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viernes, octubre 16, 2009

La niña Juliana


A mediados del mes de Junio de 1891, ocurre en Madrid un hecho un tanto intrascendente en principio y en el que por los perfiles de sus protagonistas, una niña de la inclusa y una dama aristocrática, adquiere una enorme dimensión mediática, comparable al alguno de los exagerados "follones" que se montan hoy en día.
Se trata del caso de la llamada "Niña Mártir" o "Niña Juliana".
El asunto comienza cuando la pareja de guardias de seguridad de servicio en la calle Tudescos, encuentra a una niña de unos 10 años semi desnuda y con varias heridas.
Trasladada a la Casa de Socorro del distrito Centro, el personal que la atiende observa que además de tener la cabeza llena de cicatrices, la niña presenta una herida sin curar en el brazo izquierdo, otras dos en la zona sacro ilíaca, así como varias más en distintas partes del cuerpo.
A las preguntas que le hacen a la niña sobre las heridas, ésta contesta que les habían sido causadas por la duquesa Isabel, (luego sabremos más de esta dama) de cuya casa y aprovechando un descuido de los porteros se había escapado momentos antes.
Al reconocer más detenidamente a la criatura, los médicos observaron que tenía las orejas desgarradas con los agujeros de los pendientes rotos, resultado de tirones.
 Juliana, que así se llama la niña, manifiesta con lágrimas en los ojos y presa de verdadero espanto, que iría donde quisieran aquéllos señores, pero que de ninguna manera volvería a la calle de Arenal, donde vivía su señora.
Puesto el hecho en conocimiento del Gobernador Civil, marqués de Viana, éste da órdenes para que se la vista adecuadamente, cosa que costea de su bolsillo, y que sea conducida al Juzgado de Instrucción, para que instruya causa en averiguación de estos hechos, constitutivos del delito de sevicia.
En su número de 14 de junio de 1891, el periódico de Barcelona, La Dinastía, termina la anterior noticia con esta reflexión:
"Preciso es que en este punto se haga mucha luz, si se ha de dar una satisfacción a la vindicta pública, alarmada por los detalles que circulan relacionados con este monstruoso suceso, que con gusto rectificaríamos, si nuestra relación, que tenemos motivos para creer ajustada en todo a  la verdad, fuera sin embargo, inexacta en algún detalle."
Las protagonistas:
La niña

La niña Juliana Reodolas de San Sebastián, nace el 6 de febrero de 1881 en la casa de maternidad de San Sebastián. Su madre de profesión costurera y de nombre Ignacia tiene a la criatura fruto de sus relaciones con un tal Juan Bautista. que reconocerá a la niña más tarde. La niña es bautizada al día siguiente de su nacimiento y entregada al Hospicio. La junta provincial de Beneficiencia acuerda entregarla, para su lactancia a la nodriza Salvadora Otaño, residente en Zizurquil, y el 13 de diciembre de 1882 se hace cargo de la niña una vecina de Aduna y de nombre Felipa Otaño, donde Juliana vive hasta el mes de marzo de 1889, en que se reintegra a la Casa de Misericordia.
Un cura, hermano de su madre intenta que la  niña vuelva con el supuesto padre (quién quedó viudo al poco de su casamiento con la madre de Juliana en junio de 1884), pero éste dice que tiene dudas sobre su paternidad, que la reconoció como legítima a raíz de su enlace matrimonial y que se ha vuelto a casar, por lo que no tienen interés ni él ni su nueva esposa en acoger a Juliana, tras lo cual la junta provincial de Beneficiencia decide mantenerla en la Casa de Misericordia.

La duquesa
Doña María Isabel Alvarez y Montes, duquesa de Castro-Enríquez, nacida en Madrid en 1848, es hija de Angel Juan Alvarez y Alonso, marqués de Valderas y de Susana de Montes y Bayón. Se casa con el conde de Plasencia y marqués de Cerdanyola, Juan de Arróspide y Marimón, con el que tiene seis hijos y del que se encuentra separada desde hace dos años en el momento de producirse los hechos, ya que el marido vive en Barcelona con los tres hijos mayores, "al serle imposible vivir con su esposa, a causa del carácter excéntrico y especialísimo de ésta". La duquesa habita con los tres hijos menores en el Palacio de Gaviria, en Madrid.

Antecedentes
En noviembre de 1890, la duquesa de Castro-Enríquez se persona en la Casa de Beneficiencia de San Sebastián y transmite a la superiora del centro, su pretensión de acoger en su casa a una niña para educarla y tenerla como compañera de sus hijas.
Se le enseñan tres niñas, de las que elige a Juliana.
Dadas las garantías que persona de tal condición ofrecía se le entrega a la niña.
El corresponsal en San sebastián de El Imparcial, envía el 13 de junio de 1891 el siguiente telegrama:
«Antes de haber llevado a Juliana San sebastián, la duquesa había llevado consigo a un niño, hijo de uno marineros de este puerto, el cual - el niño- tuvo que volver a ésta porque no podía resistir los malos tratamientos que se le daban en casa de la duquesa.
Los datos que transmito están tomados de los libros oficiales que he visto.-Castell.»
Conocidas las protagonistas principales, (la niña huérfana, pobre, indefensa y sin familia, como víctima de una dama aristócrata, soberbia y arrogante), el menú está servido y llena páginas y páginas en la prensa de la época,  alimentando el morbo de gente de toda condición y llevando el asunto a las propias Cortes Generales.
En días sucesivos, la prensa seguirá alimentando el caso con detalles truculentos que provocan rabia, irritación y  antipatía hacia la duquesa.
 El periódico católico, El Siglo Futuro en un amplio artículo publicado el día 13 de junio de 1891, dice:
"...
A las tres y media de la tarde (del día anterior) la desdichada criatura fue llevada por el Sr. Sánchez Macheco, delegado de vigilancia, al juzgado de instrucción.
...
Las ropas, o mejor dicho, los andrajos que cubrían a la niña, han quedado a disposición del juez.
Según la niña ha manifestado, no se había mudado de ninguna clase de prendas desde el mes de Enero, en cuya fecha entró al servicio de la señora duquesa, y para que no pudiera ni aún desnudarse -pues sabido es que la hacían dormir en una silla- los botones y corchetes habían sido sustituidos por fuertes puntadas."  
 Sigue el periódico relatando pormenores del caso y que resumo:
Cuando la duquesa tuvo noticia de lo ocurrido por medio de un dependiente de la casa, se lo tomó a risa y se dirigió por carta al gobernador civil, manifestándole que de su casa había desaparecido una joven, a la que apreciaba mucho, y le rogaba que de haber sido encontrada la mandara a su domicilio.
El gobernador no contesta a la carta.
El juez de instrucción cita a declarar a la cocinera, a la portera y al cochero de la duquesa y sobre las ocho y media de la tarde-noche se presentan en la casa-palacio, el juez instructor acompañado de un oficial del juzgado.
Tras una antesala de media hora son recibidos por la aristócrata quién manifiesta que a la niña la había sacado del asilo de San Sebastián con el ánimo de proteger a una desgraciada, y que la consideraba y quería muchísimo, a pesar del carácter irascible de ésta, negando que ella fuera la autora de las heridas que tenía la niña, a la que por otra parte veía muy de tarde en tarde, no habiendo observado en ella, lesión alguna.
El Imparcial en su número del 14 de octubre de  1891 publica un furibundo artículo en el que entre otras cosas dice:
"Dos días hace que la prensa dió la voz de alarma; pues bien, todo ese tiempo ha tenido la duquesa para preparar sus declaraciones y para prevenir a sus criados.
Mas, ahora dejando a un lado que se pudo hacer mejor, nos limitamos a pedir que se proceda con entera justicia, sin atender para nada a los prestigios de un título, según parece que piensa obrar el juez.
La ley y la opinión  se lo agradecerán."
El día 13 de junio, el juez Sr. Muñoz toma declaración a la costurera de la duquesa, sin que de sus declaraciones se transmita ningún comentario  negativo para la aristócrata.
No ocurre lo mismo con las ex sirvientas que han servido anteriormente para la dama y que cuentan detalles más que siniestros sobre su experiencia laboral en el palacio.
Transcribo algunos párrafos publicados en el mismo número de El Imparcial:
"La señora les escatimaba el salario y los alimentos, tratándolas con dureza y haciéndolas trabajar como bestias de carga.
Las criadas manifestaban deseos de marcharse a los cuatro días,.., pero la señora impedíalo encerrándolas en una habitación y teniéndolas en ayunas un par de días. Después cuando las muchachas insistían en abandonar la casa, la señora las amenazaba con su mucha influencia para meterlas en la cárcel.
-¿Por qué -le replicó en cierta ocasión una más arriesgada.
-Pues por ladrona, pues te acusaré de que me has robado y con eso logro mi propósito." 
El resultado del reconocimiento médico practicado a Juliana el día 13, pone las cosa todavía más difíciles para la duquesa, ya que la niña presenta más de 90 cicatrices de heridas en cabeza, pecho, vientre y nalgas, hechas con instrumentos punzantes tales como tijeras y otras con elementos ardientes como pueden ser unas tenazas de chimenea.
El juez instructor, tras la declaración practicada por la duquesa, da orden de custodiar la casa con el fin de impedir su fuga y en la tarde noche del día 13, entrega al gobernador la orden de prisión de la duquesa.
Con la orden de prisión emitida por el Gobernador, se dirigen a la calle Arenal, el delegado de vigilancia de la zona Centro, Sr. Machero, el comisario de policía Sr. Monroy y dos agentes. Suben al salón y tras una espera de unos 20 minutos, aparecen dos conocidos de la duquesa, el doctor Sanz y  un abogado, que se dirigen a los agentes de la autoridad preguntándoles el objeto de la visita. Lo que sigue es un diálogo (supongo que fabulado por el periodista) un tanto peculiar y entretenido:
"-Con Vds. nada podemos hablar- contestó el Sr. Machero -Yo sólo deseo ver a la señora duquesa.
 -¿Para qué?
-Para un asunto que no puedo revelar.
-¿Qué asunto?
-Uno que sólo a ella interesa."
Los dos amigos de la casa insisten en sonsacar al delegado, sin que éste les aclare nada, tras lo cual y cuando ya se iban a retirar, aparece la duquesa.
"-¿Que me quiere Vd.?- dijo ésta con altivez.
-Hablarla- replicó el Sr. Machero.
-Puede Vd. hacerlo.
-No, delante de los señores.
-No importa; son amigos míos para quienes no guardo ningún secreto.
-Sí importa... Yo deseo hablar a solas con usted."
La duquesa frunce el ceño y con una sonrisa de desdén  replica:
"-Bueno, pues pase Vd. a mi gabinete."
El Sr. Machero informa a la duquesa que trae orden del juez y del gobernador para conducirla  a  la cárcel de mujeres:
"Al oir ésto la duquesa se puso en pie revelando en su demudado semblante la ira que le dominaba, y fuera de sí, con gran violencia, como si la hubiese picado una víbora, se revolvió colérica contra el Sr. Machero, al cual abrumó a insultos.
...
No se detuvo en los insultos al Sr. Machero, sino que llenó de impromperios al gobernador, al juez, a todo el mundo durante un largo espacio de tiempo.
-¡Yo en la cárcel!- gritaba ...-¡Eso es una infamia!..¡Una vileza!...¡Ladrones, asesinos, pillos!...¡Yo en la cárcle confundida con criminales!"
La duquesa corre hacia su alcoba. El delegado, tras un intervalo de indecisión y temiendo algo trágico, se dirige también hacia la sala. Al verlo, la duquesa se arroja a sus plantas y le ruega que no la condujese a la cárcel, que no la separase de sus hijos.
El Sr. Machero le informa de que lo que pide es imposible, que debe cumplir con lo ordenado.
La duquesa más tranquila e informada de que mientras esté en comunicación puede llevarse a sus hijos con ella, decide acatar la orden de encarcelamiento y manda a sus hijos, dos niños y una niña, que se vistan para salir.

La comitiva sale por una salida lateral y se dirige a la calle Mayor, donde espera un coche de alquiler, dejando a una multitud de gente que esperaba en la calle Arenal sin espectáculo.
 A la llegada a la Casa Galera (nombre de la cárcel de mujeres) es recibida por el director de la prisión que la acompaña hasta el cuarto de filiación.
"-¿Su nombre?- preguntó el empleado encargado de filiar.
-María Isabel Luisa Francisca de Asís Antonia Alvarez Montes Alonso y Balinó..
-Un momento- interrumpió el director, deteniendo el flujo de nombres, -¿cómo ha dicho Vd.?
-María Isabel Luisa...
-Bueno, basta con eso- dijo el director.-Ponga Vd. Ahí: Isabel Alvarez.
-Duquesa de Castro Enríquez- añadió la interesada.
-No sirve- replicó el director.-Isabel Alvarez nada más, aquí no hay títulos; eso se queda en la puerta.
-Bueno- contestó la presa encogiéndose de hombros.
-¿Edad?
-Treinta y nueve años..."
A partir de la filiación, el director prohibe el acceso de los periodistas al resto de dependencias de la prisión por lo que la relación de los hechos se basa en confidencias de terceras personas.
La duquesa es conducida a la sala de distinguidas quien al verla le dice al director:
"-Señor director. supongo que yo no estaré aquí.
-Supone Vd. mal, señora
-¿Pero aquí no se puede estar de otro modo pagando?
-Sí, señora, y suponiéndolo la he traído a usted a esta sala de distinguidas. Aquí es donde se paga.
-¿Y aquí cuánto se paga?-preguntó.
-Una peseta diaria, poco dinero.
-Y tan poco- añadió  la presa.-Pagaré."
La duquesa pregunta si puede llevar cama propia y comida de su casa, a lo que contesta el director que el reglamento no se opone.
En relación al encarcelamiento provisional de la duquesa, el diario conservador, El Siglo Futuro de 15 de junio de 1891, al tiempo que desmiente algunos aspectos folletinescos publicados  por la prensa liberal, expresa sus reparos a una medida que considera exagerada y escribe:
"Los hechos de dominio público, constitutivos de los delitos objeto del sumario, no son de los que hacen necesaria la prisión provisional de los procesados, siquiera pueda exigirseles fianza para continuar en libertad.
Motivos muy poderosos han debido aconsejar la medidad adoptada por el mismo juez, que poco antes procedió con tan extremada cortesía.
No podemos creer que se ceda a las imposiciones de la opinión alarmada, pues tanto se peca por carta de más como por carta de menos."
Al dia siguiente de su ingreso en prisión, se constituye el juzgado en la cárcel de mujeres a las 11 de la mañana, para tomar la indagatoria a la duquesa procesada, quien se limita a manifestar al juez el deseo de que el proceso termine a la mayor brevedad posible.
El día 16 de junio es ratificado el auto de prisión de la duquesa, fundado en que  los hechos que resultan del proceso pudieran ser constitutivos de homicidio o asesinato frustrado.
La duquesa recibe numerosas visitas y el apoyo de la aristocracia que se moviliza en su defensa. Así en la sesión de ese día en el Senado, el conde de Canga Argüelles dirige ataques contra la prensa por la publicidad y los comentarios hechos sobre el asunto. La política se mete por enmedio y en los próximos días se sucederán las intervenciones y enfrentamientos verbales de los políticos, relacionados con el asunto.

¿Y qué es de la niña Juliana?
La niña vive acogida en la casa del secretario del Gobierno civil, se le  ha vestido decentemente y ha recibido numerosos presentes y regalos, así como el interés de varias familias para acogerla. También ha sido examinada en varias ocasiones por los médicos forenses. A título de curiosidad, el diario El País de 19 de junio hace una relación de la Ropa y efectos regalados a Juliana:
"Cuatro vestidos y uno más en corte, siete camisas, cinco enaguas, cinco pantalones, una chambra, un corsé, una toquilla, nueve pares de medias, ocho pañuelos para la mano, un par de zapatos, un devocionario, una cadena con medalla y cruz de oro, un par de botas de tafilete negro, dos muñecas, un rosario de nácar engarzado en plata, dos pares de pendientes de oro con perlas y con esmalte azul, un rosario de Lourdes y un escapulario, una cesta de cristal con dulces, dos pañuelos de seda para el cuello, un sombrero de paja, un reloj de oro, una caja con dulces y siete pesetas en metálico, y un reloj de oro con las iniciales de la niña.

Volviendo a la cárcel de mujeres, al saber la duquesa de la negativa a su puesta en libertad bajo fianza y quedando muy afectada por ello, el día 19 permanece en cama y no recibe visitas. En días sucesivos, seguirá enferma con neuralgia, según su médico el doctor de la Rosa.

En Libertad
En la noche del día 2 de julio de 1891 y tras pasar en prisión 21 días, la duquesa de Castro-Enríquez es puesta en libertad.

El 1 de julio de 1891, la niña Juliana es llevada a la Sociedad Protectora de los Niños.

A mediados de agosto de 1891, la causa instruida a la duquesa es devuelta por la Audiencia al juzgado instructor para que informen nuevamente los médicos acerca de las heridas recibidas por Juliana.

Desde octubre se hace cargo de la defensa de la duquesa el ilustre orador y político conservador, D. Eduardo Dato Iradier, que consigue dar un vuelco al proceso en favor de su defendida.

El 20 de octubre de 1891, El País publica en el apartado de Tribunales y con el título de La causa de la niña martirizada, una noticia de cuatro líneas a una columna que dice:
"La Sala tercera de la Audiencia, de acuerdo con la calificación fiscal, ha dictado auto de sobreseimiento provisional en el proceso seguido a la señora duquesa de Castro-Enríquez."
El 23 de noviembre, tiene lugar el juicio de faltas, a que ha quedado reducido todo el proceso, al considerarse las lesiones inferidas a Juliana de leves. Éste tiene lugar en el Juzgado municipal del distrito Centro. La duquesa se encuentra ausente en su casa de San Sebastián. La representa Dato Iradier. El juicio comienza a las cuatro y media de la tarde, terminando a las 9 de la noche. El fiscal resalta ques está probado que la duquesa de Castro-Enríquez había causado a Juliana Reodolas de San Sebastián las lesiones leves que había sufrido, únicas en que podía entender el juzgado, por lo que en consecuencia pide que que se imponga a la acusada la pena de arresto mayor en el grado que el juzgado estimara procedente. En su turno de intervención, el abogado defensor Sr. Dato Iradier, hace uso de su habilidad oratoria, repasa todas las manifestaciones hechas por los testigos y siguiendo la información que sobre el asunto da La Correspondencia en su número del 25 de noviembre de 1891 termina su intervención elogiando las cualidades morales de la duquesa y condenando la campaña de difamación de que se la hizo víctima. Concluyendo pidiendo el sobreseimeinto del caso o en otro caso, la absolución con toda clase de pronunciamientos favorables a la duquesa. El juez se reserva el derecho de dictar sentencia dentro de las veinticuatro horas que marca la ley.
En la misma tarde, el juez dicta sentencia en la que fundándose en que no hay méritos suficientes para considerar responsable a la duquesa de las lesiones leves padecidas por Juliana, absuelve a doña Isabel Alvarez y Montes, duquesa de Castro-Enríquez, declarando de oficio las costas causadas.

¿Y que fue de la niña Juliana?, ¿Qué pasó con las familias que querían acogerla?.
La prensa de Madrid, del 17 de noviembre de 1891, publica un breve que dice:
"El Juzgado del Centro ha comunicado hoy al Gobierno civil un auto disponiendo el reingreso de la niña Juliana San Sebastián en el Asilo de la capital de Guipúzcoa.
Se ha oficiado al gobernador de San sebastián para que por aquélla Comisión provincial se disponga el ingreso de la niña en el Asilo."
No encuentro ninguna noticia relacionada con Juliana, hasta que en el número de La Correspondencia de España de 17 de enero de 1896, leo la siguiente trágica noticia:
"En el hospital civil de San Sebastián ha fallecido, uno de estos días (ni siquiera averiguan la fecha) atacada de tis (tuberculosis) la niña Juliana San José (tampoco recuerdan el nombre), que hace cuatro años alcanzó tanta notoriedad por los supuestos malos tratos de la duquesa de Castro-Enríquez."
Un libro sobre el tema: De los tiempos de Cánovas. Autor: Carlos Seco Serrano. ISBN: 8495983427
                                       Editorial: Real Academia de la Historia Año:2004

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