ir arriba

sábado, diciembre 12, 2009

El muerto resucitado de Plasencia 3: Conclusión

 viene de la parte 2

El corresponsal de El País, Enrique Segovia Rocaberti, continúa con la crónica del juicio en el número del 21/10/1888, del que extraigo lo siguiente:

Día 20/10/1888

Empieza la vista con la declaración de los médicos catalanes, señores D. Miguel lluch, D. Ramón Miró y D. Isidro Calvet. Los dos primeros practicaron la dos autopsias del supuesto cadáver de Eustaquio Campo por orden del Juzgado, en diciembre de 1886 y abril de 1887 y no añaden nada de particular a sus declaraciones del sumario.
El Sr. Calvet fue médico del manicomio de San Baudilio, donde dice haber conocido a D. Eustaquio y a Santa Olalla. De D. Eustaquio dice andaba penosamente por efecto de la parálisis del pie, declarando que hizo dimisión de su cargo por no transigir con ciertas inmoralidades.


Más testigos
Don Evaristo Pinto Sánchez, director de El Cantón Extremeño, afirma que el procesado es D. Eustaquio, reconociéndole por la fisonomía, por sus maneras, su actitud y por muchas señas particulares. Cree falsa la partida de defunción de Campo, haciendo notar que la certificación del registro civil dice murió el 18 de septiembre de 1882 y la del cura dice que fue enterrado el 18 también, haciendo constar que en la partida  civil consta que falleció a las once de la noche, surgiendo la duda de que fuera enterrado entre once y doce, todavía caliente.
Declaran varios testigos más y todos están conformes en reconocer en el procesado a D. Eustaquio Campo, asegurando casi unánimemente que cojeaba y era bizco.

Cinco mujeres
Concurren Dolores Muñoz, Ana María Páez, Demetria Blanco, Manuela Garrido y Felipa Arcas.
Todas ellas se muestran mucho más resueltas que los hombres y todas reconocen que el procesado es el mismísimo D. Eustaquio.

El farmacéutico
D. Teodoro Jiménez, farmacéutico, muy amigo de Cruz , y que también lo fue de D. Eustaquio, no reconoce por tal al procesado.
Razona su declaración leyendo y entregando cartas de D. Eustaquio y su padre. Asegura que Campo no cojeó antes de sufrir la rozadura de una bota. Tampoco advirtió que padeciera estrabismo.

Un primo
Mariano Palomar, primo de Eugenio Santa Olalla, encuentra parecido con el procesado, pero afirma que no es éste. El testigo sufre atontamiento al terminar su declaración.

Los compañeros de armas
Declaran los antiguos amigos y compañeros de armas de Eugenio, Demetrio Borricón, Pedro Pérez e  Ignacio Bejarano. Los tres se reconocen, pero no así al procesado de quien aseguran con firme y resuelto acento no es Santa Olalla. Los dos primeros vieron a Eugenio después de licenciarse.
Termina la audiencia leyendo el defensor una comunicación dando cuenta de que en el expediente de carrera de D. Eustaquio Campo figura una certificación del doctor Bonifacio Blanco,asegurando que aquél no puede asistir a clase a consecuencia de un esguince o torcedura del pie derecho.
La Sala acuerda pedir oficialmente dicho documento.

Día 22/10/1888 (lunes)
La concurrencia a la sesión de hoy es muy numerosa. La Guardia Civil, con bayoneta calada, impide que la gente se aglomere a la puerta de la Audiencia.
El abogado defensor pone a disposición del tribunal las partidas de defunción y enterramiento de D. Eustaquio Campo, tras lo cual solicita que comparezca D. Felipe Díaz de la Cruz.
El señor presidente da órdenes para que se vea si entre los testigos que han de comparecer se encuentra el solicitado por la defensa.
El Sr. de la Cruz no se encuentra entre los testigos, aunque consta que se encuentra en Plasencia y en buen estado.

Catorce en pro y una en contra
Declaran quince mujeres, catorce favorables al acusado, a quien reconocen. Algunas sirvieron en su casa.
Entre ellas, una conocida como la Albina, declara que el procesado es D. Eustaquio, a quien conoció mucho, echándose a llorar al decir ésto.
Dice que conoció desde niño al padre de D. Eustaquio y a su abuelo, con quienes el procesado tiene mucho parecido. Oyó decir que Campo había muerto en un manicomio pero cuando se presentó en Plasencia, diciendo llamarse Eugenio, ella lo vió y le dijo: "¡Quiá!¡Usted es D. Eustaquio, a mí no me engaña!"
La décimo quinta declarante, de nombre Ventura Sánchez, afirma tajantemente que el procesado no es D. Eustaquio y habla de él con gran entusiamo. Según ella, no fue nunca cojo, ni bizco, ni zambo. En el calor del entusiamo dice: "Mi señorito era lo más fino y elegante y bonito del mundo; sus pies, como sus manos parecían los de una señorita.". Le advierten que varios amigos íntimos de Eustaquio declaran que tenía los dedos de las manos aporrillados de morderse continuamente las uñas, pero ella sólo transije con que tuvo un tumor.
Interpelada por el defensor, declara que su marido es sirviente de Prieto, el curador ejemplar que fue del procesado. (El público celebra las hábiles preguntas del abogado.)

Declaraciones importantes
Comparece como testigo D. José Izquierdo, médico, de avanzada edad, primo segundo de Eustaquio. Declara aplicando al oído la trompetilla, por ser extremadamente sordo.
-De mi boca, dice, solamente saldrá verdad, reflejo de mi conciencia.
Manifiesta que cuando circuló por la ciudad la noticia de haber venido Eustaquio, no quiso dar crédito a tales rumores, si bien pensó en la posibilidad del caso, por tener precedentes en el mismo hospital de Plasencia, donde ingresó y falleció un individuo con filiación equivocada, dando por resultado el hallarse vivo y sano el suplantado, que lleva hoy su partida de defunción en el bolsillo.
Añade que, en vista de que los rumores se acentuaban, fue a ver al procesado, sometiéndole a escrupuloso examen, por virtud del cual adquirió la firme persuasión de que física y moralmente el procesado no es ni puede ser más que su primo Eustaquio.
Igual declaración hace su hermano D. Juan, impresionando vivamente al público.

Uno que no lo conoce
Cierra las declaraciones de hoy D. Carlos Arrán, amigo compañero y condiscípulo de Campo; declaración borrosa e indecisa, diluida en períodos altisonantes. Dice que Eustaquio  no tenía estrabismo y que no cojeaba antes de la enfermedad.
...No reconoce sea éste su amigo Eustaquio, manteniéndose en actitud de duda.

El Sr. Cruz
Decididamente, tratándose de Cruz, es imposible asegurar nada.
Ignórase su plan. Hay quien supone que quiere reservarse para lo último, con objeto de conocer todas las fuerzas enemigas y los medios de que disponen para ceder o atacar, según convenga; pero hay también quien afirma, y estos son los más, que considera perdida su causa y se halla influido por el miedo.


Plasencia a principios del siglo XX


Día 23/10/1888 (martes)

Por fin el día 23 hace acto de presencia en la sala, el denunciante D. Felipe Díaz de la Cruz. Cuenta el cronista de El País:
"D. Felipe de la Cruz está en la sala de abogados rodeado de su hermano, su cuñado y algunos amigos.
La ansiedad en el público es inmensa.
El salón donde se celebra la vista del juicio oral es incapaz para contener tantas personas como quieren presenciar la sesión de hoy.
El calor es insoportable.
El público se estruja y estrecha para dar cabida a las personas que, a pesar de estar llena la sala, quieren tomar puesto.
El aspecto que presenta la sala es imponente."
Interrogatorio del fiscal
Comienza la vista.
El presidente llama al Sr. Cruz.
El fiscal comienza preguntando al Sr. Cruz, si tiene conocimiento de la manifestación verificada en octubre de 1886, a lo que responde el interpelado, que sí y que la componían única y exclusivamente niños de doce a catorce años de edad., dicho lo cual pasa a explicar la denuncia que hizo a la guardia civil y al Juzgado respecto del particular.
Continúa Cruz:
-Hallábame enfermo del estómago a primeros de septiembre, cuando mi hermano Narciso ,me llevó noticias de que Eustaquio estaba en Plasencia en casa de José Ayala. Habiendo cobrado éste último, 10.000 duros por la venta de la mitad de una dehesa, creí trataran de timarlo y avisé por medio de mi hermano a la guardia civil, que practicó un registro sin verme después ni darme cuenta de él.
Sigue hablando Cruz:
-Creo que el procesado ha consumado actos de usurpación de estado civil, dejándose agasajar y tratar como Eustaquio, recibiendo el día de este santo regalos y felicitaciones.
Los rumores, añadió Cruz, no cesaban, continuando cada vez más insinuantes e infamantes contra mí, permaneciendo indiferente, hasta que agravado mi mal, me dirijí a Marmolejo, buscando alivio para el estómago. Al recibir noticia de que por aquí se decía que me había fugado al extranjero, decidí regresar a Plasencia y vista la manifestación contra mí el día 16 de octubre, presenté la denuncia ante el Juzgado. desde entonces todo lo que sé del procesado lo es por referencias.
Fiscal.-Cuando se suscitó el expediente de curatela de D. Eustaquio Campo, ¿oyó usted decir que éste no estaba en el manicomio?
Cruz.-Esto es nuevo para mí. Supe tan sólo que indirectamente se insinuaba en el expediente no hallarse enajenado Eustaquio.
Fiscal.-¿Qué otros cargos puede presentar usted contra el procesado por usurpación?
Cruz.-Que al preguntarle yo cuando vine a ampliar mi declaración, me dijo estar convencido de ser Campo.
Fiscal.-¿recuerda usted las señas de Eustaquio?
Cruz.-Perfectamente. Fuí su compañero de estudios en Salamanca, cazando con él muchísimas veces, sin n otarle cojera al trepar por el monte. Tampoco era bizco; su voz distinta, y su acento marcadamente extremeño nada se parece al del procesado, castellano puro. creo que no puede confundirlos nadie que haya tratado íntimamente a Campo, atribuyendo a los que dicen serlo perturbación cerebral o dañada intención.

Interrogatorio del defensor
Defensor.-¿Le consta a usted que D. Eustaquio, no era bizco ni cojo antes de ir al manicomio?
Cruz.-Me consta como cosa cierta y positiva que no lo era hasta el año 1860, en que dejé de tratarle.
Defensor.-¿Pudo adquirir esos defectos del año 1860 al 65?
Cruz.-El año de 1876 no se los he notado.
Después de protestar contra la frase del defensor de días atrás que dijo "a enemigo que huye puente de plata" , Cruz explica largamente su participación en la testamentaría de D. Rafael Campo, con gran facilidad de palabra y corrección exquisita.
Defensor.-¿Es cierto que, dueño de importantes papeles de la testamentaría, cohibió usted a doña Francisca Belloso, viuda de D. Rafael, para que aceptase su mano?.
Con esta pregunta, Cruz contrae el rostro, estruja el pañuelo en la mano derecha y como picado por una víbora se yergue para contestar, cuando le ataja el presidente, llamando la atención del letrado.
El fiscal califica de impertinente la pregunta y pide que conste en acta, a lo accede el presidente.
Defensor.-Conste también mi protesta. Diga el testigo, ¿es cierto, como se ha referido, que al volver el curador ejemplar Sr. Prieto, del manicomio después de la muerte de D. Eustaquio, dijo al testigo que D. Eustaquio vivía bajo el nombre de un carpintero llamado Eugenio?
Cruz rechaza la versión despreciativamente y presidente y fiscal, califican la pregunta de impertinente.
Defensor.-¿Se opuso el testigo a que viniera Campo al interrogatorio para nombrársele curador?
Cruz.-Cierto, pero fue porque lo solicitaba Manuel Ayala, que carecía de personalidad en la testamentaría, por no ser heredero sino simplemente legatario pensionista sin derecho a intervenir en la testamentaría.
Defensor.-Entonces, ¿cómo escribió el testigo al Sr. Pujadas, director del manicomio, pidiéndole le indicase dónde radicaba el Juzgado para remitir exhorto con el fin de que los médicos ajenos al establecimiento recononociesen al demente?
Cruz.-Fue para entablar querella contra quien sostenía que el padre de Eustaquio le había llevado al manicomio sin estar loco.
Defensor.-¿Y cómo ese exhorto antes de la querella?
Cruz trata de explicarlo, pero inútilmente.
Sigue el interrogatorio del defensor que pregunta a Cruz, si salió de doña Francisca Belloso, el ir a ver a Eustaquio al manicomio, a lo que responde Cruz que sí.
Defensor.-¿Cómo entonces se quedó en Barcelona y no entró en el manicomio? 

Juliana Valiente, esposa de José Ayala.
Dibujo de Juan Comba. La Ilustración Española y Americana. (1888)

Cruz.-Parece mentira tenga necesidad de explicar esto. Queríale ella con verdadero amor maternal, tanto que muchas veces vime obligado a reñir batallas con ella porque quería traerle con nosotros para asistirle de cerca. Exponíale las dificultades que esta situación nos crearía. Sabía yo que siempre que ella le veía con su difunto esposo, sin ser vistos del loco, ella sufría violentas emociones. De esta vez, como iba en mal estado, la dejé quedarse, yendo yo solo al manicomio. ¿Tengo necesidad de más expliaciones señor defensor?-pregunta irónicamente.
En el transcurso del interrogatorio, Cruz afirma que Concha Somera entraba en su casa, hablando familiarmente con doña Francisca, pero niega tuviese confianzas con aquélla.
Defensor.-¿Antes de marchar Concha al manicomio, pidió a usted recomendaciones?
Cruz.-Sí díselas y también algún dinero.
Defensor.-¿Sabe usted si Concha se resistió a ir a otro manicomio?
Cruz.-Oí que estuvo encaprichada en ir a San Baudilio de Llobregat.
Terminado el turno del defensor, el Presidente pregunta a Cruz si posee bienes de la testamentaría de D. Rafael Campo.
Cruz.-Sí, la dehesa del Berrocalillo y la mitad de la casa de la calle del rey.
Presidente.-¿Hále reclamado algo el procesado?
Cruz.-Nada
Presidente.-¿Sabe si reclamó a otros?
Cruz.-Nada.
Se retira el declarante sudoroso y fatigado y se suspende el juicio durante quince minutos.

Muy importante
Reanudado el juicio a las doce y media, declara Miguel Ayala, pariente de Eustaquio y uno de sus herederos. Dice que siente una gran complacencia en reconocer que el procesado es su primo Eustaquio y que desea vivamente lo reconozca así el tribunal para ponerle en disposición de los bienes que él disfruta indebidamente.
Sigue a este testigo, Juliana Valiente, la cual declara que su marido acompañó a Concha al manicomio de San Baudilio en busca de Eustaquio, que estaba allí con un nombre supuesto.
Describe la escena del registro de su casa por la guardia civil, registro que atribuye a la visita que por la tarde le hizo la criada de D. Manuel Prieto, la Perejila, que debió ir a sonsacarla, pero no vió al procesado.
Dice que desde que supo que su pariente vivía, sintió intranquila su conciencia por estar disfrutando los bienes de un individuo a quiens e suponía muerto, no estándolo, y hoy su intranquilidad es mayor viéndole y hablándole y no pudiendo devolverle su hacienda. ¡Yo quiero devolverle lo que es suyo!, añade llorando.
José Ayala, esposo de Juliana, también reconoce al procesado, aunque dice que  estuvo escamado algunas horas, orque se murmuraba si le habrían dado jicarazo.
Termina la vista con la declaración de Fernando Heras, que fue a buscar al procesado en compañia de Concha Somera quien le reveló el secreto y cómo convinieron los parientes en traerle, a condición de que nunca reclamaría nada ni tomaría el nombre de Eustaquio.
Termina la vista por hoy y mañana se espera con gran expectación, la declaración de Concha Somera.


Como dato curioso, hay que reseñar la noticia que el periódico El Liberal publica en su número de 23/110/1888, dice así:
"Lorca 22 (11,55 n).-En el Casino de esta ciudad se encuentra un cuadro propio de D. Juan Terrer, condiscípulo de Eustaquio Campo Barrado, que contiene los retratos de los alumnos de derecho del año 1863.
Entre ellos está el de Campo Barrado, bizco del ojo izquierdo, lo cual contradice la declaración del señor Díaz Cruz, que asegura nunca lo fue."

Retrato de Fernando Heras.
Dibujo de Juan Comba. La Ilustración Española y Americana. (1888)

Día 24/10/1888 (miércoles)
Día de gran expectación pues se espera que Concha la Somera, haga interesantes declaraciones, desde las siete de la mañana una inmensa multitud espera en la puerta de la Audiencia.

Concha la Somera
Empieza la vista mandando el presidente comparezca Concha.
Entra Concha vestida de negro.
El fiscal la interroga.
Para la generalidad su declaración defrauda, pues se calla nuevas revelaciones, aun cuando anuncia se poseedora de secretos hondísimos. Repite sus declaraciones del sumario.
Según dice, se decidió a salvar a Eustaquio porque hablando un día con la madrastra de éste, le oyó decir que alguien trataba  de hacerle desaparecer.
Captándose poco a poco la voluntad de doña Francisca y hasta del mismo Cruz, itrodújose en casa de éstos, oyendo a la señora que Prieto, curador de Eustaquio cuando volvió de liquidar cuentas con el manicomio, le dijo que Eustaquio vivía bajo el nombre de Eugenio. Doña Francisca, que estaba muy apesadumbrada e intranquila, pidió a la declarante que le salvase, concibiendo entonces el plan de fingirse loca, plan que tuvo que suspender por hallarse encinta y en cuya combinación entraron ambas. Pocos días después moría la esposa del señor Cruz. Entonces ella participó el secreto a personas extrañas. Fingióse más tarde loca, consiguiendo que la internasen en el manicomio de San Baudilio.
Allí, un loco que era de los principales, le confirmó las revelaciones de doña Francisca. Oyó también a diferentes pensionistas dar indistintamente al carpintero el nombre de Eugenio y de Eustaquio.
Acusa terriblemente a D. Baudilio Net, diciendo hacía bueno al difunto doctor Pujadas. Si yo, dice, contase todas las infamias allí cometidas, lloraría el tribunal mismo.
Refiere detalladamente su entrevista con el procesado, que siempres se presentó como Eugenio.
De regreso a Plasencia, reveló a Fernando heras la existencia de Eustaquio, lo cual hizo también con Francisco Mateo Ayala.
Termina relatando cómo trajeron a Plasencia al procesado y el público se queda con ganas de oir nuevas revelaciones.
Continuando con el juicio, siguen las declaraciones de testigos, abundando los que creen que el procesado es el verdadero Eustaquio Campo, siendo muy significativa la intervención del testigo llamado Vicente Rodríguez. Leamos lo que cuenta el periodista de El País:

Declaración importante
Vicente Rodríguez, que sirvió treinta y siete años en casa de los padres de Eustaquio, reconoce por tal al procesado, a cuyo bautizo asistió en Alcántara, donde nació, y vino con su familia a Plasencia cuando aquél contaba dos años.
Fiscal.-¿Pues no murió en San Baudilio de Llobregat?
Testigo.-No, porque está ahí presente.
Fiscal.-¿Sabe a qué personas aprovecharía su muerte?
Testigo.-A D. Felipe Cruz.
Fiscal.-¿recuerda usted las señas de Eustaquio?
Testigo.-Antes de ir al manicomio arrastraba algo el pie derecho; después de su locura cojeaba más.
Fiscal.-¿Recuerda usted cómo tenía la vista?
Testigo.-Del ojo izquierdo un poco desgarrá.
Esta declaración impresiona al público por lo inesperada.

Seguidamente se procede a dar lectura de un escrito presentado por el señor Díaz de la Cruz, pidiendo autorización a la Sala para entablar querella por calumnia contra el abogado defensor por la pregunta formulada en la sesión de ayer, referente a haber cohibido a su esposa para que aceptase su mano, a lo que responde el Presidente que la Sala deliberará, pasado que sea el juicio.

Nuevo testimonio
Inocencio Fernández, de oficio posadero, declara que fue varias veces al manicomio desde 1870 a 1872, viendo a Eustaquio acompañado por un comerciante que le conocía. Dice es el mismo porcesado al cual, preguntando una vez si quería algo para Plasencia, le oyó contestar con desprecio:"Nada necesito y menos de Plasencia".


Caso raro

D. José Vera López no le reconoce. Este testigo fue juez municipal cuando el juez de instrucción Sr. Palacios recibió un telegrama falso anunciándole hallarse grave una hija. Por su ausencia, Vera se encargó del Juzgado, dictando auto de "no ha lugar" a la venida de Eustaquio para ser reconocido, declaración que hace recordar el "no ha venido ni vendrá" del Sr. Cruz, que éste reconoció ayer haber pronunciado.
Con la declaración de dos testigos más, que reconocen al procesado, termina la vista de hoy.


Al día siguiente tendrá lugar una de las intervenciones más interesantes y también la que será una de las más demoledoras para los intereses de D. Felipe Díaz de la Cruz. Se trata de la declaración como testigo del magistral de la catedral de Plasencia, D. Benigno Felipe Carral y Oviedo.


Acceso principal manicomio de San Baudilio de Llobregat

La Ilustración Española y Americana (1873)

Día 25/10/1888 (jueves)
Comienza el acto por la lectura de la declaración prestada en el sumario por el abogado fallecido, D. Francisco Alvarez Elvira, declaración por completo favorable al procesado.
El presidente llama al magistral de este obispado Sr. Carral, quien se presenta en traje eclesiástico.
Tras los preliminares, el fiscal inicia su turno.
Fiscal.-¿Conoce el testigo al procesado?
Magistral.-Es D. Eustaquio Campo Barrado.
Fiscal.-¿En qué razones funda usted esa afirmación?
Magistral.-En que le conocí como a otros compañeros suyos por los años 55 al 57.
Fiscal.-¿Qué más datos tiene?
Magistral.-Parécese extraordinariamente a su padre en la parte superior del rostro, desde la boca, y en la espalda a su tío D. Juan Izquierdo.
Fiscal.-¿Quién podía tener interés en la desaparición de Eustaquio? Diga con entera libertad cuanto sepa y presuma.

Magistral.-Lo diré. D. Eustaquio era poseedor de una gran fortuna. En San Baudilio no tenía herederos. Luego estaba en Plasencia el interesado o interesados en su desaparición.
El impulso debió partir de aquí. Alcanzo, presumo más aún: creo que el único que ha podido abrigar tal interés, es Felipe Díaz Mazón,-así llama a Cruz. (Estas frases, pronunciadas con extraordinaria energía, causan honda sensación. tras breve pausa continúa.)
D. Felipe comienza rebajando 5.000 duros al valor de la dehesa del Berrocalillo, que después ha pasado a ser suya por casamiento forjado en le interés, con la viuda de D. rafael, padre de Eustaquio. Pronuncia en famosa ocasión la frase "no vino ni vendrá".¿Qué sentido tiene esa frase? El mismo nos la explica en carta al director del manicomio que figura en autos: "Importa ahora, más que nunca, probar sobradamente que Eustaquio está loco".
Pruébalo también, añade, su negativa a los ruegos de su esposa que quería traer el loco a Plasencia. Ultimamente muestra D. Felipe su interés en la conducta que sigue y ha seguido en este asunto desde la venida de Eustaquio.
Tanto se dudó de la muerte de Eustaquio, dice le magistral, que jugando al mus en el casino D. Joaquín Silos, al oir la noticia de la muerte exclamó. "¿Eso será una farsa!"
Interrógale luego el defensor.
El magistral revela que le vió dos veces el canónigo D. Manuel Díaz, hermano de Cruz, con quien habló sobre el particular Refiere que doña Francisca Belloso no quería que Concha fuera a salvar a Eustaquio fingiéndose loca, sino con otro plan.
El magistral ha estado durísimo en el fondo, aunque se expresa de forma correcta.

Incidente conmovedor
Preséntase Marcelino Santa Olalla, hijo del verdadero Eugenio, joven de diecisiete a dieciocho años, que representa menos, en cuya fisonomía y en cuyo cuerpo no hay un solo rasgo de parecido con el procesado.
Fiscal.-¿Tiene usted padres?
Testigo.-Padre no sé; mi madre murió.
Fiscal.-¿Vivió algún tiempo con su padre?
Testigo.-Sí, hasta que tuve unos cinco años.
Fiscal.-¿Recuerda  algo de él?
Testigo.-Nada.
Fiscal.- ¿Y de su madre?
Testigo.-Tampoco.
Fiscal.-¿qué fue de usted al morir su madre?
Testigo.-Primero fuí llevado a casa de mis abuelos y después de su muerte a un asilo.
Fiscal.-¿Conoce al procesado?
Testigo.-De que me dijeron era mi padre cuando mi tía Eulalia me sacó del asilo.
El fiscal ordena se aproxime el decalarante al procesado. Avanzan uno y otro hasta colocarse a distancia de un metro, y los dos permanecen silenciosos un rato. Sus semblantes nada revelan, mirándose con una impasibilidad absoluta. Por fin Marcelino rompe el silencio diciendo:
Testigo.-No encuentro nada que em recuerde a mi padre.
La presencia del testigo emociona al público.

Retrato de marcelino Santa Olalla, hijo de Eugenio Santa Olalla.

Dibujo de Juan Comba. La Ilustración Española y Americana. (1888)

Tras Marcelino, siguen declarando varios testigos, entre ellos empleados y personal del manicomio de San Baudilio, quienes niegan que el procesado sea Eustaquio Campo Barrado. Especial interés tiene la declaración del que fue subdirector del centro, D. Baudilio Net. Fue procesado a consecuencia de abusos punibles descubiertos en el manicomio por el gobernador señor González Solesio. Cae en contradicción con el médico Calvet, e incurre en otras que causan estupor y se hacen constar en el acta.

Día 26/10/1888 (viernes)
Con mucha menos concurrencia que en días anteriores comienza la sesión de hoy, con la lectura de una carta, que desde Tuy remite el teniente, D. Antonio Lauzos.
La carta, que va dirigida al médico D. Antonio Alvarez, dice que estando apostado para cazar la perdiz en la dehesa denominada Berrocalillo, oyó comentar a D. Felipe de la Cruz  con un íntimo amigo, lo que le había costado lo de Eustaquio Campo, junto con otros particualres muy graves que promete revelar si fuere preciso.
La lectura de esta carta produce en el auditorio gran sorpresa y no menos sensación.

Terminada la prueba testifical propuesta por el fiscal, comienza la de la defensa.
Son llamados y desfilan ante el tribunal más de treinta testigos que reconocen categóricamente al procesado.
La declaración más importante es la Faustino García Martín, choricero de Candelario establecido en Barcelona. Fue el encargado por la familia Campo de pagar mensualmente las pensiones del loco, haciéndolo personalmente desde 1865 hasta el 72. Es hombre rico, de posición independiente, de conducta intachable y estimado y querido de todos por su integridad.
 Con gran energía y acento enérgico, en que palpita su honradez, al par de una profunda convicción, dice que el procesado es el mismo Eustaquio a quien vio infinitas veces.
Esta declaración juzgase decisiva.
Faustino termina diciendo que dejó de pagar la pensión el 72, porque el director Pujadas le dijo "se entendería directamente con la familia."

Día 27/10/1888 (sábado)
Ha terminado el examen de testigos.
Las declaraciones prestadas por éstos han sido, sin excepción alguna, favorables al procesado.
María Gil Pelayo, lavandera, recuerda que la madre de Eustaquio mostróselo muchas veces desnudo y vióle un lunar.
-¿Dónde?-pregunta el defensor.
La testigo duda, sin saber cómo nombrar el sitio, saliendo del paso sin ofensa del decoro. (Grandes risas.)
Está efectivamente comprobada la existencia del lunar.
Varios criados y criadas del difunto D. Rafael Campo, padre de Eustaquio, declaran que éste se ocupaba por afición en trabajos de carpintería.

Retrato de María Gil Pelayo. Lavandera de 76 años.

Dibujo de Juan Comba. La Ilustración Española y Americana (1888)


Día 29/10/1888 (lunes)
Las conclusiones fiscales
En medio del mayor silencio el secretario se levanta y da lectura al escrito fsical modificando las conclusiones.
"Las nuevas son éstas, tomadas literalmente de la lectura:
Primera. Que el procesado por esta causa hallábase como demente en el manicomio de San Baudilio, del cual se había fugado ya cuando recobró la razón, llevando desde entonces una vida aventurera, propia del que carece de recuerdos y de afecto que le atraigan y se deja llevar sólo del instinto de libertad.
Segunda. Los hechos relacionados no constituyen materia de delito, y caso de apreciarles de otro modo, no aparece demostrada la culpabilidad del procesado, quien por otra parte y con arreglo a las prescripciones de la ley de Enjuiciamiento criminal puede ejercitar en debida forma su derecho.
Tercera. Que no hay méritos para continuar el procedimiento contra el procesado en concepto alguno.
Cuarta. Que no ocurren circunstancias de apreciación.
Quinta. Que el procesado por esta causa, a quien se adjudicó la personalidad de Eugenio Santa Olalla y ahora pretende, aunque no en debida forma, que se le reconozca como suya propia la de Eustaquio Campo barrado, puede ser absuelto libremente, alzándose la fianza prestada para que permanezca en libertad provisional, declarando de oficio las costas procesales."
El discurso
El fiscal comienza su discurso haciendo constar no ha tenido intervención en el sumario, encontrándole formado y completo.
Dice que este proceso es el preludio de un juicio declaratorio y de unos o más procesos criminales que necesariamente se derivarán de él.
Haciendo historia, arranca con la desapariciónde doña Clotilde Barrado, analiza las circunstancias de Eugenio Santa Olalla, dando por hecho que debió morir, analiza la demencia de Eustaquio explicando las razones dadas por expertos sobre la falta de memoria en el procesado, que yendo de la manía suicida a la homicida, derivó en idiotismo, saliendo de éste sin memoria, convertido en un hombre niño, como lo prueba su indiferencia durante los debates del juicio.
Continuando con su discurso, fustiga terriblemente a los empelados del manicomio, destruyendo el valor de sus declaraciones.
Dice le consta de ciencia propia la escandalosa gestión del manicomio, por haber tenido en él persona muy querida.
Prosigue recogiendo conjeturas, afirmaciones y datos del sumario y de los testigos en apoyo de sus tesis, terminando un período con estas frases. "ese procesado podrá no ser D. Eustaquiio; pero de ningún modo es ni puede ser Eugenio."
Aduce en apoyo de esta afirmación, pruebas indubitables, de las cuales resulta, en efecto, que el procesado no es Santa Olalla, creyendo que es realmente D. Eustaquio y diciendo que tiene expedita la acción correspondiente para recobrar su verdadero estado civil, puesto que en este proceso no se trata de esta cuestión.
Este luminoso informe ha sido tan favorable al procesado como una defensa y causa una honda impresión en el auditorio.


Día 30/10/1888 (martes)

Interviene la defensa
La sala está repleta de gentes que esperaban desde antes de las seis de la madrugada.
El defensor, Sr. Fontán, reinicia su defensa cuyo preámbulo expuso ayer.
Partiendo, como ayer el fiscal, de la desaparición de la madre de Eustaquio, manifiesta que hay presunciones fundadas de que doña Clotilde Barrado pudo ser secuestrada a orillas del río y conducida al primitivo manicomio del doctor Pujadas.
Analiza y desmenuza, por decirlo así, cuantas declaraciones de cargo, pruebas y testimonios existen en el voluminoso proceso, para deducir, devolviendo a Cruz una frase, que "quien niegue que el procesado es Eustaquio, está perturbado o abriga malsana intención."
Toda la primera parte del discurso del defensor tiende a dejar probado que el procesado es Eustaquio Campo.
La segunda parte se dirige a conseguir que se le reconozcan todos los derechos inherentes a su personalidad, manifestando que cree que no es de aplicación al caso presente el artículo 5º de Código, invocado por el fiscal, por entender que es de la competencia de este tribunal reconocer en el procesado la personalidad y los derechos correspondientes a D. Eustaquio.
Aludiendo al fiscal, dice que para aquél funcionario, si mal no ha oído, el procesado es D. Eustaquio,
Fiscal.-Exactamente.
Pues, una de dos- continúa el defensor- o es o no es Eustaquio. Si reconoceis, señores jueces, que no es reo de usurpación, tácitamente reconoceis que es Eustaquio Campo Barrado.
La defensa termina con párrafos muy sentidos, encomiando la sensatez de los plasentinos y la imparcialidad de los órganos de prensa.
Terminada la vista, un gentío inmenso espera la salida del procesado que sale por una puerta excusada, lo que no  impide que en su tránsito por las calles sea detenido, abrazado, besado y saludado cariñosamente por gentes de todo tipò.

Día 2/11/1888 (viernes)

La sentencia
Por fin, el día 2 de noviembre el tribunal dicta sentencia, según la cual se absuelve  al procesado de los delitos de usurpación de personalidad y se le reconoce el derecho  para reclamar el estado civil que cree corresponderle, pero - y ahí está lo fundamental- no declara como reconocida la personalidad de D.Eustaquio Campo Barrado . El texto completo de la parte resolutoria o fallo es el siguiente:
"FALLAMOS:Que debemos absolver y absolvemos en esta causa, declarando todas las costas de oficio que se hayan ocasionado con  motivo de este juicio, al que figura procesado en la misma con el nombre de Eugenio Santa Olalla Palomar, y posteriormente dijo ser como en el juicio reiteró Eustaquio Campo Barrado, alzándose la fianza que tiene prestada con referencia a su libertad provisional, con objeto de que determine los particulares que estime necesarios relativos a la falta no incidental y poniéndose certificación oportuna remítase al Juez municipal de esta ciudad por conducto del Instructor de la misma, afin de que previo emplazamiento de las partes celebre el juicio que proceda dando en su día conocimiento a este Tribunal de cumplirse lo mandado; remítase también los documentos que hayan venido al porceso, quedando nota bastante en autos de los que se haya interesado su devolución, y no ha lugar a la declaración que pretende la defensa que se haga referente a la personalidad de D. Eustaquio Campo Barrado, y a la reserva con el objeto que indica en su escrito de conclusiones, sin que por esto se entienda que se le priva de ejercitar cuantas acciones estime oportunas en adquisición de los derechos que se crea que le asisten o le pertenezcan; y no ha lugar tampoco a que se faciliten o expidan las certificaciones de los particulares que se determinan por D. Felipe Díaz de la Cruz en sus escritos de 24 y 26 de Octubre último, ni a la autorización que pide respecto a las personas del letrado don José Fontán Centeno, D. Benigno Carral Oviedo, Concepción Somera Alonso y José Ayala Valiente a los fines que expresa. Pues así por esta nuestra sentencia definitivamente juzgando lo pronunciamos, mandamos y firmamos: José Delgado.-Ramón Portela,-Eduardo Pardo Casajús.
Cuenta la prensa de la época, que conocido el fallo, la noticia se divulgó rápidamente por Plasencia, y se manifestó el júbilo general de los plasentinos, manifestándose publicamente al grito de "Lo es, lo es", y dando vivas a Eustaquio,  disparándose cohetes, autorizando el alcalde que la banda de música recorriese las calles y apareciendo muchos balcones enganalados.
Pero pasado el júbilo inicial, la realidad es que la sentencia no reconocía la personalidad de Eustaquio Campo Barrado y que la cuestión determinante de todo el caso quedaba sin resolver.
Así que el lunes día 4 de noviembre. el procurador de Eustaquio Campo, presentaba un escrito a la Sala, suplicando que se sirviera suplir las omisiones en que incurría la sentencia respecto a las dudas que planteaba su fallo. 
Al anterior escrito, respondía el tribunal al día siguiente, con un  auto en que se decía que no había lugar a las pretensiones manifestadas en el mismo y de nuevo, el procurador de Campo, D. Juan Antonio García-Verdugo Sánchez,  insistía con un nuevo y largo escrito de fecha siete de noviembre, en el que la defensa concluía que creía no proceder la libre absolución por las causas expresadas en el veredicto del Tribunal y sí porque el procesado había identificado su verdadera personalidad como Eustaquio Campo Barrado, concluyendo de que de estar equivocados, era preferible una sentencia condenatoria.
El día diez de noviembre de 1888, el tribunal responde al nuevo escrito de la defensa,  concluyendo que no ha lugar a lo solicitado en el mismo.
Tras la gran expectación popular que el caso había despertado en toda España, el asunto se va diluyendo con el paso del tiempo, aunque seguirá dando muchas noticias por múltiples causas y procesos judiciales derivados. De las noticias relacionadas con el mismo y publicadas en meses  y años sucesivos, entresaco la siguiente relación cronológica:

En el Mercado.

Dibujo de Juan Comba. La Ilustración Española y Americana (1888)



5 de noviembre de 1888.-Fallece D. Manuel Prieto, que fue curador ejemplar (tutor) de D. Eustaquio Campo Barrado y uno de los mayores opositores al reconocimiento de la personalidad del que decía serlo.
10 de noviembre de 1888.-Viajan a Madrid, el alcalde de Plasencia D. Ramón Delgado, el abogado defensor José Fontán,  el director de El Cantón Extremeño y varias personas más.
Noviembre de 1888.-La Audiencia de lo criminal, admite el recurso de casación contra la sentencia, interpuesta por la defensa en nombre de D. Eustaquio Campo.
Enero de 1889.-El Ayuntamiento de Plasencia empadrona al supuesto Eustaquio Campo Barrado con ese nombre y la Agencia de la Hacienda en Plasencia expide cédula personal con el nombre de Eustaquio Campo Barrado, al conocido como "muerto resucitado".
Febrero de 1889.-Estancia en Madrid de D. José Fontán y D. Eustaquio Campo Barrado, al objeto de desistir de los dos recursos de casación que habían interpuesto ante el Tribunal Supremo, contra el fallo de la Sala de Plasencia. El Sr. Fontán se propone entablar la acción civil para recabar la personalidad de Eustaquio Campo  para su defendido.
Junio de 1889.-La Audiencia de Cáceres ha sobreseído la querella entablada contra el alcalde de Plasencia por haber mandado expedir cédula personal a D. Eustaquio Campo Barrado.
Septiembre de 1889.-El defensor del "muerto resucitado" de Plasencia, presenta escrito ante el Juzgado de Instrucción de Plasencia, pidiendo que se declare nula por falsa la inscripción de defunción de D. Eustaquio Campo Barrado; que se reconozca el derecho que le asiste como legítimo hijo de D. Rafael Campo, a usar de su apellido, y ejercer las acciones y derechos inherentes a su personalidad; que se declaren nulas las operaciones divisorias realizadas y por tanto, ilegítima de la cualidad de herederos que hoy ostentan otros, y que se le devuelvan los bienes que pertenecieron a su padre y de los que es único y forzoso heredero.
Mayo de 1890.-El juez de Plasencia declara pobre para litigar contra D. Narciso Díaz de la Cruz, a D. Eustaquio Campo Barrado.
Septiembre de 1890.-Es detenido D. Eustaquio Campo Barrado, acusado de usurpación de estado civil. Pasadas las 72 horas de de detención ingresa en prisión. El juzgado ha procedido en virtud de querella formulada por José Belloso, hermano político de D. Felipe Díaz de la Cruz, que se vale de terceras personas para plantear pleitos. Presentados los recursos legales, se acordó posteriomente la libertad provisional, bajo fianza, del detenido. El periodista de la Correspondencia, Ramiro Mestre Martínez, visita Plasencia tras la puesta en libertad de Eustaquio Campo, entrevistándose con  él y con Concha Somera. Por él sabemos que Eustaquio y la Somera, andan enemistados por causas políticas y que no se hablan.
Diciembre de 1890.-La Audiencia de lo criminal de Plasencia dicta un auto sobre el último procesamiento de D. Eustaquio Campo, en el que se declaran nulas y sin valor ni efecto, todas las actuaciones habidas dede que se admitió la segunda querella presentada por D. José Belloso Mandado.
Febrero de 1891.-El Juez de Instrucción del Norte de Madrid, en virtud de exhorto del de Plasencia, solicita al Rector de la Universidad Central, certificado literal de cuanto conste en el expediente académico de la Facultad de Derecho del alumno D. Eustaquio Campo Barrado.

Mayo de 1891 (La Epoca 26/05/1891)
"Ante la Sala segunda del Tribunal Supremo ha empezadoa verse el recurso de casación interpuesto por Eustaquio Campo Barrado, conocido por el muerto resucitado.
Ya recordarán nuestros lectores el fallo recaído en este famoso proceso que tanto preocuó la atención pública.
En virtud de este fallo fue absuelto el Campo Barrado en la causa que se le siguió por usurpación de estado civil. Inmediatamente se incoó a instancia del mismo la correspondiente demanda de filiación contra los herederos del supuesto difunto, para que reconocida la verdadera personalidad, entrara aquél en posesión de los bienes que a la sazón disfrutaban los demandados.
Entonces uno de éstos formuló querella contra el demandante por usurpación de estado civil, y juntamente con esta demanda se solicitó del Juzgado el porcesamiento y la prisión provisional del muerto resucitado.
A ambos extremos accedió el Juzgado, decretando la suspensión del juicio civil. Campo Barrado interpuso dos recursos de reforma, uno contra el auto de procesamiento y otro contra el que decretaba la prisión provisional.
Prosperó el segundo recurso; pero no habiendo sido admitido el primero, se apeló a la Audiencia, que revocó el auto del juzgado.
Entonces el demandado querellante interpuso el recurso a que nos referimos al principio. Si el Tribunal supremo sentencia conforme con el Juzgado, volverá a abrirse el famoso proceso, y si falla con la Audiencia, continuará el pleito civil."
Abril de 1892.- Concha la Somera es ingresada en el manicomio de Ciempozuelos (Madrid).
Mayo de 1893.-Eustaquio Campo Barrado se encuentra gravemente enfermo.
Junio de 1893.-Felipe Díaz de la Cruz es nombrado juez municipal de Plasencia, causando gran sorpresa y profundo malestar a gran parte de la ciudadanía.
Julio de 1894.-Se reabre la causa del muerto resucitado. El sumario consta de mas de dos mil folios y en él hay notables trabajos de la Real Academia de Medicina.
Diciembre de 1896.-Fallece en Plasencia Eustaquio Campo Barrado.
Eustaquio Campo Barrado falleció sin que se le hubiera reconocido su personalidad como tal., su cuerpo reposa en el cementerio plasentino. Concha Somera fue detenida por el asesinato del patrón de su hijo, en Alcuéscar (Badajoz) en febrero de 1905. El abogado defensor José Fontán Centeno, llegó a ser Presidente de la Diputación Provincial de Cáceres y Gobernador Civil de Cáceres, falleciendo en 1936. De Felipe Díaz de la Cruz, en algún blog he leído que acabo sus días en un manicomio, pero no he podido contrastar la información.

--------

No hay comentarios: