur Cabréra, l'une des Iles Baléares. A.J. Thillaye. Imprimerie de Didot Jeune. Paris-1814.
-Évasion et enlévement de prisonniers français de l'île de Cabrera. Bernard Masson. Tipographie de Nicolas, Imprimeur-Éditeur. Marseille 1839.
-Le géneral Dupont. Tome deuxiéme. Lieutenant-Colonel Eug. Titeux. Prieur et Dubois et Cie, Imprimeurs-Éditeurs. Puteaux-Sur-Seine, 1903.
-Les adieux a l'île de Cabrera ou Retour en France. M. Wagré. Imprimerie de Cosson. Paris 1833.
-Mallorca durante la primera revolución (1808-1814). Miguel Santos Oliver. Imprenta de Amengual y Muntaner. Palma-1901. 
- Étude historique sur la Capitulation de Baylen. Campagne de 1808, en Andalousie. E. Saint-Maurice Cabany. Revue Génerale Biographique et Nécrologique. Paris-1846.
- Geôles et pontons d'Espagne: les prisonniers de guerre sous le Premier Empire: l'expédition et la captivité d'Andalousie. Théophile S. Geisendorf-des Gouttes. Les éditions Labor Genève - Nlles éditions latines, Paris, 1932.
-La guerre d'Espagne, (1807-1813). Tome III. Colonel A. Grasset. Editions Berger-Levrault. Paris 1932.
-Mémoires d'un conscrit de 1808. Philippe Gille. Victor-Havard, Éditeur. Paris, 1892.
-Mémoires d'un officier français prisonnier en Espagne. C de Mery ó M de Mery (seudónimo de Joseph Carrère Vental). Libraire Chez Auguste Boulland. Paris 1823.
-Rendición de la escuadra francesa de Rosily (14 de junio de 1808). Coronel de Infantería de Marina Miguel Aragón Fontenla. Revista General de Marina. Año 2008. Agosto-Septiembre.
-Précis des opérations militaires en Espagne, pendant les mois de Juin et Juillet 1808. Lieutenant-Géneral Comte De Vedel. Paris 1823.
-Represión de franceses en Mallorca (1808-1809). Miguel Ferrer Florez. Bolletí de la Societat Arqueològica Lul-liana.  ISSN 0212-7458, Nº. 53, 1997, págs. 185-220
-Un Tour en Espagne, de 1807 a 1809 ou Mémoires d’un soldat fait prisonnier a la bataille de Baylen. Tomes I-II.  Josep Quantin. Ed. J.Brianchon, Libraire. Paris 1820.

  • Prensa:
-Aurora Patriótica Mallorquina
-Diario de Mallorca
-Diario de Palma
-Diario Mercantil de Cádiz
-Le Figaro
-Semanario de Mallorca
-Semanario Económico

Organismos:
-Biblioteca Nacional de España
-Gallica. Bibliothèque Nationale de France.
-Instituto Geográfico Nacional de España 
-Ministerio de Defensa


Los prisioneros franceses de la isla de Cabrera: parte tercera


La organización de los cautivos
La organización del orden y funcionamiento del asentamiento no fue única ni estable durante todo el cautiverio, ya que en los cinco años que duró el encierro las circunstancias fueron cambiando. Podemos distinguir los siguientes periodos:
  1. Desde la llegada de los prisioneros de Cádiz, a principios de mayo de 1809, hasta la salida de los oficiales para Palma y Mahón, a finales de junio de 1809.
  2. Comprende desde finales de junio de 1809 hasta el regreso de los oficiales el 15 de marzo de 1810.
  3. Desde el reingreso de oficiales en marzo de 1810, hasta su embarque para Inglaterra, junto con sargentos y asistentes, el 29 de julio de 1810.
  4. Abarca el periodo que va desde julio de 1810 hasta mediados de 1811, con la entrada entre febrero y junio de más de 500 prisioneros desde Tarragona.  
  5. Transcurre desde julio de 1811 hasta octubre de 1812, con la llegada continuada de nuevos prisioneros desde Alicante, Vinaroz, Arenys y Vilanova, con más 2.350 soldados, de ellos 1.800 en el primer trimestre de 1812.
  6. Desde octubre de 1812 hasta diciembre de 1813, con el fin del internamiento de nuevos prisioneros.
  7. Desde finales de 1813, hasta la evacuación de todos los confinados a Francia, entre el 16 y el 29 de mayo de 1814.
Distribución de los prisioneros en Cabrera
(Grabado del libro Un Tour en Espagne, de Josep Quantin, 1820.
 El mapa es atribuido a Louis François Gille)
Tras la confusión de los primeros días y sobre todo, tras el desorden del primer reparto de víveres, los prisioneros son conscientes de la necesidad de organizar un sistema disciplinado de administración y control, con una autoridad respetada por todos. Se encarga a los oficiales más antiguos de cada cuerpo la misión de redactar un proyecto de reglamento  y al día siguiente, los capitanes comandantes en número de 21 formarán la primera autoridad, el llamado Grand Conseil. Para hacer operativo el sistema, el poder ejecutivo, lo desempeñará una comisión de cinco miembros, elegidos entre los componentes del Gran Consejo, el llamado Petit Conseil o consejo de administración.
El pequeño consejo fue inmediatamente encargado de redactar un proyecto de código apropiado a las circunstancias. En seguida se nombraron tres oficiales para recibir los víveres y supervisar la distribución. Igualmente se eligieron dos cantineros y un almacenero para tomar nota de las provisiones que los españoles debían proveer primeramente. El cuerpo de oficiales envió en su nombre, y en el de suboficiales y soldados, un capitán por regimiento ante el gran consejo, para anunciar su plena adhesión al acta de salvación común.
(De Mémoires d'un officier français prisonnier en Espagne, C de Mery (Joseph Carrère Vental)1823.
En días siguientes aprueban un código o normas a seguir, en las que entre otras cuestiones se dice que el pequeño consejo será el encargado de la ejecución de las órdenes del gran consejo, de la correspondencia con el gobierno español en Palma, del buen orden y de la policía interior de la isla de Cabrera. Convocará el gran consejo todas las veces que el caso lo exija, nombrará a todos los empleos subalternos, y nadie podrá rehusar el empleo para el que haya sido designado.

Nombran un jefe militar así como un inspector de policía encargado de la ejecución  de las órdenes generales y de la vigilancia del lugar destinado a los enfermos u hospital. Todos los días, un oficial y cuarenta hombres deberían estar disponibles para velar por la tranquilidad y seguridad de la colonia. Este modelo de administración no fue muy duradero, y tras la marcha de los oficiales, quedó el germen del Petit Conseil como órgano efectivo de administración de la comunidad, con los suboficiales y dos oficiales que no habían embarcado, al frente del mismo.

Al llegar a Cabrera y dado que en teoría, los prisioneros todavía estaban en cuarentena, y también porque podrían aprovechar la cercanía de las barcas para intentar fugarse, se les prohíbe bajo pena de muerte, acercarse a las embarcaciones que traen los víveres, por lo que debían quedar a cierta distancia en la orilla, y elegir a los prisioneros encargados de la recogida de las provisiones.

Tras los primeros meses de incertidumbre, ante la certeza de que su estancia en la isla podía alargarse, y para hacer frente a las inclemencias del tiempo, se organizan para construir refugios más sólidos y habitables, utilizando piedras junto con la madera de los pinos existentes en la isla. También aprovecharán los restos de un antiguo monasterio bizantino y ocuparán las ruinas de una factoría de salazones de época tardo romana.

Algunas barracas servirán de cantinas, al frente de las cuales estarán algunas de las mujeres que acompañaban a los franceses. A la zona donde se ubican las construcciones más sólidas, le llaman Palais Royal. Los prisioneros aprovechan las dotes de enfatizar de las cantineras para conseguir que los españoles les provean de vino, negocio lucrativo que hace que éstas y sus proveedores obtengan sustanciosos beneficios, cobrando precios abusivos. El Petit Conseil escribe al proveedor de víveres para que junto con las provisiones, transporte algunos toneles de vino a un precio previamente tasado y poder así, moderar el exorbitante beneficio de las cantineras y sus patrocinadores.

Soldados napoleónicos de descanso con joven cantinera.
 Andrei Moreau (1843-1906)
Junto con los prisioneros de Cabrera convivían algunas mujeres e incluso niños. Las mujeres de Cabrera serían esposas o compañeras de algunos militares prisioneros. Por las referencias que de ellas hacen algunos relatos, atenderían "las cantinas" instaladas en la isla, con la colaboración de los soldados españoles encargados de la vigilancia de los cautivos.
Joseph Quantin en su libro    Un Tour en Espagne, de 1807 a 1809 ou Mémoires d’un soldat fait prisonnier a la bataille de Baylen, publicado en 1820 y reeditado con otro título en 1823, escribe de que "Estaban aproximadamente en la proporción de una por cada doscientos hombres. ...y que podían atravesar impunemente a cualquier hora los rincones más desiertos de la isla sin la menor inquietud".

No todos los prisioneros siguieron la disciplina del campamento y como ocurre entre los grupos numerosos de personas, se dieron todo tipo de comportamientos. Una parte de los hombres se enclaustraron en una de las cavernas más grandes, de la que únicamente salían y por turnos para recoger los víveres. Son los que algunos de los autores llamaron "tártaros" y otros denominaron "rafalés".

El cura Damià Estelrich
Una de las primeras peticiones que los oficiales hacen a la Junta de Palma, es el de disponer de servicios religiosos, por lo que tras discurrir dos meses desde el primer desembarco, el 18 de julio de 1809, recala en Cabrera el sacerdote Damià Estelrich, que se había ofrecido voluntario y tenía conocimientos de la lengua francesa.

La mayoría de los autores franceses que escribieron sobre los hechos de Cabrera, no tratan muy bien al clérigo, si bien el primer autor de un relato creíble sobre el confinamiento, el ayudante de cirujano A.J. Thillaye dice en su disertación lo siguiente:
El consejo de administración había observado, desde el comienzo, que un intermediario entre ellos y las autoridades españolas podría ser una gran ventaja para obtener los objetos de primera necesidad; también había hecho la petición de un clérigo en cuyo seno los prisioneros pudieran encontrar algunos consuelos. No fue hasta después de dos meses que un venerable eclesiástico, el señor Damián Estelrich, accedió a venir y compartir nuestra esclavitud. Esta medida tuvo los resultados más felices; restableció la confianza por un lado, y por el otro aseguró el éxito de varias solicitudes que fueron enviadas a la Junta de Palma. Pero nunca se pudo conseguir que se establecieran almacenes que pudieran asegurarnos las subsistencias, en el caso de que el mal tiempo impidiera que los barcos se echasen a la mar. A pesar de toda su buena voluntad, la Junta Directiva no pudo conseguir el servicio más grande.
El capellán Estelrich se aloja en el ruinoso castillo, carente de mobiliario y de lo más esencial para el desempeño de su labor. Su ejercicio religioso no tendrá un seguimiento considerable, pero para los prisioneros, el sacerdote será un puente imprescindible entre ellos y la Junta de Palma, al convertirse en mensajero y presionar a la Junta, con algunas de las peticiones del consejo de administración creado por los presos.
El cura Estelrich. De fondo el Castillo de Cabrera
(Foto base y dibujo:  Gom)

Además de sus funciones como capellán, también hará las veces de médico e intentará, proporcionando semillas y algunos útiles, que los cautivos cultiven algunas hortalizas y legumbres para su sustento, fundamentalmente coles. Una de las iniciativas del clérigo, que fue objeto de mayor escarnio por parte de los autores de memorias franceses, fue la de cultivar algodón. Pretendía con ello, que los confinados medio desnudos y vestidos con harapos, pudieran hilar, tejer y confeccionar sus propias vestimentas, con el algodón cosechado.   

En el libro, Mémoires d'un Conscrit de 1808 de *Philippe Gille figura esta breve descripción del sacerdote:
El señor  Damian Estebric (sic) era un hombre de entre cuarenta y cinco y cincuenta años, de pequeña estatura. Su fisonomía no era agradable, el disimulo se leía en sus facciones.
Por su facilidad de expresarse en francés, uno se sentía tentado a creerle uno de esos hombres que las turbulencias de nuestra revolución habían obligado a buscar refugio en el extranjero.   
 *Philippe Gille(1831-1901), dramaturgo, escritor y periodista, era hijo de Louis François Gille(1788-1863), que estuvo como prisionero en Cabrera desde el principio y que, según su hijo, escribió un diario en el que plasmó sus vivencias en la isla. El hecho de que las memorias vieran la luz tan tarde (1892), se debió a que el hijo leyó el contenido del diario paterno al cabo de varios años desde la muerte de su progenitor, que había ejercido como comisario de policía en Paris.
El nombre de L.F. Gille aparece en las memorias de otros autores y de su estancia en Cabrera, da prueba el mapa de la isla que elaboró durante su estancia, con la situación de elementos del cautiverio, y que se incluyó en la primera edición del libro de Joseph Quantin de 1820 "Un Tour en Espagne, de 1807 à 1809", así como en  libros de otros autores.
Las memorias de Louis François Gille, se publicaron en 1892 bajo el título de "Les prisonniers de Cabrera -Mémoires d'un Conscrit de 1808", con la reseña de: "Recogidas y publicadas por Philippe Gille" y dado el éxito obtenido, tuvo tres ediciones el mismo año. 
      
No hay duda sobre el importante papel desempeñado por el sacerdote durante el cautiverio, y el protagonismo del mismo. Como dato curioso, incluyo un fragmento de la proclama en verso, utilizando un mallorquín peculiar, que el clérigo publica en el Diario de Mallorca de 12 de octubre de 1811 y que firma como doctor.
                                                      ...
Primer me fere matar
En guerra, ó caure de fam;
Que veurer lo que mes am
Per iniquos ultretjar.
Jo me ocupo mentrestants,
A pregar Deu que mos ajud;
Prompte á fer lo meu degut:
Feu tots axi mos germans.
De esta Proclama que escrich
Un bon effecte se espera
Setembre trenta, Cabrera.
 Doctor Damia Estelrich. (sic)

Las hambrunas y sed
La escasez de agua fue un gran problema desde el inicio del cautiverio y causa de sufrimientos mayores que la falta de alimentos. La isla contaba con algunos manantiales, si bien de escaso caudal y en verano únicamente se mantenía uno con agua, lo que obligó a establecer un orden y turnos para el acopio del preciado líquido. Pese a las peticiones de ayuda a las autoridades, por parte de los oficiales, pidiendo alimentos, agua, medicamentos y herramientas, estos socorros tardarán en llegar. En relación con  el agua, la Junta les responde que no han buscado lo suficiente bien en la isla. Los soldados localizan unos antiguos pozos cegados, que limpian de escombros, aunque el agua resultante es escasa y de mala calidad. La desesperación por obtener agua potable, hará que intenten filtrar el agua del mar.
Venero de la fuente de Cabrera
(Composición foto base y dibujo)

Con la llegada del estío, la única fuente permanente reduce su caudal y la sed se hace insoportable. Por fin, la Junta superior de Mallorca, acuerda en acta del 31 de julio de 1809, encargar al proveedor de provisiones, Nicolás Palmer, el suministro de barriles de agua. No se sabe cuantos viajes con el preciado líquido llegaron a la isla, aunque posiblemente no serían más de dos, ya que fueron suspendidos tras el exitoso asalto a la embarcación que, hicieron algunos marinos de la guardia para escapar de la isla.  

Aunque el Petit Conseil había nombrado las personas para recibir las provisiones y custodiarlas, en caso de retrasos por la mala mar, no faltaron los disturbios y así, a los pocos días de su desembarco en la isla, a finales de mayo de 1809, se amotinaron más de dos mil soldados que asaltaron y desvalijaron la barcaza que servía de precario almacén de víveres. Se detiene y castiga a los principales sediciosos, al frente de los cuales se encontraba el maestro de tambores de un regimiento de infantería. En esta rebelión de la clase de tropa, influiría la gran diferencia existente, en cantidad y calidad, con las raciones de víveres destinadas a los oficiales y las que recibían suboficiales y soldados.

Al principio del cautiverio, la frecuencia del suministro de víveres debía ser cada dos días, para convertirse en cada cuatro días posteriormente, pero los avituallamientos rara vez tenían la regularidad prevista. En numerosas ocasiones, desde Cabrera se transmitió a la Junta la necesidad de contar con un almacén donde poder acopiar las provisiones, en previsión de eventualidades que impidiesen zarpar a los proveedores.

Las hambrunas fueron una constante durante casi todo el cautiverio, pero no afectó por igual a todos los prisioneros. Entre los oficiales no tuvo las nefastas consecuencias que ocasionó entre la clase de tropa, porque además de disponer de un mayor y mejor suministro de provisiones, disponían de efectivo con el que podían adquirir productos al proveedor de víveres y a los soldados que les custodiaban. Por otra parte, hasta diciembre de 1809, el hambre no fue de lo peor, ya que los suministros de víveres tuvieron cierta regularidad y las raciones seguían siendo las mismas, pese a que el número de prisioneros había sufrido numerosas bajas. Había menos bocas que alimentar pero la cantidad de alimentos era la misma. Por otra parte, aunque la abrupta isla no ofrecía grandes recursos, si disponía de algunos, como la pesca, la captura de conejos, algunas cabras existentes, ratas, pequeñas plantas comestibles, ...   

Todo cambia a partir de diciembre de 1809, cuando se actualiza la relación de prisioneros y acontece el primer episodio importante de escasez de alimentos. En vísperas de la Navidad de 1809, la barca con los víveres se retrasa más días de los habituales y sobreviene una terrible hambruna, que ocasiona la muerte de numerosos soldados.

De nuevo, en febrero de 1810, y posiblemente como consecuencia del intento de fuga habido el día 14 del mismo mes, en que un grupo de prisioneros intentó capturar el falucho de suministros, se produjo un retraso de 11 días que ocasionó estragos entre los prisioneros. La desesperación por el hambre hizo que los soldados buscasen algo que comer como fuera, descubriendo una especie de planta bulbosa que crecía entre las grietas de las rocas, a la que por la forma del bulbo, llamaron pomme de terre de Cabrera, con la que hacían una especie de pasta que asaban sobre las ascuas, y comían como último recurso a pesar de su desagradable sabor acre. Esta planta bien podría tratarse de la cebolla albarrana (urginia marina), altamente tóxica y fue una causa más de las muertes. Por fin, el 1 de marzo,  después de 11 días de retraso, llegaron las ansiadas provisiones, provocando el delirio de los recluidos, algunos de los cuales morirán al comer las vituallas con impaciente ansiedad. Es en esta ocasión cuando se vieron obligados a sacrificar a un sumiso asno, al que unos llamaban Robinson y otros Martín. Henri Ducor, autor del libro Aventures d'un marin de la Garde Impériale, publicado en 1833, hace una emotiva semblanza del desafortunado animal:
En la isla existía solo un cuadrúpedo, nuestro asno, una criatura buena y pacífica que servía a todos, y que, tratado como nosotros, recibía su sustento como nosotros.
Este querido Robinson, era nuestro niño mimado, ¡y qué civilizado era! Hacía duras tareas; pero era bien recompensado. Los soldados no descubrían una brizna de hierba, que no la recogieran para Robinson; así que tenía las orejas tiesas; sus crines peinadas, se habían vuelto brillantes, y ya no asustaba su delgadez; unos ayudaban a limpiarlo, otros le acariciaban con la mano. ¡Y qué sensible era a estas caricias! ¡Que inteligente era! ¡Que cariñoso, nuestro amigo Robinson! Al llamarle: de inmediato, por un movimiento de la cola, demostraba que había entendido. Si estaba de servicio, no se apartaba de su camino; de lo contrario, acercaba con calma su larga figura para recibir nuestros mimos. Siempre se le encontró de igual humor, como un filósofo. Era dócil, no tenía caprichos, nunca mordía, y todas sus patadas estaban limitadas a unos cuantos brincos para hacer reír: lo que nos complacía. "Robinson está alegre", decíamos; "¡mejor ! ¡Al menos hay alguien feliz en Cabrera! ". 
Varias fueron las circunstancias del desabastecimiento de los cautivos, pero la principal fue la falta de fondos de la Junta de Mallorca, imprescindibles para hacer frente a las enormes deudas que ocasionaba el encierro de tantas personas. No sólo se trataba de comprar los artículos, sino de pagar la logística asociada, tales como la recogida, y traslado hasta el embarcadero, así como el transporte hasta Cabrera. El contratista  inicial, encargado de tales menesteres, Nicolás Palmer, ante la falta de pago, amenazaba con cesar el servicio, hasta que no le abonasen las cantidades que había adelantado a proveedores, marineros y demás trabajadores. Por otra parte, la enorme cantidad de refugiados en Mallorca, había encarecido los productos, que a su vez escaseaban en la Península por los efectos de la contienda, complicando el abastecimiento incluso de los productos con las calidades más inferiores.
¡La barca del pan! ¡La barca!
(Grabado del libro de Henri Ducor,
 Aventures d'un marin de la Garde Impériales, edición 1858
Por si lo anterior no fuese suficiente, en los años 1811 y 1812 se añadió la escasez de cereales por la mala cosecha habida, no solo en Mallorca, sino también en la Península y hubo un nuevo aumento de refugiados. Para mayor adversidad, los transportistas debían de sortear no sólo con los temporales o calmas de la mar, sino también con el riesgo de que algún corsario les capturase, como ocurrió en 1812, cuando un corsario argelino secuestró uno de los barcos con provisiones. 

 Sigue en la parte cuarta y última


Bibliografía:
-Archivo Histórico Nacional. Sección de Guerra. Traslado de prisioneros franceses a Baleares y Canarias. Código de Referencia: ES.28079.AHN/1.1.19//ESTADO,46,D
-Aventures d'un marin de la Garde Impériale. Henri Ducor. Ambroise Dupont Éditeur. 1833 Paris.
-Cabrera a través de la Cartografía. Juan Tous Meliá, 2017. ISNB:978-84-697-2728-7 
-Cabrera. La Junta Gubernativa de Mallorca y los prisioneros del ejército napoleónico. Miguel Benàssar Alomar. Palma de Mallorca: Ajuntament, 1988.
-Cabrera. Sucesos de su historia que tienen relación con la de Francia. Joaquín María Bovér. Imprenta de D. Felipe Guasp. Palma, 1847.
-Cinq ans de captivité à Cabrera ou Soirées d'un prisonnier d'Espagne. Abbé Turquet. Librairie de J. Lefort. Lille, Paris, 1867.
-Guerra de la Independencia. Historia Militar de España. De 1808 a 1814. Tomo II. D.José Gómez de Arteche y Moro. Imprenta y Litografía del Depósito de la Guerra. Madrid 1875.
-Dissertation topographique sur Cabréra, l'une des Iles Baléares. A.J. Thillaye. Imprimerie de Didot Jeune. Paris-1814.
-Évasion et enlévement de prisonniers français de l'île de Cabrera. Bernard Masson. Tipographie de Nicolas, Imprimeur-Éditeur. Marseille 1839.
-Le géneral Dupont. Tome deuxiéme. Lieutenant-Colonel Eug. Titeux. Prieur et Dubois et Cie, Imprimeurs-Éditeurs. Puteaux-Sur-Seine, 1903.
-Les adieux a l'île de Cabrera ou Retour en France. M. Wagré. Imprimerie de Cosson. Paris 1833.
-Mallorca durante la primera revolución (1808-1814). Miguel Santos Oliver. Imprenta de Amengual y Muntaner. Palma-1901. 
- Étude historique sur la Capitulation de Baylen. Campagne de 1808, en Andalousie. E. Saint-Maurice Cabany. Revue Génerale Biographique et Nécrologique. Paris-1846.
- Geôles et pontons d'Espagne: les prisonniers de guerre sous le Premier Empire: l'expédition et la captivité d'Andalousie. Théophile S. Geisendorf-des Gouttes. Les éditions Labor Genève - Nlles éditions latines, Paris, 1932.
-La guerre d'Espagne, (1807-1813). Tome III. Colonel A. Grasset. Editions Berger-Levrault. Paris 1932.
-Mémoires d'un conscrit de 1808. Philippe Gille. Victor-Havard, Éditeur. Paris, 1892.
-Mémoires d'un officier français prisonnier en Espagne. C de Mery ó M de Mery (seudónimo de Joseph Carrère Vental). Libraire Chez Auguste Boulland. Paris 1823.
-Rendición de la escuadra francesa de Rosily (14 de junio de 1808). Coronel de Infantería de Marina Miguel Aragón Fontenla. Revista General de Marina. Año 2008. Agosto-Septiembre.
-Précis des opérations militaires en Espagne, pendant les mois de Juin et Juillet 1808. Lieutenant-Géneral Comte De Vedel. Paris 1823.
-Represión de franceses en Mallorca (1808-1809). Miguel Ferrer Florez. Bolletí de la Societat Arqueològica Lul-liana.  ISSN 0212-7458, Nº. 53, 1997, págs. 185-220
-Un Tour en Espagne, de 1807 a 1809 ou Mémoires d’un soldat fait prisonnier a la bataille de Baylen. Tomes I-II.  Josep Quantin. Ed. J.Brianchon, Libraire. Paris 1820.

  • Prensa:
-Aurora Patriótica Mallorquina
-Diario de Mallorca
-Diario de Palma
-Diario Mercantil de Cádiz
-Le Figaro
-Semanario de Mallorca
-Semanario Económico

Organismos:
-Biblioteca Nacional de España
-Gallica. Bibliothèque Nationale de France.
-Instituto Geográfico Nacional de España 
-Ministerio de Defensa